territorio y hay antecedentes de los cantos en la región. Para el Rosario de Viernes Santo, por ejemplo hay registros de Barbacoas, como el que reseña Suárez Pineda (1962), de labios de Macrobio Ortiz, agricultor, analfabeto, de 75 años de edad.
Al pie de mi sepoltura Quedará mi cuerpo solo. Sólo me acompañarán Bella Virgen del Socorro.
Ánima que tais en pena En el centro del purgatorio Esperando un Padre Nuestro
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(Ave María).
Considero el Viernes Santo, Mi sepultura y mi entierro. Siete pies de tierra ocupo Que a mí mismo me da miedo. (Padre Nuestro).
Ya se me acerca la hora De seguir para el panteón. Sólo llevo por delante A la Virgen del Dolor. (Ave María).
Heredero y heredera, Dame de lo que heredas. Haceme decí una misa, Aunque sea de caridad. (Padre Nuestro).
Si los cristianos supieran Lo que las almas padecen En un purgatorio de fuego, De ellas se compadeciera. (Ave María)
Para salir de tus penas. (Padre Nuestro).
Dios te salve, ánima triste, La más querida de Dios, Rogad a mi Dios por mí, Que yo rogaré por vos. (Ave María).
Anima que tais en pena En el centro del purgatorio Esperando un Padre Nuestro Para subir al jolgorio.
(Padre Nuestro).
Aquel doble de campana No es para aquel que murió; Es para que sepa yo
Que me he de morir mañana. (Ave María).
Atendiendo a la tradición del romance, de donde está establecido que provienen en gran medida la métrica, los temas y la versificación de los cantos del Pacífico, la comunidad de habla de Barbacoas se caracteriza por ser el lugar donde se encontraron las huellas más antiguas de pervivencia del romance, sobre todo del romance religioso del siglo XVII, como nos lo hace saber De Granda (1976) con el ejemplo del Romance de Santa Rosa.
El ROMANCE DE SANTA ROSA, recogido en Barbacoas (Nariño) por G. Beutler en una única versión, debe derivarse de alguna de las biografías populares que, desde
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muy pocos años después del fallecimiento de la Santa (1617), se difundían en territorio americano, en el que ha sido siempre grande la devoción por ella. El haberse conservado versiones tradicionales en forma de romance de algunos episodios de su vida en tierras del occidente de Colombia puede explicarse por las frecuentes relaciones que las áreas del Pacífico del Virreinato de Nueva Granada (pertenecientes antes al Virreinato del Perú) mantuvieron con la metrópoli limeña durante todo el período colonial.
La versión aquí recogida, continúa De Granda, me fue dicha por Dimas A. Palacios González, de 52 años, natural de Cértegui (Departamento del Chocó), carpintero y minero de profesión.
―Santa Rosa fue dichosa Por virtud que Dios le dio Cuando la encanonizaron Rosas el cielo llovió
Qué dichosa fue esa madre Que a Santa Rosa parió Un niño llegó onde Rosa Le dijo de esa manera "Dame, Rosa, una limosna Que vos sos la limosnera" Rosa se quedó penosa Porque no tenía qué darle
Metió la mano y sacó
Del cuello una linda imagen A los tres días de mañana Llegó onde el padre de Rosa "Mira que tu hija me ha dado Prenda y palabra de esposa" "Yo no creo en tus palabras Ni tampoco en mi hija Rosa Porque en el cielo no hay Otra Santa más dichosa". (p. 219)
Se trata de un texto que, además de constituir el testimonio de la extensión de este romance muy al norte de Barbacoas, donde recogió su aislada versión G. Beutler, lo mejora y completa en su primera parte aunque, por el contrario, en la variante barbacoana se explicita la significación del romance, trunco en Certeguí, facilitando la identificación del niño con un demonio tentador. (p.218)
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De Granda (1976) también alude al Romance de la virgen y el ciego.
Este romance, bien conocido en la tradición oral peninsular, es frecuente en América, especialmente Colombia. En este país está particularmente extendido en la zona de población negra del área pacífica. Por mi experiencia personal, puedo decir que el "romance de la Virgen y el ciego" o "de las naranjas" es conocido en la totalidad de las localidades de esta zona que he recorrido, desde Tumaco, junto a la frontera ecuatoriana, hasta Acandí, en la panameña.
Me limitaré aquí a transcribir una sola versión, recogida en Tumaco (Nariño), que me fue dicha por Primitiva Coime, natural del caserío de Tierrafirmita (Playitas) perteneciente al Municipio de Mosquera (Nariño), residente en el barrio tumaqueño de Pantano de Vargas y de avanzadísima edad. (p.221)
Camina la Virgen pura Del valle para Belén En la mitad del camino Pidió el niño agua a beber "No la beberes, mi niño No la beberes, mi bien
Porque las aguas 'tan turbias, Ríos y fuentes también" Camina más adelante Topó con un triste ciego Ciego que nada no vía Ciego que nada no ve
"Ciego, dame una naranja P'al niño aplacar la sed" "Señora, ahí está el naranjo Coja la qu'es menester Cójalas de en una en una Floridas de tres en tres" La Virgen iba bien lejos Y el ciego alcanzaba a ver
"¿Quién sería esta gran señora Que
me hizo esta gran merced
Si sería la Virgen pura,
O el glorioso San José?". (p. 222)
Muy semejante a las versiones recogidas por G. Beutler en Barbacoas (Nariño) y en Istmina, Condoto y Quibdó (Chocó), parecen derivar del mismo prototipo que ellas, más breve que el que se da en otras zonas de Colombia y, quizá por ello, más bello en su condensación poética‖. (p. 222)
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Como se anotó, estos ejemplos de romances religiosos muestran la larga tradición que tienen en la comunidad que celebra el arrullo a Carmela y cómo la comunidad los ha apropiado al punto que su música hereda la métrica y la versificación de los mismos. La apropiación se verifica en la versificación que hacen hoy en día, que sigue los parámetros de composición, rima y métrica del romance, con las variantes que el hilo del tiempo afro pacífico ha proporcionado.
