4.16. SRI of Matthew chapter 7
4.16.2. Intertexture in Matthew 7
1- La Tierra no es el centro del Universo, ni es el planeta más grande.
En todos los planetas que haya condiciones físico-químicas similares a las de la Tierra, hay la misma probabilidad de que se haya formado vida como la nuestra. Hay mundos más atrasados que la Tierra, y también los hay muy superiores, apropiados a los diferentes grados de adelanto de los espíritus y donde las formas corporales pueden ser muy diversas, tal como ocurre en la Tierra con los microbios, plantas, aves, peces, etc. Ya lo decía Jesús: En la casa de mi Padre, muchas mora-
das hay. En las regresiones hipnóticas hemos encontrado que también
hemos vivido en otros planetas (hemos sido extraterrestres).
2- Somos espíritu con cuerpo. El espíritu no tiene sexo. El cuerpo es
un medio de expresión y de adquisición de experiencias. El perfeccio- namiento del espíritu es fruto de su propio esfuerzo. No pudiendo en una sola existencia adquirir todas las cualidades morales e intelectua- les que deben conducirlo al objetivo, lo alcanza por una sucesión de existencias, y en cada una avanza un poco en el camino del progreso. Cada existencia es con un cuerpo distinto: de hombre, de mujer o de extraterrestre.
3- La muerte es el fi nal de un cuerpo y el retorno del espíritu a la Luz,
una dimensión en la que se siente, pero que no se tiene cuerpo de materia que conozcamos. El tiempo en ese bardo o dimensión entre una vida material y la siguiente, es variable. Cuando un paciente en regresión se refi ere a este estado intermedio, puede decir que todavía está cerca de sus seres queridos (cuando hay apegos), que está en la luz y que todo es paz, o que siente que está en la oscuridad y vacío (este estado se manifi esta después de un suicidio).
4- El cielo y el infi erno no existen. No son lugares físicos a los que va-
yan los espíritus a gozar o sufrir infi nitamente. Son simples metáforas para representar estados psicológicos de éxtasis o depresión profunda, que se pueden tomar como celestiales o infernales, tal como lo afi rmó el Papa Juan Pablo II a nombre de la Iglesia Católica.
Y ahora resulta que su sucesor, Benedicto XVI, estuvo diciendo que sí existen tales lugares, lo cual demuestra que los Papas se equi-
vocan también en cosas de fe, que no son infalibles y que no tienen
esa supuesta conexión directa con Dios. Y con tales metidas de pata, tuvo que renunciar para dar paso al Papa Francisco de Argentina.
5- En cada existencia corporal, el espíritu debe llevar a cabo una la- bor en proporción con su grado de desarrollo. Cuanto más ruda y
trabajosa sea, tanto mayor será el mérito que obtenga al cumplirla. De esta manera, cada existencia es una prueba que lo acerca al objetivo. El número de esas existencias es indeterminado.
6- El olvido de las existencias anteriores es algo que nos benefi cia. Si
recordásemos lo acontecido en cada uno de los días que hemos vivido, probablemente pasaríamos el día de hoy amargados o resentidos. Por las regresiones y las comunicaciones mediúmnicas, sabemos que el espíritu renace relacionado de alguna manera con las mismas perso- nas del medio social o familiar de una existencia pasada, para, entre otras cosas, reconciliarse o reparar males que se hayan causado. Si se reconociese a los que se ha odiado u ofendido, se podrían despertar resentimientos o sentimientos de culpa.
7- Los males que afl igen a los hombres, tienen por causa el orgullo, egoísmo y malas pasiones. Por causa de sus vicios, los hombres se
hacen recíprocamente desdichados y se castigan unos a los otros. El espíritu que fue vano y orgulloso en una vida anterior, ahora puede tener una existencia de humillaciones; el tirano, una de servidumbre; el mal rico, una de miseria; quien usó sus miembros o sentidos para hacer daño, una de ciego, mudo, manco o deforme.
8- Los espíritus al encarnarse traen consigo lo que adquirieron en sus existencias anteriores. Esta es la razón por la cual los hombres
malas que parecen innatas en ellos. Las malas tendencias son restos de imperfecciones e indicios de las faltas cometidas.
9- Si el espíritu del niño ha vivido antes, ¿por qué desde el nacimien- to no se manifi esta tal cual es? El niño necesita cuidados delicados
que sólo la ternura de una madre puede prodigarle, y esa ternura au- menta con la debilidad y la ingenuidad del niño. Para una madre sería muy difícil entregarse al cariño de su hijo, si en vez de la gracia ingenua de ese angelito hubiese encontrado bajo las facciones infan- tiles un carácter viril y las ideas de un adulto, y menos aún si hubiese conocido su pasado y posiblemente recordado que fueron enemigos o se causaron daño.
