4. INDIRECT OUTWARD FDI EFFECTS ON THE HOME ECONOMY:
5.2. An Endogenous Model of Outward FDI
5.2.1. Model Setup
5.2.1.5. Intermediate Goods Production Unit
Desde los inicios de la modernidad, en particular desde el fin de las guerras Napo- leónicas, y hasta mediado del siglo XX, el estudio de la geopolítica mundial ha estado vinculado al análisis de las relaciones entre los Estados más desarrollados. La mirada eurocéntrica ha privilegiado, como es lógico, a las cuestiones vinculadas a los Estados europeos y, paulatinamente, fueron apareciendo otros en diversas regiones, en especial aquellos que alcanzaban algún rango de crecimiento económico, en especial industrial. Los casos que despertaron mayor interés en este sentido fueron Estados Unidos y Ja- pón. En el primero se trataba de interpretar la aparición de una sociedad organizada políticamente en forma muy novedosa pero que mantenía intactos los principios básicos éticos, filosóficos y de herencia europeos, asignados con vehemencia a una herencia biológica más bien que a una continuidad cultural. El caso japonés tardó más tiempo en ser interpretado aunque no quedó más remedio que reconocer su proceso de crecimien- to económico, en especial después de sus dos resonados triunfos en guerras contra potencias históricas como China (1894/95) y Rusia (1904/05).
A pesar de las investigaciones realizadas por el padre de la geografía política moderna Friedrich Ratzel en diversas regiones del mundo, de sus evaluaciones y planteos referidos las relaciones entre política internacional, geografía física y geografía humana y de la in- fluencia que esos estudios significaron para las posteriores especulaciones y proyectos geopolíticos, quienes impulsaron estudios sobre las relaciones políticas entre los Estados se centraron en los que ocurría entre las principales potencias, todas localizadas en el hemisfe- rio septentrional y, casi todas ellas en Europa.
Este fenómeno resulta lógico si pensamos que los estudiosos de esas cuestiones no son académicos objetivos, neutrales, asépticos, sino que responden a las necesidades y de- mandas de los estadistas de sus respectivos países. De esta manera, algunos de sus traba- jos se realizan a demanda de los políticos de turno. Es más, muchos de esos políticos parti- cipan de dichos estudios. En otros casos, los académicos impulsan teorías y propuestas acerca de lo que ocurre en torno a la política exterior –diplomática o bélica- de su país o de
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN | UNLP 122
cómo conviene actuar al respecto, siendo consultados por los gobernantes o incorporados a sus cuerpos de asesores. Por último, están los técnicos, en especial militares o vinculados a disciplinas de acción, como ingenieros o juristas, que esbozan planteos vinculados a sus saberes y que pueden dar explicación a cuestiones o debates candentes.
El hecho es que, si nos remitimos a las acciones desarrolladas por las potencias en el marco de la denominada geopolítica mundial y los análisis que les han dado origen o que han tratado de explicarlas, la historia de la humanidad en los últimos siglos se ha constreñido geográficamente al hemisferio norte y, en él, a las relaciones experimenta- das por los denominados países centrales o desarrollados. Esto no significa que los diversos gobiernos de esas potencias no se hayan interesado en el resto del mundo, sino más bien que aquellos conflictos y alianzas entre grandes Estados que conmovían al mundo estaban vinculados a los principales protagonistas, las potencias, o sus alia- dos, que los estudios académicos o de gabinete civil o militar se ocupaban sólo de ellos y que todo el resto del mundo constituía una periferia cuyas tensiones se resolvían y estudiaban en esos mismos ámbitos políticos y académicos. De todas maneras, la reso- lución de los conflictos que las propias potencias imponían a esas periferias no signifi- caban un estudio tan concienzudo ni los debates eran tan primordiales como los que se referían a sus propias “relaciones internacionales”.
Sobre esta problemática, resulta de interés recordar la perspectiva ya enunciada en el capítulo 1 por diversos autores, entre ellos, Taylor en el que la existencia de un sistema de múltiples Estados en la política internacional contrasta con el poder, muy superior aún al de las mayores potencias, de un mercado mundial único (Taylor y Flint, 2002). Esta reflexión nos permite avanzar en la idea de un sistema en permanente disputa y conciliación, con actores estatales de muy diversa capacidad de acción y decisión que resulta funcional al poder económico superior representado por los intereses que se juegan en el mercado in- ternacional. Este punto de vista se diferencia de otros análisis geopolíticos anteriores, abor- dados en dicho capítulo, que se ha centrado tradicionalmente sólo en las relaciones interes- tatales sin atender a esa vinculación de fuerte dependencia con respecto a actores e intere- ses centrados en los grandes negocios globales.
Desde esta perspectiva, los Estados ubicados en el hemisferio norte se convirtieron, du- rante más de un siglo, en protagonistas de la geopolítica moderna, además, y no casual- mente, de ser los lugares donde se desarrollaron los mayores actores del gran mercado mundial y el autoreferenciado centro de la cultura de la modernidad. Por esa razón, a partir de los últimos años del siglo XIX y al menos hasta mediados de la siguiente centuria, se desarrollaron planteos que, tal como se dijo anteriormente, intentaban teorizar a la vez que brindar fundamento acerca de las líneas de acción de la diplomacia de las potencias y de sus movimientos y posicionamientos estratégicos de proporciones bélicas. Algunas de las características principales de estas miradas y de las explicaciones y hasta legalidades que se establecían al tratar de dar interpretación lógica a las mismas, estaban vinculadas a una fuerte dependencia de las acciones realizadas o a realizar con respecto a cuestiones morfo-
GEOPOLÍTICA Y ECONOMÍA MUNDIAL –GABRIEL E.MERINO Y PATRICIO NARODOWSKI (COORDINADORES)
lógicas de los Estados y de sus territorios en el marco de configuraciones de mayores di- mensiones, o sea de orden continental o subcontinental.
Así se desarrollaron dos interpretaciones básicas acerca de las condiciones que debía reunir o de las que debía aprovechar una potencia en su inevitable competencia con otros Estados con los que disputaba la posible o ya obtenida hegemonía mundial. Y fue justamen- te la potencia hegemónica decimonónica, Gran Bretaña, donde se debía dirimir este debate, en especial a partir de la aparición de dos probables competidores: la Alemania potencia, conformada por sus ex aliados antinapoleónicos y surgida de la unificación, y el novedoso caso de los Estados Unidos, emergentes de su propio imperio colonial y que ya la habían derrotado en dos oportunidades en décadas anteriores. Desde la experiencia norteamerica- na, las teorías del almirante Mahan la instaban a mantener su predominio oceánico en ries- go por las pretensiones esgrimidas por dicho competidor. Por su parte, enfrentando un ries- go más cercano, la expansión alemana llevó al profesor Mackinder a plantear la necesidad de entrar en competencia con sus rivales germanos en el contexto continental eurasiático, a través de un complejo análisis acerca del potencial geopolítico y estratégico de esa gran masa de tierras emergidas.
Las vicisitudes de la segunda guerra mundial y la puesta en escena de la guerra fría im- plicaron una permanente práctica de actualización de estas dos teorías básicas, donde además se incorporaban otras variables, ya esgrimidas en las décadas anteriores, como eran la localización de los recursos estratégicos, las posibilidades de acceso y desplaza- miento terrestre y marítimo, la puesta en práctica de nuevas técnicas bélicas o de disuasión o el papel jugado por los territorios coloniales y/o por aliados surgidos de los mismos. Re- cién luego de los años 70s proliferarías los enfoques como el mencionado de Taylor, que retoman la multiplicidad hoy existente.