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4.7 Exploring Hotel Food Sourcing Practice and Food SCM Using Interviews

4.7.3 Interview schedule design

La psiquiatría ha impuesto el término psicopatía y a veces lo distingue de la sociopatía para referirse a ciertas conductas perversas y psicóticas que implican especialmente una ausen- cia de culpa del psicópata o sociópata, por lo que se presume una alteración del desarrollo del aparato psíquico en cuanto al funcionamiento del Superyó del sujeto. Como casi siempre, las nomenclaturas psiquiátricas como esta, agregan confusio- nes adicionales a la conceptualización de los fenómenos psi- copatológicos, pues quedan explicados sólo a nivel descrip-

tivo, sin adentrarse a elaborar una metapsicología adecuada que dé cuenta del fenómeno.

Para presentar las ambigüedades que predominan en este tema, no se puede omitir que dentro del psicoanálisis en general y en la orientación lacaniana en particular, las psi- copatías no han sido reconocidas de manera explícita. Jacques Lacan reordena la psicopatología freudiana organi- zándola en tres categorías clínicas: las neurosis, las psicosis y las perversiones, donde las psicopatías no tienen clara- mente un lugar, pero es probable que se incluyan en la es- tructura perversa donde convendría localizarlas, aunque ciertos casos encajarían mucho mejor en las psicosis. Esta propuesta implica una dificultad importante pues el término perversión, tanto en la psiquiatría como en el psicoanálisis, se refiere frecuentemente a patologías de la sexualidad.

Lacan amplía la concepción freudiana de perversión (refe- rida casi siempre a perturbaciones de la conducta sexual que en el sentido clásico constituyen sólo un caso particular), para acceder a una teoría más general de la estructura perversa, que ayuda a entender, ordenar y explicar las conductas psico- páticas como parte de ciertas perversiones. Se incluyen allí casos que no se consideran patológicos, lo que constituye otra diferencia de la clínica lacaniana con respecto a la de Freud, ya que las estructuras clínicas de Lacan son diferentes moda- lidades subjetivas, no necesariamente patológicas, con rela- ción a un criterio de normalidad, sino diferentes formas de ser y de enfrentar la castración.

Respecto a la culpa, reiteremos que hay la creencia en la ausencia de ésta en el psicópata (por lo tanto en el perverso) como lo opuesto de la rígida conciencia moral del neurótico obsesivo, lo que Freud llamaba el severo y cruel Superyó pri- mitivo que acosa al neurótico con los autorreproches y los remordimientos ante sus transgresiones fantasmáticas, es de-

cir, las que el neurótico cree que son transgresiones, en su pensamiento y sus deseos pues estos son percibidos por él, como acciones consumadas. Para el neurótico, pensar, desear o hacer, tiene el mismo efecto culpígeno.

El psicópata por lo contrario, sólo puede ser juzgado como transgresor por alguien externo. Desde su subjetividad no es ni se siente transgresor, hay una ausencia de culpa que con- funde barreras y límites entre lo prohibido y lo permitido por los demás. Se guía por sus propios códigos que según Lacan, son los de adherirse a la ley del goce en vez de a la ley del deseo.53 La ley del goce constituye una ley superyoica feroz

que lanza al perverso frecuentemente al pasaje al acto, (salida del escenario fantasmático), con el que puede perder su vida en cualquier momento o por lo menos queda en permanente riesgo de delinquir o dañarse gravemente, lo que no deja de ser una castración en lo real.

En el psicópata como en el neurótico, hay un déficit de responsabilidad: en el primero por ausencia y en el segundo por exceso y por deformación. El contraste entre neurosis y psicopatía puede plantearse destacando el goce y el deseo en- tre ambas. Para el neurótico es prevalente la dimensión del deseo en detrimento del goce de la satisfacción pulsional pues queda sujeta más fuertemente a la represión.

Como consecuencia, el goce neurótico siempre implica un alto grado de sufrimiento: la satisfacción pulsional termina produciéndose por vías indirectas y, sobre todo, a través de la satisfacción del síntoma como retorno de lo reprimido. En la perversión, por el contrario, es prevalente la vía del goce y el deseo mismo se convierte en voluntad de goce. La "satisfac-

ción" pulsional se intenta obtener por vías más imperiosas que hacen mucho más impulsivo a un perverso.

