¿imprimí el informe para la
reunión?... Sí, listo. Los llevo al
colegio, paso por la peluquería, y
compro algo para la cena antes
de ir al trabajo, así esta tarde
voy al gimnasio...
3.1 Veracruz en el siglo XX
Una mirada al pasado del país hace ver que su desarrollo –económico, social, cultural y político– desde finales del siglo XIX acusaba grandes disparidades, y dentro de ellas, las mujeres eran un grupo muy vulnerable.
Aunque el gobierno porfirista impulsó una era de “paz y progreso”, en donde de manera impresionante destacaba el impulso al comercio exterior, así como el desarrollo de una extraordinaria red de comunicación ferroviaria, que intentaba establecer un sistema de interconexión con las principales ciudades del país, lo cierto es que este desarrollo no fue armonioso y los enclaves del desarrollo regional del país empezaron a delinearse. Trens (1992: 197) de manera general explicita: “la paz porfiriana fue útil en general para la Nación, levantó su crédito, estabilizó su moneda, le dio prestigio exterior, construyó grandes y costosas obras materiales, y a su sombra el comercio, la agricultura y las industrias se desarrollaron”. Sin embargo, este progreso fue extremadamente desigual, agudizando una estructura social piramidal en cuya cúspide se encontraban unos pocos.
En este régimen de contrastes, Veracruz empezó el siglo XX. Aunque fue la puerta de entrada para la conquista española, la entidad con su forma alargada y angosta, era, hacia 1900, un estado eminentemente agrícola, destacando la producción de café, tabaco, azúcar, hule y maderas (Blázquez, 2000: 176) así como una tajante división clasista: “propietarios y peones a jornal, libres y esclavos, los primeros eran los privilegiados que vivían cómodamente sin trabajar, y los otros que tenían que trabajar mucho para alcanzar un mísero sustento (Trens; 1992: 218). El historiador antes mencionado establece con claridad, que en la mayoría de las haciendas veracruzanas los propietarios ejercían un férreo control de los trabajadores, con visos de esclavitud, mediante la tienda de raya, los administradores y el cura del pueblo.
De la misma forma que la agricultura, en el plano del desarrollo industrial,
destacaban las despepitadoras de algodón en la región de Sotavento, las fábricas de azúcar en la región central, los aserraderos de la Huasteca y las
fábricas textiles en Orizaba y Xalapa. Toda esta industria, aunque no tan relevante como la agricultura, se encontraba en manos de un grupo oligárquico fuertemente respaldado por las autoridades gubernamentales.
Al igual que en las haciendas, Trens (1992: 218) destaca la situación tan deplorable de los asalariados industriales: “Por cuanto al obrero que poblaba las fábricas y los talleres, éste vendía su esfuerzo, su trabajo, único capital de que disponía, por determinada cantidad que escasamente le alcanzaba para mal asegurar su subsistencia”.
En crítica abierta al sistema porfirista, Trens (1992: 219) también dirá: “En nada se preocupó el gobierno del General Díaz por ayudar y estimular a la clase obrera mexicana para la competencia de su manufactura con la extranjera, ni de legislar sobre sus derechos y salvaguardar sus intereses... tal parece que deseaba conservar a la clase trabajadora en la ignorancia y el abatimiento con el fin de que no le creara problemas de índole social”.
Ante este panorama dual de desarrollo –agricultura e industria–, el nuevo siglo y las políticas porfiristas, trajeron a Veracruz perspectivas para invertir en áreas no explotadas por la oligarquía local. Así, inversiones dirigidas a explotar la navegación, la luz, la fuerza motriz, la producción de cerveza y el petróleo, empezaron a florecer en la entidad.
Blázquez (2000: 176-177) documenta cómo la búsqueda regional del petróleo en Veracruz se intensificó a partir de 1901, y los consorcios estadounidenses e ingleses llegaron a establecer la Huasteca Petroleum Company y la Mexican Eagle Company, que impulsaron los futuros enclaves de auge petrolífero –tanto en el norte como en el sur– del Estado.
