En consonancia con el tema de la esperanza y del reino de Dios, otro tema de gran contenido es el de la resurrección. Creer en la resurrección, es creer que Cristo venció la muerte139. J. Moltmann140, habla de Cristo y de su futuro, y del porvenir del hombre, por referencia al mismo. La resurrección de Cristo es una promesa inquieta, hasta que encuentre su reposo en la totalidad de lo nuevo. El aporte de Moltmann, adentra a la persona a la comprensión de dicha categoría como es la resurrección; donde hace abarcar en ella, más que el hecho del Cristo que viene a la vida, el sentido de lo que se espera y de lo que le depara al hombre, al ser humano en sí, teniendo como punto de partida o de referencia, al mismo Jesús, en ―la totalidad de lo nuevo‖141.
Pero, para entender el sentido de la resurrección en sí, se debe entender el sentido de la cruz. Ha habido a través de la historia dos elementos que se vuelven contradictorios y es la identidad entre: el que apareció resucitado y el Cristo crucificado. Y es que entre la realidad de la cruz y las apariciones [las que se dan después de la resurrección] sucedió algo en la oscuridad de Dios, que luego se le llamará: resurrección de entre los muertos; expresión tomada de las promesas y
138 Ver anexo B. Tabulación. De la pregunta nº 7, donde el 70% de las personas están convencidas de esa
esperanza en Jesús, del reino de Dios presente y, a la vez, consecuente.
139
Rm 6,8- : Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, y que la muerte carece ya de poder sobre él. Su muerte implicó morir al pecado de una vez para siempre; mas su vida es vivir para Dios".
140
J. Moltmann, Teología de la esperanza, 215-257. Citado por: Gutiérrez, La esperanza de la vida, 209.
141 Ese cielo nuevo y esa tierra nueva ,nueva creación, de la que nos habla Pablo en la segunda carta a los
esperanzas futuras; en estas apariciones pascuales se escuchan las palabras de Jesús, que revelan su propia identidad y la continuidad en el seno de la contradicción entre cruz y resurrección.
Ruiz de la Peña, encierra todo ese contenido en esta afirmación: ―La resurrección, en suma, confirma la identidad del hombre, pero también la de Dios, que se nos revela a su luz como siendo lo que decía ser: Amor fiel y veraz, más fuerte que la muerte‖142.
Ahora bien, situar a Jesucristo, muerto y resucitado, en la esfera de lo escatológico indica reflexionar sobre la promesa aguardada por la esperanza cristiana; y tiene su base en la promesa de la venida, en relación con el Hijo del hombre (título que se auto-atribuye). ―En verdad os digo: no acabaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre» (Mt 10,23); «En verdad os digo: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el reino de Dios‖ (Mc 9,1); ―(…) veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre y venir entre las nubes del cielo‖ (Mc 14,62; cf. Mc 13,28)143.
Por tanto, la categoría Hijo del hombre, no es gratuita, pues corresponde a un sentido escatológico (apocalíptico) desde el Antiguo Testamento. En el libro de Daniel, esta figura es central, en especial, en el capítulo 7, donde el profeta lo da a conocer a través de la visión que tiene del anciano y del ser humano, que en definitiva, corresponde, en lengua aramea y lengua hebrea, al hombre o al ser humano (cfr. Sal 8,5); pero en sí la misma expresión tiene ahí un sentido especial, por el que se designa a un hombre que supera misteriosamente la condición humana, y del que hace uso Jesús en sus enseñanzas, como se había dicho anteriormente.
142 Ruiz de la Peña,
La pascua de la creación, 169
143
Son muchos los autores de los que Ruiz de la Peña hace mención en su obra La pascua de la Creación,
quienes hacen sus aportes desde sus distintas posturas y comprensiones. Entre ellos: Gnilka, Schnackenburg, Cullmann, Schelkle, Grässer, Zedda, Dupont, entre otros. (Ruiz de la Peña, La pascua de la creación, 1996).
En fin, el hecho de la muerte de Jesús en la cruz, es la de simbolizar la participación del ser humano en tal acontecimiento; y no es que la persona humana deba morir tal cual como Cristo, sino que lo debe llevar a la comprensión de la salvación de la humanidad a través de un acto de amor y de entrega gratuita, libre, en el que la categoría de la resurrección, aparece como fundamento de la esperanza cristiana, en esa esperanza en el más allá. Desde Pablo, no hay que perder de vista el sentido escatológico que esto refleja, pues también, la locura de la cruz, se convierte en signo de esperanza y de salvación, que él mismo menciona en la perícopa (cfr. 1Cor 1,17-18.2-24), pero del que no hace mucho énfasis.
La muerte y resurrección de Jesucristo, debe llevar al ser humano a no sentirlos como unos acontecimientos del pasado, de una narración bíblica- escriturística, sino que fundados en la fe, experimentados por los discípulos, se conciban como acontecimientos que trascienden todo tiempo, todo lugar y espacio, en relación a la esperanza en él (en Jesucristo).