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Innovation & Development Programmes

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2.3 Innovation & Development Programmes

Para este nivel de lectura, se hará una comparación entre cada uno de os niveles de afecciones y percepciones en el ajeciamiento del deseo. Para ello, se establecerá una comparación entre las formas molares -afuera; creación del derecho, asesinato y atentado; perpetuación del derecho, amenaza y exilio, y el (los) centro(s) de poder- frente a una triada referente a la afección, miedo, dolor, placer, y díadas de percepción: visibilidad e invisibilidad; obediencia y desobediencia; normalidad y anormalidad; nombrado y no normado, y la percepción sobre la organización y desorganización.

En la triada, el afuera en el miedo esta referido a tres componentes, la guerrilla, el ejército y el Indio Wiliam, como lo muestra la entrevista en donde se hace referencia a la quema de cajeros por parte de la guerrilla (Ocoró H, 2008), el incumplimiento de las funciones de la policía por el temor de una emboscada guerrillera (Tobón A, 2008), el temor al ejército por una cuestión mediática y la relación con la fragmentada banda de uno de los jefes de una autodefensa urbana denominado “Indio William” (García R, et al., 2008). Por su parte, al dolor es producido como consecuencia del afuera, incitado fundamentalmente por la guerrilla, como lo manifiesta la conversación con la familia garcía, frente a la condición necesaria para ser víctima del paramilitarismo (García R, et al, 2008). Mientras que en lo que se refiere al placer, se instaura como consecuencia de la eliminación de uno de los componentes del afuera, un “mercenario” que se merece su destino: “por eso es que yo digo que el que a hierro mata a hierro muere. Porque ese murió en la ley del día” (García J, et al., 2008). Así se puede

establecer que la relación con el afuera es puramente negativa, es un espacio que corresponde a la afección negativa (miedo, dolor), y su eliminación produce una afección positiva (placer).

En la creación de derecho, el asesinato presenta características particulares en cada afección, si bien para el miedo el asesinato es recurrentemente selectivo, con el fin de eliminar un obstáculo determinado, como el conflicto de dos bandas que se instauraron en dos barrios específicos y que presentan una pugna (Ocoró, H., 2008). Lo que se relaciona con la afección del dolor, es el carácter masivo de los asesinatos y los asesinatos representativos como lo mencionan los miembros de la familia García: “sólo les importa que son colaboradores de la Guerrilla, como la masacre de allá arriba. Mucha gente inocente. JG: pero siempre es el campesino el que lleva del bulto” (García J., et al. 2008). Mientras que en lo que se refiere al placer, Se refiere bien sea por la afiliación a un peligro, o por justicia. “eso era cuando recién dentraron los paramilitares, ya después eso como que a esos malos se los llevaron los mataron y quedaron los mas o menos buenecitos. (…)–Ve, supiste con quién estaba bebiendo, Con el fulano y tal- claro se estaban voleteando entonces ahí era cuando…” (sic.) (García J., et al. 2008)

El atentado solamente tiene mención en dos afecciones, el miedo y el olor. En el primero, está relacionado con la guerrilla y sus ataques a la infraestructura económica y pública del municipio: “Ja: ¡Ay! Eso fue horrible, y como la policía quedaba ahí (cerca a la casa) se oía que corrían, no se si eran los guerrilleros o que pero… ¡Ay! Horrible eso, como eso por acá atrás (el patio) se podía pasar, yo pensaba que se iban a entrar por ahí y nosotros metidos debajo de las camas, en esta segunda pieza todos, todos.” (García J., et al. 2008). En el segundo, Se refiere a lo individual, a lo que afecta a personas relacionados a acciones guerrilleras, como el evento en que un policía muere en el incendio de la registraduría perpetrado por la guerrilla (García J., et al. 2008).

