Graduate Programs School of Arts and Sciences
INTENSIVE STUDY AREAS
10 Por sí misma, la magnitud del gasto público social no da cuenta de los recursos efectivamente invertidos por la sociedad en los niños. Una
fracción del gasto en salud y en educación los beneficia directamente, como también aquella destinada a los programas sociales cuya población objetivo son los niños y adolescentes. En cambio, otra fracción de ese gasto, más difícil de estimar, los beneficia en forma indirecta a través del mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares a los que pertenecen: gasto en vivienda, en seguridad social, y otros.
11 Los antecedentes cuantitativos sobre la evolución del gasto social se obtuvieron de la base de datos de gasto social que mantiene la División de
Desarrollo Social de la CEPAL y no incluyen información respecto de España y Portugal.
12 Las cifras están expresadas en dólares de poder adquisitivo de 1997. En términos per cápita, los casos de Bolivia, Colombia, Paraguay y Perú
son destacables por el crecimiento relativo del gasto social por habitante, que se duplicó con creces entre 1990-1991 y 1996-1997. En Chile, El Salvador y República Dominicana se incrementó entre 60% y 70%, y en Uruguay en cerca de 50%. En los restantes seis países en que se elevó (Argentina, Brasil, Costa Rica, Guatemala, México y Panamá), los aumentos fluctuaron entre 15% y 40%. En Honduras y Nicaragua se mantuvo prácticamente el mismo nivel durante el período y en Venezuela el gasto social por habitante se redujo en 6% (CEPAL, 1999).
Dominicana), la mayor prioridad asignada al gasto social dentro del gasto público total (Bolivia, Guatemala, Méxi- co y Perú), o a efectos combinados de estos tres factores (Colombia, El Salvador y Panamá) (CEPAL, 1999).
Otro hecho destacable por su efecto positivo en las condiciones de vida de la infancia y la adolescencia es una clara reorientación de la inversión social hacia áreas con efectos más progresivos: 44% del incremento se des- tinó a educación y salud (25% y 19%, respectivamente) y 41% a seguridad social, cuya repercusión sobre la equi- dad es más ambigua. El énfasis en la elevación del gasto en capital humano fue relativamente más importante en los países con niveles de gasto medio y bajo, en los que —en promedio— 61% del aumento se concentró en los sectores de la salud y la educación. Las asignaciones más progresivas, cuyos beneficios se concentran en mayor me- dida en los hogares de menores ingresos, fueron las des- tinadas a educación primaria y secundaria, y a salud y nutrición, lo que sin duda influyó en los progresos rese- ñados en esta sección. Si bien ese mayor gasto no fue suficiente para reducir la alta concentración del ingreso, en los países de mayor nivel de GPS por habitante tendió a contrarrestar la tendencia a su aumento originada en el mercado de trabajo.
Una consecuencia importante es que la mayor cuan- tía de recursos destinados, en varios países, a la inver- sión social en la década de los años noventa, no sólo res- pondió a cierta holgura resultante del crecimiento econó- mico. Varios países —y entre ellos los de menor GPS por habitante— hicieron también esfuerzos por incrementar
esos recursos, ya sea elevando la prioridad fiscal del gas- to social (la fracción del gasto público destinada a gasto social) o mediante un incremento del porcentaje del PIB destinado a gasto público, sin disminuir la importancia relativa de los recursos asignados a lo social.13 Este as-
pecto se retoma en la sección V.
De la revisión de los progresos realizados en Iberoamérica en favor de la infancia se desprende que si en el lapso de una década fue posible avanzar decidida- mente hacia el cumplimiento de los derechos de los ni- ños y adolescentes, destinando a ese propósito más es- fuerzos y recursos humanos y financieros, entonces el objetivo de lograr su cumplimiento pleno se puede al- canzar en un plazo razonable, menor que el que resulta- ría de una extrapolación lineal de las tendencias registra- das en el pasado. Ello supone enfrentar los principales problemas y rezagos que se traducen en muertes innece- sarias de niños, niñas y adolescentes, condiciones de vida inaceptables y muy bajas posibilidades de incorporarse a la vida activa como ciudadanos plenos, con lo cual se transmiten de una generación a la siguiente las desigual- dades y la pobreza. Para enfrentar esos escollos es preci- so reducir las disparidades entre los países de la región, así como las persistentes desigualdades socioeconómicas, territoriales, étnicas y de género que en mayor o menor medida están presentes en todos ellos. Esto debiera traducirse en el establecimiento de metas a favor de la infancia y de la adolescencia que consideren expresamente el objetivo de reducir estas desigualdades. En la siguien- te sección se proveen antecedentes sobre la magnitud y evolución de estas últimas.
13 El ritmo de aumento del gasto social en los países en que éste era relativamente más bajo fue, en promedio, de 10.7% anual, tasa que duplica la
Esta desigualdad, en un continente caracterizado por el bajo nivel de ingreso por habitante de los países que lo integran, se traduce en insuficiencia de recursos de los hogares para satisfacer las necesidades más básicas de sus miembros y se expresa en altos niveles de pobreza y de miseria. De hecho, no obstante que durante la década de 1990 se logró un cierto avance en materia de pobreza, hacia el año 1999 ésta afectaba a alrededor del 44% de la población (excluidos España y Portugal), unas 211 mi- llones de personas de un total cercano a 483 millones de
Las desigualdades en las condiciones de vida
de los niños, niñas y adolescentes en
Iberoamérica
Los progresos alcanzados en los años noventa en las condiciones de vida de la población infantil y adoles- cente en Iberoamérica ponen en evidencia, al mismo tiempo, la persistencia de marcadas desigualdades entre los países y, particularmente, entre diferentes grupos sociales al interior de ellos. En efecto, prevale- cen en la región desigualdades socioeconómicas, territoriales, étnicas y de género. El avance hacia el logro de las metas de la CMFI no se ha traducido necesariamente en el cumplimiento cabal de los dere- chos de los niños, niñas y adolescentes. Estas inequidades, que se manifiestan desde las edades más tempranas, se reproducen en la vida adulta y se transmiten a las generaciones siguientes, lo que contribu- ye a explicar la persistencia de la elevada desigualdad socioeconómica de la región que, como un todo, sigue siendo la más desigual de las regiones del mundo (véase el gráfico II.1).