Chapter 2 Comparison of a novel bayesian and other metrics in co-expression network
2.2 Introduction 29
por Roxana Patiño
¿Cómo estudiar las revistas?
Es ésta una pregunta con historia que no tiene una sola respuesta. El estudio de las revistas literarias y culturales no podría pensarse fuera de la consideración de todo intento que pretenda insertar a la literatura en la compleja trama de discursividades que una sociedad produce en un momento dado de su dinámica cultural. La función e importancia que la historia literaria le ha asignado ha sido diversa y no siempre afortunada, y podrían detectarse tres momentos en esta consideración a lo largo del siglo XX en América Latina. Como puede comprobarse en los textos de la historiografía tradicional, por lo menos hasta los años sesenta, las revistas fueron relegadas a un lugar secundario en el cuerpo mayor del canon (à) literario, y confinadadas a ser el órgano o tribuna de una generación, la plataforma de lanzamiento de nuevas estéticas, pero raramente consideradas en sí mismas un objeto central para el proceso literario que las incluye. Las revistas participan de esa condición de *ancilaridad –para usar el término con el que Alfonso Reyes designó en El
deslinde (1944) a los géneros no propiamentes literarios en América Latina– aunque
mantienen una presencia ponderada en tanto son difusoras de los contenidos centrales de la cultura letrada y moderna.
Un segundo momento en su consideración lo encontramos entre los años sesenta y ochenta. Coincidente en América Latina con los procesos que van de la modernización y la politización de la sociedad y la cultura hasta los procesos de crisis institucionales y autoritarismos políticos, las revistas cumplieron un rol de máxima importancia tanto en la actualización y difusión de los nuevos contenidos culturales y políticos, cuanto en la generación de espacios de disidencia, resistencia a las censuras y continuidad de los vasos comunicantes de una cultura fracturada por la represión, el exilio y el atraso. De allí que la crítica le dedique una mayor consideración y, en el caso latinoamericano y particularmente argentino, poseemos valiosos trabajos claves para el conocimiento de una cultura que depositó en las revistas los principales núcleos ideológico-estéticos por los cuales pasó la
renovación en todo el siglo XX. Sin embargo, este segundo momento de la crítica, si bien valorizaba las revistas de esos años así como del pasado continental en un gesto reivindicatorio, poseía dos limitaciones: las encapsulaba en un ámbito circunscripto sin demasiada conexión con los campos de problemáticas a los que remitían, y adolecían de los enfoques teórico-críticos necesarios para articularlos a ese *corpus mayor. Un ejemplo de esto podría ser el ya clásico libro de Lafleur, Provenzano y Alonso: Las revistas literarias
argentinas (1893-1967).65 En el contexto latinoamericano, el antecedente obligado en este período son los estudios pioneros de G. Carter Boyd (1959 y 1968) sobre las revistas del continente; como lo indica el título de su segundo libro, ya a fines de los años sesenta es posible reconstruir una historia literaria hispanoamericana a través de las huellas dejadas en las revistas. El afán más antológico que crítico prima en la elaboración de estos emprendimientos que, no obstante, cumplieron con la función fundamental de la recopilación y el registro sobre los cuales pudieron sostenerse trabajos posteriores, en un continente caracterizado por la precariedad de sus archivos hemerográficos. Al final de esta etapa, empero, puede registrarse un número creciente de trabajos sobre revistas que demuestran una originalidad mayor en los enfoques aunque la mayoría de ellos todavía circunscriptos al campo exclusivamente literario. En efecto, esta tendencia de la crítica, si bien contribuyó al análisis y la difusión del estudio sobre revistas, los alejó de su necesaria articulación a campos de problemáticas que comparte con las líneas nucleares de la cultura latinoamericana.
