5 JDF-enabled Workflows and their Systems 1 Workflow Component Roles
5.2 System Interoperability
El mando de los servicios psiquiátricos nacionales fue asumido, como es sabido, por Antonio Vallejo Nágera desde el inicio de la contienda. De formación militar, este clínico ejerció un papel predominante en la psiquiatría de nuestro país durante el periodo franquista66.
Antes de ser nombrado jefe de los servicios psiquiátricos militares del ejército franquista, acompañó al Inspector General de Sanidad Militar en la inspección de los frentes de batalla, y así mismo en noviembre de 1936 fue nombrado Jefe de Equipo Psiquiátrico encargado de la asistencia a las poblaciones que se ocupaban (Málaga, Bilbao, Santander, Gijón, Leganés, etc.)67. En agosto de 1938 fue nombrado jefe del
64 BERMANN (1941), pp. 193-194; VILLASANTE (2007), p. 194. 65 BERMANN (1941), p. 194
66 Previo al desencadenamiento de la contienda trabajó y dirigió la clínica militar del Sanatorio Psiquiátrico de Ciempozuelos y publicó diversos artículos sobre malarioterapia y simulación de enfermedades. Vinculado a la derecha española, en los años previos a la guerra publicó artículos en la revista conservadora Acción Española. En la madrugada del 18 de julio de 1936, Vallejo Nágera se trasladó de Madrid a Las Arenas (Vizcaya), pero ante el fracaso del Ejército Nacional en Bilbao huyó el 17 de septiembre en un torpedero alemán, incorporándose a la Junta de Defensa de Burgos: Archivo General Militar de Segovia. Legajo 1ª/382B. Los libros que publicó durante la contienda: Eugenesia de la
Hispanidad y regeneración de la raza (1937), Eugamia. Selección de novios (1938) y Política racial del nuevo estado (1938), tienen un claro contenido político e ideológico. Tras la guerra escribió La locura y la guerra (1939) y Psicosis de guerra (1942). En 1940 apareció Tratamiento de las enfermedades mentales y en 1945 su Tratado de Psiquiatría, libros de gran difusión en la época. En 1947 se convirtió
en el primer catedrático de psiquiatría del país. Ver: HUERTAS (2002b), pp. 89-117; Sobre su trabajo con la malarioterapia: VILLASANTE, O. (2002b), La malarioterapia en el tratamiento de la parálisis general progresiva: primeras experiencias en España, SIDO/SAUDE, 37, pp. 101-117.
67 Archivo General Militar de Segovia. Legajo 1ª/382B. En su Hoja de Servicio se menciona la existencia de una memoria realizada por Vallejo para la superioridad militar en agosto de 1938, que contendría los datos estadísticos sobre la asistencia psiquiátrica militar en los distintos manicomios y sanatorios. No hemos hallado ningún ejemplar conservado de dicha memoria en los archivos consultados, pero pensamos
Gabinete de Investigación Psicológica de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros de Guerra. Y en febrero de 1937, tras la entrada de las tropas franquistas en la localidad de Ciempozuelos, pasaría a dirigir la totalidad de dicho manicomio68.
Este gabinete de investigaciones psicológicas de los campos de concentración llevó a cabo, bajo la dirección de Vallejo Nágera, una serie de experiencias con prisioneros de guerra y prisioneros políticos, cuyos resultados publicó en la prensa científica69. Como ha señalado Huertas, no se trató de experimentos cruentos, pero sin duda los prisioneros fueron considerados objeto de estudio científico70, buscando establecer una relación entre la ideología marxista y la enfermedad psíquica a través de diversas técnicas de psicodiagnóstico71.
Existen pocas fuentes sobre la organización psiquiátrica militar en la zona franquista y la información asistencial habitualmente no se acompañó de valores estadísticos. En general se insistió en esa escasez de neurosis, simulaciones e histeria, en comparación con el bando republicano.
