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En un influyente ensayo sobre el estado moderno ( Lineages o f the Abso- lutist State, London, 1974), Perry Anderson caracterizó al estado absolu­ tista como un aparato potenciado de dominación feudal. La disolución de la relación social servil, y las contradicciones intrínsecas del sistema que la crisis del siglo XIV puso de manifiesto, anularon la capacidad de percepción del excedente campesino a escala local por parte de la noble­ za feudal. Frente a esta incapacidad para extraer a nivel micro los mis­ mos volúmenes de renta que se lograban antes del estallido de la crisis, el

Primera Parte. Fe u d a l ism o Ta rd ío

estado absolutista se convirtió en una agencia centralizada de percepción del excedente campesino. Los impuestos y la renta fiscal relevaban a la decadente renta señorial. El mayor despliegue coactivo del estado garan­ tizaba a los dueños de la tierra la percepción y posterior redistribución de la renta del suelo. El estado absolutista -tabla salvadora de la nobleza- no era sino un estado feudal centralizado. Y el impuesto, en consecuen­ cia, no era más que una renta feudal centralizada.

A partir del análisis de las biografías individuales de determinados aristócratas resulta relativamente sencillo aportar pruebas concretas en favor de la tesis Anderson (más adelante, veremos que una aproximación de tipo estructural produce resultados menos concluyentes). Cuando en el capítulo 3 describimos exhaustivamente la evolución de la baronía normanda de Pont-St-Pierre durante el Antiguo Régimen, dejamos in­ tencionalmente de lado una de las más importantes fuentes de ingreso de los titulares del señorío: las pensiones, empleos y dádivas reales. Si el excedente agrícola apropiado a nivel micro por los Roncherolies no care­ cía de importancia, la redistribución de la riqueza campesina extraída centralizadamente por vía fiscal aportaba una parte sustancial de los in­ gresos de los barones. Los posiciones militares que detentaba la nobleza feudal estaban muy bien remuneradas. En la década de 1560, el titular de Pont-St-Pierre recibía 225 libras por seis semanas de servicio en su cargo de Capitaine de cinquante hommes d ’arm es des Ordonnances du Roy. Por la misma época, los ingresos generados por el ejercicio de la justicia en el señorío apenas alcanzaban las 100 libras al año. En 1579, el hijo del barón anterior se convirtió en Gentilhomme ordinaire de la cham bre du Roy; con una pensión anual de 600 libras anuales. Dos años después, el mis­ mo aristócrata fue nombrado gobernador de la fortaleza real de Abbevi- lle, en Picardía, con un ingreso de 1.000 libras al año. Al momento de morir en 1627, el barón Pierre de Roncherolies recibía de la corona dádi­ vas y emolumentos por valor de 5 .0 0 0 libras. Su sobrino, el marqués de Roncherolies, convertido en la década de 1650 en gobernador del pue­ blo fronterizo de Landrecies, recibía 8 .5 0 0 libras al año. Esta goberna­ ción tenía jurisdicción sobre 17 aldeas, amén deí pueblo que le daba nombre. En 1656 la corona otorgó al marqués permiso para optar entre dos posibles beneficios: vender dicho cargo por un monto de 12.000 libras, o transmitirlo a sus herederos. En este caso, el marqués eligió la segunda opción. Pero el ejercicio de los cargos públicos proporcionaba también importantes oportunidades para la concreción de negocios par­ ticulares. En 1673, todavía a cargo de la gobernación heredada de su padre, el marqués de Roncherolies fue acusado de introducir sus pro-

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pios animales en las praderas comunales de las aldeas bajo su mando; de exigir corveas a los habitantes de la jurisdicción, que ocasionalmente conmutaba por pagos en dinero; y de arrendar propiedades del ayunta­

miento, de la parroquia y del hospital de Landrecies, negándose luego a pagar los cánones convenidos. La codicia de este exponente del linaje habla rebasado algunos limites que el estado centralizado no podía igno^ rar. El poderoso marqués de Louvois, ministro de guerra de Luis X1V? debió reprender al potentado normando: uno creo necesario recordarle que no cuadra con la dignidad de un gobernador, convertirse en granje­ ro arrendatario de los bienes de otros particulares, pues aún cuando cum ­ pliera las obligaciones contraidas con dichas personas, seguiría estando por de­ bajo de vuestra dignidad involucrarse directamente en tal clase de nego­ cios”.68

La dependencia respecto de la redistribución del excedente campesi­ no obtenido por vía fiscal, adquiría mayor relevancia a medida que se consolidaba el poder del estado centralizado. En 1600, los ingresos que Pierre de Roncherolles obtenía al servicio de la corona representaban el 25% de los ingresos generados por su señorío. Luego de La Fronda, en cambio, las 10.000 libras anuales que la explotación de la baronía de Pont-St-Pierre dejaba a sus propietarios -censive, reserva y jurisdicción sumadas- en ocasiones quedaban muy por detrás de los emolumentos, pensiones y dádivas anuales, graciosamente concedidos por el Rey Cris­ tianísimo.

