Part II: Co-operatives and the Obstacles to Implementing SA Systems
8. Interview Results
Llegados a este punto, y tras abordar las diferentes funciones que pueden tener los ejemplos en el diccionario, queremos hacer una síntesis de los temas más importantes tratados hasta ahora en el presente capítulo. Ofrecemos a continuación una tabla sinóptica en la que establecemos una tipología del ejemplo lexicográfico, ordenada en tres niveles: forma, contenido y función, partiendo de una categoría matriz, la fuente, y terminando en los diferentes géneros lexicográficos que determinan el uso de los diferentes tipos de ejemplo:
FUENTE:
NIVEL DE ANÁLISIS:
LINGÜÍSTICA (CORPUS) METALINGÜÍSTICA COMPETENCIA DEL LEXICÓGRAFO
1)FORMA
ejemplo real
(con o sin referencia bibliográfica) (con diversa extensión: sintagma, oración o texto)
comentario o glosa (con referencia bibliográfica) ejemplo inventado 2)CONTENIDO literario (ideológicamente marcado o no) enciclopédico (información especializada) banal metalingüístico (definiciones, explicaciones de índole metalingüística) banal 3)FUNCIÓN testimonial (ilustrativa) estética (normativa) testimonial (ilustrativa) didáctico- enciclopédica testimonial ilustrativa --- (testimonial) --- didáctico- enciclopédica (testimonial) ilustrativa 4)GÉNERO LEXICOGRÁFICO diccionario general de lengua; diccionario de regionalismos; diccionarios históricos; diccionarios etimológicos; diccionarios de autor diccionario general de lengua; diccionario enciclopédico (diccionario de regionalismos) diccionario de especialidad diccionario general de lengua; diccionario de regionalismos diccionario de aprendizaje (monolingüe/ bilingüe) diccionario general de lengua (con criterio exhaustivo); diccionario de regionalismos; diccionario de especialidad diccionario general de lengua; diccionario de aprendizaje (monolingüe/ bilingüe)
La tabla refleja las situaciones prototípicas y a veces también las poco frecuentes, pero sabemos que existen posibilidades atípicas que no se contemplan en el cuadro, como es el hecho de que una fuente metalingüística refleje el uso lingüístico de una voz, o que un ejemplo real no cumpla su función de testimonio, cuando se trata en realidad de una equivocación del lexicógrafo al copiar su fuente, formándose así una palabra fantasma.
Para empezar, el lexicógrafo reúne las fuentes de su futuro diccionario en virtud del género al que pertenezca éste. Las fuentes pueden estar basadas en un corpus cerrado, establecido de antemano, o en un corpus abierto, lo que significa que el lexicógrafo puede ir incluyendo nuevas unidades léxicas conforme va haciendo su obra, sin la necesidad de haber establecido previamente una lista de lecturas. Esta lista, conocida como nómina (de autores y de obras), suele aparecer en algunos diccionarios. Se trata casi siempre de un listado escrito una vez concluido el diccionario. Si el corpus refleja un conjunto cerrado y selecto de escritores literarios de gran prestigio, puede hablarse de un corpus basado en un canon literario.