La amenaza y el exilio sólo se mencionan en la afección del miedo. En la primara, Se refiere a la deuda como el mecanismo que desempeña el papel de mantener el control sobre el orden instaurado “as autodefensas dejaban mucho eso [panfletos],

como edicto, como victoria, como mostrando su victoria territorial ellos sacan a la guerrilla el ELN los sacan del territorio entonces ponen... me acuerdo muchísimo con muchos letreros, (…) era poner panfletos protegiéndonos” (Tobon, A. 2008). En cuanto a la segunda afección, Remite al la forma de autoexclusión por las posibles implicaciones de peligro: “Si no le debemos nada – y le dije yo:- que llegan a darles a ellos y nosotros ¿que?- yo me voy igual ¿no? Si yo se que ahí está Raúl Reyes yo no voy. Vea el “Indio William” cuando al “Indio William” lo andaba por ahí yo lo veía y yo me quitaba, porque imagínese llegan a matarlo y uno ahí” (García J., et al., 2008)

En cuanto al (los) centro(s) de poder, la matriz muestra que en relación con el miedo, supones las partes de a las bandas o pandillas emergentes que ejercen control sobre ciertas partes del territorio, así lo expresa la secretaria de Gobierno del municipio: “También pues dicen muy conocidos en la región y esto ha causado muchas muertes de jóvenes en nuestro municipio, pero ha sido específicamente por esas dos determinadas bandas que existían aunque todavía existen ¿no?” (Ocoró, H., 2008). De la misma forma, el dolor está expresado en las bandas emergentes o en la forma de instauración del derecho: “Ja: porque es que los paras llegan a matar guerrilleros, a ellos no les importa si re están obligando o no. Así está pasando aquí, así pasó allá en el Valle, pero a muchos los mataron por ayudarle a la guerrilla, a ellos no les importa si te obligaron o no” (García J., et al., 2008). Mientras que el placer Refiere a la adhesión a los grupos paramilitares, narcotraficantes y las pandillas que ejercían y ejercen bienestar por medios simbólicos, de seguridad y de invisibilidad. Lo que implica entonces que el (los) Centro(s) de poder se manifiestan en manera negativa cuando crean derecho, pero la percepción de la conservación está decididamente ligado con una afectación positiva.

En la díada de visibilidad-invisibilidad, se evidencia que en el Afuera, es visibles la guerrilla, mientras que en la invisibilidad se refiere a la exclusión de la guerrilla y a la existencia de varias partes del afuera. Es decir, si bien en ambas percepciones se establece la guerrilla como el factor del afuera, se hace visible como grupo: “bueno e... las FARC fueron los que dinamitaron la 14” (Tobón A., 2008) pero se

hace invisible en tanto su accionar: “Entonces eso hizo que las arremetidas de los grupos de la “guerrilla”, por decirlo así, que mas que todo había presencia del ELN en este sector, se replegara bastante hacia la cordillera entonces no se volvió tanto a vivir pues la presencia tan notoria de ellos aquí” (Ocoró H., 2008). Por su parte, el asesinato se hace visible en la forma en que se construye el derecho por la creación de nuevos elementos al afuera: “eso era cuando recién dentraron los paramilitares, ya después eso como que a esos malos se los llevaron los mataron y quedaron los mas o menos buenecitos. Entonces esos fueron reclutando pelaos de aquí mismo del pueblo” (sic.) (García L., et al. 2008), pero se hacen invisibles en cuanto a los métodos de incurrir en el asesinato: “y le dijo ve Lorenzo esos yo no se que de las delicias esos son los que me desaparecieron mi hijo, entonces Lorenzo dijo déjelos mamita que para esos yo no se que también hay, pues ahí mismo cogieron mijo.”(García R., et al., 2008). En cuanto al atentado y la amenaza, sólo existe mención en la visibilidad que suponen estos mecanismos de ejercicio de la violencia. En el primero, la mención se relaciona con la identificación de posibilidad del atentado, con el actor que lo perpetra o el que genera las condiciones para que se de: “Vea el “Indio William” cuando al “Indio William” lo andaba por ahí yo lo veía y yo me quitaba, porque imagínese llegan a matarlo y uno ahí” (García J., et al. 2008). En cuanto a lo segundo, se hace visible la amenaza en los momentos de lucha territorial: “las autodefensas dejaban mucho eso [panfletos], (…) sacan a la guerrilla el ELN los sacan del territorio entonces ponen... me acuerdo muchísimo, con muchos letreros, pintaban los postes pintaban las casas pintaban todo con AUC su finalidad era poner panfletos protegiéndonos” (Tobón A., 2008). Por último, en relación con el (los) centro(s) de poder, la visibilidad se establece con el ejercicio de creación de derecho, es decir en la manifestación mas radical de la violencia: “Porque cuando acá entraron los paramilitares, recién entraron, que se encontraban la gente mutilada, porque eran con sierra que los mataban” (García L., et al. 2008). Mientras que la invisibilidad se relaciona con los mecanismos de control que ejercen los que buscan perpetuar el derecho adquirido: “Pero ha llegado mucho grupo, pero es que ha llegado mucho del CTI, pero puro Sardino y andan es con puras camaritas. Vea Atalayando

