CHAPTER IV RESULT FINDING AND DISCUSSION
C. Interpretation
rocÍo enrÍquez rosAs
comencé de manera formal mi acercamiento al estudio de las emo- ciones, las redes sociales y la pobreza urbana en la licenciatura de psicología en el iteso, con la realización de proyectos de diagnóstico– intervención y evaluación con población en condiciones de pobreza, principalmente en algunas de las colonias pertenecientes al cerro del cuatro. después cursé la maestría en terapia Familiar, y la investigación colectiva realizada estuvo centrada en una aproximación psicosocial a familias residentes también en la misma zona. el objetivo del estudio fue analizar de manera crítica las diversas configuraciones familiares existentes y el modelo de ciclo vital familiar inherente a la propuesta sistémica; asimismo, se propuso conocer, a través de acercamientos biográficos familiares (entrevistas cruzadas con el total de miembros de las familias), las formas en que los sujetos narraban su historia, las vivencias que resultaban significativas, y las formas en que estas últi- mas habían reconfigurado sus subjetividades, emociones compartidas y vincularidades en el ámbito de lo doméstico y lo comunitario.
en el iteso empecé como profesora de asignaturas referentes a psi- cología social durante varios semestres, y simultáneamente fui invitada a participar en un proyecto de investigación participativa junto con otros departamentos de la institución, coordinado por académicos del programa de arquitectura y centrado en la gestión social del hábitat y
el entorno urbano (proyecto chuluapan).1 A través de seminarios in-
terdisciplinarios impartidos durante varios semestres, teniendo como insumos importantes a la psicología social y la psicología ambiental, profesores y estudiantes de programas académicos como arquitectura, ingeniería civil, psicología y comunicación fuimos poniendo a conside- ración de los otros, con un interés dialógico, conceptos y categorías que pudieran favorecer la intelección de un problema en común centrado en la gestión social del hábitat.
este proyecto nos llevó más allá del enmarque meramente acadé- mico, y nos puso en interlocución de saberes con los miembros de la asociación civil de chuluapan, ciudad guzmán, interesados en fincar sus viviendas en el cerro del mismo nombre. este espacio social de intercambio de saberes desde una horizontalidad sostenida a lo largo del proceso de varios semestres, la cual involucraba a diversos actores —colonos, estudiantes, maestros, funcionarios públicos—, desencade- nó en mí un proceso reflexivo sobre el papel que juegan los vínculos, y en ello las emociones sociales, para que un proyecto de esta naturaleza, autogestivo en gran medida, pudiera arribar a los horizontes esperados. también me llevó a reflexionar en grupo sobre la pertinencia de un acercamiento a campo más allá de los territorios disciplinares y de la academia misma, que propiciara el diálogo de saberes para la construc- ción colectiva de alternativas ante problemáticas sociales relaciona- das con la pobreza y, en este caso en particular, con la posibilidad de contar con una vivienda digna y un entorno urbano en armonía con la naturaleza.
la investigación realizada en la maestría, de igual manera, me con- dujo a tomar conciencia de la complejidad de la pobreza urbana, su carácter multidimensional y diversas aristas insuficientemente abor- dadas, que tienen que ver con lo emocional y los vínculos sociales
en el ámbito familiar y más allá de este, en las relaciones vecinales y comunitarias. Me refiero en específico a las formas múltiples en que se experimentan, significan, expresan y regulan emociones en contextos marcados cotidianamente por la pobreza y la desigualdad, y la rela- ción de estas con las vincularidades sociales siempre en movimiento y recomposición.
estas inquietudes me hicieron buscar una formación en el campo de las ciencias sociales y en particular en la antropología social, así que ingresé al doctorado del centro de investigación y estudios su- periores en Antropología social (ciesAs–occidente), en donde realicé una investigación junto con un equipo conformado por tesistas de la licenciatura en psicología, centrada en el análisis de las subjetividades, las emociones y las redes sociales en mujeres y familias en condiciones de pobreza extrema en un asentamiento irregular en la zona metropo- litana de guadalajara.