El tercer momento en la consideración de las revistas literarias/culturales se abre a principio de los años ochenta y coincide en América Latina con la reforma crítica operada en los estudios literarios en su cruce con los Estudios Culturales (à Culturas populares). En efecto, a partir de la apertura de los tabiques disciplinarios y el derrumbamiento de las divisiorias entre alta y baja cultura propiciados por esta corriente, las revistas dejan de ser pensadas como "objeto literario" y se tornan un espacio dinámico y privilegiado de circulación e intersección altamente significativo para el estudio no sólo de la historia literaria sino también de la historia y el análisis cultural, la sociología de los intelectuales,
65 La primera edición la publicó ECA en 1962; sin embargo, ésta se agotó rápidamente y en 1967 se publica la
edición del CEAL que, corregida y aumentada, es la que ha circulado mayoritariamente. Acaba de publicarse una reedición del libro (2006).
la historia de las ideas y la historia intelectual, entre otros saberes que por la época presenciaban la labilidad de las fronteras disciplinarias. El estudio de revistas demuestra cómo los Estudios Culturales permearon la crítica literaria dotándolos de insumos teóricos que favorecieron una más rica y pertinente interpretación de su efectivo rol en la trama cultural de una época. Dos ejemplos sobre la revista Sur pueden graficar este giro: la publicación del Dossier sobre la revista Sur en Punto de Vista66 (1983) y la publicación en español del libro de John King, Sur. Estudio de la revista argentina y de su papel en el
desarrollo de una cultura 1931-1970 (1989). En ambos se evidencia la huella de la teoría
cultural de Raymond Williams (à Campo literario) y, en el caso del primero, un esfuerzo por sacar a la revista de los parámetros interpretativos desde los que había sido estudiada hasta entonces, y por complejizar la noción de que una revista es bastante más que un órgano difusor de una ideología literaria o cultural; es, más bien, un espacio de cruce muchas veces conflictivo de varias líneas ideológicas que están presentes en toda dinámica cultural de manera hegemónica, emergente o residual (Williams 1977: 143-149).
Esta línea williamsiana es congruente con el modo en que las revistas empiezan a ser pensadas: como "proyectos intelectuales" de "formaciones" que ejercen una intervención aguda aunque breve en la trama cultural. Así como los Estudios Culturales, la Sociología de la Cultura también impactó en el estudio de las revistas; en particular, el aporte de Pierre Bourdieu se reveló eficaz para analizar a las revistas como posiciones desde las cuales los agentes de un campo intelectual fijaban sus relaciones y establecían sus debates dentro de una problemática, y el papel de ciertos "intelectuales faros" que guiaron esas empresas. El estudio bourdieusiano de Anna Boschetti sobre Les Temps Modernes (1985, traducido al español en 1990) fue orientador de este enfoque.
Al mismo tiempo, son las revistas de estos años –entre los ochenta y los noventa– las que realizan una operación que las distingue: importan, modernizan, actualizan el campo cultural luego de algún proceso de obturación de dicha esfera que haya dificultado el flujo de las nuevas tendencias. Así, en el momento de las posdictaduras las revistas del
66 Cf. María Teresa Gramuglio. “Sur. Constitución del grupo y proyecto intelectual”; Beatriz Sarlo. “La
perspectiva americana en los primeros años de Sur”; Jorge Warley. “Un acuerdo de orden ético”. Punto de
Cono Sur, por ejemplo, ponen a punto el repertorio del debate modernidad/posmodernidad y lo procesan de acuerdo a sus propias coyunturas político-culturales.67
Los años noventa y la presente década concentrarán la mayor producción crítica sobre revistas que, además de ser cuantitativamente superior, registran este enriquecimiento que permite analizarlas con un instrumental teórico mucho más sofisticado que en las etapas anteriores. Marcadamente transdisciplinario, el estudio de revistas posibilitó una amplia revisión de las publicaciones canónicas a la luz de nuevos enfoques a la vez que el registro de otras menos conocidas y no consideradas hasta entonces. Las revistas fueron en estos últimos años objeto de numerosos encuentros académicos y de publicaciones especializadas que compilaron un trabajo colectivo en el continente (Fell 1990, 1992, 1995; Sosnowski 1999; Schwartz y Patiño 2004), así como también se registran trabajos individuales mayores sobre etapas culturales densas de América Latina basadas en un trabajo minucioso y productivo sobre numerosas revistas (Gilman 2003) y grupales e individuales sobre una revista, como Marcha (Moraña y Machín 2003) y Casa de las
Américas (Quintero Herencia 2002).
