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4.5 DATA COLLECTION AND ANALYSIS

4.5.2 Interviews

II.2.8.1. Ética.

Sobre la Ética de profesiones formativas, Gatti Guido dice que "…Las mismas profesiones altas pueden convertirse en lugar de auténtica autorrealización, solo si se hacen con una preocupación social…" (p.47)

La ética es considerada como la ciencia de la bondad y de la maldad de los actos humanos pero si se habla en forma de profesión eso ya abarca como la actividad profesional puesta de una manera estable y honrada al servicio que se da a las demás personas y en beneficio propio, impulsado de la propia vocación y con la dignidad que corresponde a la persona humana.

II.2.8.2. Bioética.

El término fue creado en 1970 y podría decirse que tiene un doble nacimiento casi simultáneo; por un lado el oncólogo americano, Rensselaer Potter que es quien lo acuña; por otro, con André Helleggers en la Universidad de Georgetown, da origen a la institucionalización de los estudios de la bioética. Desde el momento de su creación, el término goza de una aceptación generalizada que obedece, probablemente, a dos órdenes de motivos. En primer lugar la palabra misma, mediante la combinación de los dos componentes que la integran – bios y éthos- parece hacer referencia a las exigencias planteadas a la ética por la nueva situación del hombre, por los nuevos alcances de su acción derivados de su poderío técnico.

Por otra parte, podría decirse que esa misma combinación le otorga al término una riqueza semántica que se traduce en una especial ambigüedad, que permite visualizar a partir de él la posibilidad de desarrollar respuestas satisfactorias para las inquietudes y problemas de

los grupos más diversos. Así por ejemplo desde el ámbito de las ciencias de la salud se lo ve como morales derivadas de la moderna capacidad de manipulación técnica de la vida humana.

Potter entiende la bioética como una disciplina que combina el conocimiento biológico de las ciencias de la vida con el conocimiento de los sistemas de valores humanos manejados por las humanidades; la percibe como un puente tendido entre ambos ámbitos y la visualiza como un instrumento indispensable al servicio de la supervivencia de la humanidad.

En 1978 se presentan tres principios éticos que luego se extenderían a cuatro, que se consideran como fundamentales y deberían complementar códigos ya existentes. Los principios definidos cuyo objetivo estaba circunscrito a regular las condiciones que enfrentarían los sujetos humanos de experimentación fueron los de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia a partir de los cuales se formularían otros tantos.

La ética en enfermeria surge con Florence Nightingale, reconocida como la primera enfermera profesional, reseño un elenco de virtudes que deben caracterizar a una buena enfermera: “Una enfermera debe ser una persona de la que se pueda fiar, en otras palabras, capaz de ser enfermera de confianza…No puede ser chismosa, ni ligera, ni charlatana; nunca debe contestar preguntas sobre su enfermo;… debe ser estrictamente moderada y honesta, pero, más que esto, debe ser una mujer religiosa y devota; ha de respetar su propia vocación, porque con frecuencia se coloca en sus manos el precioso don de la vida; debe ser una minuciosa, fiel y rápida observadora, y ha de ser una mujer de buenos y delicados sentimientos”

A pesar de los cambios en la esfera de la salud, la ética de enfermeria ha permanecido muy apegada aun a los esquemas tradicionales centrados en la beneficencia y el cuidado.

Existen además los principios de Confidencialidad, Privacidad, Sacralidad y Calidad de la Vida que son añadidos a los principios generales al momento de hablar sobre los principios éticos aplicados al área de la salud y especialmente a la atención al paciente.

A continuación se esbozará brevemente cada uno de estos principios.

Principio de Autonomía: Establece que el respeto por las personas exige que cada una de ellas sea tratada como un ente autónomo y que las personas en las que esa autonomía se encuentre disminuida son acreedoras de una especial a protección. En el contexto de la bioética la autonomía es entendida como la capacidad de actuar con conocimiento de causa y sin coacción externa; se trata pues de un concepto cuyo sentido es mucho más restringido que el correspondiente concepto filosófico, con el que se hace referencia al carácter autolegislador de la voluntad humana; dicho carácter se expresa en la capacidad de esa voluntad para dictar la ley a la que ella misma se somete y es lo que permite que todo hombre sea a la vez legislador y súbdito; esto es, represente un fin en sí, tenga la dignidad de persona y este, por lo menos en principio capacitado para vivir en democracia.

