5. A DDITIONAL A NALYSIS
5.2 The Influence of Resource Constraints
La cabeza flotante. - No parece muy común la materialización parcial que da por resultado
una cabeza flotante en el espacio, según ocurrió en cierto caso referido por el reverendo H. Elwy Thomas. Paseaba este, una tarde de verano, por las afueras de Llangynidr, en el sur del país de Gales, después de terminadas sus tareas. Eran las ocho y veinte minutos; pero aun había bastante crepúsculo para distinguir los objetos a distancia. Dice el mismo testigo del suceso:
“Al volver los pasos vi, a cosa de una yarda de distancia, y al nivel de mi cara, la de un viejo cuyos rasgos aparecían tersos, de color plomizo obscuro, excepto la frente que estaba surcada por profundas arrugas. Los labios eran sumamente delgados y exangües, y entreabría la desdentada boca. Las mejillas estaban hundidas y demacradas como las de un cadáver, y los ojos agazapados en sus órbitas tenían la mirada luminosa y penetrante. Iba esta cabeza envuelta en dos vendas de zarza amarilla, una que la ceñía barba y carrillos basta anudarse por encima de los parietales, y la otra circuía la rugosa frente y se ataba sobre el occipital.
“Movido de espanto corrí escapando de la horrible visión un trecho de sesenta metros, y al pararme volví los ojos para ver si me había alejado bastante. Cuando con indescriptible horror la contempló tan cerca como si no me hubiese movido ni un paso. Entre la cabeza y el suelo solo noté una columna irregular de intensa obscuridad, a través de la cual pasó mi paraguas tan fácilmente como penetra un bastón en el agua.”
El reverendo Thomas volvió a retroceder unos cuantos pasos, pero luego se atrevió a darle cara a la aparición, que entonces retrocedió lentamente por el camino hasta llegar al muro del patio de la iglesia, donde desapareció en un sitio que el reverendo puso cuidado en señalar, y cuando refirió el caso a su patrona esta reconoció en el retrato a un licenciado de presidio, muerto quince años antes, que había vivido en una choza cercana al paraje de la aparición, y fue enterrado en el punto del patio de la iglesia en donde se había desvanecido el espectro40.
A no ser por el extraño vendaje, esta aparición en nada se diferenciaría de los fantasmas ordinarios, y cabe colegir que se propuso impresionar terroríficamente al sacerdote, tal vez porque pensara que este podía darle consejo y auxilio. También es lógico suponer que el difunto frecuentase, sin determinado propósito, el paraje donde estuvo en vida, y por momentáneo deseo de compañía humana y de sensaciones físicas hubiese sido capaz de aparecerse.
El espectro extrahumano. - Cuenta Stead en la ya citada obra, que una señora de Brockley le
refirió personalmente otro caso todavía más horrible e inexplicable de la aparición de una cabeza flotante. Es como sigue:
“Un sábado por la tarde del último verano, hacia las ocho, estaba yo en casa sin más compañía que mis dos hijos de ocho y nueve años respectivamente, a los que en aquel momento les daba un baño. Los dejé solos por brevísimo rato, y cerrando la puerta del cuarto, pasé por el corredor en dirección a la escalera, con el pensamiento puesto en una cosa que iba a buscar al piso bajo, cuando al levantar los ojos me sorprendí al ver una extraña luz que brillaba en el rincón de la pared, a cosa de dos metros de la escalera y unos cuantos centímetros delante de mí. Instintivamente miré a todos lados por si la luz pudiera ser reflejo de otra: pero nada descubrí que confirmase aquella presunción, pues no había luz alguna en la casa y el contador estaba cerrado.
“Miré otra vez a la luz con deliberada atención, y en menos tiempo del que me cuesta escribirle, la vi metamorfosearse en una cabeza de lampiño rostro verdoso amarillento y pobladísima cabellera. Era aquella cara mucho más abultada y ancha que la de un hombre, con grandes ojos verdes de contornos imprecisos, que parecían hundirse en las amarillentas mejillas. La expresión del semblante era diabólicamente maligna, y aunque no me dejaba dominar por los nervios, sentí al contemplarla tanto horror como admiración, creída de que tal vez fuese uno de los modelos en que se inspirara Gustavo Dore. Clavé entonces los ojos en el espectro, y le dije, “En el nombre de Cristo, vete.” La infernal aparición se desvaneció en aquel punto de mi vista sin que volviese a conturbarme.”
