3.3 Interpretative phenomenological analysis
3.3.3 Interpretative phenomenological analysis and hermeneutics
El interés del entrevistador está en observar los cambios que se presentan en tales juegos de actitudes: en observar qué es lo que está mejorando o empeorando de la situación. Naturalmente, algunas veces el entrevistador tiene la impresión de que hay poco o ningún cambio. Tal vez durante el comienzo de la entrevista y el reconocimiento, el entrevistador ha desarrollado, por lo menos hasta donde él puede juzgarlo, impresiones del entrevistado, que resultan bastante exactas. Quizá el entrevistado empezó mostrándose una persona altanera. Conforme va progresando la entrevista todavía parece Como Si creyera que el entrevistador fuese uno de los mayores dolores de cabeza que ha tenido la desgracia de encontrar; no se produce ni el más mínimo cambio. Estas situaciones en las cuales parece no haber alteración particular alguna en la actitud del informante, en el curso de una entrevista bien conducida, son de un profundo significado, por razones que confío poder aclarar un poco más adelante. Como es natural, algunas veces el psiquiatra ve una persona mutuamente respetuosa, que revela un respeto de sí mismo y parlo tanto de la otra persona tan evidente, que el entrevistador piensa: “Bueno: la verdad es que no me explico qué puede necesitar este hombre de un psiquiatra”. Algunas veces, la respuesta es que esas personas no buscan curas, sino empleos o cualquier otra cosa, pues la entrevista psiquiátrica se utiliza para muchas cosas además de encontrar la curación. Una actitud de autorrespeto razonablemente clara,
en la cual se muestre también respeto a la otra persona —el uno no existe sin el otro— no es probable que experimente mucho cambio durante una entrevista o serie de entrevistas, a no ser que el entrevistador constituya un desencanto muy serio para la persona que posee este autorrespeto.
Además de advertir cambio, y de tener alguna idea sobre qué es ese cambio, en términos de lo que se ha mejorado, lo que ha empeorado o lo que no ha mostrado cambio alguno, el entrevistador trata de recoger, más o menos automáticamente, impresiones sobre cuál ha sido, de sus propios actos, el que ha influido en le cambio. Si la situación es mala —es decir, si la entrevista es dura por cualquier motivo— conviene que el entrevistador tenga alguna idea sobre qué operaciones suyas son responsables del fracaso en ¡oque respecta a producir algún cambio, aun cuando pueda haber pensado que aquellas operaciones estaban bien ajustadas para un mejoramiento de la situación. Si sabe lo que estaba tratando de hacer, y si le es posible estudiar — en bien de otras cosas, por así decirlo— cuánto bien hizo, cuán rotundamente fracasó, o cuán dramáticamente triunfó, entonces poseerá importantes datos relacionados con el sistema de motivación que caracteriza al entrevistado.
Como ya he sugerido antes, el entrevistador tendrá una impresión general del cambio de impresión del informante respecto a él, revelado por la actitud del informante. En este cambio existen tres zonas, por así decirlo, de importancia capital. En primer lugar, el entrevistador puede preguntarse: ¿Se está impresionando el paciente ante la pericia en relaciones interpersonales que está revelando el terapeuta? En segundo término: ¿Aprecia cada vez más el paciente al terapeuta, como una persona comprensiva? Es decir, ya sea el terapeuta cordial o severo, ¿muestra interés alguno en no herir los sentimientos del informante, o más exactamente, rinde todo el respeto que le es posible a la necesidad de sentir propia estimación que experimenta el informante? Como indicación de ¡oque quiero decir por ‘comprensiva”, consideraremos una situación en la cual un terapeuta, por un motivo u otro, está interrogando a una persona de diecisiete años sobre los detalles de su vida sexual. Algunos entrevistadores formularían preguntas bruscas, que podrían servir al propósito de dar al o la adolescente ideas nuevas respecto a posibles aventuras sexuales que a él o ella no se le habían ocurrido antes, pero por regla general el resultado principal sería producir tal ansiedad que el adolescente no podría ni siquiera tartamudear, y como es natural no se produciría nada beneficioso, ni visible, ni audiblemente. Otros entrevistadores, colocados ante una situación idéntica, pondrían tanto cuidado que lamentablemente no les seria posible obtener tampoco información útil alguna; aun cuando creyesen lo contrario, una indagación posterior revelaría que no la habían obtenido. Así, la persona realmente comprensiva no se muestra tan tierna hacia el entrevistado que le prohíba hacer lo que ha ido al consultorio a hacer, pero al mismo tiempo, trata de oponer las menores dificultades posibles en ese sentido, aun a costa de parecer muy frío y remoto. La tercera pregunta importante respecto a la impresión del paciente sobre el entrevistador, es la que sigue. ¿Parece él sentir una simplicidad de motivación en el terapeuta, es decir, que el terapeuta se interesa solamente por lo que se refiere a realizar una labor competente? En otras palabras: ¿hasta qué punto parece considerar el paciente que el terapeuta está principal- mente preocupado por la obtención de datos válidos, con base en los cuales podrá llegar a conclusiones válidas sobre él y sus problemas; y hasta qué punto parece pensar que el terapeuta obra impulsado por motivos ulteriores?
La tarea de apreciar los cambios en esas zonas es muy importante. Hasta dónde el paciente parece estar más y más impresionado por la experta capacidad o destreza del doctor, y más y más aliviado por su comprensiva manera de hacer las cosas, y perfectamente convencido de que el doctor no tiene objetivo alguno que no sea el de determinar quién es el paciente y qué es lo que le aqueja, hasta ahí la obra seria de la entrevista se facilita bastamente, y las dificultades de la personalidad del paciente serán presentadas cada vez con menos desgaste para el doctor. Cuando esas impresiones no son tan favorables, los datos son presentados de tal manera que su interpretación resulta más difícil, puesto que hay menos libertad de movimiento en el campo interpersonal, es decir, la capacidad de expresarse del paciente está más restringida.
IMPRESIONES COMO HIPÓTESIS QUE DEBEN