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INSTRUCTOR LEADER
El afrontamiento es un conjunto de respuestas emocionales, cognitivas y
conductuales que se definen como modos de afrontamiento que median la experiencia de estrés y que tienen como finalidad reducir la respuesta fisiológica y emocional del mismo. (Lazarus y Folkman, 1984, p. 58)
Para la conceptualización de afrontamiento, resulta importante considerar tres
conceptos claves: (a) no necesita ser una conducta llevada a cabo completamente, sino que también puede considerarse como afrontamiento al intento o esfuerzo realizado; (b) este esfuerzo no necesita ser expresado en : Estrés percibido, estrategias de afrontamiento y sentido de coherencia en estudiantes de enfermería: su asociación con salud psicológica y estabilidad emocional conductas visibles, sino que también puede consistir en cogniciones; y (c) la valoración cognitiva de la situación como desafiante o amenazante es un
prerrequisito para iniciar los intentos de afrontamiento.
Funciones del afrontamiento
Según Lazarus y Folkman (1986) consideran que el afrontamiento vendría a ser una respuesta humana para el manejar el estrés., por lo tanto, se manifestarían dos funciones principales en las situaciones estresantes: por un lado, la resolución de problemas y, por otro, el control emocional.
La función de resolución de problemas implica el manejo de las demandas internas o ambientales que suponen una amenaza y descompensan la relación entre la persona y su entorno, ya sea mediante la modificación de las circunstancias problemáticas, o mediante la aportación de nuevos recursos que contrarresten el efecto aversivo de las condiciones ambientales.
La función de regulación emocional incluye los esfuerzos por modificar el malestar y manejar los estados emocionales evocados por el acontecimiento estresante. En términos generales, estos objetivos se pueden conseguir evitando la situación estresante,
reevaluando cognitivamente el suceso perturbador o atendiendo selectivamente a aspectos positivos de uno mismo o del entorno.
Estas dos funciones no son excluyentes, ya que una misma conducta puede servir para varias funciones. Así, una estrategia puede centrarse en la solución del problema y
contribuir a la vez al manejo de las emociones. De hecho, existe evidencia de que la mayoría de la gente utiliza estrategias de afrontamiento que cumplen las dos funciones simultáneamente (Folkman y Lazarus, 1980).
Clasificación de las estrategias de afrontamiento
Los estilos de afrontamiento son aquellas pre disposiciones personales para hacer frente a di- versas situaciones y son los que determinarán el uso de ciertas estrategias de afrontamiento, así como su estabilidad temporal y situacional. Por su parte, las estrategias de afrontamiento son los procesos concretos y específicos que se utilizan en cada contexto y pueden ser cambiantes de- pendiendo de las condiciones desencadenantes (Carver & Scheier, 1994; Fernández- Abascal, Palmero, Chóliz & Martínez, 1997, en Cassaretto et al., 2003).
Lazarus y Folkman (1986) plantean dos estilos de afrontamiento: centrados en el problema y centrados en la emoción. Por su parte, Car- ver, Scheier y Weintraub, en 1989, amplían el panorama presentando quince estrategias: el afrontamiento activo, la
planificación, la supresión de actividades competitivas, la postergación de afrontamiento, el soporte social instrumental y emocional, la reinterpretación positiva, la aceptación, la negación, el acudir a la religión, la ex- presión de las emociones, el uso de alcohol y drogas y el compromiso conductual y cognitivo (Cassaretto et al., 2003).
Los estudios realizados por Frydenberg están basados en los conceptos de estrés y afrontamiento desarrollados por Lazarus. La autora, quien se centra específicamente en el afronta- miento en adolescentes, menciona dos estilos de afrontamiento considerados como productivos o funcionales, uno de ellos es el denominado “Resolver el problema”, que
refleja la tendencia a abordar las dificultades de manera directa; el otro es el de
“Referencia hacia los otros”, que implica compartir las preocupaciones con los demás y buscar soporte en ellos. El último estilo es el “Afrontamiento no productivo” y es
disfuncional ya que las estrategias pertenecientes a éste no permiten encontrar una solución a los problemas, orientándose más bien a la evitación.
