• No results found

Infrastructure development that suited to meeting start-up and spin-off needs Renovation/construction of the building and working space for the BI/STP Facilitation of networking opportunities with other businesses to tenants 3 Implementation of collaborative software platforms form improved communication and innovation management Initiating of online platform for innovation management meeting BIs/STPs requirements

Next Steps and Implementation of Strategic Development Plan

2. Infrastructure development that suited to meeting start-up and spin-off needs Renovation/construction of the building and working space for the BI/STP Facilitation of networking opportunities with other businesses to tenants 3 Implementation of collaborative software platforms form improved communication and innovation management Initiating of online platform for innovation management meeting BIs/STPs requirements

No evalúes el día por la cosecha recogida, sino por las semillas sembradas.

Robert Louis Stevenson

La confianza es una de las facetas primordiales en toda rela- ción humana, pues hace que la gente que goza de ella pueda sacar lo mejor de sí misma y actuar con verdadera trans- parencia. Hay que reconocer, sin embargo, que para llegar a disfrutar de la confianza de otra persona es necesario mucho tiempo y paciencia.

Cuando trato a una persona con cortesía, bondad, honestidad y sincera preocupación me acerco a ella desde el corazón, lo que equivale a un gran depósito de confian- za. Pero es indispensable que esa relación de afecto y acer- camiento hacia el otro sea sincera y franca, nunca artificial, solo para ser aprovechada en momentos difíciles.

Sabemos que las relaciones que funcionan se logran con gran dedicación y paciencia, y suponen un trabajo que lleva mucho tiempo, lo que las transforma en una inversión a largo plazo. En cambio, las relaciones de acercamiento que se realizan en forma veloz, muchas veces son superficiales y no permiten generar confianza.

Preocuparnos sinceramente por nuestros afectos es generar en nuestra cuenta personal un gran cúmulo de con- fianza. Si me preocupo francamente por mi madre, la llamo regularmente, la invito en ocasiones a cenar o al cine, y le demuestro mi incondicional amor filial, estaré generando en ella un verdadero sentimiento de amor y cariño hacia mí, lo que representará un enorme depósito en mi cuenta personal.

Y entonces, si por fuerza de las circunstancias algún día me olvido de un compromiso o aniversario, mi falta no será tan grave, ya que tendré reservas suficientes en esa cuenta. Así también, si actúo con sincero afecto por mis amigos y

familia, dedicándoles horas de cuidado y cariño, estaré for- jando en ellos también un sentimiento de estima hacia mí, que representará asimismo un gran depósito.

Es igual que tener fondos en la cuenta bancaria: cual- quier extracción de último momento no afectará mi saldo. Pero si estoy en números rojos, una emergencia puede hacer tambalear mi relación con el banco. Igual que la vida misma.

La única condición de esa cuenta personal es que haya sido motivada por una actitud sincera, sin haber tenido en cuenta el beneficio, ya que si se actúa únicamente por el inte- rés de generar afecto, se estará especulando con el cariño de las personas, y el sentido de integridad que debe acompañar todo depósito se extingue. Es de gran importancia entonces la integridad, porque es la que genera confianza y constitu- ye, la mayoría de las veces, la base de muchos depósitos.

Es así como verdaderamente somos: bancos de afecto, en donde uno posee lo que han depositado los demás en él, y viceversa; por lo que cuando una persona lastima con su comportamiento nuestra confianza, en ese momento se produce una reducción en el depósito que tiene en nues- tro corazón.

Siendo yo niño, recuerdo que abrieron en el barrio en que vivíamos una nueva farmacia. Nuestro viejo y competente farmacéutico tomó aquel hecho como una ofensa, y comen- zó a decir que su joven competidor vendía genéricos de infe- rior calidad y que sus conocimientos farmacéuticos eran escasos. Pensando en cómo resolver pacíficamente la situa- ción, el joven farmacéutico fue a consultar a su padre. —No le des mayor importancia —le dijo con prudencia. Trata, al contrario, de corresponderle con bondad. Al día siguiente, cuando los vecinos le comentaban lo que su competidor estaba diciendo de él, lejos de darse por ofendido, el joven farmacéutico aseguraba:

—Debe haber algún error. Mi colega es uno de los mejo- res farmacéuticos de la zona. Despacha recetas a cualquier

hora del día, y el esmero con que las prepara es un ejem- plo para todos los del gremio. Ahora que el barrio ha cre- cido, hay campo de sobra para dos farmacias. Por mi parte, siempre procuraré imitarlo.

Los comentarios del joven farmacéutico llegaron pronto a oídos del veterano, pues los elogios se difunden casi tan rápidamente como las críticas. El resultado fue que en la primera ocasión que tuvo el anciano de entrar en contac- to con su joven colega, le dio sabios consejos relacionados con su negocio. La palabra elogiosa de este último había desvanecido el resentimiento inicial.

Este es un buen ejemplo de lo que supone la integridad personal y el realizar depósitos de confianza en los demás. Porque el ser leales y respetuosos con las personas que no están presentes genera una gran acumulación de afecto. Por desgracia, es habitual ver cómo muchas personas se comportan desconsideradamente al hablar de los ausentes. Esa forma de actuar genera una gran desconfianza y un importante retiro de afecto personal, ya que mi propio interlocutor pensará, con razón, que cuando él no esté pre- sente también será víctima de mis críticas. Respetar a los ausentes es una de las formas de construir la confianza de quienes están frente a nosotros.

También las palabras utilizadas para dirigirnos a nues- tros empleados, amigos o familiares pueden afectar nues- tra cuenta de afecto personal, ya que si no las medimos podemos lastimar mucho a la gente que más nos importa. En el caso del joven farmacéutico, sus palabras fueron sus aliadas; porque las palabras, aunque muchas veces no lo advirtamos, pueden ser un gran bálsamo para la gente a quien estimamos.

Una noche, Juan invitó a un amigo a comer a su casa, sin avisarle previamente a su esposa. Al final de la comida, el amigo le dijo en confidencia: “Puedes dar las gracias por tener una esposa que, a pesar de su cansancio y del trabajo

que deben darle los niños, prepara comidas tan excelen- tes”. Estas palabras le abrieron los ojos a Juan, y le ense- ñaron a agradecer el esfuerzo diario de su compañera, algo que hasta aquel momento había tomado como natu- ral y corriente.

Procurando cuidar lo que decimos, y cómo lo decimos, protegeremos esos depósitos de afecto. En el caso de Juan, la sola mención de su amigo sirvió para que advirtiera lo mucho que estaba recibiendo de su esposa; al mismo tiem- po que creaba un gran depósito de afecto en la cuenta per- sonal de su amigo.

Demostremos que los demás nos importan. No mostre- mos una amabilidad aparente, sino una auténtica cordiali- dad, ya que la sincera preocupación por los demás nos otor- ga una dimensión más amplia de la vida, y una mayor comprensión de los problemas humanos.

Es así como, velando por nuestros familiares y amigos, cuidando lo que decimos de los demás y vigilando atenta- mente nuestras palabras seremos capaces de generar una gran cantidad de relaciones de apoyo y cariño; y cuantas más personas tengamos cerca, más afecto tendremos, lo que nos proveerá de una gran energía para perseguir nuestros objetivos personales y profesionales.

Si queremos vivir una vida con significado y contar con grandes y cuantiosos depósitos de afecto, cuidemos a nuestros seres queridos y nuestras relaciones afectivas, porque ¿para quién significamos más si no para aquellos que nos aman?