Las fuentes pueden ser de tres tipos: lingüísticas, metalingüísticas y basadas en la competencia del lexicógrafo. Las fuentes lingüísticas ofrecen un conjunto de textos en los que las palabras, como signos lingüísticos, se muestran en su instancia de uso natural. Los signos son referenciales y se combinan según las reglas estructurales de la gramática. Según el objeto del texto, las fuentes lingüísticas pueden organizarse en tres grandes grupos: fuentes literarias, fuentes científico-técnicas y otras fuentes de diversa índole, como textos publicitarios, recetas de cocina, etc. Naturalmente, las fuentes también pueden ser orales, y éstas pueden rastrearse incluso en diccionarios de otras épocas. Terreros, por ejemplo, realizaba encuestas personalmente en diversos puntos de la geografía española, y esas encuestas constituían, lógicamente, fuentes orales. Por otro lado, existen, además, fuentes metalingüísticas. Generalmente, estas fuentes, formadas por diccionarios, gramáticas, atlas lingüísticos, etc., suelen citarse para añadir información (meta-)lingüística a la ya ofrecida en la definición. Por ese motivo, el signo lingüístico, generalmente, no se muestra en uso referencial, sino en función metalingüística. Cuando se cita un diccionario o una gramática, la referencia bibliográfica no suele faltar. En esos casos, no deberíamos hablar de ejemplos reales, aunque el lexicógrafo hubiese considerado ejemplos a esos textos. Más bien, se trataría de comentarios o glosas insertados dentro del artículo lexicográfico, con la apariencia tipográfica de un ejemplo lexicográfico. Lo que tienen en común estas glosas y los ejemplos reales es que ambos corresponden a unidades textuales referidas o citadas dentro del diccionario. Por último, tendríamos la propia competencia del lexicógrafo. Ésta sería la fuente más apropiada para crear ejemplos banales, con una función esencialmente ilustrativa, si bien, como hemos comentado anteriormente, el uso exclusivo de la competencia del lexicógrafo puede acarrear riesgos. El método ideal a la hora de elaborar
un diccionario debería estar basado en la combinación de los conocimientos lingüísticos del redactor con el uso racional de fuentes auténticas.
Después de analizar la categoría matriz, hay que comenzar describiendo la forma del ejemplo lexicográfico. Por forma pueden entenderse diversos aspectos: la tipografía, el modo de presentar el signo lemático dentro del ejemplo, la extensión del propio ejemplo (si se trata sólo de una unidad codificada, como colocaciones o locuciones pluriverbales; si se basa en una sola oración o en varias, y si se reconstruyen partes que faltan para dar coherencia al texto. Cuando se basan en un corpus lingüístico, los ejemplos se consideran reales. Cuando la fuente es metalingüística, preferimos llamar al ejemplo “comentario citado” o “glosa citada”. Finalmente, los ejemplos que proceden exclusivamente de la competencia del redactor se conocen como ejemplos inventados. En la práctica, sin embargo, es muy difícil saber cuándo un ejemplo es inventado o real. Por esa razón, aunque estos ejemplos indiscutiblemente existan, preferimos hablar de ejemplos con referencia bibliográfica y ejemplos sin referencia bibliográfica. De esa manera, tenemos un criterio formal y objetivo de establecer estos dos tipos de ejemplo.
Respecto al nivel del contenido, la diversidad de mensajes que puede transmitirse en los ejemplos es potencialmente infinita. Existen, sin embargo, algunas restricciones. Por ejemplo, el significado del signo lemático determina muchas veces el contenido del ejemplo. Así ocurre con voces en los que la ideología juega un papel muy importante, como es la religión, la política, la filosofía, la historia, etc. Las obras literarias, entendidas en su sentido más amplio, suelen ser la fuente más usual de este tipo de ejemplos. En otras ocasiones, la ideología no juega un papel tan importante, y el contenido más bien suele ser banal o intrascendente. Además, podemos encontrar ejemplos de contenido enciclopédico, extraídos, como es lógico, de obras técnicas o científicas. Esto depende, una vez más, del propio significado de la unidad léxica definida, como les ocurre a los términos especializados en campos como la química, la astronomía, la agricultura, etc.
En cuanto a los ejemplos metalingüísticos, en un gran número de ocasiones lo que aparece es una cita que corresponde a la definición de otro diccionario. Por eso, algunos autores han llamado a este tipo ejemplo definicional. En ocasiones, si un refrán es el objeto del artículo lexicográfico, lo que se hace es citar la glosa de un autor que haya recogido este tipo de expresiones. De ese modo, el refrán es explicado dos veces: una en la definición y otra en la glosa citada, que generalmente es la fuente informativa de la primera definición.