¿Qué estudiar en las revistas?
Esta variación en los modos de abordaje de las revistas literarias/culturales es consecuencia del cambio en los objetos de estudio que se construyeron a partir de su análisis. Y esto es así porque los interrogantes a los que se sometieron las revistas provienen de distintas disciplinas, la mayoría de las cuales tiene algo para decir sobre los interrogantes literarios. En otras palabras, cumplieron roles significativos más allá de los bordes del campo específico y su originaria contaminación con esas zonas permitió abordarlas desde perspectivas más integradas que enriquecieron el enfoque exclusivamente literario. Veamos algunos ejemplos de estas perspectivas.
Verdadera sintaxis polifónica, las revista literarias/culturales se han desplazado en una doble vía en la cultura latinoamericana: en su interior, actuaron como generadoras y sostenedoras de las diversas posiciones que intelectuales y artistas tomaron a lo largo del siglo, manteniéndose dentro del ámbito de la cultura letrada; al mismo tiempo, en su
proyección exterior, abrieron vasos comunicantes con una sociedad que en más de un momento abrevó en la cultura para encontrar bases identitarias, contenidos integracionistas, y nuevos fundamentos de valor. Dinamizadoras, en su mayoría, de las instancias de modernización y democratización de un campo cultural, han sido decisivas en la expansión del circuito restringido en el que se ubican sus miembros.
Otra perspectiva no ajena a la anterior puede integrar a las revistas como componentes clave en el estudio de la conformación de proyectos intelectuales y literarios; proyectos derivados menos de un programa expreso y unidireccional, que del resultado de una negociación entre líneas hegemónicas y contra-hegemónicas en permanente estado de tensión y recomposición (à Imagen de escritor). Con un aditamento: al ser constructoras informales de genealogías y proyectos intelectuales, ambos pueden ser estudiados en el momento mismo de su constitución cuando todavía comparten el espacio con y dentro de un mismo imaginario cultural con otras líneas que pueden, incluso, ser ideológicamente contradictorias. En otras palabras, las revistas, por su especial capacidad de ser “antenas de lo nuevo”, posibilitan la entrada y convivencia dentro de ellas de contenidos diversos que posteriormente se decantarán dentro de ideologías culturales específicas –en tanto conjunto articulado de ideas y valores– y perderán ese estado de permeabilidad que les permitía la revista. A la manera de lo que Raymnond Williams denomina “structure of feeling” (estructuras del sentir o del sentimiento), las revistas escenifican “una experiencia social que todavía se halla en proceso (...) y que es mejor reconocida en un estadio posterior, cuando han sido formalizadas, clasificadas” (1977: 155). ¿Qué ofrecen entonces al historiador de la literatura o al crítico que no ofrezcan los libros? El sentido más inmediato de la literatura de un momento dado, la fugacidad que señala indicios desdeñados por el aliento hacia lo permanente del libro. No es posible captar de otro modo esa dinámica de entrecruzamientos en la que un texto dialoga con otros en una revista como no lo hace en el libro. Sabemos que no son lo mismo los ensayos de Mariátegui en la diversidad ideológica de la revista Amauta que en los mismos textos compilados dentro de sus Siete ensayos de
interpretación de la realidad peruana, o los artículos y cuentos de Borges publicados en un
espectro periodístico variado, de Sur a El Hogar, que en sus obras. Este estado de movilidad del pensamiento y de la sensibilidad posibilita una serie de cruces diversos, novedosos e inclusive contradictorios, impensables a posteriori. Es en ese sentido que
Beatriz Sarlo (1992) piensa a la revista como "banco de prueba" o "laboratorio de ideas" de operaciones intelectuales que luego se consolidan en el campo intelectual o fracasan o caen en desuso.
