Ya en la sección 4.2 había citado el siguiente fragmento:
Entreveo la arquitectura de este nuevo libro que he retenido en mí durante estas últimas semanas, pero ignoro cuál será su desarrollo completo, puedo imaginar varios finales, todos los cuales dependen por el momento de la premonición o del deseo, mas el conjunto de su verdad permanece oculto para mí; me digo que este libro sólo tiene su razón de ser en ese margen de incertidumbre que es común a todos los enfermos del mundo (Guibert, Al amigo que no me salvó la vida, 1991, págs. 10-11).
Lo retomo ahora para hacer énfasis en algunos detalles acerca de las motivaciones iniciales para la escritura de Al amigo… Después de señalar que apenas puede entrever el desarrollo
de libro, explica que ya hace algún tiempo ha concebido la posibilidad de escribirlo, pero no se ha dado a la tarea. Quizá intuye que puede escribir un libro sobre el tema de la
72
enfermedad pero al no tener claro cuál sería su desarrollo lo ha dejado madurar primero como idea, hasta que siente que llega el momento de escribirlo. Es por esto que la primera sensación que da es que está escribiendo un poco porque sí, sin mayor planeación. Apenas un par de páginas más adelante da una explicación del porqué comienza Al amigo… :
Estoy solo aquí, y hay personas que se compadecen de mí, que se inquietan por mi salud, que piensan
que me estoy maltratando (…) Comienzo un nuevo libro para tener un compañero, un interlocutor,
alguien con quien comer y dormir, al lado del cual soñar y tener pesadillas, el único amigo que en este momento puedo soportar (pág. 12).
En medio de la soledad en la que ha preferido esperar el resultado de sus exámenes clínicos, presa de un ataque de misantropía, iniciar un libro es la manera de crear la única compañía que el autor se siente capaz de resistir. El impulso inicial de escritura no es, pues, el deseo de llevar a cabo un proyecto artístico claramente determinado. Es una forma de pasar el tiempo en soledad, de esperar una fecha, un evento que angustia al autor. Es una forma de tener compañía en un momento en que Guibert quiere estar lejos incluso de las personas que le resultan más cercanas.
Hay un antecedente importante que debe tenerse en cuenta durante esos primeros días de escritura. A medida que su condición se ha venido deteriorando, Guibert se ha planteado la posibilidad de suicidarse. En el capítulo 18 relata detalladamente el día en que fue a que le tomaran las muestras de sangre para el examen cuyos resultados espera, y cuenta también detalles de cómo habían sido las últimas consultas con su médico:
Inquieto por la amenaza que yo había insinuado durante mi última visita a su consulta, a saber que iba a escoger entre el suicidio y escribir otro libro, el doctor Chandi me dijo que haría todo lo posible para evitarlo, pero que la obtención del AZT dependía de una comisión de control (pág. 55).
La disyuntiva del autor se comprende con facilidad si se tiene en cuenta el carácter paliativo del tratamiento con AZT. Guibert se pregunta si vale la pena o no cruzar esta barrera, si no es mejor terminar con su vida mientras se encuentra en capacidad de tomar esa decisión. Es claro que el sentido que ve en el tratar de prolongar su vida lo máximo posible es la escritura. O un libro más o el suicidio. En esta situación su misantropía y la manera en que asume su nuevo libro como la única compañía tolerable resultan plenamente comprensibles. Más adelante, en la misma página, dice lo siguiente:
73
Debo llamarle el día 11 de enero por la tarde para conocer los resultados de los análisis, y por eso digo que hoy, 4 de enero, no me quedan más que siete días para contar la historia de mi enfermedad, pues lo que va a decirme el doctor Chandi el 11 de enero por la tarde, tanto si es positivo como si es negativo, aunque no puede ser más que nefasto, dada su manera de prepararme para ello, amenaza la existencia de este libro, puede pulverizarlo de raíz, y obligarme a reconsiderarlo todo, a romper los cincuenta y siete folios ya escritos antes de hacer girar el tambor de mi revólver (pág. 55).
La decisión no ha sido tomada, o al menos no de manera consciente. Y vemos como, de un libro que se inicia sin saber hacia dónde va y que se considera más una forma de compañía e interlocución que un proyecto literario, Guibert ha pasado a concebirlo como un relato claramente orientado, direccionado: la historia de su enfermedad. Esta transición es sutil pero totalmente significativa. Digamos que Al amigo… existe como novela precisamente
porque el autor dio este paso.
Al final de la sección 4.3.1 dije que no encontraba un punto de inflexión entre las fases primera y segunda, pero esto no quiere decir que no se haya producido un viraje, un cambio definitivo en la manera en que el autor aborda su proceso de escritura. A lo que me refería es a la imposibilidad de señalar un momento a partir del cual se pueda señalar que se ha dado esta transición, pero es evidente que nos encontramos frente a dos actitudes totalmente distintas por parte del autor. En otras palabras, el autor no nos cuenta cuando
cambió su manera de asumir el libro que ha comenzado a escribir, pero es evidente que dicho cambio tuvo lugar. En un primer momento, Guibert inicia un libro para tener compañía, para hacer algo mientras espera, pero este no es aún un proceso claro de elaboración de un texto concreto, determinado. Perfectamente podría dejarlo de lado, escribir acerca de otra cosa, comenzar otro libro. A fin de cuentas no se trata más que de un conjunto de notas que no se han articulado en un proyecto más grande. Pero ahora reconocemos una situación distinta: el autor ha delimitado lo que quiere contar, hay una meta a la que quiere llegar, y se ha impuesto unos plazos para hacerlo, una fecha límite en la que debería haber concluido. Es evidente que esto abre la puerta para otra fase del proceso creativo.
El autor se impone el día de la llamada al doctor Chandi como fecha final para terminar de contar esta historia, determinada en parte por la fuerza de sus ideas suicidas; una suerte de disyuntiva frente a la idea de morir: o se termina de contar la historia o se destruye la versión incompleta, esbozo apenas, que ha venido desarrollando. Como ya
74
sabemos, el plazo se cumplió sin que avanzara mucho en la tarea que se había propuesto. A esta suerte de bloqueo de escritura es a lo que he llamado segunda fase y será lo que abordaré a continuación.