Normalmente, el ejemplo inventado no suele tener un marco referencial claro, sino más bien vago, aplicable a un gran número de situaciones. De ahí que tenga un gran valor ilustrativo. No obstante, a veces puede sorprender el hecho de que el ejemplo inventado por el lexicógrafo sea un poema o un texto en prosa de gran calidad literaria. Esto nos recuerda a los ejemplos anónimos del primer diccionario de la Academia Francesa.
Las funciones del ejemplo lexicográfico son, como ya venimos diciendo, esencialmente dos: la de testimoniar y la de ilustrar una voz. Sin embargo, existen diferentes grados a la hora de manifestarse. El nivel de fiabilidad del testimonio depende del tipo de fuente del que se ha extraído el ejemplo, y el grado de ilustración se desprende del contenido. El simple hecho de que un ejemplo aparezca en el diccionario permite que éste sirva de testimonio, puesto que el usuario espera que la fuente usada, o la competencia del autor, reflejen la existencia real de la palabra consultada, así como su uso correcto. Los ejemplos extraídos de un corpus lingüístico auténtico, y que además cuentan con una referencia bibliográfica, poseen un alto valor testimonial. Por el contrario, si el ejemplo se ha extraído de una fuente metalingüística, el valor de testimonio queda muy debilitado. Los catálogos de voces de un diccionario son el resultado de una incesante historia de copias y de plagios. Por eso, no sorprende que se hayan introducido numerosas voces que en realidad son fruto de malas trascripciones o, simplemente, voces fantasmas. De ello eran muy conscientes los diccionaristas que hemos estudiado aquí. Terreros critica a menudo la introducción de voces castellanas pero sin uso en algunos diccionarios bilingües franceses e italianos (Jacinto 2007). Salvá (1846: XXX), a su vez, denuncia la ligereza con que Terreros acepta en su obra voces que sólo se encuentran en repertorios del vecino país francés. Juan de Arona no soporta la abundancia de falsos americanismos que encuentra en Salvá (Arona 1974 [1883-84]: s.v.
granadilla; frijol). Por eso se entiende que Aniceto de Pagés y el continuador de su
diccionario, José Pérez Hervás, redujeran drásticamente el uso de ejemplos a partir de otros diccionarios. Esto es una consecuencia de la crisis de autoridad por la que atravesó la mayoría de los diccionarios hispánicos durante el siglo XIX. Y en cuanto al ejemplo inventado, todo depende de la confianza que trasmita el diccionario para considerar fiables los testimonios que presenta.
Todos los ejemplos, salvo las glosas metalingüísticas citadas, ilustran en cierto modo un determinado uso. Cuanto más sencillo y banal sea el ejemplo, más fácilmente podrá ser entendido por un usuario de cultura media: podrá deducir información gramatical y semántica, pero al mismo tiempo la sencillez del ejemplo reducirá el grado de autenticidad y los efectos culturales que sí poseen los ejemplos literarios. Los enciclopédicos tampoco suelen ser muy ilustrativos, pues este tipo de textos centran la atención del usuario en la información extralingüística, y no en la gramatical. Respecto a los ejemplos metalingüísticos, éstos explican el uso, no lo ilustran. Finalmente, los ejemplos inventados suelen hacerse precisamente para ilustrar desde diferentes puntos de vista el uso de una unidad léxica.
Las restantes dos funciones, la estética y la didáctico-enciclopédica, dependen del contenido del ejemplo, y no son tan frecuentes en los modernos diccionarios de lengua. La función estética aparece en la cita de textos literarios, sobre todo en los poéticos. Tiene
una relación directa con el prestigio del autor nombrado y con los valores simbólicos, nacionales y políticos de los que se quiere dotar a la lengua. Por ese motivo, la función estética suele ir acompañada de un enfoque normativo. El escritor autoriza la voz al mismo tiempo que muestra el uso literario. En cuanto al ejemplo enciclopédico, éste sirve sobre todo para acompañar y completar la definición de tecnicismos y de voces metalingüísticas.