Aquí llegamos a un punto central para comprender las razones por las cuales el estudio de las revistas se mantuvo durante tanto tiempo dentro de la *ancilaridad: en un campo dominado por la cultura libresca, aquellas textualidades que no alcanzaran ese rango, aun cuando sus hacedores pertenecieran a la elite letrada, no tenían posibilidades de ser consideradas dentro del canon literario central. Al mismo tiempo, su naturaleza híbrida –condición que comparte con los suplementos culturales– la remite a un doble campo de pertenencia: al periodístico, y al intelectual y artístico. La pendularidad con la que las revistas se desplazan en esta doble dimensión, particularmente en América Latina, lejos de traerles beneficios, les han aparejado más de un destierro según sigan una u otra lógica. Sin terminar de pertenecer con derecho pleno como objeto de la alta cultura y, paradójicamente, pensándose a sí mismas como espacios restringidos dentro de ella, las revistas asumen esa doble condición y alimentan a uno y otro espacio pero no terminan de obtener la ciudadanía en ninguno.
Dentro de la dinámica del campo cultural, las revistas no tienen, de ningún modo, un lugar definido a priori. Más que un lugar fijo e inmutable en un orden cultural dado, las revistas tienen funciones específicas pero variables, más aun, su lugar –hegemónico, emergente o residual–depende de la función que cumplan al articularse a campos culturales diversos y paradigmas estéticos e intelectuales diferentes. Es posible distinguir entre aquellas revistas que funcionan como una institución (àCampo literario), impartidora tradicional de una legitimidad cultural buscada por muchos y renegada por otros, y las que no contienen el peso de esa tradición y por su carácter coyuntural e innovador se permiten un grado de intervención más agudo y definitorio sobre las problemáticas de la cultura. Hay revistas que por su origen, conformación y trayectoria son revistas institucionales, dependen de una institucionalidad académica y estatal. Este es el caso típico de las revistas de crítica literaria vinculadas a las universidades y que tienen una influencia decisiva en la conformación del canon literario. Un ejemplo entre los muchos posibles es el de una de las publicaciones de crítica literaria más importantes del siglo XX, la Revista Iberoamericana que nace en México en 1938 como órgano de difusión del Instituto Internacional de
Literatura Iberoamericana (IILI). Con sede de origen en la Universidad Nacional de México (luego UNAM), la revista se traslada a la sede académica de su nuevo Director, Alfredo Roggiano, inaugurando una segunda etapa a partir de 1956 en la academia norteamericana, mayoritariamente en la University of Pittsburgh, que alojó a Roggiano hasta su muerte y a la revista hasta la actualidad (Martin 2002). La aceptación de las colaboraciones normada por una serie de reglas de acceso, el uso del referato, la estructura formal de los artículos, la selección de ciertos temas y enfoques críticos, ciertamente determina el círculo de exclusión e inclusión en este tipo de publicaciones. La RI ha operado a lo largo de su trayectoria como una “institución” consagratoria de nuevos movimientos, generaciones y autores, como en el caso de la narrativa del boom literario de los años sesenta y setenta. Resistentes a los cambios bruscos, estas revistas tienden más a morigerar el cambio literario cuando éste irrumpe con violencia que a potenciarlo, aunque una vez instalado con frecuencia se adelantan a consagrarlo, posibilitando una crítica que construye su valor dentro del canon. Mientras más formalizado y sólido sea el sistema académico de un país y mayores recursos posea para su sostenimiento, más importante será la presencia de este tipo de publicaciones. Más allá de su rutinario y frecuente uso como fuente bibliográfica, no debiera descuidarse en la enseñanza de la literatura el hecho de que detrás de la aparente neutralidad de una revista académica siempre hay una política institucional que la sostiene. Un buen lector de sus artículos no debería leerlos fuera de esta consideración.
