Donde todo vuelve a quedar como era antes. ALGUNOS días después de lo ocurrido con nuestros personajes, hallábanse reunidos en la oficina militar muchos oficiales luciendo sus uniformes de gala, y entre ellos el general y el coronel en persona. A un lado, cerca de la puerta, había dos milicos, gachas las cabezas, y parecían lauchas sacadas de un tarro de leche cuajada. Contemplaban los oficiales a los soldados, observándolos de pie a cabeza; luego hablaron algo entre sí.
—Oye, Sénderl —habló uno de los soldados, mientras los oficiales charlaban entre sí—. Aunque sepa que me muera aquí, les diré toda la verdad. Me siento muy cargado.
—Por mí, Benjamín, diles no más la verdad —replicó el otro—. Si quieres que sea así, así sea. ¿A mí qué me importa?
—¿Sois vosotros los sujetos que a altas horas de la noche se han escurrido del cuartel? —interrogó el general severamente—. ¿Sabéis la pena que corresponde por este acto?
—¡Ah, bien! ¡Ah, bien! — saltó Benjamín a la buena de Dios con su lenguaje medio en idisch, mitad en ruso, discurriendo en forma tal que el mismo Jaikel Tartamudo, el pico de oro de Tuneiádevke, bien podría enterrarse nueve codos bajo tierra.
El general apartó la cabeza a un lado, riéndose, hizo un ademán y en lugar suyo tomó la palabra el coronel.
—Habéis incurrido en falta grave. Vuestra culpa merece ser castigada duramente.
—¡Vuestra Excelencia! —estalló Benjamín con voz potente—. Agarrar a la gente en plano día y venderla luego como gallinas en el mercado, eso se permite, y cuando ellos, ¡pobrecitos!, pretenden salvarse, se dice que son culpables! Si es así, entonces el mundo se encuentra en desorden y yo no comprendo lo que es lícito y lo que no lo es. Por el contrario, preguntemos aquí mismo a los presentes y que digan quién es el culpable. ¿Qué pasaría, por ejemplo, si a usted lo prendieran en medio de algún camino y le
metieran por la fuerza en una bolsa? En ese caso, ¿sería usted culpable si consiguiera con algún esfuerzo escabullirse de la bolsa? Yo le digo
expresamente que eso ha sido desde un principio una cosa forzada, un engaño. La culpa es enteramente de aquellos judíos. Dios sabe lo que han dicho de nosotros. Nosotros declaramos solemnemente; dilo tú también, Sénderl, dilo, ¿por qué te quedas como una momia? Sal con la verdad a la buena de Dios, sin temor alguno y di junto conmigo: declaramos
solemnemente que nada sabíamos de estrategia militar, no sabemos ni queremos saber nada de eso; nosotros, gracias a Dios, somos casados, tenemos preocupaciones bien distintas y no podemos dedicarnos a estas cosas. No nos interesan en lo más mínimo. En estas condiciones, ¿de qué os servimos? Yo creo que vosotros mismos deberíais tener interés en deshaceros de nosotros.
Y en verdad, tenía mucha razón Benjamín. Hacía rato que pensaban en desahcerse de ellos. Cuando los jefes se fijaron un poco en nuestros
personajes, en su indumentaria, en sus ademanes, en sus conversaciones, en sus caminatas, comprendieron en seguida con qué clase de sujetos
tenían que vérselas y más de una vez se descostillaban de risa. El objeto de la reunión actual de los militares era someter a una investigación a nuestros personajes, a fin de ver quiénes eran. Benjamín y Sénderl
rindieron examen y, gracias a Dios, lo hicieron brillantemente, mejor de lo que hubieron deseado, de modo que todos los oficiales se deleitaban de risa.
—¿Y bien, doctor? — díjole el general a uno de los oficiales que habían trabado conversación con nuestros protagonistas y les dedicaban mucha atención.
Llevóse el médico un dedo a la frente y movió lentamente la cabeza, cual si dijera: "Aquí falta un tornillo".
El resultado fué que, después de que los militares hablaran algo entre sí e hicieran ciertas anotaciones, re ordenó que nuestros personajes fuesen declarados inaptos para el servicio.
—Idos —les dijeron—, idos en paz de aquí. Benjamín despidióse muy cortesmente, haciendo una reverencia y se puso en camino.
Sénderl, como un milico, levantó sus piernitas y lo siguió a paso de marcha.
INDICE
Pág.
Méndele Mojer Sforim
………...
7
Biografía de Méndele Mojer Sforim ..……… 11
Prefacio del autor ……… 17
CAPITULO I. — Que trata de Benjamín, de su lugar de origen y de cómo
se le ocurrió repentinamente emprender este viaje …..……… 21
CAPITULO II. — De la manera cómo Benjamín se convirtió
en mártir y Zelde, su mujer, fué abandonada por él……… 31
CAPITULO III. — Cómo Benjamín se acopló con Sénderl
"la Judía”………...………….……… 43
CAPITULO IV. — Que trata de la salida que de Tuneiádevke
hicieron Benjamín y Sénderl ……….. 57
CAPITULO V. — Lo que sucedió con nuestros personajes en
su primera salida ………...………. 63
CAPITULO VI. — Benjamín recibe una bofetada ………... 77
CAPITULO VII. — Del cambio que se produjo en la política a causa de
Benjamín ……… 87
CAPITULO VIII. — De la manera cómo nuestros personajes
hacían de pedigüeños ………... 93
CAPITULO IX. — Cómo nuestros personajes fueron puestos
a salvo por los méritos de sus antepasados ………. 99
CAPITULO X. — ¡Hurra, Judihuelos Rojos! ……… 111
CAPITULO XI. — Aventuras prodigiosas en el río Piatig-nílevke…... 123
CAPITULO XII. — Benjamín y Sénderl víctimas de un ardid…………... 135
CAPITULO XIII. — Nuestros viajeros, ¡ay de ellos!, son convertidos en
milicos ………….…….……..….……….…… 143