Destacaremos, finalmente, la relación existente entre la función del ejemplo lexicográfico y el género lexicográfico del repertorio en el que aparece. La enorme diversidad de diccionarios y las tipologías que se han elaborado hasta ahora de este tipo de obras reflejan la cantidad de géneros que es posible encontrar. Aquí sólo trataremos los más importantes, aunque a partir de ellos es relativamente fácil extrapolar los criterios a otras clases de diccionarios menos frecuentes. Comenzaremos con el diccionario general de lengua. Éste se caracteriza por recoger, como su nombre indica, el léxico general y usual de una lengua, acogiendo las voces más usuales también de diversos campos, como el científico-técnico, el regional y un caudal considerable de léxico literario y arcaico, como sucede con el diccionario académico. Debido a las características de la nomenclatura, es posible encontrar prácticamente cualquier tipo de ejemplo en estos diccionarios, tal como se ve en nuestra tabla, y como vamos a comprobar a lo largo de este trabajo. El diccionario general puede albergar ejemplos literarios, enciclopédicos, banales, inventados y reales y, cuando se trata de repertorios que aspiran a recoger el léxico en su totalidad, no renuncian a la cita de otros tratados metalexicográficos, como se podrá ver en los diccionarios que vamos a estudiar.
Los diccionarios de regionalismos son obras en las que se recoge una parcela concreta del léxico de una lengua: aquella que corresponde al conjunto de voces usadas únicamente en un área dialectal. Dentro del ámbito español, los diccionarios de regionalismos más conocidos son los de americanismos, con una rica tradición que comienza ya a finales del siglo XVIII. También contamos con obras de relevancia en la Península Ibérica, como, por ejemplo, el Diccionario de andalucismos (1933) de Alcalá Venceslada. Este género de diccionarios ha sido propenso a usar ejemplos en su microestructura, especialmente por su valor testimonial. Los textos escritos en los que se localiza el uso de voces regionales suelen ser escasos, debido al carácter oral que posee este tipo de léxico. No obstante, y debido a que las obras literarias españolas siempre se han enriquecido con palabras y expresiones coloquiales, no ha sido tan difícil encontrar regionalismos con apoyo textual. Así se ha podido comprobar en numerosos trabajos dedicados al estudio de voces regionales presentes en diccionarios con citas, como el
Diccionario de autoridades y el diccionario de Terreros31. Los ejemplos literarios,
31 Por citar sólo los más importantes, podemos nombrar varios trabajos sobre la presencia de dialectalismos en el Diccionario de autoridades: Aurora María Salvador Rosa escribió sobre
sacados de la literatura costumbrista, tan propia del romanticismo, han poblado los primeros vocabularios de regionalismos, o provincialismos, como antes se les llamaba. Las crónicas y las cartas de relación de los primeros exploradores de América también resultaron una fuente muy valiosa para los “cazadores” de americanismos. Del mismo modo, aunque con una presencia menor, podían incorporar ejemplos enciclopédicos en los artículos referidos a realia, es decir, realidades específicas de una determinada región, como plantas, fauna, gastronomía, costumbres, etc., inexistentes en otras zonas. Los repertorios, en su afán por acumular el mayor número de regionalismos, acabaron citando a su vez otros vocabularios, muchas veces para testimoniar voces obsoletas o historicismos que ya habían desaparecido del uso desde hacía tiempo. Lo que no es frecuente encontrar en estas obras son ejemplos inventados, porque el valor testimonial es de suma importancia, equiparándose o superando incluso al del valor ilustrativo.
