2. OPERATIONAL SUPPORT
2.2 Information support
‘Nunca hemos podido determinar cuál es el impacto de la estética sonora en nuestras vidas’.
Esta cuestión le estaba preocupando actualmente, y su mente discu- rría entre el arte sonoro y la técnica acústica.
Mientras pensaba este aspecto, la secretaria le llamó por el interfono. “Ha llegado un señor muy raro. Dice que tiene visita con usted, pero yo no tengo nada anotado”.
“No se preocupe, yo quedé con él. Hágalo pasar. Supongo que está en la salita de espera, ¿verdad?”
“No, no, lo tengo delante de mí”.
El ejecutivo lo recibió y pensó en el poco tacto demostrado por su secretaria. De todas formas, era realmente una persona de aspecto muy raro, y su vestimenta tan oscura, todavía le daba un aire más tétrico.
Al entrar, el sujeto se fi jó inmediatamente en la escultura situada sobre la mesa.
“¿Es ésta?”, dijo.
“Sí, y como le comenté parece que capta no solamente nuestros so- nidos sino también nuestras emociones y también las contradicciones”.
El otro se había ido acercando a la mesa mientras escuchaba estos comentarios.
El ejecutivo se sentó en su lugar de trabajo, y colocó los brazos sobre el escritorio. Al momento la escultura empezó a emitir un suave ronroneo.
“Y cuando su becaria hizo lo propio el resultado fue un aullido”. El hombre no preguntaba sino que afi rmaba.
“Así fue”, contestó el ejecutivo levantándose de la mesa. Ahora el visitante se sentó en una de las sillas de visita.
“¿Se sentó aquí?” “En efecto”.
Lentamente y en silencio fue acercando sus manos hacia la mesa. Cuando las tenía a unos centímetros de ella, la escultura dejó de ronro- near y empezó a vibrar. Las separó y la vibración cesó. Volvió a acercarlas y sucedió el mismo fenómeno.
“¿Puede dejar la escultura sobre el parquet del suelo? Justo delante de las ventanas”.
Mientras el ejecutivo cogía la escultura con ambas manos, el indivi- duo se alejó al otro extremo del despacho.
El parquet era flotante, y sólo colocarla sobre el mismo, empezó a ronronear.
“Son sus pies”, dijo el sujeto. “Recoge su vibración amplificada. Alejé- monos y mantengamos silencio”.
Ahora ambos se habían alejado, y observaron que la escultura estaba en reposo.
Lentamente, el parapsicólogo se fue acercando. Cuando estaba a tres metros la escultura ya ronroneaba, y a medida que se iba acercando más, la vibración iba en aumento.
A dos metros, el sonido tenía un nivel insoportable, y el artista temía por su obra, por lo que le hizo un gesto disuasorio.
Ambos se retiraron a un extremo a debatir el asunto.
“Creo que ha diseñado un artefacto de medir nuestras voces internas y también me creerá si le digo que estamos ante el primer aurametro”.
Ese mundo no le interesaba tanto como el del mundo sonoro tangi- ble, y por eso preguntó.
“¿Cree que puede captar la estética sonora de una música concreta o de un paisaje sonoro?”
“Yo le he dicho lo que pienso en función de lo que he visto y percibido. No puedo hacer más conjeturas. Deberá experimentar por sí mismo”.
Se despidieron y le dijo que solicitara los datos fiscales a su secreta- ria, al objeto de la facturación por esta visita.
M a e s t r o R o n c a d o r
El individuo le comentó que si le hacia un duplicado de la escultura no le cobraría nada. Es más, le informaría de nuevas aplicaciones y así ambos podrían mantener en secreto el asunto. El ejecutivo aceptó. No sabía que había pactado con el diablo.
La idea era sencilla. Ahora lo veía claro. Seguramente sería capaz de trasladar esa sensibilidad en captar la belleza sonora que tenía su escul- tura, a su nuevo diseño de sonómetro mediante un módulo específico que reflejara el valor de la estética sonora de un discurso, una obra musical, o un paisaje sonoro, entre otros.
Volvió a coger su escultura y la colocó encima de uno de sus bafles de altavoces Olufsen&Bang. Buscó un disco de vinilo de Stan Getz y Os- car Peterson Trio, y lo puso en marcha. Al cabo de unos instantes com- probó que la escultura emitía unos ronroneos que iban variando según las frases musicales. Pero si él tocaba el bafle, parecía que se implicaba en la respuesta.
‘Ahora solo me falta la segunda prueba’, pero deberé insistir en ob- servar si el receptor influye en la apreciación de la estética sonora de la música.
Para la segunda prueba salió al exterior y buscó un paisaje urbano bien tranquilo. Se sentó en un banco del parque urbano más cercano pero el ruido del tránsito era bastante elevado. Colocó la escultura sobre el banco y no emitía sonido. Se desplazó a su lugar preferido en un parque íntimo, donde solamente se escuchaban los ecos de la ciudad y domina- ban los sonidos de la naturaleza, y observó que su escultura proporciona- ba zumbidos y algunas vibraciones destacadas.
‘Quizás sea verdad y pueda medir la estética sonora’, pensó.
Colocó la mano sobre la base de la escultura y cerró los ojos para percibir exclusivamente el espacio sonoro del lugar. La escultura fue va- riando sus respuestas y según su parecer, se puso a emitir algo parecido a una música.
Él abrió los ojos, y todo cambió, ya que la escultura volvió a realizar solamente zumbidos y alguna vibración, pero no con la magia anterior.
Por hoy ya estaba satisfecho, y regresó a su vivienda pensando: ‘El arte siempre manifiesta las interacciones entre el artista, el objeto artístico y el sujeto que lo percibe, y en el caso de la estética sonora, al
parecer el receptor es de gran importancia. Debo cuidar este aspecto subjetivo porque puede anteponerse en cada momento’.
Pensó en la evolución de todas las artes y en cómo en cada mo- mento histórico adquiría unos compromisos y variaciones acorde con los cambios sociales. ‘La estética sonora debe tener eso en cuenta’, concluyó.