Chapter 2: Methodology 1 Chapter overview
3. Procedure
3.2 Interviews
La idea de que el crecimiento económico es un proceso gradual de ―convergencia‖ entre regiones o sectores de diferente productividad es una constante en el pensamiento económico dualista. Siguiendo esta perspectiva, cabe esperar que en el largo plazo todos los países progresen y que las diferencias entre los más avanzados y los menos avanzados tiendan a reducirse16.
Tal como se expuso anteriormente (Capítulo I.2.1), los defensores del pensamiento dualista han sostenido la tesis de que la desigualdad en la distribución del ingreso en los países de América Latina se reducirá en la medida que los países tomen el sendero del crecimiento económico sostenido. En buena parte de los discursos en materia de política económica sobrevive la idea – aunque no siempre se hace explícita- que la situación en la que se encuentran los países de la Región es una etapa transitoria en su camino hacia un estado de desarrollo, y que la desigualdad distributiva habrá de fomentar el crecimiento.
Ahora bien, más allá de que la evidencia histórica todavía no logra demostrar la validez de este argumento, su fuerza de sentido oculta aspectos sustantivos de la realidad, como es el hecho de que la pobreza y la desigualdad pueden llegar a ser rasgos estructurales del ―subdesarrollo‖. A pesar de ello, se sigue suponiendo que el crecimiento habrá de converger y resolver finalmente tales problemas. Sin negar que esto pueda en efecto ocurrir bajo determinadas condiciones, la pregunta inicial a plantearse no es por qué ocurrió lo que ocurrió, sino por qué no ocurrió lo que cabía esperar que sucediese.
Ante esta pregunta es evidente que la respuesta no está en los hechos descritos sino en la teoría capaz de ordenarlos e interpretarlos de manera coherente en el marco de una explicación plausible. En Salvia (2009), son tres las tesis que se han puesto en debate. Para cualquiera de las tres, el problema planteado resulta igualmente relevante: (a) la tesis dualista Kuznets-Lydall, a partir de la cual la acumulación capitalista original y sus efectos inmediatos de desigualdad, habrán de generar en el mediano plazo una convergencia en un desarrollo con equidad; (b) la
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Para mayores especificaciones acerca de los modelos por detrás del pensamiento dualista de la convergencia, su visión crítica y el debate entorno a las mismas, véase el trabajo reciente de Salvia (2009).
35 tesis dualista Heckscher-Ohlin, a partir de la cual la libertad de comercio internacional y la desregulación de los mercados estimulará las ventajas comparativas favoreciendo la demanda laboral y la mejora económica del sector intensivo en fuerza de trabajo, mientras que el sector moderno-industrial progresa lentamente; y (c), finalmente, la tesis estructuralista de Prebisch- Pinto, a partir de la cual la heterogeneidad estructural (concentración de capital privado y tecnología en sectores claves, junto a una economía periférica y subordinada) inhabilita la posibilidad de una difusión de los avances de productividad y progreso técnico al resto de los sectores económicos.
El principal interés que tiene para esta investigación la tesis de la ―heterogeneidad estructural‖ no es de orden práctico, es decir, no está relacionado con la necesidad de describir el campo de los hechos observados en materia de crecimiento, pobreza y desigualdad en la Argentina del período 1992-2003. Tales hechos no están en discusión ni requieren de una lectura diferente a la que la literatura sobre el tema maneja y acepta de manera habitual. El interés real está anclado en el campo teórico. Tal como se ha formulado, la pregunta de investigación central es ¿por qué los resultados predichos por las tesis dualistas de convergencia no se cumplieron en un país que hizo todo lo necesario en materia de política económica y social para que la realidad asuma los presupuestos de tales teorías?
