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1 . LAS VIEJAS D I S C U S I O N E S S O B R E LOS S A C R A M E N T O S

A. La visión luterana

El debate sobre los sacramentos se encuentra en el inicio de la Reforma. En octubre de 1520 Lutero publica su Preludio a la Cautividad babilónica de la Iglesia donde va a exponer su teología sacramental, doctrina seguida por la mayor parte de los fieles que abandonan la Iglesia romana, si exceptuamos en algún punto determinado a J. Calvino y en casi todos a Zwinglio. La idea del libro es liberar la doctrina sacramental romana que tenía "cautivos" a los fieles desde su nacimiento hasta su muerte. Admite dos sacramentos, por ser de clara insti- tución de Jesús, y porque en dicha institución aparece siempre una promesa divina a la que el fiel responderá con la fe. Sin estos elementos no cabe sacramentalidad. Respecto a la Eucaristía ataca tres errores romanos: la prohibición del cáliz para los laicos, la doctrina de la transustanciación, y el carácter de sacrificio de la misa. Después se ocuparía del sacramento del Bautismo, ciertamente mantenido por Roma, aunque le rebaja su importancia al ofrecer como "segunda tabla" de salvación el sacramento de la Penitencia, por la que muchos fieles confían más en la absolución del sacerdote que en la remisión que ofrece el Bautismo. Al final del opúsculo, Lutero atacó el número de sacramentos, rechazando el resto de los siete sacra- mentos, pues ni habían sido enseñados por Cristo ni confirmados por la Escritura.

Lo fundamental en cuestiones sacramentales para Lutero son dos cosas: la promesa del perdón (por parte divina), y su apropiación por la fe (por parte del fiel creyente).

B. La visión católica

La concepción de los sacramentos en la Iglesia Católica se había forjado con ideas origi- nadas en la Edad Media. Varias nociones se habían impuesto: la categoría de causalidad, la gracia como efecto del sacramento, y la dualidad de materia y forma. Técnicamente se va des- arrollando la idea de que el sacramento está constituido como una res (gracia invisible) un

signum (visible), una materia, es decir algo que contiene y ofrece automáticamente la gracia,

si no hay un obstáculo especial como es el pecado.

Aunque no había olvidado, ciertamente, las nociones importantes de "signo" y de "memo- ria". Durante el largo período de la Contrarreforma esa fue la concepción clásica sacramental. En tiempos más recientes, y desde el Vaticano II, la sacramentología católica ha recibido reno- vadores impulsos gracias a grandes teólogos que han abandonado aquella visión como dema- siado despersonalizada y mecanicista. Ayudarán a esta renovación los conceptos de "miste- rio" (O. Casel), un enfoque más personalista que supone una actitud de fe y libertad, y las nociones de "encuentro con Cristo por el Espíritu" (E. Schillebeeckx). Finalmente se recupe- ran varias categorías utilizadas por los Padres de la Iglesia: signo, memoria, epíclesis, palabra, adquiriendo gran relieve el sentido eficaz de la palabra y el valor realista del símbolo.

2 . H A C I A U N C O M P R E N S I Ó N M U T U A D E LOS S A C R A M E N T O S

A. La i m p o r t a n c i a de la Palabra y de la Fe

Hoy es un hecho la aproximación de católicos y protestantes respecto a la importancia dada a la Palabra en el terreno sacramental. La Palabra no sólo anuncia a Cristo [tarea kerig- mática), sino que lo acerca y hace presente. Suscita la fe, la actualiza, y la alimenta. La nueva toma de conciencia de esta realidad ya había tenido lugar mucho antes en el mundo de la Reforma. Palabra y sacramento, dos realidades íntimamente relacionadas e interdependien- tes, que el olvido o marginación de una de ellas hace que la acción salvífica de Cristo no obtenga el equilibrio necesario para su eficacia.

La Comisión Mixta Católico-Evangélico Luterana, publicó un texto en 1980 titulado

Caminos hacia la comunión. Dos de los apartados más importantes se dedicaron a la Palabra

y al Sacramento, donde parece haber una gran aproximación.

Y efi la Relación de Dublín, de la Comisión Mixta de Iglesia Católica-Consejo Metodista Mundial [1976) se lee: "No desearíamos que se enfrentasen Palabra y Sacramento, el uno con- tra el otro; si bien ponemos diversos énfasis, tanto unos como otros afirmamos que allí donde Cristo está presente, lo está en toda su plenitud" [n. 56).

B. La i m p o r t a n c i a de la Iglesia, c o m o s a c r a m e n t o

Ya se conocen las fuertes discrepancias respecto la Iglesia que tienen católicos y protes- tantes. Pero seguramente el diálogo ecuménico ha hecho abrirse a la Reforma a un concep- to de Iglesia que más allá del de "sociedad perfecta", abandonado ya por la eclesiología cató- lica, descubre la sacramentalidad de la misma Iglesia. Lumen gentium, afirmó que la Iglesia es "sacramento universal de salvación" [LG 1, 9, 48; SC 5, 26; GS 45; AG 1, 5). Pero esto sig- nifica que la Iglesia, acogiendo la salvación que ofrece Cristo, el "sacramento radical" de Dios, la ofrece como servidora a la humanidad. "Con la visión sacramental de la Iglesia no se pre- tendía una sublimación ideológica de la Iglesia, sino, por el contrario, superar las estrecheces y unilateralidades del concepto de Iglesia de la teología escolástica tradicional" (W. Kasper).

Con el concepto de sacramentalidad de la Iglesia, no en el sentido de sacramento como si fuese el octavo, católicos, anglicanos y protestantes han trabajado ya en diálogos ecumé- nicos. Baste recordar los siguientes textos: La salvación y la Iglesia, del ARCIC II (1986), en su

número 36; Ante la unidad: modelos, formas y etapas de la comunión eclesial, del Diálogo

Luterano-Católico (1984), número 622; La Iglesia como comunión, firmado por lo presidentes

del ARCIC (1990), en su número 61; y finalmente, La Iglesia como comunión local y universal,