La señora que refirió este caso a Stead tuvo cuidado de eliminar de antemano las explicaciones que de él pudiesen dar los escépticos, y al efecto advierte que en su vida sufrió ataques biliosos ni de otra clase propicia a las alucinaciones, y que tampoco bebía licores espirituosos. Verdaderamente parece que la señora resistió la vista de la aparición con mayor serenidad que el reverendo Thomas, a pesar de ser en todos conceptos mucho más horrible la del caso presente.
Tan solo veo yo dos posibles explicaciones de esta aparición. Seguramente no era ser humano, sino forma mental y acaso creación del celebérrimo dibujante cuyo nombre acudió instintivamente a los labios de la señora. Sin embargo, las referencias que tenemos del caso no bastan para explicar satisfactoriamente por qué se apareció allí la forma mental y pudo mostrarse a la señora y esta fue capaz de verla. De todos modos, la hipótesis más razonable es la forma mental.
Otra explicación es suponer que el espectro fuese una criatura perteneciente a evolución distinta de la humana, de las que solo se ponen en contacto con el hombre en circunstancias sumamente raras. Los atlantes conocieron este secreto y de él resultaron los más horribles abusos, de los cuales quedaban todavía, en los tiempos clásicos, reminiscencias personificadas en el dios Pan. Pero las murallas fronterizas entre nuestro mundo y el suyo son tan formidables, que forzosamente ha de estrellarse contra ellas quien intente atravesarlas.
El espectro descrito por la señora sugiere vigorosamente la idea de esta evolución extrahumana; pero lo difícil es aceptar el motivo de semejante aparición, tan de repente, en una tranquila casa particular. Según hemos dicho, resulta más posible que fuese una forma mental en extremo vigorosa, y hemos de lamentar que tan rápido se desvaneció al conjuro de la señora, pues muchos miembros de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas hubieran deseado vivamente ver aquella cabeza.
Persistencia molesta. - Las personas dotadas de aptitudes mediúmnicas están expuestas al
asedio de algún difunto que por diversas razones ansía comunicarse con el mundo físico, y si el médium no les comprende persisten molestamente hasta que logran despertar su atención. Por lo general, el difunto solo es capaz de producir arrebatos, golpes, rumores y crujidos; pero hay casos en que logran materializar una mano con suficiente vigor para prender objetos materiales y suplir equivalentemente los efectos de la fuerza muscular. Los que asisten a las sesiones espiritistas están mayormente expuestos a esta aparición, pues si bien los espíritus guías o presidentes invisibles de las sesiones libran al médium de la influencia de aquellos otros espíritus que acuden con propósitos egoístas y puramente terrenales, su protección no alcanza a todos los concurrentes, y así ocurre que los malos espíritus rechazados por el médium asaltan a cualquier circunstante dotado de condiciones mediúmnicas, con la esperanza de lograr de aquella suerte lo que no les consintió el espíritu guía.
Los perros y la mano. - Un sorprendente caso de esta índole nos cita Lang en su obra Sueños y
Fantasmas, quien lo fía bajo la palabra del que se lo refirió.
“Cierto sujeto llamado Bolter, después de asistir a tres o cuatro sesiones espiritistas, notó desacostumbrada excitación nerviosa con temor de dormir solo, y en vista de ello fui una vez con él a su choza y nos acostarnos en la misma cama. Poco después me despertó un ruido como si alguien se moviese en el aposento, y vi de par en par la puerta por donde entraba la luz de la luna llena, brillante cual la del día. Dentro del aposento saltaban de un lado para otros cuatro o cinco perros negros muy corpulentos, de los cuales uno se subió a la cama y otro acercó el hocico a mi boca, pues la cama era baja y yo dormía en el lado opuesto a la pared. Pero como siempre tuve amorosa afición a los perros de toda casta y el amor no da lugar al miedo, me levanté tranquilamente para echar de allí a los perros, cerrar la puerta y volverme a la cama creído de que eran de carne y hueso.
“Me dormí; pero desperté de nuevo con el sobresalto de que alguien me tiraba de la manta, y aunque me la puse bien, otra vez se repitió el tirón que la arrastraba fuera de la cama. Sorprendido del fenómeno agarré la manta fuertemente y supongo que me quedaría dormitando, pues no tardó en despertarme la sensación de la manta que de nuevo se deslizaba hacia abajo hasta caer esta vez del todo al suelo, conviene advertir que entretanto ocurría esto, miré varias veces a Bolter que parecía dormir profundamente; pero a la sazón ya no pude
contenerme y quise despertarle, aunque en vano, pues estaba como muerto y su rostro, ya de por si paliducho, tenía la blancura del mármol iluminado por la luna. Después de titubear un punto volví a poner la manta sobre la cama y la retuve vigorosamente, pero entonces tiraron de ella con más fuerza, de modo que me fue preciso emplear toda la mía.
