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1. to gain knowledge of through one of the senses; discover by
2.7 Interpreting Social Impact through a Visual Framework
Los desarrollos teóricos que hiciera Jacques Lacan en torno al problema de las psicosis están determinados por dos conceptos esenciales que extrajo de su retorno a la lectura de la obra de Freud. Estos dos conceptos son: la Forclusión (Verwerfung) y el Nombre-del-Padre. A continuación se comenta la utilización que Lacan les diera para determinar una primera comprensión de las psicosis en su concepción de la clínica; antes de pensar las consecuencias teóricas que tiene la idea de la pluralización de los Nombres del Padre y la concepción del desanudamiento del nudo borromeo, en los desarrollos propuestos por la ya nombrada segunda clínica lacaniana.
La primera clínica propuesta por Lacan, que se aborda en este apartado, tiene en cuenta la relación que existe la falla de la función dialéctica de síntesis del yo y el concepto de forclusión del significante del Nombre-del-Padre. Se hace necesario aclarar algunas ideas importantes antes de entrar en los desarrollos planteados para este apartado.
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Comencemos por decir que el concepto de Verwerfung ha sido traducido al castellano como forclusión o preclusión70. El concepto aplicado nos indica, a muy grandes rasgos, que el proceso por el cual se produce en el sujeto una falla de la función simbólica, no es otra cosa que la consecuencia estructural directa de la forclusión del significante del Nombre-del-Padre, comprendida como falta de la significación fálica, o de una parte de la articulación estructural yoica que permite para el sujeto la función dialéctica de síntesis, cooperación del yo-placer y el yo- realidad.
Por otra parte, tenemos el concepto de Verneinung, traducido como negación. Concepto que es entendido como el mecanismo por medio del cual se establece, en la estructura, la posibilidad dialéctica que da cabida a la función de síntesis del yo; en tanto en cuanto, dicha negación es el fruto de una afirmación psíquica que se hace, paradojalmente, a condición de ser negada. Es por medio de la negación que ingresa la realidad para el viviente, y por la cual se establece para el sujeto la posibilidad del juicio; paso del proceso primario al secundario de pensamiento, paso del yo-placer al yo-realidad. Por tanto, es aquello que permite el despliegue de la represión primaria, y que se ejerza sobre eso originalmente negado, es decir, una primera defensa.
Es esta la lógica que debe regir, según Freud, el devenir de la vivencia de satisfacción, ya que será, vía la negación, como se logra instaurar en la estructura la prohibición que más adelante dará cabida a la castración y al goce fálico, es decir, lo que permite el paso de la alucinación de la satisfacción a la apercepción del mundo exterior donde se encuentran los objetos. Esto quiere decir que, con la negación, se admite para el sujeto el despliegue de la función dialéctica de síntesis del yo, a la vez que el despliegue del juicio de atribución y de existencia, lo que en último término le da paso al principio de realidad.
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Ahora bien, y en relación directa con lo anterior, encontramos en esta parte de la teoría de la negación en Freud la noción de Bejahung, que significa en castellano, algo así como una inscripción, una marca, que es aquello que en la negación misma se firma, y por tanto, una afirmación en lo real que posibilita la articulación con lo simbólico, por la mediación del proceso que la negación introduce en la estructura. -Primer anudamiento de los tres registros, si se quiere-. Ahora, podemos establecer la relación y la importancia de la Negación (Verwerfung) y la Bejahung que plantea Freud en el texto: “Die Verneinung” de 1925, y que nos permitirá aclarar cómo se comprende el mecanismo que cede a la Forclusión (Verwerfung) del significante del Nombre-del-Padre.
Pues bien, en términos de la lógica de la Negación, es ella la que permite al sujeto tomar una cierta distancia de la bejahung original, es decir, que puede afirmarse el juicio sobre su existencia sólo a condición de que, la bejahung halla sido afirmada por medio de su negación. Es lo que Freud comprueba al decir que la negación contiene dentro de sí una afirmación que existe solo a condición de haber sido negada.
Esto nos permite sin embargo decir que la bejahung misma puede establecerse sin la condición de la negación, ya que ella es el fruto de la vivencia de satisfacción, -lo contrario sería imposible-, y es esto lo que se comprueba en la satisfacción alucinatoria que ella acarrea para el sujeto; pero sería en este último caso una bejhaung o una huella (S1) sin una inscripción real, débil, y sin el sentido significante que le acarrearía su negación, es decir, la articulación con un otro significante (S2), cadena significante por tanto, que permite la asunción del sujeto y la aparición del objeto a.