personal, entonces por ejemplo si usted es duro y estamos nosotros alrededor entonces ya estamos filmados” (García L., et al. 2008).

Para la díada de Obediencia-desobediencia el afuera se relaciona, en el primer momento, con la encases de opciones, la única alternativa es la obediencia para conservarse: “Entonces, para evitar eso, porque acá ya nadie puede avienta a nadie porque la misma policía es la que se encarga de… ellos mismos te hacen la vuelta. Entonces por eso la gente ya no dicen nada” (García L., et al. 2008). Mientras que en el segundo, en el afuera da cuenta de las consecuencias de la desobediencia con relación a la instauración del derecho: “JG: también lo quebraron Rs: después de tantos años como 10 años JG: quién sabe si seria el mismo problema o Rs: vea él tenia un carrito que manejaban para arriba para la montaña Rs: y según eso e... las FARC el tenia que subir remesa y el como que no quiso volver a subir para allá” (García R., et al. 2008). De la misma manera, Se instaura la deuda como condición del asesinato, que igualmente implica la relación con el afuera: “JG: y usted ve a tres, tipos sentados ahí (muertos), dos, cuatro. Pero es porque algo debe” (García J., et al. 2008); mientras que la desobediencia implica la consecuencia por no acatar el derecho instaurado o por el desafío al la creación del derecho: “Rs: vea pero antes habían matado un taxista allá abajo yendo para el puente por Terranova y a él ya lo habían amenazado, si ya estaba amenazado” (García J., et al. 2008). La amenaza sólo se menciona en la

desobediencia en la relación a las formas de escapar al derecho perpetuado “Ja:

claro, no ve que le dijeron que se tenía que ir, y el se fue, pero volvió como a los 15 días. Dijo: -no, yo que…-” (García J., et al. 2008). En el exilio, la obediencia no implica un principio de razón suficiente, sino que se presenta como reacción: “Ja: mire Alonsinho, yo no le debo nada a nadie, pero si a mí me dicen piérdase que tiene un día para irse, me voy en una hora” (García J., et al. 2008); pero en la desobediencia, se manifiesta como principio de resignación: “-¡Ah! De todas formas ustedes no me van avenir a chantajear- entonces le Hicieron la segunda, que eso no lo hacen… RS: eso es de una… JG: Entonces le dijeron: -ábrase que huele a Hueco, es la segunda, ya no llamamos más, ¡gonorrea!- ¡Tan! Colgaron y al otro día… pa’ Australia. Claro, se fue y se salvó” (García J., et al. 2008). Por

que la adhesión se presenta por voluntad: “Ja: no, no, no. Acá ya no se están reclutando…LE: ellos mismos se arriman” (García J., et al. 2008). Pero la reticencia se manifiesta como reacción a la forma injusta de perpetuación del derecho: “LE: se me metieron los demonios de revolucionaria, de odiar a los tombos, me acordé del papá de Luz ese que es tombo todo chiquitico y me le fui encima y le metí una trompada pata y puño… claro me encerraron, porque uno a un uniformado no …” (García J., et al. 2008)

