Empezaremos este viaje por la construcción de los vínculos afectivos definiendo el concepto de apego y exponiendo su relevancia para el desarro- llo infantil, tratando también de entender los ele- mentos que componen este sistema.
1.1. Concepto y funciones del vínculo de apego
Un bebé necesita del cuidado y de la protección de los adultos, ya que es imposible que sobreviva sin que se cubran sus necesidades básicas. Los se- res humanos nacemos con una predisposición bio- lógica a vincularnos a otras personas que se mani- fiesta en una atracción innata hacia características como el rostro o la voz humana. Al mismo tiem- po, los adultos también se sienten atraídos por las características de los bebés (por ejemplo, el llanto o la sonrisa). Esta atracción mutua promueve in- ter-acciones que acaban consolidándose en vincu- laciones afectivas cuya influencia resulta determi- nante para el desarrollo infantil. En las relaciones entre cuidadores y bebés nos encontramos, por tan- to, con dos sistemas complementarios, el de cui- dado que madres y padres ofrecen a sus hijos e hi- jas y el de apego que hijos e hijas establecen con sus cuidadores.
El concepto de apego se refiere a la vinculación afectiva que se establece entre un niño o una niña y su cuidador habitual a partir de la interacción pri- vilegiada mantenida entre ambos. A través de in- teracciones tempranas se va estableciendo este víncu- lo emocional en el que los cuidadores principales del bebé se convierten así en sus figuras de refe- rencia. La teoría del apego fue ampliamente desa- rrollada por John Bowlby (1969, 1973, 1980), que, a partir de su interés por la repercusión de las ex- periencias tempranas sobre el desarrollo, se con- virtió en una de las figuras clave en el campo del desarrollo afectivo.
Las funciones principales del vínculo de ape- go tienen que ver, a nivel filogenético, con la su- pervivencia y la adaptación de la especie, y a ni-
vel ontogenético, con la satisfacción de las nece- sidades básicas relacionadas, fundamentalmente, con la regulación emocional y la protección. A tra- vés de conductas con las que el niño o la niña in- tenta llamar la atención del cuidador y conseguir sus objetivos (que le consuelen, que le protejan…), la activación del sistema de apego trata de asegu- rar la cobertura de necesidades emocionales del menor. Esas conductas están reguladas por mode- los mentales que, a su vez, están asociados a emo- ciones concretas, todos ellos componentes básicos que configuran el sistema de apego y que se abor- darán en el siguiente apartado.
1.2. Componentes del sistema de apego Aunque el vínculo de apego es un sistema glo- bal, está organizado a distintos niveles íntimamen- te relacionados, como son las conductas, los mo- delos internos y los sentimientos (Cassidy, 1999; López y Ortiz, 1999).
Las conductas de apego tienen la función de mantener la proximidad y el contacto con la figu- ra de apego. Cuando existen estresores internos (por ejemplo, si el niño o la niña está enfermo) o externos (por ejemplo, cuando no sabe dónde está su cuidador), se activa el sistema de apego, provo- cando que el niño o la niña despliegue conductas como el llanto, la vocalización, la aproximación y la búsqueda de la figura de apego (gateando y des- pués andando) que tienen el objetivo de atraer al cuidador y desactivar esa alerta. El repertorio de conductas de apego es amplio y organizado y re- sulta especialmente observable en los primeros años de vida. Aunque las conductas de apego tienen los objetivos descritos, cada niño o niña despliega aquellas que encuentra más útiles, de forma que mientras que un menor llora para conseguir la pro- ximidad de su madre, otro simplemente la busca con la mirada para lograrla.