Por otra parte, hay revistas que nacen como expresión de determinadas formaciones intelectuales y artísticas, y que describen una trayectoria diferente al tipo anterior. Estas últimas son las que a lo largo del siglo XX han conformado los principales núcleos ideológico-estéticos por los cuales pasó y se modernizó la cultura argentina y latinoamericana. Son ellas también las que permiten detectar los paradigmas identitarios en los que intelectuales y artistas se concentraron en diferentes momentos. Intentaremos dar en el punto siguiente algunos ejemplos de la literatura latinoamericana del siglo XX.
Las revistas y las identidades literarias e intelectuales
Podríamos situar tres momentos de inflexión durante el siglo XX en los que las revistas culturales latinoamericanas diseñan una identidad intelectual y literaria densa de diverso
tipo. El primero se ubica en torno a las vanguardias de los años ´20 e incluye la compleja y numerosa constelación de escritores que se nucleó alrededor de las revistas de vanguardia.68
Desde el haz de posiciones cuyos polos fueron la vanguardia estética y la vanguardia política (à Vanguardias), se diseña una identidad del escritor que se coloca en la avanzada de la problemática de la modernidad cultural y literaria en América latina. El artista de vanguardia es, a través de las revistas, un agente modernizador –en su versión moderada– o un agente ruptor –en su versión más extrema–, pero siempre un intelectual colocado a contrapelo del “estado de las cosas” dentro del campo literario. El segundo momento de inflexión dentro de las identidades intelectuales fijadas en las revistas arranca en los años 30 y se prorroga hasta la posguerra, en un punto cercano a la irrupción del pensamiento sartreano en la cultura latinoamericana, y que caracterizaremos a continuación. Tres revistas del período comparten un mismo paradigma en relación con la identidad intelectual y artística: Contemporáneos (México 1928-1931), Sur (Buenos Aires 1931-1970) y Orígenes (Cuba 1944-1956). El tercer momento se articula entre los años 50 y 70 en torno la identidad del escritor “comprometido”; su productividad es muy alta particularmente en los 60, años en los que la revolución cubana y su revista paradigmática,
Casa de las Américas (1960-continúa), funcionaron como horizonte para el resto de las
revistas del continente.69
Si dentro de estos tres períodos nos concentramos brevemente en el segundo –tal vez el menos estudiado–, podremos detectar algunos aspectos que marcan las instancias de construcción de la identidad intelectual como configuradora de las operaciones de ubicación y selección dentro de la tradición literaria. ¿Qué une a los escritores de
Contemporáneos, Sur, y Orígenes, publicaciones enclavadas en contextos sociales y
culturales tan diferentes? En principio, y a la inversa de los vanguardistas, habría que encontrar los puntos de unión entre ellos en el interior del propio grupo puesto que se trata de aquellas formaciones en las que deliberadamente está elidido un “nosotros” programático. Las marcas de la vinculación hay que buscarlas fuera del gesto de
68 De una extensa lista de revistas literarias, rescatamos: Martín Fierro, Proa (Argentina), Klaxon, Revista de
Antropofagia (Brasil), La Pluma, La Cruz del Sur (Uruguay), Mandrágora (Chile), Amauta (Perú), Válvula (Venuezuela), Revista de Avance (Cuba), las publicaciones del Estridentismo mexicano, etc.
69 Una selección de las principales revistas de esta constelación incluye: Marcha (Uruguay), Casa de las
Américas (Cuba), Zona Franca (Venezuela), El Grillo de Papel, El Escarabajo de Oro, Crisis (Argentina), O Pasquim,Opinao, Argumento (Brasil).
autoafirmación. ¿Cuál es la instancia que les permite, por encima de divergencias y diferencias sociales, establecer esa “connaturalidad” en las que ciertas diferencias ideológicas podían ser aceptadas en función de una “hospitalaria familia espiritual”? El padre de esta familia, creemos, es una idea rectora que los cohesiona y les provee una