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Indicators

In document RIO Country Report 2015: Italy (Page 66-71)

5. Framework conditions for R&I and science–business cooperation

5.7 Public–private cooperation and knowledge transfer

5.7.1 Indicators

«Está bien, ahora sé que mis problemas digestivos son los que me han llevado a padecer lupus», me dijo Shenna. «Pero, ¿cuál es la solución?»

Le conteste que, por fortuna, la medicina funcional había conseguido desarrollar un protocolo de gran eficacia para curar y proteger el tubo digestivo: el conocido como protocolo de las cuatro erres, basado en cuatro pasos fundamentales: rechazar, restaurar, reinocular y reparar.

Aunque se suele exponer por separado a fin de facilitar la percepción de los elementos constitutivos del proceso, se trata de acciones que se abordan de manera simultánea. A continuación los comentaremos uno a uno para facilitar la comprensión de lo que sucede en nuestro organismo. Sin embargo, no es necesario preocuparse por seguirlos. Los cuatro quedan incorporados al programa aplicado en treinta días del método Myers, por lo que, si se sigue correctamente el plan expuesto en el capítulo 9, se estará haciendo todo lo necesario para conseguir una curación digestiva e intestinal idónea.

Paso uno: RECHAZAR lo malo

El primer consiste en «rechazar lo malo», en eliminar cualquier almento que altere el medio del sistema gastrointestinal (GI) o contribuya al desarrollo o al mantenimiento de un intestino permeable. Como veremos en la parte tres, el protocolo del método Myers aboga por la eliminación de los alimentos inflamatorios, como los que contienen gluten, los cereales, las legumbres, los lácteos, el azúcar, las verduras y hortalizas solanáceas (patata, tomate, pimiento y berenjena, entre otras) y los huevos, así como los alimentos procesados, aditivos y conservantes. Asimismo, se han de erradicar el alcohol, la cafeína y el mayor número de medicamentos que sea posible, puesto que en su mayoría es probable que generen estrés e irritación en el tubo digestivo. Por último, es preciso combatir infecciones intestinales como las provocadas por levaduras y parásitos, así como el sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado (SBID), todos los cuales pueden sumir en el caos el medio intestinal.

Como veremos el siguiente capítulo, el primer y más importante grupo de alimentos que se han de evitar es el de los que contienen gluten, una proteína presente en el trigo, el centeno y otros cereales. El gluten está presente en la pasta, el pan, las tortitas y crepes, los gofres y en general la gran mayoría de los productos de bollería y confitería. En mi opinión, el gluten es el principal riesgo para la salud nutricional en la dieta típica que se suele consumir en Estados Unidos. Si al finalizar la lectura de este libro decide que solamente puede hacer una cosa para mejorar su salud, la eliminación del gluten de la dieta es con mucho la mejor opción que se puede elegir.

Para Shenna resultaba también crucial dejar de tomar lácteos, los problemáticos alimentos que habían provocado sus infecciones de oídos y, con toda probabilidad, también su acné. No obstante, el hecho de olvidarse del gluten y de otros alientos inflamatorios la ayudaría sin duda a mejorar el estado de su tubo digestivo y a revertir el curso del lupus.

Shenna también necesitaba atenuar los síntomas generados por la proliferación de bacterias producida por el SBID y por la infección por levaduras. Utilizando suplementos naturales y probióticos —cápsulas y preparados en polvo que contienen bacterias saludables— ayudé a Shenna a eliminar las bacterias perjudiciales y reemplazarlas por otras beneficiosas. Dado que era posible que las píldoras anticonceptivas que tomaba estuvieran también relacionadas con este problema, estuvimos estudiando el uso de otras técnicas de control de la natalidad.

Paso dos: RESTABLECER lo bueno

Una vez erradicado lo malo, es hora de reponer todo aquello que resulta provechoso. Por medio de este paso se restauran los ingredientes esenciales para la consecución de una buena digestión y para restablecer la absorción idónea, que pueden haberse visto alteradas por la dieta, los medicamentos, las enfermedades o el envejecimiento.

La aportación de enzimas digestivas en forma de suplementos es un componente fundamental en este paso. Sin estas enzimas la digestión no es la apropiada y ello repercute en el sistema digestivo, haciendo que la nutrición se resienta. La conocida máxima «Somos lo que comemos» en realidad no es del todo cierta. Siempre suelo decirles a mis pacientes que, en verdad, el dicho debería reformularse y ser «somos lo que digerimos y absorbemos».