En principio, los cambios ocurridos en la estructura económico-ocupacional, el mercado de trabajo y la distribución de los ingresos durante la década de los noventa podrían ser explicados por el hecho de que en no pocos países (la Argentina entre ellos) la apertura a las corrientes mundiales de comercio e inversión habría alterado la ruta conducente hacia menores niveles de desigualdad que caracterizó las etapas intermedia y final del proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Frente a las hipótesis dualistas que proponen los defensores de las políticas neoliberales de los noventa en la Argentina-, cabe proponer de manera alternativa –bajo los supuestos que ofrece nuestro marco conceptual- que el bajo, nulo o negativo impacto del crecimiento sobre la desigualdad en el contexto histórico descrito, podría explicarse por motivos diferentes:
(a) el desarrollo de un sector corporativo altamente concentrado y tecnológicamente avanzado, favorecido por la atracción de las inversiones externas directas que se habría traducido en una
36 creciente diferenciación de los niveles de productividad frente a los sectores modernos rezagados, intermedios e informales17;
(b) una mayor segmentación del mercado laboral con una fuerte y creciente correspondencia entre dicha segmentación y la heterogeneidad de la estructura sectorial;
(c) la débil capacidad del Estado para promover programas asistenciales y de ingresos sobre los sectores desocupados y más pobres, a la vez que la mayor desregulación de los mercados habría acrecentado el abanico de remuneraciones entre el nuevo sector concentrado, al interior del sector moderno tradicional y frente a los sectores de subsistencia.
Las tendencias anteriores se habrían visto favorecidas por los efectos de la apertura económica sobre el crecimiento y de las reformas del Estado y las regulaciones sobre los mercados. El estancamiento productivo de los ochenta dio paso, en los noventa, al reinicio del proceso de crecimiento económico. Este estuvo basado fundamentalmente en el efecto de la acumulación de capital fijo, y no habría sido más acelerado porque una fracción considerable de la inversión extranjera se orientó a la adquisición de empresas públicas que se privatizaron, lo que sustenta la afirmación de que en las economías dualistas la inversión extranjera tiende a desplazar a la doméstica. Dicho esto, apoyados ahora en las tesis estructuralistas cabe precisar en términos más estilizados la hipótesis teórica propuesta para el estudio del caso argentino:
(i) Las condiciones de apertura y desregulación económica habrían fortalecido a los sectores y actividades más concentradas y con mayores ventajas comparativas a nivel internacional – empresas primario-industriales-exportadoras o corporaciones oligopólicas a cargo de servicios públicos privatizados-, las cuales en un contexto de mercados globalizados profundizaron la inversión tecnológica, a la vez que armaron cadenas de producción con empresas locales o globales de alta productividad sea por explotación intensiva de capital o de fuerza de trabajo. (ii) Este proceso habría generado una mayor concentración del progreso técnico y la productividad en grandes empresas multinacionales y de grupos económicos locales, desplazando o rotando mano de obra; y, al mismo tiempo, implicó la destrucción o deterioro de los sectores modernos y cuasi-informales más tradicionales o técnicamente rezagados, los cuales perdieron mercados e ingresos, produciendo también un mayor desplazamiento de fuerza de trabajo.
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Más adelante, en el Capítulo II.2.1, se explicita a quienes estamos considerando como integrantes de sectores modernos rezagados, concentrados, tradicional, intermedio, cuasi- informal tradicional, subordinado e informal de subsistencia.
37 (iii) Se constituye un sector económico más concentrado de capital que lidera el crecimiento, participando de los nuevos negocios de la globalización, y cuyos componentes laborales logran apropiarse de una mayor parte de la renta y ampliar su escala de movilidad y progreso económico-social. Esta intensificación de la heterogeneidad estructural que genera el modelo bajo una ―economía abierta‖ conduce a que la distribución del ingreso siga un comportamiento no convergente, pasando a ser la distribución del ingreso una función directa del nuevo escenario socio-económico, más allá del comportamiento que presente el crecimiento económico.
(iv) Surge en este contexto un particular patrón de emergentes en la estructura social del trabajo: a) una mayor concentración de buenos empleos entre sectores formales o dinámicos; y b) un aumento de las actividades de autoempleo de subsistencia y de negocios informales o actividades ―refugio‖ de muy baja productividad.