La propuesta de la formación curricular por ciclos, surge como respuesta a uno de los puntos del plan sectorial 2008-2012 «Educación de Calidad para una Bogotá Positiva » que tiene como fundamento cuatro pilares básicos de desarrollo como son: Disponibilidad, creando las condiciones necesarias para que la educación esté al alcance de la sociedad. Acceso, permitiendo que cualquier actor de la sociedad que lo necesite pueda integrarse al proceso de aprendizaje. Permanencia, puesto que se convierte en una herramienta que permite a los estudiantes tener mayores oportunidades de alcanzar las metas, logros y objetivos para continuar el derrotero completo que propone el proceso educativo. Pertinencia, debido a que se genera mayor unión entre los diferentes niveles de enseñanza estableciendo lazos que le den sentido y coherencia al proceso pedagógico (Secretaría de Educación del Distrito, 2010).
Luego del análisis sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje, es evidente que en muchas ocasiones los diferentes niveles de trabajo se encuentran separados y en algunas ocasiones incomunicados ignorando la interdependencia que debería existir entre ellos. Es así que es
necesario reconocer que la educación sigue sometiendo a los estudiantes a procesos de enseñanza del siglo pasado en las que se encuentran desarticulados niveles y grados de enseñanza generando la fragmentación el conocimiento.
Ahora si bien se puede proponer de una manera general que la Reorganización Curricular por Ciclos (en adelante RCC) es una propuesta que tiene como intención básica el flexibilizar los contenidos académicos con el fin de generar espacios propedéuticos de desarrollo académico que permitan al estudiante avanzar en el desarrollo de su formación académica, evitando que ello genere rompimientos bruscos dentro del proceso en determinadas etapas del camino, aún no es del todo claro lo que esto implica puesto que no se busca únicamente con ello, que un estudiante que pertenece a un determinado ciclo de formación, cumpla con una etapa cronológica de desarrollo específica para hacer parte de este ciclo con el conocimiento mínimo que le permita alcanzar todas las competencias propuestas y avanzar en su proceso de formación de manera mucho más natural y segura.
Sin embargo en el estudio desarrollado por el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico en el año 2014, se explica cómo la propuesta establecida por el ministerio parte de dos enfoques teóricos a tenerse en cuenta: por una parte el planteamiento de la psicología piagetiana que explica que la evolución del ser humano está ligada a unas etapas de desarrollo escalonadas con la intención de avanzar y mejorar determinadas habilidades humanas. A ello hay que agregar el planteamiento que se ubica al otro lado del anterior al incluir en este proceso el contexto socio cultural y ampliar los horizontes pasando de lo estrictamente cognitivo hacia la inclusión de otras dimensiones humanas; para este caso las condiciones contextuales que rodean al estudiante (Rincón, 2014).
Desde estos planteamientos se hace evidente que no se puede determinar como una limitante para ubicar a un estudiante en un ciclo educativo la edad cronológica del mismo, sino que además de ello es necesario tener como base de construcción del proceso las condiciones sociales que se dan en el entorno de formación del estudiante, presentando lo biológico y lo social como opuestos dialécticos (Rincón, 2014), en este sentido la RCC es un paso previo para el
desarrollo del proceso de Articulación debido a que es el proceso que permite generar las bases necesarias para iniciar el proyecto.
Pero un proceso como este no surge de la nada. Como todo proceso social la aparición de un proyecto de tales dimensiones se ve antecedido por todo un proceso que parte de la reflexión sobre una determinada problemática y se desarrolla apoyada en propuestas alternas que permiten llegar a consolidar un proyecto que busque encontrar soluciones o al menos alternativas que permitan enfrentar la situación de la mejor manera.
En este sentido Rincón (2014) plantea que desde la reflexión en torno a esos cuatro pilares de la educación, mencionados al iniciar el presente apartado, se establece en diálogo con los maestros el derrotero que ha de incitar a los colegios desde su autonomía a generar estrategias que permitan evitar la saturación del estudiante bajo la enseñanza limitada al contenido. Sin embargo esta termina siendo una herramienta obsoleta dentro del proceso de formación ya que desconoce la individualidad y las condiciones particulares de desarrollo que así mismo van ligadas directamente al contexto social, cultural, político y económico que termina fabricando a un individuo y no formando a un sujeto social.
Desde estas condiciones se propone que cada institución organice los ciclos de formación que se deben cursar estableciendo unos aprendizajes mínimos, no como el nivel inferior que se debe tener, sino visto como lo básico que se debe alcanzar para contar con las condiciones imprescindibles de formación y para ello el reconocimiento de una Base Común de Aprendizajes Esenciales relacionadas con la realidad que rodea el proceso educativo mismo. Para ello se deben tener en cuenta las tres fuentes del currículo: las demandas sociales (que evidentemente incluyen el campo laboral), las necesidades de desarrollo humano de infantes y jóvenes y el proyecto social de la ciudad y el país.