Todo esto implica introducir una diferencia entre las estructuras clínicas. Para las neurosis, existirá una bejahung que fue afirmada por una negación primordial, en tanto aparición del juicio de algo que, paradójica e inicialmente, es negado por el
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sujeto, y que se acuña a nivel del inconsciente a la manera de la represión primordial. Esto no es más que la marca que deja la castración para la estructura, como aquello que inaugura la represión y que posteriormente dará paso a la represión propiamente dicha, es decir, a la cadena significante.
Por su parte, para las psicosis, existirá una bejahung que nunca fue negada (S1 sin S2), falla de la negación que tiene como consecuencia la imposibilidad de operar, para el aparato psíquico, con la función de la prohibición de la castración. El resultado de esto, de la forclusión del significante del Nombre-del-Padre, como imposibilidad para operar psíquicamente con la función dialéctica de síntesis del yo, es lo que se ve reflejado en los fenómenos sintomáticos propios de las psicosis; y es lo que Freud subraya como el conflicto entre el yo y el mundo real, y frente a la que el sujeto se defiende en el despliega delirante, al desanudamiento significante.
La forclusión entonces, a la luz de esta lógica, se entiende como la falla de la dialéctica del juicio, que se inaugura por la falla en la negación de la bejahung. La bejahung queda intacta al interior del sujeto, no es negada, y su afirmación queda supeditada a las formas de la alucinación, es decir, a retornar desde lo real. Es la castración, como interdicción al desenfreno de la bejahung, lo que le permite al sujeto no entregarse a la alucinación, y dirigir su atención a la realidad, pasar del principio de placer al principio de realidad del yo-placer al yo-realidad. He aquí pues el espacio donde pueden pensarse las consecuencias de la operación fallida de la negación, y con ello, la operación propia de la forclusión; es decir, entender las consecuencias que tiene la falla en la función dialéctica de síntesis del yo que la forclusión del Nombre-del-Padre tiene como consecuencia.
Ahora bien, aclaremos el concepto de Nombre-del-Padre para luego ponerlo en relación con la forclusión. El Nombre-del-Padre es el significante que inaugura y ordena la cadena de sentido, es este el significante que permite la puesta en juego
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de la condensación y el desplazamiento, de la metáfora y la metonimia, y por tanto de las operaciones simbólicas. Este significante es, a su vez, el que da paso a la renuncia necesaria a esa bejahung, y que en otras palabras puede relacionarse al concepto de Das-ding, aquel que Lacan identificará en el seminario sobre la ética como la madre en tanto cosa.71 Es este significante, por tanto, el que permite al sujeto el paso del Deseo de la Madre al significante del Nombre-del-Padre, fórmula del sujeto que Lacan desarrolla en el texto: De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis (1955-56) en la página 534.
Veamos ahora la fórmula que Lacan plantea para la Metáfora Paterna, y porque nos referimos al padre y a la madre:
Nombre-del-Padre . Deseo de la Madre Nombre-del-Padre A Deseo de la Madre Significado al sujeto Falo
Lo que la anterior fórmula nos muestra, puesto en relación con la psicosis, es que la forclusión será el rechazo del significante del Nombre-del-Padre, en tanto la falla de dicho significante es lo que marca el agujero en las psicosis, que, siguiendo la lógica misma que lo determina, no es más que la hiancia que queda en la estructura por la falla de la operación de la negación que se ejerce sobre la bejahung primordial. Esto quiere decir, que el agujero se inscribe allí donde se le
da “sentido” al Deseo de la madre, o en otras palabras, a la cosa (Das-ding), o lo que se encuentra detrás de este deseo materno: la relación del significado al sujeto y el falo; que se expone en la operación lógica propuesta por Lacan, también llamada en otros lugares de su obra Metáfora del sujeto.
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LACAN, Jacques. Seminario 7: La ética del psicoanálisis. Ed. Paidós. Buenos Aires. 1988. Pág. 57-88.
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La forclusión es en esta perspectiva la marca que deja la falla en la tachadura de un suceso que no podrá ser recordado más que de manera alucinatoria, es decir, que será puesto por el sujeto, por la imposibilidad de su tramitación, en lo real, retornándole de ese lugar en forma de alucinaciones, en los fenómenos elementales, en los fenómenos hipocondríacos y en los fenómenos de lenguaje. Esta falla, que a la vez es un rechazo, y que el mismo Lacan inscribe como determinante en las psicosis, no es una forclusión cualquiera, es como tal, el rechazo del significante que articula real, simbólico e imaginario, el significante que permite la entrada al mundo simbólico y a la modulación de la realidad psíquica; en cuanto ordenador de la ley simbólica y la ley fálica. Lo que antes nos permitió ver la influencia reciproca que tiene, en el concepto de forclusión, la idea de la falla en la función dialéctica de síntesis del yo como consecuencia estructural de la forclusión misma.