10- Si el alma (nombre dado a un espíritu en un cuerpo) no hubiera vivido antes, habría sido creada simultáneamente con el cuerpo.
Admitiendo esta suposición, ella no pudo tener ninguna relación con aquellas almas que la precedieron. Entonces, se preguntará, ¿cómo Dios puede haberla hecho responsable de un pecado original que no cometió? Si afi rmamos, en cambio, que el alma al nacer trae consigo el germen de las imperfecciones de sus existencias anteriores, y que sufre en la existencia actual las consecuencias de sus faltas pasadas, se da al pecado original una explicación lógica que cada uno puede com- prender y admitir, porque el alma es responsable sólo por sus obras.
11- Si la existencia actual fuese la única, y ella sola debiera decidir el futuro eterno del alma. Entonces ¿cuál sería la suerte de los niños
que mueren a tierna edad? ¿Cuál sería la suerte de los retrasados men- tales y de los que carecen de toda instrucción? Al no tener ninguna conciencia del bien y del mal, no tienen ninguna responsabilidad de sus actos. ¿Si lo que suponemos Dios crease almas para someterlas a una existencia miserable y sin compensación, sería bueno y justo? Si admites que se podrá cumplir en otras existencias lo que no se hizo en una vida corta (que puede ser una prueba para su familia), y que el loco, el retrasado mental o el idiota es un espíritu cumpliendo una tarea, expiación o misión en un cuerpo incapacitado para expresar su pensamiento, puedes comprender que todo está conforme a una justicia de causa y efecto.
12- La diversidad de las aptitudes, morales e intelectuales, es la prue- ba de que el alma ya vivió. Si hubiese sido creada al mismo tiempo
que el cuerpo actual, no estaría de acuerdo con la bondad de Dios hacer a unas más avanzadas que a las otras. ¿Por qué, entonces, los sal- vajes y los hombres civilizados, los buenos y los malos, los tontos y las personas ingeniosas? Diciendo que unos han vivido y han adquirido más que los otros, todo se explica.
13- Es natural la desesperación en aquel que cree que todo acaba con la muerte del cuerpo, pero carece de sentido en quien tiene fe en el
porvenir. En vuestras afl icciones mirad a los que están por debajo y no por encima. Pensad en aquellos cuyo sufrimiento es todavía mayor que el vuestro. Por lo general, el hombre es el artífi ce de su propia infelicidad. Si se remonta a la fuente de sus infortunios, verá que son, para la mayoría, el resultado de su imprevisión, orgullo y avidez. Y por consiguiente, de su infracción a las leyes de la naturaleza.
14- La oración es recomendada por los buenos espíritus y es pedida por espíritus imperfectos como un medio de aliviar sus sufrimien- tos. No puede cambiar su karma, pero cuando los espíritus perciben
que nos interesamos por ellos, se sienten menos desamparados y se mitiga su infelicidad. La oración aumenta su coraje, les excita el deseo de elevarse por el arrepentimiento y la reparación, y puede apartarlos de la idea del mal. En este sentido, puede, no sólo aliviar, sino abreviar sus sufrimientos.
15- Orar es manifestar con nuestras palabras o pensamientos lo que estamos sintiendo en ese momento, así sea rabia, desesperación, im-
potencia, alegría, agradecimiento. Rezar, en cambio, es repetir como loras las frases escritas por otros y muchas veces sin sentirlas. Ore cada cual según sus creencias y de la manera que crea más conveniente. Aquel que ora con fe (con convicción) es más fuerte contra las ten- taciones del mal y Dios (el Universo, la Luz, etc.) le envía los buenos espíritus para ayudarlo.
Lo esencial no es orar mucho, sino orar bien. Algunas personas creen que todo el mérito está en el tamaño de la oración o en la canti- dad de veces que se repite la misma, en tanto cierran los ojos ante sus
propios defectos. La plegaria es para ellas una ocupación, una costum- bre, un empleo del tiempo, pero no un examen de conciencia. Aquel que pide perdón de sus faltas, lo obtiene más fácilmente si cambia de conducta. Las buenas acciones son la mejor de las plegarias, porque los actos valen más que las palabras.
16- Debemos evitar dejarnos dominar por la autosugestión, el miedo o el fanatismo, al punto de ver la manifestación de un espíritu en el
crujido repentino de un mueble, una aparición en una sombra cual- quiera, o una comunicación de ultratumba en una simple asociación inconsciente de ideas. El miedo no distingue entre lo imaginario y
lo real.