• No results found

6. Childcare

6.2 Introduction

Como ya se mencionó, el Frente Nacional (1958-1974) excluyó amplios sectores de los escenarios de participación. El clientelismo de los caciques regionales que articulaban la vida política del país, se transformó en un clientelismo transaccional que se ajustaba mejor al capitalismo (Múnera, 1998, p.141). De la misma manera, el régimen frentenacionalista, ubicó a las fuerzas militares bajo el control civil aunque les otorgó autonomía en el control del orden público, profundizando la represión de cualquier expresión de oposición.

El clientelismo, la exclusión y el aumento de la represión evidenciaron una crisis de legitimidad del sistema político colombiano, al que se sumaba la dinámica de cambio que vivía el país con el crecimiento de la población urbana, el incremento en la demanda de acceso a la educación superior y al trabajo, y la vigencia de la agenda sin resolver de los sectores campesinos y obreros. Paralelo a la crisis, la acción colectiva durante los años del Frente Nacional, tuvo un proceso de reacomodación y reinterpretación de los movimientos de corte popular, que desde antes venían produciendo alternativas de acción política. El movimiento popular de estudiantes, de campesinos, de indígenas, cívicos y de obreros, fueron deslindándose de los sectores tradicionales del bipartidismo colombiano.35

La lucha por la tierra, la violación de pactos que afectaban especialmente a los asalariados, los altos costos de vida, los derechos humanos y la exigencia por los

35 Para profundizar en el desarrollo de estas organizaciones a partir del Frente Nacional se recomienda consultar los trabajos de

Leopoldo Múnera Ruiz (1998); Mauricio Archila, Álvaro Delgado y Otros, (2002). Para el movimiento estudiantil, ver también Manuel

66 servicios públicos domiciliarios, motivaron la movilización de amplias capas de la población. Los obreros apelaron a los paros y huelgas, los campesinos continuaron con la invasión de tierras, los pobladores urbanos se congregaron en las marchas, y los estudiantes mezclaron la movilización, el paro y la confrontación36 (Archila, 2002. p.245).

El M-19 entendió como oportunidad la crisis de legitimidad del sistema político y se planteó la necesidad de apoyar a la población en sus reivindicaciones, articulándose al auge de la protesta social que se venía dando en el país. Por esta razón, en los relatos es clara la visión de apoyar, intervenir y presionar la solución negociada de los conflictos laborales particularmente: “Con el secuestro del

Gerente de Indupalma se buscaba una reivindicación obrera. Pero nosotros decíamos: no somos nosotros quienes deben conseguirles las reivindicaciones a los obreros; son ellos mismos; que ellos negocien” (Lara, 1982, p.118).

En los documentos de la V Conferencia del M-19 realizada en febrero de 1977, se consignan los lineamientos para ir conformando una organización político-militar que le permitiera mayor relación con la población acompañando sus luchas. Esta reunión determinó que se debían realizar las siguientes acciones:

1) Insertarnos en las masas, ligados a sus problemas concretos, desarrollando conciencia de la necesidad del socialismo y la guerra mediante el impulso y apoyo de sus luchas y la utilización de sus propias formas. 2) Creación de núcleos capaces de asumir en su seno la combinación de las más variadas formas de lucha, en una óptica político-militar que desarrolle y reproduzca los futuros cuadros revolucionarios del partido en el ejército y en el frente. 3) Creación de

una organización revolucionaria (político –milita) con apoyo e influencia

de masas, capaz de combinar y centralizar las mas diversas formas de lucha y las mas distintas reivindicaciones del pueblo, batalladora pro unidad, consiente y combativa hacia las alianzas y la integración de diversas fuerzas revolucionarias: Una organización con cuadro

armados de una concepción y una practica político –militar,

impulsadora de la guerra del pueblo (Villamizar, 1995b, p.95).

36

Igualmente, desde 1960 empieza a verse una diversificación de las motivaciones de las lucha por sectores. Las m ujeres por los derechos, los gremios por políticas, los trabajadores independientes por políticas laborales, la clase obrera se continuó reivindicando a través de la huelga presentando un porcentaje alto en el magisterio, seguido por los trabajadores de la salud, la industria manufacturera, los de las empresas de servicios públicos y los transportadores. (García, 2002, p.210-222).

67 Además de los fines políticos de las acciones, se observa en los textos del M-19, la intención de llamar la atención de la opinión pública. Por eso, la Operación Ballena Azul de diciembre de 1978, en la que fueron sustraídas cerca de cinco mil armas del Cantón Norte de Bogotá a través de un túnel, fue interpetada como un evento de espectacularidad por los militantes del M-19, como lo mencionó Batemán: “Lo del Cantón no fue casual, no fue un papayaso que nos dio el ejército. No. Lo del Cantón fue consecuencia de nuestro fracaso en la política legal, en la organización de las masas. Nosotros no podíamos quedarnos con los brazos cruzados. La autocrítica habría que asumirla en la práctica y no en la teoría, había que demostrar que sí se podía hacer política alrededor de la

democracia. Cuando hicimos lo del Cantón logramos audiencia nacional” (Molano

y Tobón, s.f. p. 71)

Después de esta operación, la represión y persecución por parte de las fuerzas militares aumentó. Antes de un mes ya habían sido retenidos varios militantes y desmanteladas algunas casas de seguridad. Los detenidos fueron sometidos a torturas como lo expresó Vera Grabe en una entrevista: “La tortura es un combate, un combate solitario, en el que la única arma es la firmeza. También es una batalla

donde puedes salir vencedor o vencido, eso depende de ti” (Behar, 1985, p.166).