Así, el entorno económico, social y político de Veracruz se fue perfilando con desequilibrios regionales. En el norte y sur, la explotación petrolera creó unos enclaves de desarrollo que quedaron rodeados de áreas pastoriles y agrícolas. En el centro, el triángulo Veracruz, Orizaba, Xalapa, conformó un área industrial y de servicios, que también quedó cercada por las grandes explotaciones agrícolas – café, caña de azúcar– y ganaderas.
Como se estableció en el capitulo anterior, las crisis de orden económico y social que enfrentó el gobierno porfirista, también tuvieron repercusiones en Veracruz. Carmen Blázquez (2000: 178-180) documenta los primeros descontentos contra la dominación de Díaz, en la entidad, entre 1876 y 1878 con cuatro movimientos rebeldes en áreas tan diversas como Chocamán,
Coscomatepec, Santiago Tuxtla y Xalapa, siendo todos ellos duramente reprimidos.
De acuerdo con la historiadora, estos alzamientos se repitieron entre 1885 y 1888, principalmente por conflictos de tenencia de la tierra entre indígenas y hacendados. Una rebelión indígena que fue severamente controlada por las autoridades locales se originó por problemas de tierra en la región de Soteapan hacia 1906.
Los problemas relacionados con la situación laboral obrera tampoco marchaban de buena manera. Obligados a soportar jornadas de trabajo prolongadas, percibiendo bajos salarios, así como a vivir en pésimas condiciones, junto al abuso excesivo de las tiendas de raya, fue la causa de que los obreros empezaran a organizarse en sociedades mutualistas para buscar mejorar su situación.
Aunque la historia documenta ampliamente las huelgas de Río Blanco y Santa Rosa en 1907, porque fueron reprimidos con violencia, con un saldo de decenas de muertos; lo cierto es que en 1896, 1903 y 1906, surgieron en la entidad diversos movimientos huelguísticos que siempre fueron reprimidos con saña.
Con estos antecedentes no es de sorprenderse que el movimiento Revolucionario de 1910 encontrara eco en Veracruz, aunque no de la magnitud que tuvo en otros lugares. Blázquez (1998: 235-236) de manera asertiva dice: “El empuje de la campaña electoral de 1910 trajo al territorio veracruzano un clima de agitación social... al iniciarse el movimiento armado con la proclamación del Plan de San Luis, [el gobernador] Dehesa extremó sus precauciones para controlar un posible levantamiento de adhesión, pese a lo cual pequeños partidos revolucionarios hicieron su aparición...”
Aunada la lucha revolucionaria con la contienda política por las elecciones gubernamentales estatales, empieza un periodo de gran inestabilidad en la entidad, con amplias confrontaciones entre porfiristas y maderistas, que ocupaban y desocupaban poblaciones, afectando seriamente la economía local y la estabilidad social.
Sin embargo, al igual que en el resto del país, la Revolución de 1910 no cambió en Veracruz, las estructuras económicas, políticas y sociales consolidadas durante el porfiriato. Al respecto, Blázquez (1988: 237) dice: “Madero y la fracción de propietarios en la que se apoyaba, no incorporaron a sus filas a los revolucionarios que tomaron las armas a su favor, y en cambio, unificaron a las fracciones sociales aún vinculadas con el porfirismo, para que lucharan por recuperar el poder perdido”.
Entre 1914 y 1932 el estado de Veracruz vivió, como el resto del país, movilizaciones sociales de gran envergadura junto a duros y violentos enfrentamientos político-militares. Las políticas radicales de gobernadores como Adalberto Tejeda y Heriberto Jara, que intentaban resquebrajar los latifundios, distribuir parcelas ejidales entre los campesinos, así como mejorar las condiciones laborales de los trabajadores mediante la emisión de leyes, que normaran su participación en el proceso productivo, no agradaban a los grupos oligárquicos que detentaban el poder económico.
La historiadora Blázquez dice que la segunda mitad de la década de los veinte fue de grandes movilizaciones sociales por lo que el gobierno tuvo que enfrentar serios problemas. La creciente organización de los trabajadores, en lo que después serían las grandes corporaciones sindicalistas: la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y, posteriormente, la Confederación de
Trabajadores Mexicanos (CTM), se disputaban el derecho a ser los únicos
interlocutores de los trabajadores frente al gobierno, eliminando con ello a organizaciones con ideologías diferentes, como la Confederación General de Trabajadores, de filosofía comunista.