Mi búsqueda, resultado de un ejercicio colectivo, estaba centrada en encontrar elementos epistemológicos, teóricos y metodológicos que me permitieran dar cuenta de las formas en que las emociones, en tanto configuraciones socioculturales, están presentes en el campo de lo subjetivo y lo intersubjetivo a través de los significados y formas de producción de sentido, se experimentan en los cuerpos individua- les / sociales y se regulan de acuerdo con las fronteras simbólicas pre- sentes en la cultura; además, elucidar las posibilidades de establecer relaciones analíticas entre este campo de lo socioemocional, de los vínculos sociales que conforman las redes sociales tanto egocéntricas como exocéntricas, así como las estructuras macro que reproducen situaciones de opresión y desigualdad.
la inquietud entonces era poder aproximarme al “pegamento de lo social” que hace posible que se construyan y mantengan los víncu- los sociales y se elaboren narrativas generadoras de prácticas y pro- cesos de inclusión social aún en situaciones de precariedad, desven- taja socioeconómica y exclusión sociourbana en el marco de la vida cotidiana.
para mi investigación doctoral, abordé las emociones en tanto configuraciones socioculturales, con base principalmente en pers- pectivas socioantropológicas (coulter, 1989; swanson, 1989; Hochs- child, 1990; gordon, 1990; perinbanayagam, 1989; rosaldo, 1989; le Breton, 1999; pinheiro, 2003; Hupkins & kleres, 2009; enríquez, 2005 & 2008; reguillo, 2006; Becker, 2009; Vázquez, 2010, entre otros); las cuales me permitieron explicar, a partir de abordajes teórico–metodo- lógicos interdisciplinarios y transdisciplinarios, problemas contempo- ráneos que aquejan a nuestras sociedades, tales como la pobreza y la exclusión sociourbana, que demandan una lectura e interpretación de lo social que, desde el dominio de lo disciplinar, se abre a una migra- ción más allá de la disciplina misma, y transita a un diálogo entre los intersticios de las disciplinas y convencionalismos científicos, lo que da lugar a una construcción que incorpora en polifonías múltiples, na- rrativas que devienen del arte, las ciencias y los saberes “no expertos” que acontecen en el flujo de la vida cotidiana.
la transdisciplina, y con ello la colocación del estudio de las emo- ciones y las redes sociales desde esta perspectiva, trasciende las apro- ximaciones interdisciplinarias porque
[...] no busca manipular lo que sucede al interior de la disciplina sino lo que sucede cuando ella se abre, o mejor se quiebra. es por tanto una ruptura de otro nivel: aquel que desborda las disciplinas
sacándolas de sí mismas: con lo que transdisciplinar significa un
movimiento no de mera descentralización sino de descentramiento de lo disciplinar, movimiento de apertura no meramente táctica sino de pérdida de fe en sí misma, que es lo que sucede cuando una disciplina empiezan a sentir que no es dueña de su objeto. no solo quiebra–abre las disciplinas sino que la transdisciplina las desbor- da por el establecimiento de unas relaciones cada vez más densas no solo entre ciencias exactas y ciencias humanas o sociales sino de las ciencias con las artes, con la literatura, con la experiencia común, con la intuición, con la imaginación social. pues no se
trata solo de una interacción de discursos en términos de lógicas científicas sino también de la interacción de discursos en térmi- nos de diversidad de lenguajes y escrituras. para poder hablar de ciertos problemas, de ciertos fenómenos y procesos, se necesitan nuevas arquitecturas de lenguaje, capaces de abordar todo lo que excluyó del ámbito del conocimiento cierto principio de realidad (Martín–Barbero, 2005, p.4).
son entonces las emociones y las redes sociales, objetos de estudio especialmente susceptibles para ser abordados en espacios de inter- sección entre y más allá de disciplinas tales como la antropología social y la salud, la psicología social y la historia. Además, al enmarcarlas en su relación con la pobreza y la búsqueda de alternativas para la construcción de bienestar social, aparecen con fuerza disciplinas re- lacionadas con la política social y la salud pública. de esta manera, lo que se busca enmarcar, en tanto objeto de estudio, es un problema de investigación que no puede ser construido de forma unidimensional; que requiere en una primera instancia del dominio de lo disciplinar para abrirse a la interlocución productiva con otras disciplinas y otros saberes tradicionales, y del encuentro e interacción entre culturas que permitan un armado en términos epistémicos y teóricos consistente, y que garantice el arribo a conceptos y categorías teóricas y analíticas que den luz sobre las formas pertinentes para cercar el objeto de es- tudio, y que demanden una construcción colectiva en la cual la dimen- sión dialógica adquiere centralidad.
