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Las mujeres ocupan para Dalila dos posibilidades: a través del grupo de mujeres, se puede reunir a llorar el hombre ausente; se acompañan las unas con las otras y hacen de cuenta que no les hace falta nada, sin embargo lo que las une es precisamente la ausencia del hombre que las reúne alrededor del dolor a compartirlo. A través de las mujeres

individuales, se convierten en rivales que roban, retienen o seducen al hombre que ella anhela para sí; la madre y la hermana, le roban a César, las hermanastras y la otra mujer, se llevan a su padre, las distintas mujeres la separan de sus oportunidades de ser feliz al lado de un hombre.

La mujer sin un hombre se encuentra desvalorizada, puesta en el lugar denigrado de no contar con el objeto de valor, el hombre. Le queda reunirse con otras mujeres como ella, sin hombre para juntas añorar la presencia del hombre valioso que les traiga las características bondadosas de las que ellas carecen. La reunión de Dalila con sus amigas (la anterior terapeuta, una amiga del barrio vecina, una compañera de estudio, el grupo de amigas con las que sale a un bar) le permite compartir el dolor de la soledad y la soltería, se lo hace más liviano. El grupo de mujeres sostiene el Self denigrado de cada una de ellas en la mente de Dalila, mientras no se tenga hombre, el sí mismo no es valioso.

Haber tenido el hombre y perderlo, la deja devastada, porque tenía lo preciado y lo dejó ir. El Self se diente todavía más desvalorizado pues no supo retener el Objeto a su lado. El objeto se alejó y con ello deja al Self en la posición, o posesión, de lo malo:

“Dalila: Es que con ninguno he conseguido que las cosas perduren, siempre pasa algo y se viene abajo la relación… Con César (el último), todo venía bien y yo tenía que tirármelo por mi impaciencia y mi impulsividad… siempre he sido así, desde chiquita toda caprichosa, quiero que las cosas sean como yo quiero, por eso es que nadie me aguantaba, los amigos del colegio, mi mamá misma, siempre estaba de intensa, pero era que yo no entendía, no sabía cómo comportarme para no alejar la gente, he sido buena para alejar la gente toda mi vida.” (Sesión 2, Octubre de 2010)

Una mujer que “tiene”, se adhiere, al hombre se hace valiosa y se vuelve depositaria de su envidia o celos. El ataque surge como forma de desvalorizar a la mujer que si tiene el hombre, sin embargo, esto le recuerda que ella no lo tiene, que no consiguió conservarlo, en el caso de César, quien inicia rápidamente una nueva relación con otra compañera de trabajo del restaurante. En las sesiones Dalila la desvaloriza, habla mal de ella, la llama

“gorda”, “fea”, “hipócrita”, pero una vez realiza estos ataques envidiosos, empieza a llorar,

a sentirse mal por su incapacidad de haber mantenido a César a su lado. Si él se fue tras ella es porque posee algo valioso que ella no y esto la deja desvalorizada en su Self, denigrada en su feminidad también. Esto también pasa a propósito de la hermana y la madre de César, quienes no lo tienen como pareja, pero al conseguir su atención y cuidados, la llena de celos

y la hace sentir que si prefiere complacer a su madre y a su hermana, es porque ella no es suficiente para hacerse dar su lugar al lado de él. El hombre permanece valorizado y la mujer adquiere o no valor de acuerdo a lo que consiga de él.

“Dalila: Entonces la mamá lo llamaba y él inmediatamente salía para allá, sin

importar si yo lo necesitaba o no… o yo lo llamaba y me decía que estaba en la casa de la mamá y le preguntaba que a qué hora iba a llegar y me decía que no sabía, que estaba con su mamá, que eso debía respetarlo, pero yo sentía que no me

daba el lugar ante ellas… más de una vez me irrespetaron y él se quedaba callado

delante de ellas y cuando llegábamos a la casa y yo quería decirle algo al respecto, le daba la razón a su mamá, no era capaz de darme mi lugar, me tocaba andarlo peleando y ni así… yo no sé qué era lo que no hacía bien que prefería a su mamá y a su hermana que mi… por qué en últimas no se quedó conmigo o me pidió que volviéramos, eso seguro fue la hermana o la mamá que le echaron cucarachas en la cabeza y le dijeron que no me buscara” (Sesión 3, Noviembre de 2010)

4. La familia: Relaciones familiares de conflicto y rencor

En este momento del proceso terapéutico, Dalila nombra de manera tangencial su sobrina, la hija de su hermana, una niña de aproximadamente 6 años con la que comparte y por quien siente un afecto especial. Vive con su madre, su hermana y sobrina, y con su hermano. Las relaciones se encuentran altamente fracturadas y aunque apoya económicamente el hogar, no consigue tener una buena relación con su madre, a quién constantemente le reclama los errores del pasado, no consigue perdonarla.

A través de la niña, consigue tener una mejor relación con su hermana, sin embargo,

se manifiesta rivalidad porque el padre “la ha preferido” siempre a ella, apoyándola

económicamente y llamándola con frecuencia, aún ahora en la adultez, mientras a su hermana no.

Prevalecen los conflictos en las relaciones sobre las posibilidades de restauración de las mismas, prevalecen las ambivalencias con las mujeres de la familia sobre la posibilidad de restaurarse a través de la relación con la sobrina.

“Dalila: Pues yo ahora vivo acá en Bogotá con mi mamá, ella se vino después de mí y pues de todas formas es mi mamá, así que la recibí donde vivía y nos hemos organizado para vivir juntas con mis hermanos… pero yo no he podido perdonarla del todo, yo intento hacer de cuenta que no sucedió todo eso en mi infancia, pero me lleno de rabia y me da tristeza y no consigo perdonarla… (llora) y ella hoy en día me ha dicho varias veces que la perdone con lágrimas en los ojos, pero yo no puedo, yo soy dura con ella, seria y le digo que eso ya pasó, que no hablemos más de eso, pero la verdad es que yo no olvido y ella se da cuenta y yo la trato a veces mal y me parece que comete muchos errores con mi hermano ahora, casi que yo

estoy haciendo de papá de mi hermano, porque mi mamá le tiembla la mano para ponerse firme” (Sesión 3, Noviembre de 2010)

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