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Sí abandonamos el terreno de las biografías individuales, la constata­ ción de algunos supuestos fundamentales de la tesis Anderson resulta menos sencilla. La comprobación de la tesis, que hace de los impuestos estatales una forma de renta feudal centralizada, requiere un análisis de carácter estructural que permita determinar si el estado absoluto también funcionaba como tabla salvadora de la nobleza a escala regional. Para ello, hemos elegido dos provincias privilegiadas en la Francia del Rey Sol: Bretaña y el Languedoc. Adelantándonos al resultado de nuestra indagatoria, digamos aquí que ambas provincias aportan conclusiones contrapuestas en lo que respecta a la importancia que la renta fiscal re­ vestía para la reproducción económica de la nobleza feudal.

Primera Parle. Feudausmo Tardío

En otros aspectos, Languedoc y Bretaña poseían importantes seme­ janzas. Ambas provincias eran pays d'états, lo que significaba que en ple­ no apogeo del absolutismo habían logrado conservar sus poderosas insti­ tuciones de autogobierno: los estados generales y los parlamentos pro­ vinciales. Las dos regiones disfrutaban de un alto grado de autonomía respecto del estado centralizado.69 Los estados provinciales cumplían un papel clave en la administración del estado local. En ellos se hacían presentes, sin intermediarios de ninguna clase, los principales exponen­ tes de las diversas elites regionales: la aristocracia terrateniente, la noble­ za de toga, el alto clero y las oligarquías municipales. Desde esta perspec­ tiva, el estado absolutista era a nivel provincial un estado capturado por los grupos dominantes locales. .

En los pays d ’ílats, los estados provinciales conservaban una cuota de poder estratégica: a ellos correspondía la selección, distribución y per­ cepción de los impuestos reales. Lo monarquía determinaba cada año la suma que la provincia debía proporcionar en concepto de impuestos. Pero a los estados locales correspondía determinar qué impuestos se prio- rizarían en la provincia (los directos o los indirectos), qué grupos o sec­ tores sociales se verían gravados o eximidos, y en el caso de los impuestos al consumo qué mercaderías se verían afectadas. En síntesis, en estas provincias privilegiadas la administración de la renta fiscal del estado estaba en manos de las poderosas elites locales.

Las decisiones en materia impositiva adoptadas por los estados pro­ vinciales no eran inocentes. No sólo porque tenían consecuencias direc­ tas para los agentes económicos o porque instauraban privilegios legales. Hemos visto que en ocasiones las diversas categorías de la renta compe­ tían entre sí. Las exigencias simultáneas de las rentas señorial, propieta­ ria y fiscal, podían generar contradicciones sistémicas que nunca deriva­ ban en escenarios de suma cero. W illiam Beik ha demostrado que en tiempos de Luis XIV los estados provinciales del Languedoc optaron por un esquema fiscal que no podía dejar de producir consecuencias inme­ diatas. Las elites locales mantuvieron muy elevados los impuestos direc­

69 Además de Languedoc y Bretaña, otro importante país de Estados era Borgoña. Normandía perdió sus estados bajo Luis XIV Pro venza y el Del finado perdieron los suyos bajos Luis XII1 (aunque la primera mantuvo una Asamblea de los Comunes, representación del tercer estado a la que se le permitía votar impuestos). Las provincias recientemente incorporadas, como Artois, conservaban por lo general sus estados. Los pays d'électian, que no conservaban ya sus estados generales provinciales, cubrían cerca de los dos tercios del territorio de Francia.

C apitulo 4 . La renta d e la tierra y la e xtracció n del excedente cam pesino

tos que debían pagar en esencia los campesinos languedocinos. Con esta medida, condenaban a las otras variantes de la renta del suelo ^ á n o r T de arrendamiento, tributos señoriales- a mantener niveles de exacctóJ reducidos. Pero al mismo tiempo, descansaban sobre la re d istrib u ció n !

nivel provincial de un importante porcentaje de la masa de impuestos

directos exigidos por la corona. F •

Analicemos brevemente I» distribución del impuesto directo lamme d o en o para el ano de 1677. El 66% de la masa fiscal c o r r e s p o n d í monarca; el 33% restante se derivaba, por diversas « a s , hacia los notables provinciales. Un tercio de 1, riqueza extraída a los campesinos por v S tscal quedaba, entonces, en manos de la nobleza y de otros grupos pri™ legiados locales. Los principales mecanismos de redistribución del im puesto eran las rentas percibidas por el gobernador de la provincia f a ponente de la gran nobleza local), los estipendios que cobraban los M r laméntanos y demas burócratas patrimoniales, y el pago de intereses a los acreedores de estado (todos ellos integrantes de los grupos de pode

anguedoemos). Estas cifras bastarían para caracterizar a la lenta fiscal en la provincia como renta feudal centralizada. Pero si desgranamos el 66% que correspondía , la monarquía, los beneficios obtenidos por las elkes locales resultan aun m is sorprendentes. A Parts llegaba tan sólo el

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%

del total de lo recaudado en concepto de impuesto directo El 18% r e í tante, aunque en manos de la corona, era gastado dentro del territorio de la provincia (gastos militares, obras públicas, pensiones reales), también para benéfico de los potentados locales. En síntesis, el 53 1% de la n qneza campesina eximida por v i, t a l quedaba en manos de los «¡obe " names naturales del Languedoc. Como quiere Anderson, la nobleza feu­ dal y los grupos pnyilegiados languedocinos descansaban en la extrae cion centralizada de la riqueza campesina por vía fiscal, antes que en los mecanismos descentralizados de carácter señorial.

Primera Parie. Fe u d a l ism o Ta rd ío

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