Los diccionarios enciclopédicos pueden contener la misma clase de ejemplos que un diccionario general de lengua. La diferencia estriba en que este género presenta una mayor abundancia de ejemplos enciclopédicos, con una evidente finalidad didáctica. Esta clase de ejemplos no son tan breves, y suelen contener noticias sobre historia, ciencias naturales, matemáticas, religión, mitología, etc. Muy próximo al diccionario enciclopédico encontramos el diccionario de especialidad. Se trata de otra obra de carácter restrictivo, al igual que los diccionarios de regionalismos. En este caso, la selección de unidades léxicas se ciñe a las voces pertenecientes a un campo científico determinado. El léxico de especialidad se halla en la jerga de los especialistas en un área técnica o científica determinada, y generalmente está fuera del alcance y del conocimiento del resto de los hablantes no iniciados. Por eso, se ha repetido durante tiempo que el léxico especializado no pertenece a la lengua común, y se ha evitado su incorporación a los diccionarios generales. Hay que decir que los diccionarios especializados no suelen contener ejemplos. Su presencia no tiene sentido. Lo que se pretende en estas obras no es ni ilustrar ni testimoniar un tecnicismo en cuestión, sino explicarlo con el mayor grado de exactitud posible. Por eso, los ejemplos no poseen una función específica en este género. No obstante, en una época en que los ejemplos poseían un gran prestigio, como es el siglo XIX, incluso muchos diccionarios de especialidad trataban de testimoniar los tecnicismos que encontraban. Era normal también en esa época escribir diccionarios de especialidad cuyo léxico no fuese actual, como el Glosario
de algunos antiguos vocablos de Arquitectura (1876) de Eduardo Mariátegui. Esta obra
las localizaciones geográficas (1987), Manuel Alvar Ezquerra (1991) y José Luis Aliaga Jiménez sobre los aragonesismos (1994); Ignacio Ahumada (2000b) sobre las citas en los artículos dedicados a los andalucismos; y Pilar Montero Curiel (2006) sobre los dialectalismos de Extremadura. En cuanto al Diccionario castellano del padre Terreros, también se han publicado varios estudios: Gloria Guerrero Ramos (1992) publicó un artículo sobre dialectalismos en general; Isabel Echeverría Isusquiza (2000) sobre los montañesismos, esto es, sobre las voces particulares usadas en la Montaña, nombre histórico que recibió Cantabria; y Antonia María Medina Guerra y Concepción Ayala Castro sobre los andalucismos.
es, al mismo tiempo, un diccionario de especialidad y de arcaísmos, y este segundo elemento sí justifica la introducción de ejemplos testimoniales o, como preferimos llamarlos, testimonios filológicos. Además, por el carácter del léxico ejemplificado, se trata además de ejemplos enciclopédicos.
Concluimos haciendo referencia a los diccionarios de aprendizaje, aquellos orientados a la adquisición de una lengua extranjera o a mejorar su uso por parte del hablante materno. La lengua que se pretende enseñar en esta clase de obras no está basada en autoridades ni está sujeta a una norma prescriptiva. La lengua que se quiere enseñar es la variedad general usada cada día por los hablantes. Su finalidad la aparta considerablemente del grupo de diccionarios como los de la Real Academia, o de aquellos diccionarios diacrónicos y exhaustivos del siglo XIX. El modelo de lengua es sincrónico; el corpus usado para su redacción no se ciñe a obras literarias, sino a textos de todo tipo, incluidos textos orales, textos extraídos de la radio o de la televisión, y últimamente también de textos aparecidos en blogs de internet. Todos ellos tienen en común que muestran una lengua viva, generalmente coloquial. El diccionario de aprendizaje no sólo define las voces, sino que muestra también información sintagmática, gramatical y pragmática. En ninguna obra mejor que en ésta el lexicógrafo es consciente de que enseñar el significado de una palabra sólo consiste en dar instrucciones al usuario para que sepa usarla en un determinado contexto32. El diccionario de aprendizaje es fruto de una revolución en el campo de la lingüística. La gramática ya no se observa como un conjunto de disciplinas-estanco, sino relacionadas entre sí. La gramática generativa ha fomentado lo que algunos autores denominan un “giro lexicista” (Demonte 1991: 24; Garrido Medina 1992). El diccionario reúne toda la información de la unidad léxica: información morfológica, sintáctica, semántica y pragmática. Son diccionarios de uso, y se entiende por uso la autenticidad del hecho lingüístico manifestada en el habla. Por esa razón, los diccionarios de aprendizaje han motivado la formación de grandes corpus informatizados que reflejaran los usos auténticos de una lengua. Y los ejemplos