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3.1 GUI Design

4.1.2 Input

De modo semejante a la anterior, esta despedida no representa —de ninguna manera— la eliminación completa de la división, pero sí el adiós a aspectos importantes con sus respectivos efectos. Se dice expresamente que esta despedida es obra de la actuación del Espíritu Santo en la Iglesia católica así como en las Iglesias separadas. ¿Cuál es el contenido de esta despedida?

Rasgos básicos de la forma histórica de la fe a la que se dice adiós

A raíz de la escisión —que surgió a partir de los afanes de reforma en la edad media tardía— emergió rápidamente una forma de fe y de vida eclesial que podemos designar con las palabras clave “confesionalización” e “Iglesias confesionales”. ¿Qué se quiere decir con esto? La simple negación mutua tuvo como consecuencia que ya no se hablara de cristianos, sino de católicos y protestantes. La teología, la elaboración de la comprensión de la fe, se caracterizó, tanto por la parte católica como por la protestante, por un afán intensivo de sistematización. Dejando de lado la riqueza de palabras y doctrinas de la Escritura y de la tradición, se presentó una imagen de la comprensión de la fe así como de las formas de vida cristiana y eclesial orientadas a los puntos conflictivos que ocupaban el centro de la disputa de la Reforma. Ejemplo de este tipo de realidades de la fe resultó la visión de la Iglesia como “sociedad perfecta” —societas

perfecta—, tal como Belarmino la caracterizó. En ese contexto, el discurso sobre el

misterio de la Iglesia pasa, por el contrario, a un segundo plano. La doctrina del sacerdocio común de todos los creyentes es evitado por parte católica. En la comprensión del ministerio el centro lo ocupan unos pocos aspectos considerados como decisivos: en primer lugar, la administración de los sacramentos, y sobre todo, el sacrificio de la misa, mientras que el anuncio del Evangelio pasa a un segundo plano. Ejemplo de esta estrecha visión confesional de la comprensión de la fe son los manuales de dogmática neoescolásticos que recogen y agudizan las cuestiones tradicionales de la teología de los siglos XVII y XVIII, ya marcadas por esta tendencia confesional. Karl Rahner escribe en el primer volumen de su teología en el año 1954:

Para las lecciones de dogmática al uso, lo mismo podrían servir hoy Billuart o los Wirceburgenses, que una dogmática actual. Lo que en una dogmática actual es propiamente dogmática —no historia de los dogmas o pobres migajas de ella, ni tampoco haute vulgarisation—, no se diferencian en nada de las dogmáticas de hace doscientos años18.

Al mismo tiempo, considera Rahner, que en el siglo precedente no han sido elaborados nuevos términos para la disciplina teológica que representen genuinos instrumentos conceptuales para las reflexiones teológicas. “Cuando una ciencia pierde su

poder conceptual, se vuelve estéril”19. Estos manuales de dogmática “estériles” se usaron hasta los umbrales del Vaticano II. Las argumentaciones van directamente de la Escritura a los puntos católicos centrales de la defensa tridentina atacados por los reformadores. En esto se distinguen estas dogmáticas neo-escolásticas de la diversidad de posiciones teológicas presentes en el concilio de Trento. Sobre la base de estas formas de sistematización confesional fue posible la negación simple y permanente de los cristianos protestantes. La estilización delimitante en la vida eclesial llevó a acentuaciones distintas en los diferentes países y religiones, por lo que surgieron ambientes tanto católicos como protestantes que presentaban fuertes particularidades y exclusividades sociales. Podríamos señalar una gran cantidad de estos puntos diferenciales en la piedad, testigos de que la Iglesia era considerada como una Iglesia confesional. La división pública y social entre católicos y protestantes fue casi completa20.

La señal del nuevo comienzo

¿Qué señal pone el Vaticano II para forzar la despedida de esta confesionalización y de la sujeción a la imagen de Iglesia confesional en orden a avanzar hacia formas nuevas? El mensaje decisivo del Concilio se encuentra en Unitatis redintegratio 3 donde en un principio habla de las escisiones o fisuras —scissurae— y “disensiones” —dissensiones —. Habla de la responsabilidad de estas separaciones que “a veces se han originado no sin culpa de personas de ambas partes”. Sin embargo, hay un posicionamiento claro respecto a la situación actual:

…pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separación, y la Iglesia católica los abraza con fraterno respeto y amor; puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comunión, aunque no sea perfecta, con la Iglesia católica. Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia católica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces también en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comunión eclesiástica no pocos obstáculos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Señor por los hijos de la Iglesia católica (UR 3).

Características de la nueva forma histórica de la fe

A continuación, se mencionan en Unitatis redintegratio los diversos factores que los unen con la Iglesia católica. Las Iglesias y comunidades separadas como tales:

…no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia (UR 3).

Con ello se ha rechazado el principio de la Iglesia confesional y a la confesionalidad en la comprensión de la fe en el sentido detallado anteriormente.