Como derivaciones de este principio surgen dos procedimientos prácticos que a poco andar adquieren gran notoriedad; el del consentimiento informado por una parte tendiente a que las personas pueden efectivamente decidir “con conocimiento de causa y sin coacción externa”; el segundo, complemento del anterior, que indica como tomar resoluciones de sustitución en el caso de quienes carecen de autonomía

o que por una u otra causa la presentan temporal o definitivamente disminuida.

En la actualidad se plantea que el auge del principio de la autonomía en la práctica bioética ha protegido a los enfermos contra las flagrantes violaciones de su autonomía e integridad que en el pasado, por simples razones éticas eran tan ampliamente aceptadas como permisibles. El concepto de integridad es más rico y fundamental. El mismo está más estrechamente ligado a lo que significa esencialmente el ser humano completo en sus aspectos psicológicos, biológicos y espiritual. Este concepto resulta más exigente y difícil de captar en un contexto legal o en lo relativo a los llamados procedimientos de consentimiento informado.

Principio de Beneficiencia: La beneficencia, que en este contexto no es entendida en el sentido de una acción caritativa cuyo cumplimento es resorte de la voluntad de cada cual, sino que representa una obligación, incluye dos aspectos: maximizar los beneficios y minimizar los riesgos. A partir de este principio se generan procedimientos tendientes a la evaluación de esos riesgos y beneficios.

El ejercicio de la enfermeria está orientado por los principios éticos que tienen sus raíces en conceptos filosóficos, el no causar daños y hacer bien al paciente. En la mayoría de los textos clásicos de enfermeria también se establecen limitaciones, claras y precisas, en cuanto al empleo de los conocimientos para determinar los objetivos. Los actos como la eutanasia, el aborto, la tortura, el ejercicio del poder o incluso la manipulación de las personas por medio de una intervención completa pueden ser excluidas de la práctica, no solo idónea sino también de la enfermeria por esas restricciones de la conducta profesional.

Principio de No Maleficencia: Antes implicado en el de Beneficencia. La justificación para dicha distinción radicaría en el hecho de que la

obligación de no hacer el mal a otros seria más exigente que la de hacerles el bien; esto es, existiría una diferencia moral entre actos puramente negativos, como podría ser en la práctica moral entre actos cuando en determinadas circunstancias, por ejemplo, se suspende el apoyo mecánico a una vida que termina, lo que sería legitimo, y actos positivos, como el matar directamente que iría contra el principio de no maleficencia y que en consecuencia, tendría que ser prohibido.

En enfermería este importante y trascendental aspecto representa la prohibición de infligir deliberadamente daños a otras personas.

El desconocer un procedimiento representa hacer daño implícito al paciente ya sea consciente o inconscientemente, la ejecución de una hemotransfusión debe ser siempre en busca del beneficio del usuario.

Principio de Justicia: establece la obligación de que haya una distribución igualitaria de los riesgos y de los beneficios; a partir de él se define un procedimiento tendiente a una selección equitativa de los sujetos de experimentación. Este principio se sustenta en la obligación ética de dar a cada una de las personas lo que verdaderamente necesita o corresponde.

Confidencialidad: Se refiere a la información suministrada en confianza por el paciente. Es un derecho del sujeto a que todos los datos recolectados sean tratados con reserva y secreto. Por tanto la información que se obtenga durante la atención solo será conocida por otros con fines estrictamente académicos y científicos, presentando resultados de manera global. Se debe guardar en reserva el nombre del usuario junto con todos sus demás datos, salvo en aquellos casos en que se tenga su consentimiento para divulgarlos.

Privacidad: Es el derecho que tienen las personas a su intimidad, al anonimato y al aislamiento haciendo uso de su libertad para decidir quién puede tener acceso a ella o quien puede observarla, lo cual está expresamente incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sacralidad de la Vida: habla sobre el máximo de la atención a la salud que es la preservación de la vida. La vida está considerada como un valor sagrado para el hombre y en especial un valor moral.

Calidad de la Vida: es la satisfacción subjetiva de una persona en su situación física, mental y social. La calidad de la vida es un concepto propio de cada ser humano puesto que deriva de los propios autovalores y cuales serian los cánones que definirían esta como digna y humana. Este principio justifica las acciones de Enfermeria dirigidas al conocimiento y evaluación de la parte subjetiva y de principios de cada paciente ya que nos darán las pautas de actuación frente a situaciones en las cuales las medidas terapéuticos tomadas transgredan cualquier principio ético.