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Introducing a permanent immigration programme

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6.2 Introducing a permanent immigration programme

La cantidad de niños envueltos en conflictos armados hoy es un tanto incierta. Según la UNICEF, en los años 90 se calcula que 300.000 menores estaban comprometidos en guerras entra o interestatales. Todavía, debemos admitir que ese número es estimado ya que los reclutadores ni siempre se atentan para la edad de los reclutas y cuando es de su interés, tanto los grupos insurgentes cuanto los Estados omiten informaciones que ocultan la real dimensión del problema. (UNICEF: 2000)

Otro problema es que los datos disponibles son inciertos, pues proveen de momentos en que los grupos están dispuestos a cooperar y negociar. El facto de que eses momentos son poco frecuentes resulta en una gran concentración de datos dudosos. Como ejemplo, observamos que muchos niños son dichos como desmovilizados pero, en realidad, pasaron a actuar en otros grupos. Los niños que huyeron y acabaron siendo reclutados de nuevo, también dificultan la determinación de un número exacto de menores combatientes. Por consiguiente, el número de menores envueltos en conflictos debe ser probablemente mayor, lo que perjudica los trabajos de prevención y de combate a ese problema internacional. El reconocimiento oficial del reclutamiento de infantes, tanto por los gobiernos cuanto por las milicias, y su real dimensión es el paso inicial para buscar soluciones a ese drama.

Según las directrices de la Unión Europea, entre 1990 y 2000, 2 millones de niños fueron muertos en regiones de conflicto, 6 millones fueron mutilados, 1 millón de menores se tornó huérfano y 200 millones se tornaron desplazados internos o refugiados. Esas cifras nos demuestran que la participación de niños es frecuente y en algunos casos, como en la República Democrática del Congo, los niños llegaron a una cantidad tan alta que los grupos armados pasaron a ser descritos como grupos de niños armados, ignorando la presencia minoritaria de los adultos. (Unión Europea: 2003)

Inicialmente, iremos utilizar en ese trabajo una definición que consta en el protocolo facultativo a convención sobre los derechos de los niños. En ese documento, niños en conflictos armados son niños y niñas con menos de dieciocho años partes de un ejército regular o de grupos

armados, aún que no utilicen armas. (UNICEF: 2000) También, podemos decir que eses menores pueden estar directa e indirectamente envueltos en los campos de batalla, pues además de desempeñar funciones de combatientes, también actúan en otros momentos como cocineros, mensajeros, cargadores y esclavos sexuales.

Bien como el protocolo, en ese trabajo consideramos la edad de dieciocho años para lo que definimos como niños. El termo “menor” también será frecuentemente utilizado, pues es concebido como un sinónimo para la descripción de las personas que tienen menos de dieciocho años. Ese rango de edad está de acuerdo con lo que establecieron diversos sociólogos, antropólogos y epistemólogos, como Piaget, que defienden que menores de esa edad no son capaces de desarrollar compromisos políticos ni tampoco tienen capacidad racional para juzgar su envolvimiento en acciones militares. De esta manera, se considera que antes de esa edad, el niño no tiene capacidad para tomar decisiones conscientes, ya que no tiene capacidad psicológica y racional para evaluar las consecuencias que esas decisiones resultarían. Por consiguiente, el reclutamiento de menores no puede ser concebido sin una interferencia externa, tanto de sus familiares cuanto del grupo con lo cual convive.

Aparte debemos resaltar que dieciocho es la edad límite para lo que consideramos niños en conflictos armados. Eso no significa que los grupos armados y los ejércitos se limitan a reclutar los más viejos entre los menores. Según la UNICEF, ochenta por ciento de los conflictos actuales tienen niños con menos de quince años en sus ejércitos. Dieciocho por ciento de las organizaciones utilizan niños con menos de doce años. La edad media de los reclutados en algunas ciudades de África y de Asia llega a trece años. (UNICEF: 2000)

Hay que se admitir que la definición del protocolo de la convención sobre los derechos de los niños es muy simplista. Es necesario buscar la comprensión de las causas y de los efectos de la participación de los niños en conflictos. Así como, hay que se pensar en el niño como un actor que generalmente no conoce otra realidad que no sea la guerra, por lo tanto, él convive con la guerra diariamente y puede acabar se tornando parte de ella.