Para las personas que lo requieren, es también importante reponer los ácidos gástricos, igualmente importantes para la idoneidad de la digestión (puede consultarse el procedimiento preciso para hacerlo en las páginas 230-233). Shenna se dio cuenta de que este era un paso trascendental para ella, en tanto que la ayudaría a mejorar su reflujo ácido al tiempo que aliviaba la sobrecarga que soportaba su intestino. Al restaurar los ácidos de su estómago, podría digerir los alimentos correctamente, absorber más y mejor los nutrientes y utilizarlos para la síntesis de los neurotransmisores que tan necesarios le eran. Asimismo, la mejora de la digestión y de la absorción reforzaría sus defensas inmunitarias.

Paso tres: REINOCULAR bacterias saludables

Como hemos visto, el cuerpo requiere establecer un equilibrio positivo en lo que respecta a las bacterias intestinales «buenas». La cantidad de estas bacterias beneficiosas es reducida a veces por los antibióticos, los esteroides, los fármacos antiácidos, la dieta inadecuada, el estrés y otros muchos factores.

Al haber nacido en un parto por cesárea y al no haber tomado lactancia materna, probablemente Shenna inició su vida con una carencia de este tipo de microorganismos. Es muy posible que los antibióticos con los que se le trataron las frecuentes infecciones de oídos y el acné atacaran a la mayoría de las bacterias saludables que aún pudiera conservar.

¿La solución? Los probióticos. Se trata de cápsulas y de preparados en polvo que reponen el arsenal de bacterias beneficiosas, que pueden proteger el cuerpo tanto de los ataques procedentes del medio exterior como de los desencadenados contra él mismo. También las personas nacidas por parto normal y alimentadas en sus primeros meses de vida con lactancia materna están expuestas a otros factores que diminuyen la presencia de bacterias positivas, tales como toxinas, dieta inapropiada y estrés. Así pues, para ellas también son recomendables los probióticos.

Es posible que haya oído hablar de que los alimentos fermentados —el yogur, el kéfir (un derivado lácteo fermentado), el kimchi (col fermentada picante de origen coreano), el chucrut y otras verduras fermentadas— son un recurso excelente para renovar la flora bacteriana saludable. De hecho, los fermentados están llenos de este tipo de bacterias, lo que los convierte en probióticos naturales. También contienen cantidades sustanciales de fibra y azúcares, que sirven de alimento a los microorganismos; así pues, son también «prebióticos», es decir, elementos que nutren y refuerzan la flora intestinal.

Todo ello es cierto; pero hay un inconveniente. Si aún no se tiene un contenido de bacterias intestinales equilibrado —por ejemplo, si se sufre de proliferación bacteriana o de SBID—, los alimentos fermentados lo que hacen es nutrir a las bacterias malas y, en tal caso, en vez de favorecer la salud intestinal lo que hacen en realidad es empeorarla.

Una vez que el intestino goza de un estado equilibrado, recomiendo encarecidamente el consumo de cantidades sustanciales de alimentos fermentados no lácteos, como chucrut crudo, kimchi y otras verduras fermentadas. De todos modos, es importante verificar que el estado intestinal es el idóneo, ya que, si no es así, es posible que cause más daño que beneficio. La condición intestinal saludable puede atestiguarse cuando se han dejado de tomar medicamentos para tratarlo y cuando los síntomas han mejorado de manera radical.

Paso cuatro: REPARAR el tubo digestivo

Al igual que Shenna, muchos de nosotros padecemos de intestino permeable. En consecuencia, necesitamos reparar el revestimiento de la pared intestinal y para ello se puede recurrir a los suplementos. Uno de mis favoritos es la L-glutamina, un aminoácido que ayuda a rejuvenecer el epitelio que recubre la pared intestinal. Por su parte, los aceites de pescado omega-3 contribuyen a atenuar la irritación y la inflamación intestinales, acelerando su proceso de curación (véanse las páginas 230- 233 para consultar los suplementos que se toman al aplicar el método Myers).

¿POR QUÉ FUNCIONA EL MÉTODO MYERS TAN

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