Citemos a Lacan para demostrar lo que se quiere desarrollar aquí. En el texto Introducción al comentario de Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud, Lacan se ocupa del problema de la relación que existe entre la negación y la forclusión en Freud. El Dr. Lacan nos dice:
“El proceso de que se trata aquí bajo el nombre de Verwerfung se sitúa muy precisamente en uno de los tiempos que el Sr. Hyppolite acaba de desbrozar para ustedes en la dialéctica de la Verneinung: es exactamente lo que se opone a la Bejahung primaria y
constituye como tal lo que es expulsado.”72
Y continua en la misma página del texto:
“La Verwerfung pues ha salido al paso de toda manifestación del orden simbólico, es decir a la Bejahung que Freud establece como el proceso primario en que el juicio atributivo
72 LACAN, Jacques. Escritos 1. Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la Verneinung de Freud. Ed. Siglo XXI. México. 1984. Pág. 372
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toma su raíz (...)”73.
Y más delante nos dice:
“Pero ¿qué sucede pues con lo que no es dejado ser en esa Bejahung? Freud nos lo ha dicho previamente, lo que el sujeto ha cercenado (verworfen). Así, decimos, de la abertura al ser no volverá a encontrarse en su historia si se designa con ese nombre el lugar donde
lo reprimido viene a reaparecer.”74
La negación de la bejahung está en la base del juicio, función dialéctica sobre la cual se establece el juicio de atribución y de existencia, mecanismo que a la vez recorta el goce dejando el agujero central para que se instalen los objetos a; mas también, lo que permite a su vez que en el sujeto se articulen los significantes y se anuden los tres registros. Es aquello que por medio de su operación, por un lado, da la medida de la aceptación de la cualidad de la cosa (Das-ding) y de la imagen de la misma (identidad de percepción), y por el otro, la posibilidad de ligar dicho signo con un objeto en el exterior que lo represente, como sustituto objetivo de la satisfacción alucinatoria, a la cual se entregaría mortalmente la criatura si este proceso de negación fallara, paso fundamental de lo cuantitativo a lo cualitativo, del cuantum a la cualidad de cosa.
Es esto lo que Lacan formula en la relación que se establece entre el S1 y el S2, en tanto elementos mínimos para la articulación de una cadena significante. Pero aquello que se muestra en la imposibilidad para el psicótico de dialectizar los significantes; lo que el mecanismo de la forclusión demuestra: la dificultad para el sujeto de articular presentación-cosa y representación-palabra en una representación-objeto idónea y acorde al principio de realidad, desarticulación del S1 y el S2, y al fin, del sujeto y el objeto a. Es lo que explicaría, como ejemplo, los fenómenos hipocondriacos.
73 Ibíd. 372 74 Ibíd. Pág. 373
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La forclusión del significante Nombre-del-Padre deja sin tramitar a la bejahung, lo que termina por impedir la instauración, en el yo del sujeto, de la estructura significante sobre la que se asientan los procesos de sustitución metafórica que se articulan en lo simbólico. Esto no es otra cosa que las posibilidades dialécticas y de conjunción significante que permite desplegar en el aparato psíquico este significante del Nombre-del-Padre; en cuanto con ello puede elaborarse, y con esto elevarse la cosa (Das-ding) a la categoría de un objeto (Sache), y remitir la palabra al sentido (Wort).
Es esto lo que también puede aplicarse, en la lógica plateada por Freud sobre los objetos de la libido, en la relación del psicótico con la realidad objetiva. Y aquello que arroja comprensión sobre los fenómenos especulares o narcisistas que caracterizan a las psicosis, si tenemos en cuenta que el yo también es un objeto de la libido; lo que nos permite comprender la estructura particular que tiene el yo en las psicosis, lo que se refleja en la erotomanía y en la megalomanía, y de manera negativa, en la melancolía.