Carlos Duplat, también dio su testimonio en el Consejo de Guerra en 1981:37

“Aunque con su ferocidad recuperaron unas armas, no pudieron arrancar de nuestros corazones el amor a la patria y no lograron hacernos renegar de nuestros anhelos de libertad y justicia” (Cipagauta, 1981, p.200).

Además del efecto de espectacularidad que pudieran generar las acciones del M- 19, es importante la valoración que se hace en el interior de esta organización sobre la lealtad de sus militantes, particularmente en las situaciones de mayor represión. Artunduaga, comenta sobre el coraje de las mujeres en la tortura, “que al interior del M-19 el valor y lealtad de las militantes fue muy preciado. Porque de

37

Carlos Duplat, militante del M-19, tuvo a cargo la coordinación del transporte y la seguridad de la construcción del túnel y de las caletas donde fueron escondidas las armas. Actualmente, es director de teatro y televisión.

68 todas las mujeres el 70% no hablaron, mientras que de todos los hombres un 90% terminaron dando alguna información, con el fin de parar con el suplicio”

(Artunduaga, 2009, nov. 20).

Los altos niveles de represión por parte del Estado respondían a la plena vigencia del Estatuto de Seguridad promulgado por el presidente liberal Julio César Turbay Ayala (1978-1982), que otorgó facultades de policía judicial a las fuerzas militares en el marco del Estado de Sitio. Lo anterior generó que varios sectores democráticos participaran en el I Foro Nacional de Derechos Humanos realizado en Bogotá en 1979. El M-19 entendió que esta era una coyuntura especial porque la población empezaba a vencer el miedo y se decidía a plantear públicamente el tema de la violación de los derechos humanos y los abusos de la fuerza militar. Meses después el M-19 decidió llevar a cabo la toma a la Embajada de República Dominicana en Bogotá, el 27 de febrero de 1980, denominada Operación Democracia y Libertad. Según María Eugenia Vásquez el objetivo era cuestionar la democracia en Colombia, denunciar los desmanes y violación de los derechos humanos por parte del ejército, rechazar la justicia penal militar y negociar la liberación de los presos políticos (1998, p.200-201). “Los presos eran símbolo de

la lucha por la democracia, de esa oposición a la que el régimen turbayista quería amordazar para ocultar su esencia represiva” (Pabón, 1984, p.23).

La toma de la embajada fue eficaz para la denuncia pública, dijo Luis Otero,38 quien preparó la acción. Luego de dos meses de negociación finalmente se logró llegar a un acuerdo con los representantes del gobierno. Iván Marino Ospina define así lo ocurrido:

Después de dos meses de negociaciones el desenlace de la toma de la embajada nos sorprendió a todos los presos políticos. Creíamos que se iba a lograr nuestra liberación. En la cárcel la gente aceptó el resultado, más o menos bien según su nivel político y su amor por la organización. En general se consideró que el desenlace había sido positivo porque le había demostrado al mundo que en Colombia sí había presos políticos y

38

Luis Otero, Asumió en la VII Conferencia la tarea de sacar a los presos políticos de la cárcel. Por eso ideó el plan de la toma de la Embajada. Murió en noviembre de 1985 en la toma del Palacio de Justicia.

69

sí había torturas y que en consecuencia, el presidente Turbay había mentido descaradamente en Europa cuando había afirmado que el único preso político que había en Colombia era él. Además los compañeros de La Picota comprendieron que el M-19 había sido promovido en el mundo entero (Lara, 1982, p.110).

Como se observa en el relato anterior, la percepción del M-19 fue de triunfo, aunque no se hubiera logrado mediar en la liberación de los presos políticos. Lo valioso, que fue interpetado, fue la posibilidad de evidenciar públicamente la aguda crisis de violación de los derechos humanos, que a su vez cuestionaba la legitimidad de las acciones del Estado.

Se puede concluir, que las diferentes acciones que realizó el M-19 bajo la perspectiva de apoyo y articulación a otras formas de acción colectiva, respondieron a la interpretación como oportunidad de la crisis de legitimidad del sistema político que les permitía tener mayor favorabilidad entre la población, reivindicando también parte de sus planteamientos fundacionales, como fue la lucha por la democracia desde una perspectiva nacionalista. Discusión que va a estar frecuente en el desarrollo de sus diferentes conferencias y reuniones de dirección nacional.

Related documents