Podríamos destacar un contraste sobre el tipo de demanda entre el neurótico y el psicópata. La modalidad neurótica con- duce al sujeto a ubicarse en dependencia de la demanda del Otro. Al neurótico le gusta hacerse demandar y usa sus recur- sos para que el otro le pida, le ruegue, le sugiera, le ordene, todo esto como diferentes formas de la demanda con las que espera sobre todo, obtener el reconocimiento del Otro. El psi- cópata, por el contrario, demanda, impone formas sutiles de exigencia, incita al otro a la acción, lo que puede aparecer como un atractivo irresistible del perverso hacia el neurótico.

Pero debemos comparar estas modalidades subjetivas con relación a la angustia y el goce. Esta relación es la que distin- gue Lacan en la estructura perversa, entre el sádico y el ma- soquista. El sádico, que aparentemente persigue provocar la angustia en el Otro, en realidad, inconscientemente busca producir el goce del Otro. El masoquista que aparentemente tiene el propósito de suscitar el goce del Otro, sin embargo, lo que busca inconscientemente es angustiar al Otro, por lo que volvemos al tema de la angustia. Podríamos ubicar al psicó- pata del lado de la modalidad perversa sádica para comparar- lo con el neurótico. En las neurosis encontramos de una ma- nera privilegiada el despliegue de las diversas formas de angustia.

Si Freud pudo darle un lugar decisivo a la angustia es por- que inventó el psicoanálisis a partir de las neurosis y es allí, en el campo de las neurosis, donde en primer término inves- tigó y reconoció sus diferentes formas: la angustia de las neu- rosis de angustia, la angustia en la histeria y en la obsesión, y la angustia de las fobias o, como Freud prefería llamarlas ha- cia el final de su obra, histeria de angustia.

La angustia es consustancial con la subjetividad neurótica en contraste con el psicópata quien tiene una distinta forma de expresarla y que aparentemente no la sufre (como la cul- pa). El psicópata en realidad vive angustiado pues su motor es la angustia de castración y su climax se presenta en sus mo- mentos de crisis, es decir, en los momentos en que fracasan sus mecanismos psicopáticos, esos en que el escenario per- verso cae por tierra como hilera de naipes. Podemos pensar que son los momentos en que un psicópata o perverso, puede demandar análisis, momentos breves, que constituyen una transición hacia la recuperación de su perversión.

Freud, relaciona neurosis con angustia y Lacan agrega que el neurótico se angustia ante el deseo del Otro. Por eso la an- gustia que Freud caracterizó como señal de un peligro, Lacan llega a definirla como la percepción misma, en el sujeto, del deseo del Otro. Y esto es así porque, ante ese deseo, el neuró- tico se niega a servir de instrumento del goce del otro, su po- sición es de rechazo a ponerse al servicio del goce del Otro. El psicópata es muy activo para sumir al Otro en angustia para impedirle acceder al goce y llevarlo más allá de las barreras de la inhibición y la represión. No al goce buscado y reconocido por el neurótico, sino al goce prohibido de la satisfacción de pulsiones reprimidas. Quien mejor dispone de las condiciones para ofrecerse como pareja del psicópata (y del perverso), es el neurótico, constituye la víctima elegida de aquél.

Pero el término víctima en sus connotaciones habituales, aluden a su pasividad por razones fuera de su responsabili- dad, lo que no siempre es así. Por el contrario, destaca la par- ticipación activa de la supuesta víctima, en realidad cómplice de su acción. De este modo, el verdadero psicópata, el genui- no, no es el que ejerce una violencia abierta, sino el que la usa en un juego sutil de amenazas y promesas o expectativas a

través del que logra obtener el consentimiento del Otro. Allí está la esencia de su verdadero goce.

La angustia en la neurosis, debida a la pérdida del amor de los padres y que luego se trasforma en autoridad que obliga al individuo a renunciar la satisfacción de sus pulsiones, deriva- ría en última instancia en angustia debido a la omnipotencia del Superyó. Éste "...incita al individuo a castigarse a sí mismo en la medida en que no puede ocultar a esta instancia la persistencia de sus deseos, en adelante prohibidos..."54. Si

esto se traslada a la perversión, también el Superyó ordena al sujeto a castigarse a sí mismo (recordemos que esta es una fuente de goce que el perverso registra como placer erótico) y castigar al Otro a través de su puesta en acto de su goce. Es como si en el perverso el sentimiento de culpa fuera no actuar en el escenario perverso, es decir, se sentiría culpable de no participar en el acto perverso.

