reflected in reality?
5.1 Internal perspective
Se ha afirmado que la incidencia de enfermedad mental, trastornos de la con- ducta alimentaria, suicidio e intento de suicidio han aumentado a medida que los jóvenes han desarrollado un sentimiento de “no tener futuro” (WESTy SWEETING,
1996). Sobre estas tendencias influye también un aislamiento creciente del mun- do adulto. Como WINEFIELD(1997) ha señalado, se reconoce que el malestar psi- cológico experimentado por los jóvenes sin trabajo es menos grave que el que sufren los desempleados de más edad (ROWLEY y FEATHER, 1987; BROOMHALL y WINEFIELD, 1990). Sin embargo, el elevado nivel de desempleo juvenil continuado
se percibe como un problema social importante por varias razones. En primer
lugar, y de manera más obvia, está la tasa más alta de desempleo juvenil, com-
parada con la de los adultos. En segundo lugar, hay razones teóricas, basadas en la teoría evolutiva del ciclo vital, para suponer que la situación de parado duran- te la adolescencia puede retrasar el desarrollo psicosocial sano (véase HENDRYy
cols., 1993). En tercer lugar, existe el temor de que el desempleo juvenil general pueda llevar a la alienación social, manifestada por un aumento en la actividad cri- minal y otras formas de comportamiento antisocial (THORNBERRY y CHRISTENSON, 1984), y a un mayor riesgo de daño autoinfligido y suicidio (PLATT, 1984). En cuar-
to lugar, hay preocupación en algunos sectores de la sociedad adulta de que ello
pueda tener un efecto perjudicial sobre los valores otorgados a la actividad labo- ral, de manera que los jóvenes desempleados lleguen a rechazar la ética del tra- bajo y prefieran una vida de ociosidad sustentada por el subsidio de paro (CARLE,
1987). Sin embargo, es importante señalar que, en el futuro, puede que las socie- dades tengan que considerar el desarrollo de destrezas de ocio en sus ciudada- nos lo mismo que una permanencia de una ética del trabajo para todos.
Por el momento, WINEFIELD(1997) ha comentado que los que están desem-
pleados muestran una autoestima más baja y están más deprimidos emocional- mente que los que tienen un puesto de trabajo. Se han propuesto dos explicacio- nes para dar cuenta de esta asociación. En primer lugar, se ha planteado que el desempleo causa una disminución en el bienestar psicológico. Esta hipótesis se conoce como hipótesis de la “exposición” (o “causalidad social”). En segundo
lugar, se ha propuesto que las personas cuyo bienestar psicológico es bajo tienen
menos posibilidades de que les ofrezcan trabajo (o es más factible que los despi- dan, o ambas cosas). Esta hipótesis se conoce como la hipótesis de la “selec- ción” (o “deriva”). Sin embargo, ambas teorías pueden coexistir y ser aplicables en un estudio (por ejemplo, NASSTRØMy KLOEP, 1994).
Como señaló WINIFIELD (1997), la complejidad de estas interpretaciones la
demuestra el hecho de que incluso estudios realizados dentro del mismo país, aproximadamente al mismo tiempo, comunican hallazgos contrapuestos. Por ejemplo, en torno a 1980 se realizaron en Australia varios estudios longitudinales prospectivos de jóvenes que habían dejado la escuela (TIGGEMANNy WINEFIELD, 1984; PATTONy NOLLER, 1984; FEATHER y O’BRIEN, 1986). Aunque todos los estu- dios encontraron que el bienestar psicológico era mayor en los que tenían empleo que en los desempleados, los datos en cuanto a cómo surgió la diferencia son contrapuestos. La investigación de TIGGEMANNy WINEFIELDcomunicó una mejoría
pero ningún cambio en los que se convirtieron en desempleados. Por otra parte, los estudios de FEATHERy O’BRIEN(1986) y PATTONy NOLLER(1984) no mostraron cambios en los que obtuvieron trabajo, sino una disminución en los que se con- virtieron en desempleados. WINEFIELDy cols. (1993) estuvieron entre los primeros
que demostraron de modo convincente que los jóvenes empleados en trabajos con los que no estaban satisfechos estaban tan mal, desde el punto de vista de la salud mental, como sus homólogos desempleados. PRAUSEy DOOLEY(1997) han
llevado esta noción más allá, tanto conceptual como empíricamente, con su lla- mamiento a pensar en función de un “continuo de situaciones de empleo”, que incluyen el desempleo continuado, el desempleo intermitente, el trabajo a media jornada involuntario y el de jornada completa. Como FRYER(1995) señala:
Muchas personas tienen trayectorias de desventajas en el mercado laboral que consisten en pasar de la escuela o trabajos inseguros, insatisfactorios psicológica- mente, cargados de estrés dentro del mercado laboral secundario, vía esquemas de formación, a más desempleo u otro trabajo inseguro, psicológicamente insatisfactorio o que amenaza la salud mental o enfermedad, etc., en un ciclo de experiencia adver- sa del mercado laboral. Para muchos, todo esto tiene lugar en el contexto de la vida en comunidades duramente golpeadas por la falta de trabajo, con una probabilidad desproporcionada de que los familiares y los amigos estén también desempleados o realizando trabajos de mala calidad psicológica en una nación en la que el valor real de los subsidios, los salarios y las condiciones laborales se está deteriorando, donde el mercado de trabajo cuenta cada vez con más trabajadores irregulares, el empleo a media jornada con contrato breve e inseguro aumenta y el empleo de jornada com- pleta y seguro disminuye, y donde la diferencia entre los relativamente pobres y los relativamente acomodados se está ampliando.