Ends. Los Fines o propósitos obedecen a dos tipos de mirada:
7) los fines como resultados. La conmemoración de la fiesta de la virgen, año tras año, cumple su cometido de reunir a la comunidad, de propiciar la interacción entre la gente con base en una creencia común y, en ese sentido, la situación se convierte en factor de cohesión social. Todos los años, se renueva el acuerdo general para agradecer, venerar y rogar a la virgen, como símbolo de una práctica religiosa y como motivo de un suceder cultural.
El evento permite que los cantos sean escuchados todos los años, con lo cual se renuevan, se modifican, se enriquecen y permanecen como parte del acervo cultural y como prueba de que se tiene una riqueza común, el habla local, espejo en el cual se miran cada vez que los cantos son interpretados. Es usual que la gente note que esto o aquello dejó de decirse o se dijo de otra manera, prueba de que los participantes conocen de antemano la materia de que está hecha la tradición y es la forma como se vigila la subsistencia del patrimonio inmaterial. 8) los fines como metas. Al participar en el evento, cada uno de los miembros de la comunidad cumple sus propósitos. Para todos y todas, como creyentes, participar es la manera de afianzar sus creencias y de sentirse parte de un ritual compartido por toda la comunidad. Por tanto, la participación general en el festejo, a la vez que constituye la manera de resaltar y darle importancia al evento, es también un modo de ejercer una práctica que cumple la función de satisfacer una necesidad individual, como es la necesidad de expresar una creencia.
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De acuerdo con los fines religiosos, la participación en el evento es la forma de alimentar y renovar la fe. Todos se congregan, bailan y cantan, porque es la forma que ha adquirido el rito de conmemoración como práctica cultural. Nos interesa resaltar aquí el hecho de que esto indica que los hablantes-oyentes del arrullo a Carmela, comparten intenciones, propósitos, deseos, que los caracterizan como comunidad de hablantes y esto se refleja en el lenguaje. De alguna manera, intenciones, propósitos y deseos compartidos en un caso como este, hacen parte de esa forma de conducta gobernada por reglas a que alude Searle (1994), es decir, la capacidad de hablar una lengua41.
A nivel del lenguaje, los cantos son tradición cultural y cumplen el propósito de que cada uno de los participantes, es decir, cada uno de los miembros de la comunidad de habla, afiance su sentimiento de pertenencia a su comunidad. Si la patria es la lengua, como han dicho los poetas, el hecho de pertenecer a una comunidad como la de Barbacoas se percibe a través de estos cantos que a lo largo del tiempo se han ido interpretando de una manera determinada por el habla que se comparte. Es un dialecto del español, el de las costas, el de la región suroccidental y el del litoral Pacífico. En particular, el dialecto de Barbacoas.
Las letras de los cantos son aprendidas por la comunidad. Tal conocimiento, colectivo, se fija en la memoria de todos, en igual nivel y de la misma forma que lo hacen las palabras y giros del habla local. Esto significa que los cantos entran a formar parte del acervo lingüístico y cultural (competencia, dirán algunos) de los hablantes nativos de ese territorio de origen. Por tanto, el entramado de la lengua materna de esos hablantes hace que cada uno de quienes participa en el arrullo, siendo nativo de ese lugar de Barbacoas de que trata este trabajo, tengan también comprometidas sus emociones y sentimientos hacia sus vecinos, hacia la comunidad, toda vez que, de alguna manera, con su aprobación, todos son autores de los cantos y todos se sienten con derecho a criticar tanto las malas interpretaciones como las
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Searle, en su libro sobre los Actos de habla, cuando se pregunta el por qué estudiarlos, sostiene la hipótesis de que hablar una lengua es ―participar de una forma de conducta gobernada por reglas‖. pp. 25
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modificaciones de las letras. Cualquier modificación será vista como alteración de un acuerdo que requiere el consentimiento general, como ocurre con los hechos que hacen parte del vínculo social que entrañan las hablas locales, en este caso las hablas cantadas. Al respecto dirá Saussure (1945),
…el vínculo social tiende a crear la comunidad de lengua e imprime quizá al idioma común ciertos caracteres; inversamente, la comunidad de lenguas es la que constituye, en cierta medida, la unidad étnica. En general ésta basta siempre para explicar la comunidad lingüística. (p. 247)
Por su parte, las cantoras, como figura emblemática de la comunidad, año tras año son confirmadas en su papel de depositarias de esa memoria común que son los cantos, tanto en sus letras como en su interpretación. Las cantoras encarnan el canto también, como se mostró en el capítulo anterior.
La razón para que todo esto suceda puede radicar, quizás, en la necesidad de renovar la relación de dependencia religiosa con Carmela, con la Virgen del Carmen. Por eso, con el canto se le alaba, se le agradece, se le exalta. Pero a la vez se le pide protección, luego el canto es también la manifestación del deseo de que esa petición que se hace se cumpla, de parte de ella, para que su protección se mantenga sobre los miembros de la comunidad.
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