Los modelos internos de apego son las repre- sentaciones mentales sobre uno mismo, sobre los demás y sobre las relaciones interpersonales, cons- truidas a partir de las experiencias de vinculación y de las emociones asociadas a esas experiencias, que
se interiorizan a nivel cognitivo generando una se- rie de expectativas y creencias. En una relación de apego, el niño o la niña va creando un modelo men- tal de la figura de apego basado en las expectati- vas que tiene sobre cómo responderá el adulto a sus necesidades (si me hago daño y lloro, ¿vendrá mi madre y me consolará?), y en el que el cuidador es- tará representado como promotor de protección y seguridad o de desprotección e inseguridad. Al mis- mo tiempo, va creando un modelo mental de sí mis- mo como persona merecedora o no de cariño y pro- tección, que incluirá la percepción que tiene de su capacidad para influir en las relaciones y conseguir sus objetivos. Los modelos internos de apego asien- tan la construcción de una imagen de las relaciones interpersonales, más allá de una figura de apego concreta, convirtiéndose en las gafas a través de las cuales niños y niñas mirarán las relaciones poste- riores (un niño que ha aprendido que su madre no va a prestarle atención cuando lo necesite, se mos- trará desconfiado ante el profesor cuando empie- ce la escuela). Estos modelos internos actúan fue- ra de la consciencia y permiten flexibilizar y regular el repertorio de conductas, de forma que, aten- diendo a las expectativas que tenga sobre la res- puesta de la figura de apego, el menor utilizará la estrategia conductual que le resulte más efectiva.
El tercer componente básico del sistema de ape- go lo configuran los sentimientos referidos a sí mis- mo y a la figura de apego. Cuando el menor está convencido de la incondicionalidad de su figura de apego, del cariño y de la eficacia con la que res- ponderá a sus necesidades, la relación implicará sentimientos de seguridad y confianza, así como bienestar ante la proximidad y la cercanía de la fi- gura de apego o frustración ante la separación. Un vínculo de apego generado a partir de un cuidado insensible se relaciona con sentimientos como la in- seguridad emocional, la incompetencia o la des- confianza.
Aunque los componentes del apego se estudien de forma independiente, el vínculo de apego, como advertíamos, es un sistema global, y sus compo- nentes funcionan de forma interrelacionada. Si un niño tiene un modelo mental del cuidador como fuente de protección y se percibe a sí mismo como
competente en las relaciones, estas representacio- nes mentales regularán las conductas de apego, que se organizarán de forma segura y coherente con es- tos modelos mentales, mientras que los sentimien- tos sobre la relación se caracterizarán por el bie- nestar y la confianza.
El sistema de apego también se relaciona con otros sistemas cruciales en el desarrollo evolutivo (Cassidy, 1999). Entre ellos, destacan algunos pre- sentes desde el nacimiento, como el sistema de ex- ploración, que implica una tendencia a interesarse por el entorno físico y social (la figura de apego sirve como base de seguridad para la exploración del entorno), o el sistema de afiliación, que tiene que ver con la tendencia a interesarse por las personas y es- tablecer relaciones, principalmente con los iguales. Generalmente, si el sistema de apego está activado, las conductas se dirigen a conseguir la proximidad de la figura de apego, por lo que los sistemas de ex- ploración y afiliación se desactivan. Otro sistema que se desarrolla de forma más tardía (comienza en torno a los 6 meses y se manifiesta de manera más llamativa a partir de los 8-9 meses), y que está es- trechamente relacionado con el de apego, es el sis- tema del miedo a los extraños, que es la tendencia a relacionarse con cautela con las personas desco- nocidas. Gracias al adecuado desarrollo de este sis- tema, niños y niñas aprenden a discriminar entre sus figuras de referencia y personas extrañas. Los bebés no suelen reaccionar de forma negativa con los des- conocidos antes de los 6 meses, pero una vez que este sistema se ha desarrollado, no deberá sorpren- dernos que un menor active su sistema de apego (por ejemplo, llorando) cuando se aproxime un extraño. Al contrario de lo que ocurría con los otros sistemas, la activación del sistema del miedo a los extraños ac- tiva el sistema de apego, aumentando la búsqueda de la figura de referencia, mientras que la presencia o ausencia de la figura de apego, por su parte, tiene un papel importante en la activación del miedo a los ex- traños (la accesibilidad de la figura de apego hace que la alerta ante el extraño sea menor). No obstan- te, si el bebé se acostumbra al desconocido, su ac- titud se irá volviendo más positiva, tanto más si la actitud del extraño es sensible y cálida. El estilo par- ticular de vinculación afectiva que se establezca con
la figura de apego repercutirá en la exploración, la actitud hacia las relaciones sociales y el comporta-
miento ante los extraños, como veremos a conti- nuación.
2. DIFERENCIAS EN LOS ESTILOS