La característica más general del pensamiento sistémico es la relación, ya mencionada, entre el todo y sus partes. Los sistemas son conjuntos integrados cuyas propiedades no pueden ser reducidas a sus partes sino que estas son poseídas por el conjunto. Esas propiedades sistémicas
emergen de la organización que se da al relacionarse las partes. En
la visión sistémica, la propiedad esencial de un organismo o sistema viviente, son las propiedades del todo, que ninguna de las partes por sí sola posee. De llegarse a diseccionar el sistema y aislarse sus ele- mentos, las propiedades sistémicas quedan destruidas. Por ejemplo, la sociedad es un sistema global que dispone de cualidades originales
—instituciones, identidad, cultura, mitos, etc.— que no poseen aisla-
damente cada uno de los individuos que la constituyen.
En esta relación sistémica entre el todo y las partes encontramos las siguientes dialógicas:
• La idea de que “la totalidad no es igual a la suma de las partes”. Es decir, la interrelación organizativa de un sistema produce una unidad global con propiedades que no existían a nivel de las partes aisladas. Por ejemplo, los criterios morales aplicables al comporta- miento de los individuos, de las familias o de los círculos pequeños no pueden transferirse, como equivalencia exacta, al comportamien- to moral de los gobiernos o de los partidos políticos.
• Por otro lado, “la totalidad es más que la suma de las partes”, ya que la organización de un todo produce cualidades o propiedades nuevas con respecto a las partes consideradas aisladamente, como es el caso de las emergencias. El concepto de emergencia se entiende como la producción de cualidades o propiedades de un sistema que presentan un carácter de novedad con relación a las cualidades o
propiedades de sus componentes aislados (Morin, 1986: 130). Por ejemplo, si bien ninguna neurona individual es consciente, el ce- rebro humano en su conjunto sí lo es. Las emergencias aparecen en todo nuevo producto de la organización y solo existen mientras permanece la organización que los genera y regenera.
• A su vez, la relación sistémica implica la idea contraria: “la to- talidad es menos que la suma de las partes”. Las cualidades de las
partes son inhibidas, reprimidas o coaccionadas por el conjunto.
De ahí los constreñimientos o inhibiciones, donde las cualidades o propiedades del todo organizado hacen desaparecer las cualidades o propiedades de las partes consideradas aisladamente. En cualquier relación organizacional existen restricciones o constreñimientos de las cualidades o propiedades de sus elementos, ya sea mediante determi- nismos internos, reglas, regularidades, subordinación de componen- tes, especializaciones, ajuste de complementariedades, retroacciones, etcétera (Morin, 1986: 130). Por ejemplo, el totalitarismo es la con- centración de poderes políticos (Ejecutivo, Legislativo, Judicial), administrativos, policiales, militares y simbólicos en manos de un solo aparato, dueño del partido–estado, el cual se ramifica e intenta controlar todos los sectores y comportamientos de los individuos en una sociedad (Morin, 1985: 153). Otro ejemplo lo tenemos en la astrología de masas —horóscopos, lecturas astrales, etc—, pues en determinadas condiciones sociales de descontento y frustración de los individuos, estos pueden provocar trasformaciones colectivas o movimientos sociales, o bien, pueden canalizar su malestar atomi- zando los problemas colectivos al interpretarlos como problemas del “destino personal”, manteniendo así individualizadas las resig- naciones y, sobre todo, las esperanzas que nuestra sociedad necesita (Morin, 1995: 334).
74 El conocimiento de lo social I. Principios para pensar su complejidad
Por otro lado, en tanto que sistema, la sociedad detenta las siguientes características en su relación entre el todo y las partes:3
• La sociedad como sistema es, a la vez, distinta, más y menos que la suma de las partes.
• La sociedad como sistema gana en emergencias y pierde por cons-
treñimientos. La colectividad no aporta solo enriquecimiento sino
también empobrecimiento.
• De lo anterior se desprende que un sistema social es un todo que toma forma a medida que sus elementos se trasforman. En otras pa- labras, todo lo que toma forma, trasforma (Morin, 1995: 334) (véase la gráfica 3.1).
El principio sistémico, como principio generativo, conlleva a otras pre- misas de inteligibilidad en la relación entre el todo y sus partes.
uno de ellos, indica que, no debemos reducir el conocimiento de lo complejo a uno de sus elementos, aun cuando este sea considerado como el más significativo. Esta reducción del conjunto a uno de sus elementos responde más al modo de pensar simplificador. Por ejem- plo, este caso se presenta cuando se reduce el bienestar social solo a lo económico, las dimensiones de lo humano solo a lo racional, el amor solo a su expresión sexual, etc. Este reduccionismo tiene conse- cuencias en la comprensión de la realidad humana individual y social, y, por consecuencia, en la ética. De esta manera, las visiones reduccio- nistas o simplificadas tienen el riesgo de conducir a la enajenación de las personas por una idea, fe, doctrina o cualquier convicción absoluta de verdad, lo que anula o dificulta las posibilidades de comprensión y comunicación con quienes no comparten esas mismas creencias con nosotros (Morin, 1992: 127–154).
El otro principio metodológico, como contrapunto del anterior, es el de no reducir el conocimiento de los elementos por el conocimiento del conjunto. A menudo, simplificamos la realidad por medio de conceptos generales y abstractos del conjunto, quedándonos encerrados en ellos y sin recurrir a las diferencias que supone, a sus elementos constituyentes, a sus componentes individuales. Esta manera de pensar tiene impli- caciones, a su vez, en la comprensión y en la ética pues no podemos hablar de la pena de muerte de los criminales, sin pensar que esos seres humanos no solo cometieron uno o varios delitos sino que son perso- nas con una biografía, una historia, una psicología, una posibilidad de arrepentimiento y perdón, una equivocación o ilusión relacionada con su crimen. O bien, no podemos generar políticas públicas que intenten mejorar la salud de los mexicanos, sin conocer sus problemáticas es- pecíficas, las desigualdades geográficas en este campo, las inversiones públicas y privadas en este sector, la cultura sobre salud–enfermedad de las diversas poblaciones, etcétera.
En síntesis, el pensamiento sistémico se opone tanto al individualis- mo (atomismo), como al totalismo (holismo), con lo que rechaza reducir el todo a la parte, así como la parte al todo. Tanto el individualismo como el totalismo son manifestaciones del reduccionismo: el primero,
GRÁFICA 3.1. EMERGENCIAS Y CONSTREÑIMIENTOS ENTRE EL TODO Y LAS PARTES
El todo es más
Emergencias
Constreñimientos
Y menos que la suma de las partes
Organizaciones Interrelaciones
– +
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desde el punto de vista de la simplificación (atomismo), y el otro, por su tendencia a pensar las realidades en términos de totalidades, absolutos o sustancias (holismo).