“Para mejor sujetar la manta había yo hecho un movimiento de cabeza, cuando sentí de pronto sobre mi cuerpo la sensación de una mano cuyos dedos se me acercaban poco a poco a la cabeza. Loco de terror solté la manta y topé con una mano que horrorizado mire por un momento hasta rechazaría de mí. Maravilla mayor fue que no estaba unida a brazo ni cuerpo y era velluda y morena con nueve dedos (pues faltaba un pulgar), cortos, rechonchos, de largas y puntiagudas uñas a manera de clavos. Demasiado medroso para sacar el pecho fuera, me mantuve quieto en la cama: y después de otro inútil intento de despertar a Bolter, me quedé dormido. A la mañana siguiente le referí lo ocurrido, y me respondió que también otros hombres que con el habían pasado la noche vieron la misma mano, aunque se extrañó de que ¡no hubiesen venido los perros!”
Este caso puede ser de aparición insistente o persistencia molesta; pero asimismo cabe atribuirlo, en vista de las circunstancias que lo acompañan, a obra de magia primitiva por haber acaso ofendido o agraviado Bolter a un indígena del país, acarreándose con ello aquella extraña persecución. La mano descrita no puede ser de un europeo, y la mutilación del dedo pulgar es indicio de un desconocido episodio de carácter forzosamente desagradable. Los perros negros son un rasgo muy extraordinario, pero con dificultad puede explicarse su presencia, a no ser que los consideremos como accesorios de magia, si bien su cariñosa índole quita todo fundamento a esta hipótesis.
El espectro del pájaro. - De clasificación muy difícil es el presente caso que en su obra Cosas
extrañas, refiere Enrique Spicer como sigue:
“El capitán Morgan, recién llegado a Londres en compañía de un amigo, se hospedó en una espaciosa y antigua casa del siglo pasado y le destinaron un amplio dormitorio con una cama muy alta tendida sobre cuatro postes.
“Se retiró a descansar, y al poco rato de haber conciliado el sueño le despertó un fuerte batir de alas que resonaba junto a él, acompañado de una sensación de frío y desaliento como nunca hasta entonces la sintiera. Se levantó sobresaltado de la cama y vió con asombro un enorme pajarraco negro de alas extendidas y ojos tan relucientemente rojos que parecían echar lumbre.
“Estaba el ave frente a él en tal furiosa actitud de picotearle cara y ojos, que se maravillaba de contener el ataque esgrimiendo la almohada contra el agresor. Durante la contienda acertó a escaparse de la jaula un pájaro que había en la casa y vino a entrar en el dormitorio. Repetidas veces volvió al ataque el pajarraco con maligna furia, hasta que comprendiendo, por fin, que no lograría alcanzar al valeroso oficial que tan gallardamente le resistía, empezó a retroceder, perseguido por su contrario, hacia el sofá situado en un ángulo del dormitorio, sobre cuyo asiento cayó presa de terror.
“Seguro ya de que no había de escapársele el vencido pajarraco, se detuvo un instante sin apartar la vista de él, y al acercarse luego para tocarlo vió con redoblada sorpresa que se le desvanecía entre los dedos y únicamente palpaba aire. En vano registró con luz todos los rincones del dormitorio, resistiéndose a creer que hubiese sido víctima de tan enorme alucinación; pero en parte alguna pudo dar con el pajarraco. Después de largo escrutinio, el burlado capitán se volvió a la cama sin novedad ulterior en el resto de la noche.
“Mientras a la mañana siguiente se vestía, resolvió callar cuanto había visto e inducir a su amigo a cambiar con el de habitación, a lo que, habiendo accedido el otro, refirió al día siguiente, muy mal humorado, que le fue preciso disputar la posesión del aposento al más extraño e incomprensible avechucho de cuantos viera en su vida, de tamaño enorme, color negro y muy astuto para eludir todo intento de presa, hasta desaparecer sin dejar rastro de su huida.”
Según podemos inferir del caso, no conocen los ornitólogos ningún ave como la descrita, aunque tal vez los testigos exageran su tamaño. Pero, aunque lo consideraremos aparición de águila o buitre, no veríamos el motivo de su injustificada y feroz agresión. Tal vez fuera una forma mental engendrada por un vivo o por un muerto que tuviese razones particulares para ahuyentar del aposento a cuantos en el trataran de acomodarse. También pudo ser un espíritu
de la naturaleza con ganas de jugar esta mala pasada al primero que se pusiera por delante, si bien en este supuesto no cabría la ferocidad mostrada por la misteriosa ave.
