En cualquier caso, la evolución de las desigualdades y de la pobreza que caracterizan a la región depende fundamentalmente de las tendencias del mercado. La creación de un número suficiente de empleos de calidad junto con un aumento significativo de la productividad y de los ingresos reales constituye un elemento decisivo para que el crecimiento influya en la reducción de las desigualdades y de la pobreza que a su vez podría fortalecer la demanda y el dinamismo de la actividad económica.
La evolución del mercado laboral en América Latina es resultado de un proceso contradictorio de inclusión y exclusión social (Weller, 2001). Durante el período de sustitución de importaciones y de crecimiento “hacia adentro” (1950-1980), una creciente proporción de la población activa se integró a actividades urbanas relacio- nadas con procesos de industrialización. Pero, al mismo tiempo, una parte importante de los que migraron del campo hacia los centros urbanos fueron excluidos de esos procesos y tuvieron que limitarse a desarrollar actividades precarias de muy baja productividad, dando así un impulso decisivo al desarrollo del sector informal.
Durante la “década perdida” de los años 1980, los factores de integración al sector formal perdieron bastante fuerza y la mayoría de los nuevos puestos de trabajo se crearon en el sector informal con lo que la heterogeneidad estructural de las economías se acentuó. Al mismo tiempo que disminuía la parte correspondiente de la agricul- tura en el empleo total, se frenó la expansión del empleo industrial y el sector de los servicios acaparó entonces, a nivel regional, más de la mitad del empleo total. En los años 1990, que se caracterizaron por una recuperación económica limitada debido a un nuevo ciclo de crisis financieras, la evolución del mercado laboral confirmó la persistencia de las tendencias registradas desde los años 1980: la tasa de desempleo se mantuvo elevada y el sector informal siguió creciendo. En forma paralela, durante los años 1990, las reformas de orientación liberal se generalizaron. Empero, la desre- gulación del mercado laboral no fue prioridad de los programas de reformas[ 13 ], aún
cuando en la mayoría de los países de la región se observó, de facto, a niveles distintos, una creciente flexibilización de ese mercado.
El ciclo de crecimiento de los años 2000 tuvo un impacto positivo en el mercado laboral que fue frenado por los efectos negativos de la crisis económica internacional. Así, entre 2003 y 2008 se observó un incremento del empleo que se tradujo en una disminución generalizada de la tasa de desempleo. La tasa de desempleo urbano de
[ 13 ]Con excepción del “Plan Laboral” implementado en Chile en 1979 y de la reforma de 1986 en Panamá no hubo
modificaciones radicales a nivel del mercado laboral y de la relación salarial. Más aún en las “diez reformas” del consenso de Washington ya evocado (Williamson, 1990) no se incluye la reforma del mercado laboral, a pesar de que se considera en la parte “desregulación” junto con otras seis dimensiones.
la región, tal y como la calcula la CEPAL, alcanzó 11% en 2003 para situarse después en 7.4% en el 2008 y luego subir hasta 8.3% con la recesión de 2009.
El ciclo de crecimiento que registró recientemente la región también influyó sobre la evolución del sector informal. A pesar de una gran diversidad de realidades nacio- nales, este último se mantuvo en aumento constante desde principios de los años 1990: entre 1990 y 2003 pasó de cerca de 43% a un poco más de 47% del empleo total urbano en los siete países más grandes de la región (cuadro 6). Esta proporción bajó entre 2003 y 2008 gracias al dinamismo de la actividad económica formal: si se toma en cuenta a cinco países de la región (Colombia, Ecuador, México, Panamá y Perú), alcanzó 37.9% en 2008 antes de remontar ligeramente (38.7%) (CEPAL/OIT, 2010)[ 14 ]. Por supuesto, a pesar de que la parte relativa del sector informal disminuyó en
los años 2000, los niveles son todavía muy elevados por lo que se supone que persiste una alta proporción de empleos de baja calidad.
Objeto de polémicas y de numerosos debates teóricos, la informalidad constituye para muchos autores un factor de mantenimiento, e incluso de fortalecimiento, de esa heterogeneidad estructural que caracteriza a los países latinoamericanos (Cimoli et al.,2006) y que tiene importantes efectos sobre la naturaleza y el tamaño de las empresas. Según estudios recientes, la “competencia desleal” del sector informal constituye uno de los principales obstáculos para el crecimiento de las empresas en América Latina[ 15 ]. Pero dado el costo prohibitivo que representa, en
muchos casos, acceder al sector formal debido a las pesadas gestiones administrativas y a la compleja fiscalidad, la informalidad perpetúa micro-empresas y pequeñas empresas de muy baja productividad.
[ 14 ]A pesar de esas observaciones, no se ve que la relación entre evolución del sector informal y el ciclo económico sea
algo evidente en América Latina (Galli et al., 2003).
[ 15 ]En efecto, al utilizar los datos del World Bank Enterprise Survey (WBES), se observa que esta “competencia
desleal” que se traduce en costos mucho más bajos en el sector informal constituye una restricción muy importante –la tercera después de la corrupción y de la inestabilidad macroeconómica– para el crecimiento de las empresas (Pagés, 2010).
Otro hecho destacado de la evolución de los mercados laborales se refiere a las tendencias en materia de salarios y remuneraciones. Si se toma en cuenta la evolución de las remuneraciones promedio reales desde 1990 (cuadro 7), se observa que existe en este ámbito, como en otros, una diversidad de realidades nacionales. Sin embargo, fuera de los casos de Brasil, Chile y Colombia, a este nivel se observa un estancamiento
Argentina 1990 52 48 2003 46.5 53.5 Brasil 1990 40.6 59.4 2003 44.6 55.4 Chile 1990 20.9 79.1 2003 21.5 78.5 Colombia 1990 45.7 54.3 2003 61.4 38.6 México 1990 38.4 61.6 2003 41.8 58.2 Perú 1990 52.7 47.3 2003 55.9 44.1 Venezuela 1990 38.6 61.4 2003 53.6 46.4 América Latina 1990 42.8 57.2 2003 47.4 52.6
Sector informal Sector formal