Lastimosamente, no son apenas los niños que participan de grupos armados que tienen sus derechos amenazados en situaciones de guerra. Cuando la sociedad enfrenta una guerra, los civiles son expuestos a la violencia y a la inseguridad. Pero si la guerra es pasajera, los efectos colaterales serán restrictos, sin embargo, si se trata de un conflicto duradero, las nuevas generaciones de niños serán mucho más afectadas porque nacerán en una situación de violencia impuesta hacía ellos. Aparte, se sabe que solamente la exposición a los conflictos armados, el simples facto de vivir en

áreas donde el combate y el uso de las armas son constantes, hace con que los niños tengan su acceso a la salud y a la educación restringidos, por fin sus vidas son perjudicadas y su seguridad es comprometida.

La distinción entre niños envueltos en conflictos y niños expuestos a los conflictos en algunos casos es muy sutil. Como ejemplo, observamos el caso de los niños palestinos. No se puede decir que los menores que son apenas afectados por los conflictos sin participar de los mismos. A pesar de que algunos niños no adherir a los grupos insurgentes, los mismos se manifiestan contra los conflictos cuando juegan piedras en los soldados judíos. También, aquellos niños que son reclutados por grupos armados y se tornan suicidas en los ataques terroristas son ejemplos de lo que consideramos niños que participan activamente en los conflictos.

Aparte de eso, debemos recordar que el uso de niños en guerras no es algo nuevo. Es sabido que los británicos utilizaran menores en la guerra contra la Revolución Americana, que tribus indígenas como los Yanomami también colocan sus chicos en combate, bien como es facto conocido la participación de menores en la Guerra de las Islas Malvinas. Todavía, el rol de los niños en los conflictos cambió sustancialmente con el pasar del tiempo.

Antes, los niños eran utilizados para llevar los armamentos o mismo los comestibles cuando los grupos se desplazaban. El uso de las armas era poco practicado por los menores ya que las mismas eran muy pesadas y difíciles de manejar. Con el pasar del tiempo, el uso de menores se mantuvo en bajas cantidades, ya que ningún grupo armado acreditaba que un chico podría vencer un hombre adulto debido a gran diferencia de fuerzas. Después de la dispersión de las armas leves y del proceso de globalización en el mundo, los números se revertieron y la cantidad de menores en conflictos armados creció rápidamente y asustadoramente.

Como fue dicho en ese trabajo, los conflictos actuales presentan una diversa gama de nuevos actores que influencian directamente en lo desenrollar de los enfrentamientos. Todavía, debemos considerar los niños que están envueltos en eses conflictos no apenas como actores, pero también como victimas, cuya relevancia debe ser analizada para un mejor entendimiento de los motivos y de las implicaciones de su participación. El envolvimiento de niños en conflictos armados es un episodio que merece más atención de la sociedad como un todo, ya que sus efectos pueden pasar de generación para generación, bien como no se restringirán a su origen, pues se disipan y afectan a toda humanidad. Eses menores sufren violaciones de derechos humanos además de daños y perjuicios morales y psicológicos que pueden perjudicarlos por toda su vida.

Los niños sufren las mismas humillaciones que los adultos, todavía con un diferencial, sus cuerpos son más sensibles a la violencia bien como sus mentes. Caminar frecuentemente y sin descanso, llevar materiales muy pesados y pocas horas de sueño pueden resultar en el enflaquecimiento y hasta en la muerte de los chicos. Aparte de eso, las palizas, detenciones e inhalación de gases lacrimógenos los afectan más profundamente pudiendo también llevarlos a muerte. Así, hay que considerar su situación como un proceso distinto y como tal se debe buscar soluciones para proteger la vida del niño, ya que se considera que el mismo hace parte de un grupo de individuos que necesita de asistencia y de cuidados especiales.

Por fin, debemos considerar que existen tres momentos durante los conflictos en los cuales podemos encontrar los niños. El primer caracteriza la amenaza y la posibilidad del menor de ser reclutado. El según se aplica en casos en que los niños están envueltos en los conflictos, tanto como combatientes cuanto como cuando desempeñan otras tareas. El tercer se refiere al momento del pos conflicto, donde los niños pueden tentar se integrar a sociedad o sufren el riesgo de ser reclutados otra vez.

La infancia es el momento en lo cual el ser humano aprende a interactuar con el mundo a su alrededor. Los estímulos externos serán responsables por la definición de la personalidad de cada persona y por consiguiente sus reacciones frente a los acontecimientos. Por eso, la creencia de que los niños son el futuro de sus sociedades está correcta, ya que ellos reflejarán el medio en que fueron creados. Lastimosamente, podemos concluir que la parte más afectada de la población durante los conflictos son los niños, ya que ellos no presentan posibilidades de defensa y son privados de una infancia que posibilite un desarrollo saludable de sus capacidades físicas y psicológicas.