Otro gran problema fue la actitud de las compañías petroleras al no reconocer en las autoridades locales, la capacidad de tratar asuntos fiscales y concesión de derechos para explotar el suelo veracruzano; estas compañías sólo trataban con el gobierno federal, mismo que en 1938 decretaría su expropiación.
A los dos problemas antes mencionados debe agregarse la recesión económica, que ya se anticipaba por la crisis de 1929 y que afectó seriamente a la naciente industria veracruzana, viéndose forzado el gobierno a intervenir para evitar la quiebra de la industria textil y azucarera.
Después de los gobiernos radicales antes mencionados, la gubernatura de Veracruz estuvo ocupada por Gonzalo Vázquez Vela y Miguel Alemán Valdés, que en términos generales fueron bastante conservadores y se sumaron al proceso de institucionalización de las fuerzas políticas promovidas desde el centro del país. Efecto claro de esto fue la consolidación en el estado del partido oficial creado en 1929 por Plutarco Elías con la finalidad de institucionalizar la disputa por el poder político en México.
A partir de la década de los cuarenta, en la entidad veracruzana se advierte un notable descenso en la efervescencia social, sufrida durante las décadas precedentes y queda inmersa en las conjeturas del desarrollo nacional. De hecho y de acuerdo con Blázquez (2000: 195): “La obra material y administrativa combinada de Alemán y Cerdán comprendió múltiples aspectos necesarios para consolidar el proyecto modernizador que progresivamente desarrollaron: ampliación y construcción de caminos, asistencia pública, agua potable, maquinaria agrícola, educación”.
Es precisamente la década de los cuarenta, donde Veracruz participa dentro del desarrollo económico nacional de manera relevante. De acuerdo con Bravo (1972: 45): “... El Estado de Veracruz se destacaba dentro del marco nacional en la mayor parte de los sectores económicos y en las actividades primarias y secundarias aportando un alto porcentaje del producto nacional y una buena proporción de la población total y de la mano de obra del país”. Este desarrollo sin embargo no fue igualitario en el territorio veracruzano; el mismo autor indica los desequilibrios interregionales en el estado, ya que las principales áreas de desarrollo regional del Estado (Tuxpan-Poza Rica, Coatzacoalcos-Minatitlán, Veracruz y Córdoba-Orizaba) superaban con su
participación al valor agregado de la producción estatal, lo aportado por el resto de la entidad.
Este desarrollo de la economía, aunque desigual, permitió el crecimiento de la clase media veracruzana, que aumentó su consumo, especialmente de bienes duraderos como automóviles, casas, refrigeradores, estufas, herramientas, etc. y empezó a exigir otro tipo de satisfactores como serían escuelas, hospitales, mercados, vivienda y centros de recreo. En suma, entre 1940 y 1970 Veracruz tendría, al igual que el resto del país, un despegue que se vería frenado de manera radical en la década de los 80.
Archivo Genenral del Estado de Veracruz.
En lo político, Veracruz institucionalizó totalmente las fuerzas políticas de la entidad. El civilismo en la disputa por el poder quedó en manos del Partido Revolucionario Institucional (PRI); todos los gobernadores que el Estado ha tenido
han sido del partido oficial, que gobernó a México durante 70 años; de hecho, la entidad siempre ha sido considerada garante del voto priísta, principalmente en las áreas rurales y semiurbanas. Es hasta épocas recientes donde los partidos de oposición –principalmente el Partido Acción Nacional– empiezan a disputarle seriamente el poder al partido oficial.
Al igual que en el resto del país, las acciones de los partidos de oposición en la entidad, fueron vigilados y controlados por la estructura estatal de manera contundente. Las organizaciones de izquierda que vivían de forma clandestina, organizaban la pinta de bardas y pega de propaganda, por las noches, siempre con la zozobra de ser detenidos.
