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9 INTANGIBLE ASSETS

In document NN Group N.V. Annual Report (Page 68-71)

El PEA fue puesto en marcha por el FIDA en 1985 y se llevó a cabo en dos fases, entre 1986 y 1991 y entre 1992 y 1995. La primera fase tenía por objeto revivir los sistemas agrícolas en pequeña escala construyendo o rehabilitando sistemas de riego en pequeña escala, mejorando la conservación de los suelos, enfocando las investigaciones hacia los cultivos alimentarios tradicionales y estableciendo mecanismos de comercialización. La segunda fase fue más allá al incluir las actividades generadoras de ingresos no agrícolas y las microempresas rurales. A continuación se resumen algunas de las ense- ñanzas extraídas del programa:

• En algunas zonas de actuación sumamente dinámicas y diversificadas, en las que las oportunida- des económicas y las prioridades de la población evolucionan de modo rápido e imprevisible, la flexibilidad y adaptabilidad de los instrumentos de apoyo al desarrollo determinan con frecuen- cia la consecución efectiva, o no, de los objetivos y las metas de desarrollo. En el diseño de las actividades del FIDA en los países del África Subsahariana, debería hacerse hincapié en la crea- ción de fondos y servicios descentralizados en apoyo de las iniciativas de inversión y organización comunitarias, más que en la definición, a priori, de las inversiones que hayan de realizarse y las organizaciones que deban establecerse a lo largo de todo el período de desembolso del préstamo. • La elección de operadores y la calidad de las asociaciones de desarrollo que se establezcan son determinantes del éxito o el fracaso de cualquier actividad. Debería hallarse a los asociados en una fase más temprana del proceso de diseño, es preciso mejorar el diagnóstico institucional y sería conveniente que los principales interesados participasen en la formulación de los programas y ser- vicios que vayan a respaldarse. Para que el diseño del proyecto o programa evolucione en el curso de la ejecución, es esencial que los organismos no sean únicamente entidades “ejecutoras”, sino que estén dotadas también de capacidad organizativa y consultiva.

• Deberían emplearse con mayor frecuencia proyectos piloto de alcance reducido financiados mediante donaciones, con miras a establecer asociaciones en las fases iniciales de programas en mayor escala (“viveros de proyectos”). Sin embargo, es necesario tener en cuenta que todo cambio en el alcance de las operaciones entraña necesariamente un ajuste de la naturaleza de las institu- ciones y asociaciones participantes y debe, por consiguiente, considerarse un proceso gradual. • Es necesario un compromiso a más largo plazo para lograr resultados sostenibles y la terminación

paulatina de las actividades. A menudo, entre el tercer y el quinto año de ejecución de los pro- yectos es cuando se consolidan las actividades más sustanciales, junto con las demandas priorita- rias de los grupos-objetivo y las soluciones a los problemas que plantea el diseño inicial o la eje- cución. A fin de aprovechar esos logros, es necesario más tiempo que los tres o cuatro años de eje- cución que restan. Por lo general, se logran resultados satisfactorios sostenibles gracias a la perse-

A la izquierda: En los pequeños Estados insulares, el FIDA está promoviendo la diversificación de los cultivos con objeto de aumentar el potencial de generación de ingresos. Proyecto de Desarrollo Rural Integrado, plantación Geneva (Dominica) •FIDA/H. Wagner

verancia, la adaptación gradual y un proceso de aprendizaje paciente y constante. La ejecución de una segunda fase, que es la solución actualmente adoptada para atender a la necesidad de pro- longar el plazo de las intervenciones, no resulta demasiado satisfactoria. Rara vez se incorpora en la estrategia inicial de ejecución una perspectiva a largo plazo (dos proyectos a corto plazo no equivalen a un programa de apoyo a largo plazo). Ese sistema resulta costoso en términos de tiempo y de recursos y a menudo provoca una interrupción de la financiación entre las diversas fases. Un compromiso a más largo plazo (entre 10 y 12 años) es especialmente importante en el caso de los programas de desarrollo institucional.