En el exhibicionismo, es ante todo la sorpresa, la acción inesperada para la víctima que implica un sobresalto de angus- tia. En segundo lugar, la acción misma, también repentina, no trata de mostrar algo a través de la duración temporal como la que se encuentra al mirar un cuadro u otra obra de arte, que generalmente tienen un efecto pacificador en la mirada. Se tra- ta más bien de algo que se abre y que se cierra. Algo que repro- duce la estructura del inconsciente: un pantalón, un abrigo, un impermeable que se abre y que se cierra; al mismo tiempo que ofrece algo a la mirada, también lo oculta. Lacan dice "lo per- cibido en lo desapercibido", la hendidura como tal.

Cuando las víctimas de actos exhibicionistas son interro- gadas sobre lo que han visto, en general responden que no han visto nada. Pero es eso justamente lo que angustia, no ver don-

54 Pierre Kaufrnann y colaboradores, Elementos para una enciclopedia del

psicoanálisis, Barcelona, Paidós, 1996, pp. 65-66. 80

de se esperaba ver lo que se creía que se vería. El propósito del exhibicionista, es la verificación de que se obtuvo lo que se buscaba: la mirada de la víctima. Se trata de suscitar una de- terminada mirada, de sorpresa, de vacilación porque una mi- rada de indiferencia significaría la mayor decepción para el exhibicionista. Entonces, su mayor satisfacción, está en la mi- rada que expresa al mismo tiempo la angustia o el terror, el rechazo que indica que se ha vulnerado el pudor del otro. Tam- bién que se ha alcanzado su curiosidad, el interés, la satisfac- ción, la mirada que muestra que el Otro ha quedado conmovi- do en su deseo cómplice, involucrado con su goce, pero en su goce desconocido, el que rompe con sus represiones.

Con este recorrido hemos tratado de demostrar que la psi- copatía y quizá la sociopatía, otra distinción psiquiátrica de fenómenos similares, encajan dentro de la categoría psicoana- lítica de la perversión. Aunque como comentábamos, a veces estos diagnósticos apuntan más bien a la psicosis. No obstan- te, si se trata de situaciones y experiencias como las que he- mos revisado, seguiremos hablando de perversiones aunque el término no sea escuchado con agrado.

E

s ampliamente reconocido que Jacques-Marie Émile Lacan Baudry, el gran psiquiatra francés, llegó a ser el teórico del psicoanálisis más influyente después de Sigmund Freud. Lacan subvirtió el campo del psicoanálisis re- orientándolo a la verdad freudiana, de cuyo sentido consideraba que lo habían desviado los freudianos de su tiempo al sumirlo en una lógica biologista y objetivista, o forzada a la ciencia po- sitiva y tecnológica. Para frenar este perjuicio, hizo una lectura exhaustiva de los principales psicoanalistas contemporáneos para ubicar en dónde había sido distorsionada y parcializada la teoría. Reinterpretó y amplió la práctica psicoanalítica, cons- truyendo una lectura bajo el concepto del "retorno a" la letra freudiana. Incorporó a sus teorizaciones nociones de origen lingüístico, filosófico y topológico que lo llevaron a redefinir muchos de los principales términos del léxico psicoanalítico y a formular la tesis por la que se lo identifica: "El inconsciente está estructurado 'como' un lenguaje". Con esta frase. Lacan retorna a la concepción del inconsciente propuesta por Freud mostrando profundas diferencias con los teóricos del yo y los de "la relación de objeto", prevalecientes en la IPA. Para Lacan, el inconsciente remitiría a lo no-dicho en el lenguaje.

La lingüística de Ferdinand de Saussure es aplicada a la relectura de Freud, modificando algunas de las fórmulas re- lativas al significante, Lacan inserta el concepto de lógica del significante para reexplicar la teoría freudiana. Desarro- lla conceptos como: los tres registros (real, simbólico e imaginario), el objeto a, el deseo del analista, la ética del psicoanálisis, la falta de objeto, el erotismo, el goce...

Con estas formulaciones dio nuevos alcances a los postu- lados freüdianos y creó conceptos propios que modificaron la teoría y práctica clínica de las estructuras: neurótica, psicóti- ca y perversa, conservando la esencia freudiana.

A partir de la revisión de toda la obra de Freud, Lacan establece su propia postura sobre la perversión, dando énfasis a distintas propuestas freudianas como la del fetichismo, mo- delo de las perversiones. Desarrolla el concepto de objeto a causa del deseo, donde podría incluirse al fetiche como obje- to a en la perversión. Introduce además, la metáfora paterna y el papel del padre en la pére-versión, (versión del padre). La perversión para Lacan es entre otras cosas, un llamado a la ley del padre, en donde el acto perverso generalmente es un acto dedicado al padre ausente (aunque no ignorado). Pero para Lacan la perversión es, primero que nada, una estructura psíquica.