a vision of a climate proof delta 3.1 An advisory committee on adaptation
3.4 Transforming knowledge for a climate proof delta 1 The Committee‘s practical problem
3.4.2 Internal processing: redefining the project and re-constructing claims Connecting social worlds through membership
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n la mayoría de las obras de revegetación ripa- ria no se da la suficiente importancia a su mante- nimiento, de manera que éste no se incluye en el proyecto y, en consecuencia, raramente se ejecu- ta. Esta carencia supone la principal causa del fra- caso de la plantación, debido sobre todo a la com- petencia de las especies adventicias muy agresivas (carrizo y caña, principalmente) y a la gran depen- dencia de la vegetación riparia de los riegos duran- te los 2-3 primeros años. En consecuencia, es imprescindible establecer y cumplir a rajatabla un sistema adecuado que garantice el mantenimiento y seguimiento de las actuaciones ribereñas. Éste, al prolongarse durante varios años, no puede ajus- tarse a presupuestos ceñidos a años naturales. Por otra parte, la responsabilidad de la contrata y/o entidad receptora de la actuación debe plas- marse en un convenio o documento vinculante en el que se recojan en detalle las condiciones del mantenimiento:Limpieza de restos procedentes de bandejas fores- tales u otro tipo de envases o restos.
Frecuencia y características del riego. Reposición de plantas (marras). Época y tipo de poda.
Tratamiento de plagas y enfermedades y trata- mientos vetados (ya sean químicos o físicos). Periodicidad y método de control de especies inva- soras.
Cuidado de los elementos de uso público (bancos, fuentes, sendas, etc.).
Personal responsable y forma de contacto.
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El mantenimiento debe tener una duración mínima de 5 años desde la ejecución de la actuación. Es importante para esta fase, mantener bien informa- dos de la actuación y sus peculiaridades al perso- nal de mantenimiento de la entidad receptora (generalmente, perteneciente al Servicio de Parques y Jardines de los Ayuntamientos). Además, se debe realizar un seguimiento a medio y largo plazo de la actuación, recogiendo en un documento sencillo y gráfico los resultados obteni- dos, los problemas surgidos, las soluciones aplica- das, las mejoras y la influencia social del proyecto. La evaluación del grado de éxito de las especies implantadas nos servirá para rectificar errores y diseñar nuevas actuaciones (gestión adaptable).
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En definitiva, la revegetación de las riberas puede fracasar si no responde al funcionamiento ecológi- co del propio río, o a ellas no se dedican labores periódicas de mantenimiento, dando por perdida la inversión realizada (González del Tánago, 2003). A continuación, se comentan algunas de las actua- ciones más importantes del mantenimiento.
Reposición de marras o de pies fallidos
Debe realizarse transcurridos 9 ó 10 meses desde la implantación inicial, tras una evaluación sobre el terreno a cargo de la dirección de obras. En la cuenca del Segura, las marras en revegetaciones ribereñas no deberían superar el 10% del total plantado, si bien, incluso en condiciones normales, debido a defectos de las plantas, de la plantación, de los riegos de establecimiento o adversidades climáticas imprevisibles, las marras pueden llegar a suponer el 25%. La reposición de pies fallidos, se realizarán con cargo a una partida específica para ello. En el caso excepcional de ausencia total de marras, dicha partida se destinará a mejoras de restauración sobre el proyecto inicial.
Cuidados para favorecer la regeneración
Por otra parte, a medida que transcurre el tiempo hay una regeneración vegetativa o por germina- ción, que tiende a expandir la comunidad. Cuando comienzan a aparecer rahíjos de especies arbóreas como Populus y Ulmus, muy proclives a ello, debe aprovecharse esta circunstancia y evitar su eliminación ya que se trata de pies bien adap- tados al medio, implican el rejuvenecimiento de la masa boscosa y aumentan la diversidad de la estructura de los bosquetes. Todas estas condicio- nes son difíciles de lograr, por lo que debe aprove- charse esta fuerte capacidad natural de regenera- ción de los bosques riparios.
Limpieza de restos procedentes de bandejas forestales u otro tipo de envases o restos. Frecuencia y características del riego.
Reposición de plantas no arraigadas (marras). Época y tipo de poda.
Tratamiento de plagas y enfermedades y trata- mientos vetados (ya sean químicos o físicos). Periodicidad y método de control de especies invasoras.
Cuidado de los elementos de uso público (ban- cos, fuentes, sendas, etc.).
Personal responsable y forma de contacto.
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Protección de los ejemplares plantados, de los herbívoros.M
Maanntteenniimmiieennttoo yy sseegguuiimmiieennttoo
Control de especies agresivas o invasoras
La competencia de las especies plantadas con otras invasoras y agresivas de rápido creci- miento, como pueden ser Arundo o Phragmites (cañas y carrizos), limita en gran medida el éxito de las plantaciones. Para combatir los carrizos y cañas, la sombra es la mejor medi- da, por lo que se deben utilizar en estos casos formatos grandes de las especies arbóreas y arbustivas a plantar. Hasta que los ejemplares plantados impidan su desarrollo, es clave cor- tarlas o segarlas asiduamente de forma selec- tiva; en caso contrario, eliminarán las espe- cies autóctonas plantadas. El desbroce perió- dico favorece la colonización por especies autóctonas cespedantes. Esta medida se podría acompañar de la siembra de especies autóctonas de gramíneas tapizantes, como el fenal (Brachypodium phoenicoides -esta espe- cie es menos resistente al recorte periódico que el resto) o las gramas (Cynodon dactylon,
Paspalum vaginatum, etc.) que competirían
con las cañas y carrizos por la luz. Pero actualmente en el mercado solo se comerciali- zan semillas de algunas variedades mejoradas para céspedes o pastos de origen alóctono. Respecto al control de las plantas adventicias, en todos los casos lo más recomendable es el desbroce manual o por medios mecánicos, evitando el uso de sustancias químicas. De utilizarse maquinaria como desbrozadoras, si el tamaño del material vegetal triturado es de muy pequeñas dimensiones, es muy conve- niente no retirarlo, incluso en zonas de inten- so uso público. Sólo así se logrará el enrique- cimiento con materia orgánica del terreno y una adecuada estructura y porosidad del suelo. Sin embargo, este método requiere ser muy cuidadoso para no dañar los troncos o tallos de las especies autóctonas plantadas. Por el contrario, la retirada de los restos del desbroce mecánico, conlleva un empobreci- miento del suelo, facilita la compactación del terreno, incrementa los costes y aumenta la colonización por parte de adventicias muy invasoras (Coniza bonariensis, Aster squama-