Vallejo Nágera publicó una estadística sobre movimientos poblacionales en las clínicas psiquiátricas militares durante la Guerra Civil, pero si bien es interesante por los datos que aporta sobre entradas y salidas de pacientes (el mayor porcentaje de salidas era por ser declarados “inútiles”), no incluía los diagnósticos de dichos pacientes72. Sí lo hará de una clínica psiquiátrica militar de retaguardia, la número 1, donde eran evacuados los pacientes procedentes de los frentes de Madrid, Guadalajara y Asturias, y donde la psicosis de guerra alcanzó un 21,52%, siendo especialmente alto entre los soldados, clases y oficiales, y escaso entre los jefes militares; las psicosis que, probablemente, al menos algunos de esos datos sean los contenidos en sus libros Psicosis de Guerra y La Locura y la Guerra.
68 HUERTAS (2002b), p. 99; CARRERAS PANCHÓN (1986), pp. 6-7. Tras la ocupación de Barcelona, fue nombrado el 30 de enero de 1939 Jefe de Sanidad Militar de la Plaza de Barcelona, cargo que desempeñó durante un breve periodo, reincorporándose el 14 de abril de ese año a su puesto en Madrid. Archivo General Militar de Segovia. Legajo 1ª/382B.
69 Sobre las publicaciones se detallará más adelante en este capítulo.
70 HUERTAS, R. (1998b), Una nueva Inquisición para un Nuevo Estado: Psiquiatría y orden social en la obra de Antonio Vallejo Nágera. En HUERTAS, R., ORTIZ, C. (editores), Ciencia y fascismo, Aranjuez, Doce Calles, p. 105.
71Ibidem pp. 105-107. Ver también: HUERTAS (1998a), pp. 51-64; HUERTAS, R. (1996), La psico- biología del marxismo como categoría antropológica en el ideario fascista español. Llul, 19, pp. 111-130. Sobre las mujeres prisioneras durante el franquismo ver: RICHARDS, M. (2001), Morality and Biology in the Spanish Civil War: Psychiatrists, Revolution and Woman Prisoners in Malaga, Contemporary
European History, 10 (3), pp. 395-421.
72 VALLEJO NÁGERA (1942), p. 23. Sostenía Vallejo en este texto que la no inclusión de datos nosológicos era un criterio de la Dirección de los Servicios Psiquiátricos del Ejército para evitar datos erróneos “dada la distinta concepción que acerca de las psicosis de guerra tienen los psiquiatras que regentan las clínicas”. Ibidem, p. 24.
simuladas 5,44% (la mitad de las cuales correspondería a paisanos procesados y prisioneros de guerra); las oligofrenias 14,71%; y el mayor porcentaje fue el del grupo de las esquizofrenias, 35,42%73.
En un artículo publicado por Luis Rojas Ballesteros tras la Guerra Civil, se adjuntaba una estadística de enfermos mentales durante la contienda entre la población militar. Se trataba de los pacientes que eran enviados a evaluación a la Clínica Militar Psiquiátrica de Granada para establecer un diagnóstico “con arreglo al cuadro de inutilidades para el servicio militar”74. Según estos datos, el mayor porcentaje era para las oligofrenias (46,6%), lo que se explicaba porque esta patología estaba incluida en el cuadro de inutilidades, al contrario que las psicopatías y reacciones psicopáticas/psicógenas, cuyo porcentaje era del 16,6% y estaban excluidas de dicho cuadro. La epilepsia ocupaba un porcentaje del 20,8% y sí excluía del servicio militar. La esquizofrenia suponía el 15,8%75. En un artículo posterior, este mismo autor planteó dudas sobre la declaración de inutilidad en todos los casos de esquizofrenia y psicosis maniaco-depresiva, así como de epilépticos con poca frecuencia de crisis76. También Vallejo Nágera propuso la revisión de la oligofrenia como causa eximente del servicio militar77.
En 1950 se publicaron las memorias de los 50 años de funcionamiento del Sanatorio de Santa Águeda (Mondragón), que incluyeron un apartado realizado por el Dr. Luís F. Villanueva sobre la Clínica Militar Psiquiátrica allí instalada desde junio de 193778. Inicialmente esta clínica englobaba dos servicios: una Clínica Militar para enfermos psíquicos del ejército nacional, y otra para prisioneros de guerra. José María Pigem Serra fue nombrado ayudante y varios religiosos de la orden de San Juan de Dios se adscribieron a esta clínica. No obstante, dada la afluencia de enfermos, ambas clínicas se separaron y el personal mencionado pasó a trabajar en la Clínica Militar79. El
73 Ibidem, pp. 26, 42 y 57. En otro lugar de esta misma obra Vallejo presenta los mismos datos como procedentes conjuntamente de esta Clínica Militar nº 1 y de la Clínica Militar de Ciempozuelos. Ibidem, p. 42.