Así, lo que está en el núcleo de la transdisciplina es el cuestionamien- to del estatuto mismo del saber científico, de cara a la supervivencia de las sociedades contemporáneas (Carta de la Transdisciplinariedad, 1994; Martín–Barbero, 2005), donde la pobreza persistente e histórica en países como el nuestro es uno de los problemas más lacerantes que pone en entredicho los conocimientos parcelarios y fragmentados, y demanda una lectura crítica desde el ámbito de lo ético, por tanto de la justicia social y del respeto a los derechos humanos.
Abordar las emociones en tanto construcciones sociales, y enfocar el análisis de los malestares emocionales, en particular de aquellos que viven en condiciones de exclusión socioeconómica, nos devela las formas en que el saber científico–hegemónico entra en complicidades múltiples con el complejo tecnoindustrial. Me refiero a las formas de mercantilización del sufrimiento, del crecimiento desmedido de las grandes empresas farmacéuticas, de la individualización del bienestar emocional y social, de la privatización de riesgos; que sitúan al sujeto contemporáneo como ausente–desprovisto de certidumbres mínimas para enfrentar la precariedad y que, además, le responsabilizan sobre su realidad y su destino, y le llevan, en muchos de los casos, a la medi- calización de sufrimientos que tienen un correlato social innegable con situaciones de opresión, desigualdad y precariedad en que acontece la vida cotidiana para muchas mujeres y hombres de nuestros entornos urbanos marginales.
en este contexto surge la inminente necesidad de un nuevo modo de reflexividad que permita a nuestras sociedades pensarse a sí mis- mas como problema (Martín–Barbero, 2005). una sociedad reflexiva que sea punto de encuentro entre los saberes expertos y aquellos que tienen su origen en el saber social, en la experiencia de vida, en la in- tuición y en la sabiduría que emerge desde la resolución cotidiana de los problemas inmediatos y de largo aliento.
el acercamiento al fenómeno de la pobreza y la exclusión social urbana desde la dimensión socioemocional demanda la búsqueda de producción de conocimiento colectivo situado en coordenadas es- pacio–temporales específicas; sobre todo conocimiento de alta per- tinencia social que favorezca, en un entorno reflexivo y dialógico, la construcción de alternativas para la resolución de problemas que tie- nen que ver con rezagos sociales importantes en materia de alimenta- ción, salud, vivienda, trabajo y acceso a servicios públicos y seguridad social.
Acercarse al rostro emocional y social de la pobreza urbana, desde el marco de la transdisciplina, implica dar cabida a las formas múltiples
en que los sujetos contemporáneos expresan desde sus cuerpos, voces, silencios, formas de vincularse y también de conmoverse frente a su andar por el mundo que habitan. recuperar esos registros socioafecti- vos que emergen en el contacto con el otro, alteridades múltiples, son elementos sustantivos para el análisis social contemporáneo y, sobre todo, para la búsqueda, implementación y evaluación de alternativas que lleven hacia un bienestar social incluyente.
el giro hacia lo afectivo tiene que ver con el análisis de aquello que alimenta y acuerpa–contiene lo social; tiene que ver también con la configuración de saberes que integran a las ciencias con las artes, a la intuición con la razón, y sobre todo a la posibilidad de fortalecer colectivamente aquellas emociones sociales que conecten a los seres humanos entre sí hacia narrativas y prácticas solidarias, esperanzado- ras y evocadoras de bienestar colectivo.