Será hasta que las coyunturas nacionales ya explicadas anteriormente, hagan cambiar estos escenarios y se reconozca la existencia de la oposición en la vida política del país, que en la entidad se adopte la misma postura. De esta manera, la vida política se rearticulará, y desde 1994 los partidos políticos de oposición empezarán a obtener puestos de elección popular, principalmente a nivel de gobiernos municipales y del poder legislativo.
Es notorio que si bien el Estado en los cuarenta acusaba un fuerte impulso a su desarrollo –aunque fuera desequilibrado–, los siguientes gobiernos no supieron mantener esta tendencia y hacia finales de los ochenta Veracruz se encontraba –y a la fecha no salido de ahí– entre las cinco entidades del país más atrasadas.
Es decir, las condiciones de vida de la población se enmarcaban en áreas de alta marginación, predominando en más de 50% de los 212 municipios veracruzanos. Las áreas más afectadas se localizan entre los pobladores de las sierras que son eminentemente indígenas.
Puede decirse en suma que el Veracruz actual es una entidad de contrastes: en lo socioeconómico, a pesar de ser un estado con una gran dotación de recursos naturales y humanos, existen niveles de pobreza a lo largo y ancho del territorio, que lo colocan dentro de los más atrasados del país.
En el aspecto político, aunque la pluralidad partidista se encuentra presente, tanto en el plano legislativo como en los ayuntamientos, el poder ejecutivo sigue estando bajo el control del Partido Revolucionario Institucional y la vieja práctica de ingerencia, por parte de este poder, en la vida política estatal y local sigue presentándose. El sistema autoritario y centralizado mantenido –con un eminente control mediático– por el poder ejecutivo estatal poco permite, en estos momentos, hablar de grandes transformaciones políticas en el Estado.
En este entorno tan complicado, ¿en dónde se encuentran las mujeres veracruzanas? ¿cuáles han sido las transformaciones que ha experimentado su presencia en los ámbitos público y privado? ¿están posicionadas de forma desigual en el contexto económico, social y político del Estado? ¿a qué retos se enfrenta y cómo intentan solucionarlos? En los siguientes apartados se intentará resolver estas dudas.
3.2 Las veracruzanas en la primera mitad del siglo XX
Plantear quiénes eran las mujeres veracruzanas en los primeros años del siglo XX, lleva a encontrarse con una amarga realidad: parecen no existir en la historia escrita de la entidad. Si bien algunas historiadoras como Parcero (1992), en su trabajo sobre la condición de la mujer en el México del siglo XIX, hacen alusión a las veracruzanas, lo cierto es que es un fenómeno reciente la constancia de su papel a nivel local.
Una revisión a los trabajos de los historiadores veracruzanos como Trens, Blázquez Domínguez, García Morales, Ramírez Corzo, Velasco Toro, muestra que el mundo veracruzano era eminentemente masculino, ya que las referencias a la participación femenina resulta sumamente escasa. La mirada inquisidora de estos autores por documentar la vida económica, política y social de la entidad, no los llevó a descubrir las aportaciones femeninas, quedando ellas en la invisibilidad.
Sin embargo, para 1900, Velásquez Ortiz (1998) establece que 49.7% de la población veracruzana era femenina, porcentaje que aumenta a 50 en 1921 y 50.3% en 1950; desde los inicios del siglo ellas representan casi la mitad de la población en la entidad; pero la esperanza de vida, de estas mujeres era sumamente baja: llegar a los 30 años en 1900 significaba ser sumamente vieja.
Enmarcada la sociedad veracruzana, a principios de siglo, en diferentes grupos sociales, el papel asignado a las mujeres era de completa sujeción al varón; el propio asentamiento de un o una recién nacida ante el registro civil como en el caso del Cantón de Tuxpan, tenía un costo diferencial: “El precio de los servicios que prestaba el registro civil era excesivamente caro para el común de la gente, 3 pesos por el registro de cada niño, 1,50 por niña...” (González Sierra; 1990: 37).