74 ROJAS BALLESTEROS, L. (1940), Algunas notas de psiquiatría militar de la guerra española, Actas
Españolas de Neurología y Psiquiatría, 1, pp. 35-49.
75 Ibidem, p. 36.
76 ROJAS BALLESTEROS, L. (1942), Psiquiatría de guerra, Actas Españolas de Neurología y
Psiquiatría, 3, p. 99. También señalaba en este artículo que el Benemérito Cuerpo de Mutilados de
Guerra hacía una distinción de las epilepsias en función del número de ataques. 77 VALLEJO NÁGERA (1942), p.71.
78 Memoria histórica: bodas de oro del Sanatorio Psiquiátrico del Sagrado Corazón de Jesús 1898-1948
(Santa Águeda, Mondragón), (1950), Palencia, Gráfica Diaria-Día.
porcentaje de psicosis de situación en esta clínica fue del 8%, y supuso también el 20% de las altas80. Por su parte los datos de la Clínica de Prisioneros de Guerra situaban a esta patología como la más frecuente, con un porcentaje del 24,24%81. En ambas clínicas se utilizaron el choque insulínico y el entonces novedoso cardiazol, especialmente para las psicosis de guerra, psicosis agudas y reacciones esquizofrénicas82.
Otra de las clínicas psiquiátricas militares que se habilitó fue en el Manicomio de Navarra, donde fueron atendidos 227 militares83. El mayor porcentaje de altas fue por ser declarados “inútiles”, lo que coincide con los datos generales presentados por Vallejo Nágera sobre movimiento de pacientes en las clínicas militares, antes mencionados84. Sobre los diagnósticos, los datos de que disponemos pertenecen al trabajo publicado por Aztarain en 2005, en los que se presentan de forma un tanto anacrónica clasificados según la CIE-985. Esto nos impide realizar una correcta interpretación sobre el impacto de algunas patologías, como la psicosis de guerra86.
Es por tanto difícil tener una idea fidedigna de cuales fueron las patologías más frecuentes durante la Guerra Civil y si hubo diferencias reales entre ambas líneas de batalla, y cuales pudieron ser sus causas. De la Gran Guerra Europea fue heredada esta postura de alerta sobre la patología neurótica y las simulaciones, por el impacto de posibles bajas militares y consecuente menoscabo en los cuerpos del ejército. Pero en nuestro país además, llegó a convertirse en una cuestión ligada a la ideología política, lo que nos obliga a leer los textos de la época sin perder de vista este sesgo.
80 Ibidem, pp. 158 y 160.
81 Ibidem, p. 168.
82 Ibidem, pp. 157, 159-163.
83 AZTARAIN, J. (2005), El nacimiento y consolidación de la asistencia psiquiátrica en Navarra (1868-
1954), Pamplona, Fondo de Publicaciones del Gobierno de Navarra, p. 213.
84 Ibidem, p. 221. Señala Aztarain que este hecho, sumado a la reducida estancia media de los militares y la escasez de tratamientos registrados, apoyaría la hipótesis de que fuera fundamentalmente un centro de diagnóstico y clasificación de inutilidades militares. Ibidem, pp. 220 -222. No obstante, como se detallará en los capítulos III y IV de esta tesis, también en el Manicomio de Leganés la estancia media de los militares que ingresaron fue corta y se registraron pocos tratamientos para toda la población manicomial, no habiéndose creado en Leganés ninguna clínica psiquiátrica militar. Pensamos por tanto que es más probable que esta clínica psiquiátrica militar del Manicomio de Navarra no fuera específica de clasificación de inutilidades, si bien esta fuera una más de sus funciones, como debió serlo para otras clínicas homólogas durante la Guerra Civil.
85 CIE-9 es el acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades, 9ª edición, publicada en 1977 por la Organización Mundial de la Salud.
86 Ibidem, pp. 219-220. No obstante, se detallará algo más sobre estos diagnósticos en el capítulo IV de esta tesis.
3. LA PATOLOGÍA NEUROPSIQUIÁTRICA ENTRE LA POBLACIÓN