En la díada comparativa de la Normalidad y la Anormalidad existe, en lo primero, la relación con el afuera que presenta una dicotomía entre los buenos y los malos, un comportamiento definido: “LG: cuando estaba Pacho Herrera…, pero ese señor no era malo tío. Es como cuando mire, yo digo que como cuando entraban las FARC o el ELN, la guerrilla. Vea la guerrilla se metía y a esos Bancos les ponían… eh, explotaban…” (García L., et al. 2008), mientras que en la anormalidad se presenta una desarticulación de los grupos armados, inclusión de personas comunes a las organizaciones: “Ahorita no, ahorita son puros pelaos de aquí. Aunque aquí hubo mucho pelaito, Aquí hubo un tiempo atrás, como uno o dos meses que eso mantenía en balacera. Porque como empezaron a matar a toda esa gente que, esos del “Indio William” y toda esa gente” (García L., et al. 2008). En lo referente al asesinato, la percepción de normalidad se refiere a dos componentes, la cotidianidad en la práctica del asesinato y la normalización por la exclusión de los malos: “Ja: No, aquí ya normal, mire que antes aquí era normal ver muertos todos los días. LE: ya aquí lo que es los muertos son los borrachos y los sardinitos. Ja: por lo menos las ferias. ¡Aquí una feria sin muerto no era una feria buena! (Risas)” (García J., et al. 2008), mientras que lo anormal lo constituye la relación con la desorganización de los grupos establecidos: “Porque como empezaron a matar a toda esa gente que, esos del “Indio William” y toda esa gente. Entonces ellos se camuflan, ellos se arrimaban y me iban a darme por ejemplo a mí y yo me le escondía y entonces le daban era a usted y así han matado pelaitos que no han tenido nada que ver” (García L., et al. 2008). En la amenaza, se percibe selectividad en relación con la perpetuación del derecho: “Rs: vienen es por el que vienen” (García R., et al. 2008) mientras que en lo anormal lo constituye el cambio de las relaciones sociales por la identificación del peligro como condición de

vulnerabilidad independiente del centro de poder: “(…). Lógico que si uno ve tipos con fierro aquí, amigos y yo no me parqueo ya… antes no me importaba porque a la final yo no tenía nada que ver… pero por ejemplo ahora yo no, me dicen vea mija, vos por qué cambiaste tanto, yo le digo no mija…” (García J., et al. 2008). En relación con el (los) Centro(s) de Poder, la normalidad se presenta como la función de creación de derecho e relación con la eliminación del afuera y de control de lo instaurado: “lo que pasa es que ahora llegó mucho DAS y mucho CTI y llegaron

muchos sardinitos, entonces están. Pero ha llegado mucho grupo, (…) Ahorita esto

ya está limpio” (García J., et al. 2008). Mientras que lo anormal se relaciona con el desconocimiento de los grupos que ejercen la violencia, por su capacidad de devenir invisibles: “De todos esos lados por allá, pero nadie sabe quiénes son. Nadie sabe quienes son, pero eso es lo bonito de ellos”. (García J., et al. 2008) En la díada de la percepción de lo nombrado y lo no nombrado existe en el afuera tres componentes identificados plenamente, la guerrilla, el grupo del Indio William y un mercenario, hacen evidente lo que constituye lo que falta por controlar: se evidencian en distintas partes de la conversación con la familia García en la que mencionan a la guerrilla, el asesinato del mercenario y el problema de la persecución de la banda del Indio William (2008). Para el caso de lo no nombrado, el afuera esta construido por la distinción entre los paramilitares buenos y malos, la no denuncia y como consecuencia, el silencio: “Entonces por eso la gente ya no dicen nada. Vea, cuando recién dentraron los paras aquí, gente sabía de donde venían, y gente no decía. Y la policía decían que informaran pero ¡que va! Si ellos mismos avientan a quién informó y empiezan a desaparecer al sobrino, al

hermano, al tío y por qué, porque los van chacando” (sic.) (García J., et al. 2008).