El orden social en Veracruz a principios del siglo XX es, al igual que en el país, de tipo patriarcal; tanto en la posesión de bienes materiales como en la actuación del rol y el estatus social, el principal actor era el varón. En los cuatro grandes estratos en que es posible agrupar a la población, atendiendo a la clasificación hecha en 1900 por el jurista liberal Julio Guerrero (Parceros; 1992: 134) basada en la vida privada de los individuos, es posible ver las clases sociales del Estado de manera clara.
Así, el leperaje de las ciudades (mendigos y pordioseros) y los indígenas en las áreas campesinas y urbanas constituyen el nivel más bajo de la estructura social. Pero aún en este estrato tan bajo, en donde se encajona a los indígenas y a los mestizos muy pobres, la mujer se lleva la mayor discriminación. La estructura social de los indígenas, luego convertidos en campesinos, era por suyo desigual hacia las mujeres, pues las consideraban objetos susceptibles de intercambio.
El destino de estas mujeres es la procreación, la atención de sus quehaceres domésticos y la ayuda al varón en las faenas agrícolas de la hacienda, o en los servicios domésticos de la casa principal del hacendado, donde había una pléyade de mujeres realizando trabajos de criadas, molenderas, algunas labores de peones, y aunque muchas eran viudas o abandonadas, las costumbres las obligaban al casamiento forzoso, así como a tener un gran número de hijos.
Archivo General del Estado de Veracruz.
De acuerdo a Julio Guerrero (Parceros; 1992: 134), el siguiente nivel social de esta sociedad veracruzana, estaría conformado por la tropa, los obreros y los criados; el pueblo, como se diría en términos generales, incluye por igual a indios y mestizos, las mujeres, caracterizadas por el uso del rebozo y las enaguas largas de percal, asumirían diferentes papeles, pero siempre bajo la tutela del varón. El esposo o concubino, el amo o el patrón y el cura del pueblo, se encargarían de establecer, bajo la pauta de las normas y costumbres, un férreo sistema de dominación hacia ellas.
Aunque fueron incorporadas como obreras y operarias, siguieron asumiendo su trabajo doméstico, confirmando con ello la doble jornada por ellas realizada; su explotación se vuelve más crítica, ya que este papel de trabajadoras las colocaba también en una situación inequitativa. En la siguiente tabla se pueden observar los salarios percibidos por hombres y mujeres en las fábricas del sector manufacturero del Estado en 1909.
Tabla 1
Veracruz. Salarios pagados a hombres, mujeres y niños. 1909 Salarios
Fábrica Lugar
Hombres Mujeres Niños
Lucas Martín Jalapa $ 0 .62 $ 0.50 $ 0.37 a $ 0.50
Industrial Jalapeña Jalapa $ 0.75 $ 0.50
La Probidad Jalapa $ 0.75 $ 0.50
San Bruno Jalapa $ 0.60 $ 0.75
La Purísima Coatepec $ 1.00 $ 0.60 a $ 0.80
Río Blanco Orizaba $ 0.50 a $ 2.50 $ 0.60 a $ 0.80
Santa Gertrudis Orizaba $ 0.65 $ 0.50
Santa Rosario Necochotla $ 0.75 a $ 1.00 $ 0.50
Fuente: Parcero, Ma. de la Luz; Condiciones de la Mujer en México durante el sigloXIX(1992: 64).
Justo es reconocer que no sólo las mujeres eran explotadas de manera tan desigualitaria, esto también se aplicaba de forma drástica a los menores de edad, aunque en algunos casos su salario era equiparable al de las mujeres. Como se verá más adelante, estas condiciones laborales serán el factor decisivo en la vida social de los trabajadores de la entidad; de aquí se desprende mencionar todas aquellas ocupaciones femeninas consideradas por Parceros (1992: 67) en su análisis: “criadas, nodrizas, lavanderas, planchadoras, molenderas y tortilleras, recauderas, mandaderas, fogoneras, empleadas de atolerías, tendajones, fondas y estanquillos, aguadoras... y otras especies diferentes de servidoras eran ocupadas por comerciantes, amas de casa, monjas, empleados o propietarios”.
Las criadas o sirvientas, aunque incorporadas muchas veces en el domicilio donde servían, quedaban sujetas al capricho del patrón o patrona,