el construccionismo sociocultural de las emociones aporta disposi- tivos teórico–metodológicos que potencian las posibilidades de develar lo que hoy en día se encarna a través de lenguajes múltiples, en emo- ciones públicas tales como el amor, el miedo, la tristeza, el desamparo, la soledad, la ira, el rencor, la intolerancia, la aversión, el odio, la indi- ferencia, la crueldad, la venganza, la vergüenza, la culpa, el perdón, la reparación, la solidaridad, la reconciliación, la generosidad, la dicha, la paz y la esperanza; más allá de polaridades posibles e imaginadas.
en este sentido, el ámbito de lo subjetivo está ligado con lo estruc- tural; la agenda de lo individual está vinculada con la agenda de lo social; las dinámicas socioeducativas, socioeconómicas, sociopolíti- cas, psicosociales y socioculturales se expresan en la redundancia contemporánea de ciertas emociones que adquieren concreción de acuerdo con las especificidades regionales de nuestro mundo y del transcurrir de los muchos mundos en que vivimos el acontecer com- plejo de la vida cotidiana.
el estudio de las subjetividades / intersubjetividades en diálogo con lo estructural (rosaldo, 1989; zemelman, 1997; carrizo, 2004; Arfuch, 2006, entre otros) implica el acercamiento a la reflexividad. el aná-
lisis de las emociones sociales y sus formas múltiples de regulación es central para comprender la reproducción, o bien la impugnación del orden social. Así, la reflexividad orienta sobre las formas posibles de interpretar las emociones, e implica una capacidad cognitiva y emo- cional que emana y se desarrolla en el vínculo con la “otredad” y el mundo social en su complejidad (Holmes, 2010).
en el análisis de las emociones sociales interesan aproximaciones interdisciplinarias que enfatizan, bajo modalidades diversas y con in- tensidades diferenciadas, la innegable dimensión sociocultural y por tanto la desnaturalización de los contenidos emocionales y las formas de regulación de estos (Armon–Jones, 1986; 1986a; coulter, 1989; swan- son, 1989; Franks & Mccarthy, 1989; Hochschild, 1990; gordon, 1990; le Breton, 1999; enríquez, 2005; 2008; 2011; reguillo, 2006; turner, 2007; Bec- ker, 2009; pinheiro, 2009; Vázquez, 2010; Ferreira & scribano, 2011, entre otros). de esta forma, las emociones son percibidas como proveedoras de sentido y orientación en el mundo (döveling, 2009), como elemen- tos medulares para la interpretación de lo social a través de códigos culturales particulares (kleres, 2009).
resulta una tarea sustantiva el análisis detenido de los procesos de configuración y reconfiguración de las emociones sociales en las sociedades contemporáneas, que por fuerza tiene que ver con pro- cesos históricos revisitados a partir de la mirada analítica de género, generacional, intergeneracional, y de la perspectiva construccionista sobre las emociones. la mirada, según döveling (2009), está centrada en la significación de las emociones como construcciones sociales, así como en sus formas de regulación para la reproducción o tras- formación del statu quo, en especial de las condiciones de opresión, marginación y exclusión social. las emociones se construyen en la referencia recíproca que emana de la interacción social cotidiana y generan proximidad / distancia y la posibilidad de intimidad. es por ello que las emociones interesan como fenómenos públicos, y en su expresión vinculante con situaciones sociales y dimensiones macroes- tructurales.
interesa también el planteamiento de Hochschild (2009) sobre las formas diversas en que son utilizadas y reguladas las emociones para la mercantilización del bienestar y la privatización de viejos y nuevos riesgos individuales / sociales como la inseguridad, la violencia, la desafiliación social e institucional, la muerte y los lutos (pinheiro, 2003), los miedos (pinheiro, 2008), las enfermedades y los malesta- res / bienestares emocionales.