• Los programas deben estar más firmemente anclados en la economía local. Con ese objeto, deben facilitarse relaciones directas entre las organizaciones de agricultores, por una parte, y los servi- cios, empresas y ONG locales por otra, así como atribuir a los primeros el control de la ejecución de la mayoría de las inversiones financiadas por el préstamo. Las comunidades y las organizacio- nes de pequeños agricultores deberían gozar de mayor libertad para escoger a los proveedores de servicios, suministradores y empresas de construcción. Este enfoque ofrecería al menos cuatro ventajas, ya que: i) reforzaría la capacidad de los grupos-objetivo para negociar, al promover el aprendizaje; ii) aumentaría la identificación de los beneficiarios con las inversiones iii) reduciría los costosos procedimientos administrativos y fomentaría la sostenibilidad de los procesos de desarrollo; y iv) fortalecería la base económica y el potencial de la región.

• Debe dotarse al FIDA de los medios para desempeñar un papel más importante en la ejecución de los programas que financia. Las nuevas formas de operación que se han recomendado, en par- ticular los programas flexibles de apoyo a largo plazo harán precisa la introducción de cambios importantes en el diseño de los proyectos durante su ejecución. Para que los objetivos funda- mentales del FIDA sigan siendo el punto de referencia durante este proceso, es indispensable que el Fondo tenga un mayor peso en la ejecución de las actividades y en las medidas de apoyo al ajuste de las mismas por medio de misiones de examen y evaluación. Ello es indispensable para acelerar el proceso de aprendizaje, avance e innovación del FIDA, basado en el aprovechamiento de su propia experiencia.

• Deben organizarse consultas anuales de modo más sistemático durante la ejecución de los pro- gramas, y deben asistir a ellas representantes de las comunidades o los grupos participantes con vistas a intercambiar experiencias y examinar y evaluar las actividades de los programas. Estos seminarios abren la posibilidad de reforzar el control social de la ejecución de los proyectos, sacando a la luz problemas y soluciones comunes que a menudo quedan ocultos por las relacio- nes verticales y fragmentarias que los proyectos establecen con las aldeas. Asimismo ayudan a mejorar la transparencia del proceso de adopción de decisiones.

• El desarrollo agrícola de las regiones semiáridas, en especial el basado en el riego y la regulación del agua, exige la aplicación de medidas de desarrollo de la infraestructura y ordenación de las tierras, para lo que a su vez se precisa apoyo externo en forma de subvenciones a la inversión. Los porcentajes, procedimientos e instrumentos de subvención (fondos de inversión o de desarrollo local) deben armonizarse con las políticas nacionales y con los enfoques de los demás donantes. De esa forma se limitarán las distorsiones que con demasiada frecuencia genera la falta de coor- dinación local entre las partes interesadas. El FIDA puede desempeñar un papel más activo de apoyo a la política de subvenciones a la ordenación de tierras, sobre la base de dos principios fun- damentales: a) los recursos deben ser administrados conjuntamente por representantes de las poblaciones beneficiarias; y b) los beneficiarios deben hacer contribuciones de contraparte por adelantado. Las contribuciones de contraparte son un símbolo que permite identificar y validar la demanda de asistencia y establecer prioridades. Asimismo es una condición para que los bene- ficiarios se identifiquen con las inversiones y negocien en condiciones de igualdad.

• Debe reforzarse la capacidad de encontrar innovaciones institucionales, tecnológicas u organiza- tivas y el FIDA debería hacer mayores esfuerzos para difundirlas. Esas innovaciones pueden gene- rarse por medio de actividades participativas de investigación y desarrollo de carácter preliminar (PAC y DAT) y durante la ejecución de los programas. A este respecto, el FIDA debería estable- cer asociaciones sostenibles con operadores, instituciones y centros de conocimientos, recabando incluso su participación en el diseño y la supervisión de los proyectos y programas.

que tienen una mayor capacidad de influencia política. Para que el FIDA pueda aumentar su capacidad de contribuir a las políticas nacionales de lucha contra la pobreza y la desertificación, así como servirse de sus propias actividades como modelo, debe ampliar y fortalecer el diálogo y las alianzas estratégicas con todas las partes de la sociedad civil en los países en que opera y con los donantes internacionales que comparten sus objetivos fundamentales.

EVALUACIÓN EN ÁFRICA OCCIDENTAL Y MERIDIONAL

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