Se hace necesario hablar ahora de la manera como se concibe el juicio para el psicoanálisis freudiano, y sobre la lógica psíquica que se encuentra en el texto sobre la negación. Para Freud, el juicio humano se establece por la interrelación que el aparato anímico puede establecer, por un lado, entre las sensaciones y las percepciones, y por el otro, entre las presentaciones y las representaciones, en cuanto operación dialéctica y sintética; lo que es asumido de ahora en adelante por el yo del sujeto, gracias a la relativa organización y al proceso que la negación misma establece para el aparato psíquico.
Expliquémoslo detalladamente: Por un lado, el juicio de atribución, como un primer momento lógico del juicio, muestra al viviente las posibilidades para darle a los objetos que provienen de la vivencia de satisfacción, y que se acogerán en el
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aparato psíquico, las cualidades y los atributos; en tanto en cuanto, estas cualidades no serán otra cosa que el resto o la marca de la experiencia misma de displacer-placer que dicha vivencia prodiga al viviente, y de lo que se desprende pues una primera forma de presentación del objeto. Es esta operación lógica lo que posibilita de entrada la existencia y la acuñación psíquica de la bejahung primordial, y lo que facilita a nivel psíquico, el paso de lo que una vez fue cantidad a cualidad, el yo-placer (Lustich)75.
En un segundo momento lógico, se da paso al juicio de existencia, modalidad del juicio al que es sometido el signo del objeto de la satisfacción antes inscrito, mas como aquello que le permite al viviente, como su nombre lo indica, darle la posibilidad a las cualidades del objeto para que existan en el exterior, de manera acorde a la realidad o acorde ahora al nuevo yo-realidad emergente.
Si todo este proceso que va del juicio de atribución al juicio de existencia se da a cabalidad, y se termina por articula de manera relativamente coherente el yo-real (Realich), no es más que el resultado de la negación que se establece entre la primera modalidad del juicio y la segunda, es decir, al bucle completo al que ha sido sometida la vivencia de satisfacción, y su resto, la bejahung. La lógica de la vivencia de satisfacción, como se ve, está en el núcleo y en la génesis de todo este movimiento psíquico; movimiento que termina por organizar el funcionamiento del aparato sensorio-perceptual (Realich), y por tanto, darle paso a la función dialéctica de síntesis del yo. Funciones necesaria para que el sujeto pueda discriminar y usar, de manera más o menos coherente, a las presentaciones, las representaciones y las percepciones, y dirigir ahora su atención a la elección de un objeto exterior que sea aceptado ahora por el yo del sujeto (Gesamthich).76
75FREUD, Sigmund. Introducción del narcisismo. Tomo XIV. Ed. Amorrortu. Buenos Aires. Pág. 71- 98.
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El resultado de toda esta operación funcional deja como resto el objeto (sache) del deseo y de la libido, objeto que de ahora en adelante se buscará en la realidad exterior desde su correlato interior, fundamentos entonces del objeto a. La negación y el juicio permiten que el objeto exógeno exista y se acomode a los atributos endógenos del mismo. Es esto lo que Lacan plantea en la relación que se establece entre sujeto y objeto en la banda de Moëbius: el sujeto se encuentra en exclusión interna de su objeto; y que se expresa también en la interioridad- exterioridad que la banda demuestra en su especialidad física.77 También es lo que Freud comenta, de una u otra manera, en su texto sobre lo ominoso, refiriéndose a aquello que para el sujeto es, a la vez, lo más íntimo y lo más extraño y extranjero (lo éx-timo).
Con lo explicado anteriormente podemos hacer de nuevo, en este lugar, una breve diferenciación clínica entre neurosis y psicosis. En las neurosis, la negación de la bejahung, que está en el núcleo del surgimiento del proceso secundario, es lo que permite la asunción por parte del sujeto del principio de realidad, que da, en todo este proceder, la posibilidad de la utilización de los procesos de desplazamiento y condensación, como formas de ligar la energía que se muestra libremente móvil y que es atribuible a la bejahung misma. Se previene así con la represión primaria, y con la negación, la satisfacción alucinatoria y el despliegue no atemperado ni tramitado de las pulsiones, es decir, su libre movilidad y las consecuencias que ello acarrea para el sujeto. Funciones que la negación instaura para el sujeto, como aquello que permite sintetizar en una representación-objeto (Objektvorstellung), al objeto de la satisfacción una vez alucinado (Das-ding) más el objeto al que se le cedieron atributos y existencia en la realidad (Sache).
Ahora bien, con respecto a las psicosis, lo que es rechazado, expulsado, forcluido, en tanto es lo que le retorna al sujeto de lo real, es ese S1 (bejahung); elemento