Son 18 estrategias de afrontamiento agrupadas en tres estilos de afrontamiento. El prime- ro de estos estilos llamado «Resolver el problema» , comprende las estrategias: Concentrarse en resolver el problema, Esforzarse y tener éxito, Invertir en amigos íntimos, Buscar pertenencia, Fijarse en lo positivo, Buscar diversiones relajantes, Distracción física y Reservarlo para sí. El segundo estilo se denomina “Referencia a otros” y las estrategias
son: Buscar apoyo social, Acción social, Buscar apoyo espiritual y Buscar ayuda
profesional. El último estilo, el “Afrontamiento no productivo” comprende las siguientes
estrategias: Preocuparse, Hacerse ilusiones, Falta de afrontamiento, Ignorar el problema, Reducción de la tensión, Reservarlo para sí y Autoinculparse.
Cada una de las estrategias de afrontamiento han sido definidas por la autora como:
1 Concentrarse en resolver el problema (es una estrategia dirigida a resolver el problema estudiándolo sistemáticamente y analizando los diferentes puntos de vista u opciones. Ejemplo: “Dedicarme a resolver el problema poniendo en juego todas mis
2 Esforzarse y tener éxito (es la estrategia que comprende conductas que ponen de manifiesto compromiso, ambición y dedicación. Ejemplo: “Trabajar intensamente.”).
3 Invertir en amigos íntimos (se refiere al esfuerzo por comprometerse en alguna relación de tipo personal íntimo e implica la búsqueda de relaciones personales íntimas.
Ejemplo: “Pasar más tiempo con la persona con quien suelo salir.”).
4 Buscar pertenencia (indica la preocupación e interés del sujeto por sus relaciones con los demás en general y, más concretamente, por lo que los otros piensan. Ejemplo: “Mejorar mi relación con los demás.”).
5 Fijarse en lo positivo (indica una visión optimista y positiva de la situación presente y una tendencia a ver el lado de las cosas y considerarse afortunado. Ejemplo: “Fijarme en el aspecto positivo de las cosas y pensar en las cosas buenas.”).
6 Buscar diversiones relajantes (se caracteriza por la búsqueda de actividades de ocio y relajantes. Ejemplo: “Encontrar una forma de relajarme; por ejemplo oír música, leer un libro, ver televisión, tocar un instrumento musical.”).
7 Distracción física (se refiere a la dedicación al deporte, al esfuerzo físico y a mantenerse en forma. Ejemplo: “Hago ejercicios físicos para distraerme.”).
8 Buscar apoyo social (consiste en la inclinación a compartir el problema con otros y buscar apoyo para su resolución. Ejemplo: “Hablar con otros sobre mi problema para que me ayuden a salir adelante.”).
9 Buscar apoyo profesional (es la estrategia consistente en buscar la opinión de un profesional. Ejemplo “ Hablo acerca del problema con personas que tengan más experiencia que yo”).
10Acción social (consiste en dejar que otros conozcan cuál es el problema y tratar de conseguir ayuda escribiendo peticiones u organizando actividades como reuniones o grupos. Ejemplo: “Unirme a gente que tiene el mismo problema que yo”).
11Buscar apoyo espiritual (refleja una tendencia a rezar, a emplear la oración y a creer en la ayuda de un líder espiritual o Dios. Ejemplo: “Dejar que Dios se ocupe de mi
problema.”).
12Preocuparse (se caracteriza por elementos que indican temor por el futuro en términos generales o, más en concreto, pre- ocupación por la felicidad futura. Ejemplo:
“Preocuparme por lo que está pasando.»).
13Hacerse ilusiones (es la estrategia basada en la esperanza, en la anticipación de una salida positiva y en la expectativa que todo tendrá un final feliz. Ejemplo: “Esperar a que ocurra algo mejor”).
14Falta de afrontamiento (refleja la incapacidad del sujeto para enfrentarse al problema y su tendencia a desarrollar síntomas psicosomáticos. Ejemplo: “No tengo forma de afrontar la situación.”).
15Ignorar el problema (refleja un esfuerzo consciente por negar el problema o desatenderse de él. Ejemplo: “Saco el problema de mi mente”).
16Autoinculparse (incluye conductas que indican que el sujeto se ve como responsable de los problemas o preocupaciones que tiene. Ejemplo: “Me considero culpable de los
problemas que me afectan.”).
17Reducción de la tensión (refleja un intento por sentirse mejor y relajar la tensión. Ejemplo: “Intento sentirme mejor bebiendo alcohol, fumando o tomando drogas.”).
18Reservarlo para sí (refleja que el sujeto huye de los demás y no desea que conozcan sus problemas. Ejemplo: «Guardar mis sentimientos para mí solo») (Frydenberg y Lewis 1993 en Canessa, 2002).