En lo que respecta al asesinato, lo nombrado se evidencia en la posibilidad identificar a la victima: “Porque como empezaron a matar a toda esa gente que, esos del “Indio William” y toda esa gente” (García J., et al. 2008). Lo no nombrado, por su parte, se presenta en dos aspectos, primero la confusión al llamar a la víctima: “Ja: si, que día en una peluquería a un muchacho le dijeron ¡Fulano! Y el miró a ver… si, quien era… cuando ¡Pum!, ¡Pum! Cuando ¡uy! Juepucha ¡este no era!...(Risas)” (García J., et al. 2008), y el segundo en los

irán a matar Rs: no la quitaban mataban y Rs: volvían y ponían la luz Rs: bajaron la vela porque decían bajaron la vela JG: bajaron la vela y chin, chin” (García R., et al. 2008). En la amenaza, lo nombrado se percibe por el sentimiento de vulnerabilidad por la identificación concreta del posible peligro: “Ja: es como la ves que estábamos tomándonos una cerveza con unos amigos y llega el tal “Indio” con sus secuaces y yo les dije a mis amigos, bueno nos vamos” (García J., et al. 2008). Mientras que lo no nombrado percibe igual la amenaza inclusive cuando no está identificado plenamente el foco de peligro: “LE: si, uno no sabe. Lógico que si uno ve tipos con fierro aquí, amigos y yo no me parqueo ya…” (García J., et al. 2008). De la misma forma que acontece con la relación anterior, el exilio nombrado, se da por la identificación concreta del foco de inseguridad, mientras que lo no nombrado no tiene referencia. Por último, en el (los) centro(s) de poder, se da Identificación plena de varios centros de poder, Capos, Indio W, Das, Sijin, Ejercito, Paramilitares: “LE: si aquí ya no hay nada, ya no hay duros, ya no hay nada. Aquí los duros son el Ejército, la SIJIN y la policía” (García J., et al. 2008). Pero al mismo tiempo, en lo no nombrado se da el caso de la Identificación por intuición de centros de poder. Desorganización por la destrucción de los centros de poder establecidos: “Ja: es que ahora no tienen trabajo y están en eso, ¿no? Armando sus pandillas…LE: es que después de que mataron a Pacho Herrera el pueblo se desordenó Ja: y cogieron a Don Diego también…LE: entonces cogieron a todos los narcos y se desordenó esto porque ya no hay plata” (García J., et al. 2008)

En la última díada de comparación, la percepción de organización-desorganización se aprecia que el afuera en la primera forma, Constituye a la expresión del funcionamiento de la guerrilla como fundamento de unicidad: “Ja: eso, Foguear e irse. Y ellos disparan desde la montaña, porque ¿no vio lo que pasó ahora en Toribío? Ellos lanzaron desde las montañas los Cilindros” (García J., et al. 2008), es decir, la manera en que se presenta uno de los componentes del afuera es de la percepción de operaciones planeadas y organizadas; mientras que en la desorganización, se presenta mediante la no asociación a un grupo especifico, sino la construcción del derecho por el beneficio: “Ja: ya después cuando el se sale de la policía, que se retira, es cuando empieza… entonces es cuando, no

importaba si era guerrilla, si era narco, si era para. Eso no le importaba, el que le pagara eso él le hacía la vuelta” (García J., et al. 2008). Respecto al asesinato, la organización supone Tres elementos: territorialización, unión para ejercer el crimen y la reconfiguración de estratos, elementos que se manifiestan en la ubicación concreta de los asesinatos en el barrio de la Ceibita (García J., et al. 2008), la cooperación en el asesinato de Endo (Tobón A., 2008), y la desaparición de los “paras” malos por parte de los “buenos” (García J., et al. 2008); por parte de la desorganización se configura como a lo que se debe afectar con la muerte, lo desorganizado es susceptible de eliminación, como lo que ocurre con la fragmentación de la banda del Indio William (García J., et al. 2008). En el atentado, sólo existe mención en lo organizado, donde los objetivos son precisos y se