Evidentemente esto no significa que la fe no ha de ser confesada. La confesión de fe recupera, con todo, su plenitud y su riqueza, ya que las confesiones de fe y la amplitud de comprensiones incluidas en ellas se valoran de manera diferente. En la citada frase de la eficacia del Espíritu, que se sirve de las Iglesias y comunidades separadas como “medio de salvación”, se afirma que aquí tienen y han tenido lugar desarrollos de vida cristiana y de la comprensión de la fe, de los que los cristianos católicos pueden aprender.

Al mismo tiempo, todo el pueblo de Dios, aquellos que pertenecen a la Iglesia católica y también los miembros de las otras Iglesias, están invitados a que “cooperen diligentemente en la empresa ecuménica” (UR 4). Se ha dado claramente la señal: se trata de un diálogo para conocer en verdad al otro y poder trabajar de manera creativa y profundizar en la verdad y la unidad, superando malentendidos y separaciones. No significa que la tradición de las diferentes Iglesias deba ser abandonada y que la identidad propia ya no juegue ningún papel. Es cuestión de trabajar todos estos asuntos y de reflexionar y profundizar en ellos atendiendo a las fuentes comunes de la fe y al futuro común.

Si se recuerdan los rasgos básicos de la confesionalización y del concepto de Iglesias confesionales, se ve claramente que también aquí, en lugar de una simple negación, ocasionada por la estrechez de la comprensión sistematizada de la fe, se da un “sí” diferenciado. Despedida y puesta en marcha coinciden con la despedida de la separación entre Iglesia occidental e Iglesia oriental tal como fue caracterizada antes.

Por el contrario, en cuanto a la doctrina tridentina de la eucaristía, completamente determinada por las discusiones de los puntos controvertidos, aparece con las explicaciones sobre la liturgia y la celebración de la eucaristía que se dan en las Constituciones conciliares sobre la liturgia y sobre la Iglesia, una visión esencialmente integrada del misterio pascual como centro y punto culminante en la vida de la Iglesia. Asimismo, se abandona la focalización exclusiva del ministerio sacramental en el rol del sacerdocio sacrificial y se desarrolla una comprensión que deriva de los tres servicios cristianos fundamentales. Se desarrolla la doctrina del pueblo de Dios sacerdotal a quien le ha sido otorgada la misión de Jesucristo. Y simultáneamente se retoma de manera renovada la doctrina de los carismas.

Otro punto de contacto importante resulta de lo dicho previamente acerca de los “puntos de referencia”: las directrices que presentamos anteriormente aparecen también en cada forma de la comprensión de la fe y de las formas de vida eclesial que hemos caracterizado con las palabras clave: confesión, confesionalización, Iglesia confesional. Ellas aparecen, sin embargo, en ese acontecer histórico nuevamente con un perfil propio. Así alcanza ese desarrollo desde la Iglesia de estado antigua hasta el cerrado ambiente de tipo social en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. A ello corresponde la formación de los ministerios eclesiales y estructuras de servicio hasta la configuración de la autoridad sacral del presbítero en la última fase de la confesionalización, aproximadamente hasta Pío X. Se acentúa nuevamente la impronta monocultural de la Iglesia católica de comienzo de la edad media hasta el intento de León XIII de conducir hacia una modernidad de tipo confesional que sea sostenida en los fundamentos del tomismo.

En los textos del Vaticano II hay pasajes significativos y doctrinas que dan testimonio de la abolición de la forma confesional de la comprensión de la fe y de la vida de la Iglesia. En Dei Verbum se subraya la importancia de las Escrituras y su lectura por parte de todos los miembros de la Iglesia, de una manera muy diferente a como lo hacía la Iglesia confesional postridentina21. El Nuevo y Antiguo Testamento son llamados como alma de la teología y de su forma de predicación22. Los padres conciliares procuran definir más exactamente la relación entre Escritura y tradición. El dominio de la tradición sobre la Escritura, presente en la Iglesia católica confesional, ha quedado obsoleto. El pueblo de Dios es visto con su dignidad como pueblo sacerdotal de Dios23. Participa inmediatamente en la misión profética de Jesucristo24. El ministerio eclesial es caracterizado como un ministerio de anuncio de la Palabra25, etc.

Es clave, finalmente, otra consideración. Ella se hace manifiesta si los textos de las comisiones preparatorias del Vaticano II se ponen al lado de los documentos finales aprobados. La liquidación del tratamiento confesional se muestra ante todo en la manera y el método de la elaboración de los textos: si en los documentos preparatorios domina una sistemática estrecha y una metodología abstracta, ahora se retoman de forma amplia textos de las Escrituras, de la patrística, de la edad media e incluso de las encíclicas de los papas recientes; todos son respetados en sus características y perfiles propios. Esto se muestra particularmente en la manera cómo las diferentes comisiones asumen o rechazan determinadas modificaciones solicitadas, o por cómo explican o justifican algunas palabras, etc. Los padres conciliares ya no se mueven por las vías trazadas de una fe confesional y de una comprensión de la Iglesia ya prescrita.

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