En los últimos años se habla también de afrontamiento aproximativo (incluye todas las estrategias de confrontación y enfrentamiento al problema) y de afrontamiento evitativo (son las estrategias cognitivas o comportamentales que permiten escapar o evitar el
problema). Ambas categorías no son excluyentes (Rodríguez, 1995).
Eficacia del afrontamiento
La cuestión de la eficacia ha sido una preocupación constante en los estudios sobre el afrontamiento, en un intento por identificar las estrategias más útiles para el manejo del estrés y las variables que influyen en dicha eficacia. Una revisión de la literatura
disponible muestra cómo, en general, se suelen presentar algunas formas de afrontamiento como más eficaces que otras: el afrontamiento centrado en el problema versus emoción, el afrontamiento activo frente al pasivo y el afrontamiento de aproximación frente a la evitación o la huida (Lazarus y Folkman, 1986; Aldwin, 1994).
Sin embargo, estas afirmaciones genéricas no han encontrado consenso teórico ni apoyo empírico entre los autores, ya que la eficacia del afrontamiento no es una característica intrínseca del propio afrontamiento o de sus estrategias, sino que se
construye en la interacción de la persona con el ambiente, presentando gran variabilidad en función de las diferencias individuales, la situación y el momento (Lazarus y Folkman, 1986; Pelechano, 1992; Aldwin, 1994a; Snyder, 1999). Es decir, lo que es eficaz para una persona puede no serlo para otra; lo que es eficaz para afrontar una situación concreta no es generalizable a otras situaciones, y lo que resultó eficaz en un momento dado, puede no serlo ahora.
Se suele aceptar que las estrategias de afrontamiento son eficaces si contribuyen al bienestar fisiológico, psicológico y social de la persona. La eficacia de las estrategias de afrontamiento descansa en su habilidad para manejar y reducir el malestar inmediato, así como en sus efectos a largo plazo, en términos de bienestar psicológico y en el estado de salud (Snyder, 1999).
Para entender la eficacia del afrontamiento, hay que considerar un elemento
importante en su delimitación conceptual, como es su multidimensionalidad. Cohen (1987) ha señalado que las estrategias de afrontamiento pueden tener efectos fisiológicos,
psicológicos y sociales. Lipowski (1970), por su parte, propone un modelo que reconoce cuatro dimensiones del afrontamiento, la emocional, la actitudinal, la conductual y la física. En esta línea, Watson y Kendall (1983) han señalado la conveniencia de realizar evaluaciones multidimensionales que incluyan respuestas conductuales y fisiológicas que permitan validar las inferencias sobre el afrontamiento basadas en los datos de
autoinformes. Sin embargo, el desarrollo actual de los instrumentos de evaluación del afrontamiento pone de manifiesto que estamos muy lejos de poseer herramientas que incorporen esa evaluación multidimensional del afrontamiento y que la mayoría de los instrumentos validados empíricamente abarcan únicamente la evaluación de los componentes cognitivos y conductuales de dicha variable.
Partiendo de la diferencia entre el afrontamiento y sus resultados, la bondad de una estrategia, su eficacia, idoneidad o naturaleza adaptativa, se valora por sus efectos en una situación determinada, a corto plazo o a largo plazo, en interacción con las variables individuales (Aldwin, 1994; Snyder, 1999).
Así, en el área de la salud, hay evidencia que sugiere la importancia de las estrategias favorecedoras del control. De igual forma, las estrategias centradas en la resolución de
problemas y las estrategias cognitivas con alto componente de acción parecen ser de especial relevancia en el entorno rehabilitador, en la línea de los resultados encontrados en el afrontamiento de las enfermedades crónicas. Por el contrario, el fatalismo, el escape y la evitación se relacionan con una mayor depresión y estrés percibido en las personas con discapacidad. Pelechano et al. (1993) encontraron que la búsqueda de información y el apego a la vida se relacionan con una mayor adaptación a la enfermedad crónica, mientras que la desesperación y el inconformismo van unidos a una mayor ansiedad.
Dada la naturaleza multicondicionada del afrontamiento, al valorar su eficacia hay que tener en cuenta factores como el área de actividad, en su doble faceta de manejo de la ansiedad emocional y de la situación problema, el momento en el tiempo, a corto y a largo plazo, y el contexto, que incluye las variables del entorno, así como la fuente de estrés y la duración del estresor (Cohen y Lazarus, 1979). A esta trilogía habría que añadir la
importancia de la percepción subjetiva que tiene la persona de dicha eficacia (autoeficacia percibida), así como el significado personal de la acción y sus consecuencias.
2.3 Definiciones de términos básicos