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Interference with androgen responsiveness

VARIATIONS IN THE EXOME OF THE LNCAP PROSTATE CANCER CELL LINE

3.3. MATERIALS AND METHODS 1 Cell culture

3.5.4. Interference with androgen responsiveness

A continuación, se realiza una crónica sobre el arreo de ganado durante la época de sequia en la sabana de Magangué, y se parte a la búsqueda del playón de estiaje en Mompox. Esta crónica contextualiza esa práctica centenaria en el sistema ganadero de la región, no es una “tecnología de punta”, pero es una cumulo de sabiduría y capital social.

Figura 14. Área geográfica de la zona de estudio, línea demarcación ruta movilización desde la sabana de Magangué a la planicie inundable de Mompox

Fuente: Instituto Geográfico Agustín Codazzi (1982). Escala 1:400.000. La línea azul y verde se agregó en este

estudio. La azul identifica el rio Magdalena; la verde la ruta del viaje que se está describiendo. El recorrido inició en el corregimiento de Juan Arias (Magangué); y finalizó en la ciénaga de Ancón (Mompox).

Arreado por cuatro vaqueros, 190 machos de levante inician el viaje. 20 de enero a las 11:00 p.m. Se parte de la hacienda La Pradera, ubicada en la vereda Juan Arias en las sabanas colinadas de Magangué, hacia el puerto de esta ciudad cosmopolita. Se transita durante seis horas por el camino ganadero paralelo al carreteable Puerta de Hierro-Magangué. Pasa por los

corregimientos de Henequén, Camilo Torres y finalmente se llega al área urbana de Magangué, se camina sobre la muralla en tierra que protege la ciudad de las inundaciones. A través de ella llega a la orilla del Brazo de Loba donde están los corrales del embarcadero “Los Millones”. Encierran

las reses a las 5a.m. y todos se ponen a descansar.

A las 7:00 a.m. en la lancha “Garza Morena” se embarcan las reses, las bestias y los vaqueros. La lancha inicia su viaje y navega durante ocho horas por el Brazo de Loba; remonta el Brazo de Mompox hasta llegar al

Desembarcan los vaqueros, bestias y reses. Desde allí se movilizaran durante cuatro horas por el camino ganadero del lugar. Pernoctan en área

rural del corregimiento Patico, encierran los animales en los corrales de la hacienda La Rivera, propiedad de un ganadero amigo. Un vaquero riano, el

día anterior inspeccionó la ruta que van a seguir, se les ha unido en la noche.

Al día siguiente el jefe de vaqueros despertó al personal a la 1:00 a.m. Se alistaron, recibieron del mayordomo de la hacienda un tinto cargado que

bebieron rápidamente. Ensillaron las bestias y se dirigieron al corral. Soltaron el ganado, “tallándolo” en la puerta, para verificar que estuviera

completo. Iniciaron el desplazamiento con unas reses adormecidas y hambrientas, caminaban lento, buscando comida en las orillas del camino

ganadero. Se llego al área urbana de Talaigua Nuevo. El caminar lento produjo retraso y les cogió el día. La policía los detuvo alrededor de una

hora, a orillas de la calle principal, porque no podían atravesar el pueblo para evitar accidentes entre las reses y los pobladores. El momento fue aprovechado por los vaqueros para beber gaseosa, comer “frito” y saludar algunos amigos. Un compadre del vaquero jefe consiguió el permiso en la

Alcaldía, y reanudaron la marcha.

Se recorrió el camino paralelo a la vía Bodega-Mompox, para entrar a las 11:00 a.m. por la ruta que atraviesa el campo las Botellas de Ecopetrol, en el

municipio de Mompox. Se avanzaba hacia los playones de estiaje que dejó la ciénaga Ancón, atravesando varios caños. Ya en esta época, los canales que ayudan a desaguar la ciénaga, se convierten en trampas de lodo. Al

cruzar los canales algunos animales quedaron atollados, resultado del cansancio del viaje y de luchar en el fango, con un sol canicular que los desesperaba. Hubo que luchar con el fango, se debió cuidar para que en el

cruce una res no se le montara a la otra para evitar que murieran. Transcurridos unos 10 minutos eternos, salieron una a una, despacio. En el

resto del camino, los vaqueros debieron ser más cuidadosos. Antes de llegar al destino final -un puesto en el playón denominado El

Cocuelo-, se realizó el embalse de todos los viajeros, a través de la Ciénaga. Es labor que solo la realizan los ríanos. Los vaqueros de la sabana saben que necesitan del conocimiento y pericia de los baquianos,

hacen a un lado el orgullo y descargan en éstos la responsabilidad. Días antes del viaje, el mayordomo de la tierra baja contrato un barquero encargado del embalse. Éste contrato los hombres y canoas necesarias

para el trayecto por el agua, de acuerdo a la distancia y al número de animales.

Para el “vadeo”, primero tiraron al agua un caballo sin montura. Un vaquero riano, desnudo, se pega a la cola del animal, juntos se deslizan nadando por

la ciénaga, así van guiando las reses. Los animales siguen en fila el binomio hombre-bestia. A los lados del lote de ganado van canoas manejadas por baquianos, con canalete y dando gritos buscan que los animales no se asusten y no se dejen llevar por la corriente del agua, los

motivan para que naden con fuerza persiguiendo al novillo puntero, al macho alfa. Hasta que se llega al sitio más adecuado, al “puerto”, y se

“salte”.

Según Alonso Ramos, vaquero riano, el éxito de embalsar está en lograr

que el ganado se tire al agua, que luego se “enfile”, que no se arremoline, evitando que se monten unos sobre otros, para que no se ahoguen.

Entretanto, los vaqueros sabaneros se disponen a subir en la canoa, temen a la profecía de los ríanos que advierten que cuando los sabaneros se atreven a desafiarlos, “se ahogan por el jopo”, porque al caer al río se llenan

de agua y no flotan. Han desensillado las bestias, montado los avíos, aperos, equipaje. Cogen de la rienda a las bestias y las lanzan al agua. Montan en la canoa sosteniendo la rienda. Los bogas están listos y los

remolcan hasta descárgalos en la otra orilla de la ciénaga antes que el ganado salte. Así tienen tiempo de ensillar y recibir los animales. Después de recoger el lote y contarlo, lo arrearon hasta los corrales, donde quedan encerrados desde las 5:00 p.m. hasta el siguiente día. El ganado no

se puede dejar suelto porque al llegar le da por caminar para reconocer el sitio, en esta búsqueda, se puede perder. Se le obliga a que conozca primero el corral. Al día siguiente, a primera hora, se “lo tira” al playón, acompañado por los vaqueros que los guían hacia los “reparos”, hasta que

recuperen el 10% del peso que han perdido durante el viaje.