Becker (2009), quien suscribe el concepto de regulación emocional, lo vincula al marco de la modernidad para develar las relaciones entre emociones sociales particulares y las nuevas modalidades disciplina- rias de autocontrol y evitación de fenómenos disruptivos. destaca en la actualidad, y ante la tendencia hacia la construcción de sociedades cada vez más individualizadas e individualizantes, los medios masivos de comunicación y su rol determinante en la definición de la agenda emocional y la cohesión (pegamento de lo social) de los grupos socia- les (döveling, 2009). Movimientos nacionales e internacionales como “refugio solidario” no pueden ser comprendidos en su complejidad sin el análisis de emociones sociales tales como el coraje, la indignación y la búsqueda de dignidad humana ante las injusticias globales como los desplazamientos humanos y la violación de los derechos humanos. el poder simbólico de emociones emparentadas con la solidaridad social favorece la redensificación de los vínculos sociales ante el des- dibujamiento de las instituciones del estado, y con ello la procuración del bienestar social y la exigibilidad del respeto a los derechos huma- nos. los movimientos que descentran los procesos de individualiza- ción y desplazan la atención de los colectivos hacia la necesidad de revisitar “el don” (caillé, 2002; Martins & campos, 2006, entre otros) adquieren cada vez mayor fuerza y crecen de manera exponencial a través de las comunidades virtuales que trastocan nuestras nociones, escalas y categorías de análisis tradicionales y nos demandan un acer- camiento transdisciplinario a la altura de los aconteceres y problemas sociales contemporáneos, en especial sobre aquellos que ponen en riesgo la posibilidad de una vida digna para todos.
goodman (2009) ejemplifica prácticas con poderoso carácter simbó- lico, las cuales denotan contenidos emocionales inequívocos como el “lanzamiento de flores” dentro de los centros de detención de los des- plazados en sociedades como la australiana. en organizaciones sociales como “refugio solidario internacional”, el propósito busca arribar a la apertura total de las fronteras para garantizar la inclusión social de los desplazados; la premisa central se asienta en que no hay, por tanto, diferencias entre ellos y nosotros; las fronteras son percibidas en este sentido como elementos al servicio del poder.
las dimensiones sociales de la emoción se relacionan con su origen, tiempo, estructura y cambio. las emociones sociales se objetivan a través de un vocabulario emocional en correspondencia con matrices socioculturales (gordon, 1990), se manifiestan en formas rituales, se expresan en formas metafóricas y atienden a reglas de los sentimientos para su regulación (Hochschild, 1990). en el construccionismo social moderado (Armon–Jones, 1986a) interesan entonces las normas, las creencias, los valores y las situaciones sociales asociadas a las emo- ciones sociales.
los cuerpos, las emociones y las formas múltiples de exclusión en las sociedades contemporáneas son ejes analíticos que han dado lugar a diversos estudios (scheper–Hughes, 1997; enríquez, 2008; ló- pez, 2010; Ferreira & scribano, 2011; d’hers & galak, 2011, entre otros) y que hoy adquieren relevancia para comprender las formas en que habitamos, sentimos y convivimos con nuestros entornos naturales y sociales.
la generación de conocimiento emocional y socialmente pertinen- te, desde el camino de la transdisciplina, es hoy un asunto central en la agenda “de lo pendiente / urgente”. requerimos por ello ras- trear desde la sensibilidad, la intuición, la estética y la inteligencia, en contextos de cooperación, de diálogo y colaboración, las emociones, en tanto orientadoras y productoras de significados, que crean y recrean el vínculo social y generan la colectivización del bienestar y de la seguridad social.
por último, la transdisciplina es sobre todo un proceso, una forma de caminar en el ejercicio riguroso de construcción colectiva de cono- cimiento socialmente pertinente, y es también una convocatoria a la puesta en común de saberes que devienen de fuentes diferenciadas y, que desde un ejercicio dialógico sistemático y profundamente reflexi- vo, alentador de horizontalidades, puede estimular la construcción de nuevos saberes, y desde ello favorecer la formulación de alternativas de largo aliento a los problemas que aquejan a nuestra sociedad. reFerenciAs
Arfuch, l. (2006). las subjetividades en la era de la imagen: de la res- ponsabilidad de la mirada. en i. dussel & d. gutiérrez (comps.),
Educar la mirada. Políticas y pedagogías de la imagen (pp. 75–84).