Para dar explicación aceptada de este caso sería preciso haberlo presenciado personalmente, pues no corresponde a ninguna de las clases ordinarias de apariciones y parece más bien una de aquellas aventuras que les ocurren a quienes se apartan de los trillados caminos del plano astral, por el estilo de las que suelen acontecerles a los que se salen de las frecuentadas vías del plano físico.
Prueba terrible. - Refiere la señora Crowe41 que un profesor de colegio sedujo a una señorita y
se casó luego con otra. La seducida no cesaba de reconvertir al seductor por su mala acción siempre que se le ofrecía oportunidad, hasta que un día, poco después de habérsele visto hablar con ella, la encontraron muerta. Como era natural recayeron en el las sospechas, aunque me fue posible aducir prueba en concreto; pero parece que desde entonces se retiraba el profesor, todas las tardes, a un apartado aposento donde permanecía sin ver absolutamente a nadie. Sin embargo, las gentes murmuraban pavorosamente que se oía la voz, de la muerta en conversación con él.
La novia de Corinto. - La misma señora Crowe refiere otro caso todavía más saliente42:
“Cierta joven corintia se apareció, seis meses después de muerta, a un joven que estaba de paso en casa del padre de ella, y sin respeto a las conveniencias sociales entró en el aposento de él y entabló relaciones muy parecidas a noviazgo, con cambio de regalos y participación en alguno que otro refrigerio, creído el de que el espectro era persona de carne y hueso.
“Una criada husmeó las visitas y se apresuró a comunicar a los padres que había resucitado su hija. Como era de suponer, no creyeron tal cosa, aunque la madre, deseosa de tranquilizar a la criada, consintió en ir a comprobar el pregonado prodigio, encontrándose con que el aposento estaba a obscuras y durmiendo el huésped; pero cuando al otro día le preguntaron que era aquello, respondió declarando la visita recibida de una joven, y en prueba de ello enseñó la sortija que a cambie de la suya, le había regalado. Al instante reconocieron los padres el anillo con que enterraron a su hija, sospechan de que los ladrones hubieran despejado el cadáver.
“No obstante, como la joven había prometido volver la noche siguiente, resolvieron los padres encomendar la vigilancia a otra criada por ver en que paraba aquello. Se apareció, en efecto, la joven, y advertidos inmediatamente los padres de lo que ocurría, reconocieron con el júbilo que es de presumir a su difunta hija, pero esta no pareció participar de la alegría de ellos, antes bien, los reconvino por inmiscuirse en sus asuntos, diciéndoles que se le había permitido pasar tres días con el forastero en su casa nativa, pero que ya le era preciso volver al punto que se le tenía señalado. Dicho este cayó desplomado, de modo que todos pudieron ver el cuerpo muerto.
“Absortos los padres por el suceso, se apresuraron a destapar el enterramiento de su hija, viendo con asombro que no estaba el cadáver en el ataúd, y sí tan solo sobre el la sortija que el huésped había cambiado con la de la joven. El segundo cadáver fue entonces sepultado extramuros de Corinto con muchas ceremonias y sacrificios.”
Si estos dos casos son ciertos como parece, aunque no hay medio de comprobación rigurosa, pueden considerarse como rarísimas y no muy apetecibles modalidades de la actividad en parte física y en parte astral. El primer caso tiene por fundamento que el profesor se vio precisado a dedicar parte del día a la asesinada joven, tal vez porque esta le hubiese sugerido la idea de que así le era forzoso hacerlo para expiar la seducción, amenazándole con espantosas apariciones, o tal vez con perseguirle de por vida si no lo cumplía. Desde luego, que si se oía su voz debió materializarse. Y conviene advertir que con ello se retardaba la evolución de ambos. Por fortuna, ninguna persona de conducta limpia y honrada tropieza con semejantes horrores propios tan solo para castigo de crímenes odiosos.
El segundo caso, revestido de todos los requisitos de autenticidad posibles en aquella época, no tiene igual entre los que conozco aunque parece estar lejanamente emparentado con las leyendas y tradiciones de vampiros de la Europa oriental, y acaso quepa atribuirle el mismo fundamento. Bueno es vivir en cuerpo de carne si sabemos emplear provechosamente la vida
41 Aspecto nocturno de la Naturaleza. 42 Ídem.
física, y mucho mejor todavía es vivir en cuerpo astral; pero debemos evitar a toda costa la anormal condición que participa híbridamente de ambos planos. Tan solo en circunstancias muy excepcionales es posible vivir en la misma frontera de los dos mundos, y aun es preciso para ello concentrar pensamiento y deseo en el más grosero aspecto de la vida física. El hombre de honrada conducta nunca necesita dirigir su pensamiento a tan extraños y monstruosos