(FRYER, 1995, pág. 269.)
Sin embargo, en un contexto de porcentaje de paro localmente bajo, es pro- bable que la experiencia de desempleo sea más angustiosa (JACKSON y WARR,
1987). Por ello, que los que se quedan sin trabajo a causa de problemas de salud mental (deriva individual) corren riesgo de que sus problemas se exacerben o combinen (acumulativamente o multiplicándose) por causalidad social (FRYER, 1997). Además, hay cada vez más razones para creer que el malestar psicológi- co anterior y posterior al desempleo es alto para muchas personas en el merca- do laboral, y que aumentará todavía más. Se ha mostrado que la anticipación del desempleo es particularmente angustiosa. ULLAH y BROTHERTON (1989) comuni-
caron niveles de malestar psicológico en alumnos de escuela secundaria en el Reino Unido tan altos como en personas desempleadas. Los autores atribuyeron esta zozobra a la preocupación por los altos niveles de desempleo. Como WILKIN- SONescribió (1990, pág. 405): “Nuestro ambiente y nivel de vida no influyen ya en
nuestra salud principalmente a través de causas físicas directas, con indepen- dencia de nuestras actitudes y percepciones, sino que han llegado a hacerlo sobre todo a través de procesos mediados social y cognitivamente”. Es importan- te comprender los procesos mediados social y cognitivamente por los que el desempleo causa mala salud mental.
Se pueden encontrar algunas resoluciones simples para estas cuestiones consultando un modelo teórico anterior propuesto por HENDRY(1987). En él, se in-
ra similar al modelo focal que describimos en el Capítulo Primero. El modelo focal de las preocupaciones psicológicas en la adolescencia explicaba cómo algunos jóvenes pueden encontrar que los años de la adolescencia están cargados de estrés, aunque la mayoría lo afrontan bien. Las fuentes de estrés, como la crisis de identidad o el desarrollo de rol, rara vez se producen al mismo tiempo; nor- malmente se pueden tratar por separado y causan al adolescente poco o ningún malestar. A veces, sin embargo, varias fuentes de estrés afectan de manera con- currente al adolescente, haciendo cada vez más difícil afrontar las presiones. Del mismo modo, el adolescente sin trabajo experimentará normalmente una mezcla de experiencias positivas y negativas. Sólo cuando varios factores negativos cho- can con el individuo de manera concurrente y acumulativa, ese desempleo se convertirá en una prueba terrible, al igual que otras crisis adolescentes. A menu- do, la influencia de varios factores positivos puede permitir al joven desempleado afrontar la experiencia con relativa facilidad. Por ejemplo, una familia que propor- ciona apoyo, el ocio agradable y una buena estructura temporal crean el potencial para que un individuo afronte la situación incluso después de un período bastan- te largo sin trabajo.
Se propone que estas paradojas aparentes se pueden resolver interpretando la experiencia de desempleo para los jóvenes en función de “transacciones” posi- tivas y negativas. La realidad del proceso de desempleo se puede ver más bien, como propone el modelo focal, como una serie de cuestiones psicológicas y sociales diferentes que golpean al individuo de manera secuencial. Los proble- mas se producen cuando varias cuestiones se solapan. Estos factores, en com- binación, producen los elementos en torno a los cuales se desarrollan las estra- tegias de afrontamiento o surge un estado creciente de malestar frente a la continuación del desempleo. Hay datos sólidos que muestran que los jóvenes continúan conservando niveles elevados de compromiso con el trabajo incluso después de largos períodos de paro. Esto puede ser una desventaja para ellos, ya que los niveles superiores de compromiso con el trabajo se asocian con niveles más altos de malestar entre los desempleados. Eso tiene por resultado que los jóvenes sigan compitiendo por los pocos trabajos disponibles, funcionando así como un ejército de reserva de mano de obra juvenil.