1.1. Saber qué y saber cómo:
Con el término “conocimiento” nos referimos usualmente a dos clases de conocimientos que difieren entre sí. El primero es el que consideramos a veces como conocimiento de contenidos o
saber qué. El conocimiento de que esta pizarra que tenemos enfrente es verde o el conocimiento
de que la Tierra es una esfera, son ejemplos de saber qué. Las leyes científicas lo mismo que las teorías que se apoyan en infinidad de hechos, son también esta clase de conocimientos.
En este sentido tener un conocimiento, conocer algo o saber algo supone las siguientes características o condiciones:
1) Creer en lo que se sabe.
2) Tener pruebas de lo que se sabe. 3) Que lo que se sabe sea verdadero.
En un lenguaje más preciso, podemos decir que un sujeto S conoce X (X puede representar “Esta pizarra es verde”, “La Tierra es una esfera”, o cualquier ley, teoría o hecho) si y sólo si:
1) S cree X
2) 8 tiene pruebas de X 3) X es verdadera.
La condición 2) se refiere a las pruebas aceptadas por la comunidad y cuando se trata del conocimiento científico, a las pruebas aceptadas por la comunidad científica.
La condición 3) se refiere a la verdad relativa y no absoluta. La verdad relativa depende de las pruebas aceptadas por la comunidad en general o por la comunidad científica. Este tema será desarrollado más ampliamente cuando se trate del método científico.
El saber qué se puede expresar siempre por medio de proposiciones verdaderas, como las que nos han servido de ejemplos.
Por otro lado, el saber cómo es un saber de actividades, acciones u operaciones. Saber nadar o saber hacer una operación de amígdalas son ejemplos de saber cómo. También lo son saber guiar un automóvil, saber enfocar un microscopio, saber operar ‘una computadora, saber sumar. Esta clase de conocimiento se expresa realizando las actividades, acciones u operaciones del caso; las proposiciones que nos permiten describirías son irrelevantes. Una persona puede conocer un sinfín de actividades, acciones u operaciones sin saber describirlas por medio de proposiciones.
1.2 Conocimiento ordinario y conocimiento científico:
Existen diferencias y semejanzas. El conocimiento científico es el resultado de la ciencia y, por sobre todas las cosas, de la investigación científica. El conocimiento ordinario, común o empírico, como a veces se le denomina, es el resultado de la vida cotidiana, fundamentalmente de la experiencia común. Las diferencias que se pueden establecer son:
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1) El conocimiento científico es objetivo; el conocimiento ordinario también lo es, pero en menor grado. La objetividad de las proposiciones verdaderas en las que se expresa el primero reside en las pruebas que son accesibles a cualquiera que se ponga en la situación adecuada. Todos pueden ver la fotografía electrónica de un virus o los cráteres de la Luna por el telescopio, como lo hizo Galileo a principio del siglo XVII; inclusive, con el debido entrenamiento, cualquiera podría “tomar” una fotografía electrónica o manipular un telescopio de 33 o más aumentos y producir las pruebas de los virus o de los cráteres de la Luna. Esta intersubjetividad es intercomunicabilidad de las pruebas de las proposiciones verdaderas. En el conocimiento ordinario hay una cuota de experiencia personal intransferible. Las propiedades de los objetos ordinarios como el color del cielo, la temperatura del ambiente, los caracteres de las personas y mil cosas más son objetivos
grosso modo, pero contienen también elementos de prueba correspondiente, que es
fundamentalmente la propia experiencia personal no controlada.
2) El conocimiento científico es riguroso, exacto, mientras que el conocimiento ordinario no lo es.
Aquél es exacto en dos sentidos: cualitativa y cuantitativamente. Esto tiene que ver con la precisión terminológica correspondiente. Los términos “dureza” y “pesado”, por ejemplo, usados en la ciencia adquieren un rigor que demanda escalas de dureza al clasificar los materiales como el talco y el diamante, mientras que usados en el lenguaje ordinario en el que se vuelca el cono- cimiento empírico no demandan tal cosa, bastando la experiencia familiar que se tiene con las cosas.
3) El conocimiento científico es sistemático; el conocimiento ordinario no lo es. En la ciencia se forman sistemas de conocimientos en base a las teorías científicas estas explican por lo general innumerables hechos, a veces de áreas de la realidad aparentemente diferentes. La teoría de la gravitación universal de Newton hizo posible explicar y/o predecir la caída de los cuerpos, la órbita de los planetas del sistema solar, el comportamiento del péndulo, el abultamiento de la zona ecuatorial y el achatamiento de los polos de la Tierra y la producción de las mareas. Sin embargo, no cabe hablar de un solo sistema de conocimientos científicos; más bien existen muchos sistemas, muchas teorías, inclusive dentro de una sola disciplina científica. En el conocimiento ordinario se carece de la integración de conocimientos en torno a teorías. Se trata de una mezcla no sistematizada de conocimientos, pero no por eso pierden su utilidad en la vida cotidiana. 4) El conocimiento científico está fundamentado empíricamente, lo mismo que el ordinario. Aquí la diferencia es de grado. Las teorías, leyes, generalizaciones y hechos que son conocimientos científicos están respaldados, aunque no siempre en primera instancia, pero sí en última instancia, por observaciones, mediciones o experimentos. Algunas teorías pueden ser muy abstractas, pero sus consecuencias tienen que observarse, medirse o experimentarse rigurosamente; la repetitividad de observaciones, mediciones y experimentos está en juego permanentemente en el conocimiento científico. En cambio, el conocimiento ordinario se nutre y sustenta de la experiencia personal y colectiva, en la que no se exige mayor precisión específica, sino una precisión general que es suficiente para los propósitos que cumple. No debemos olvidar, sin embargo, que se trata también de una fundamentación empírica. Antes de que Jenner comenzara a trabajar en la primera vacuna de la historia de la medicina a fines del siglo XVIII, ya algunos pueblos restregaban la pus de las pústulas de los enfermos de viruela para producir inmunidad. 5) El conocimiento científico es consistente; es decir, excluye y busca excluir toda contradicción posible. En los campos científicos de vanguardia muchas teorías se han vinculado con teorías más generales, lo que ha significado una doble ganancia en sistematicidad y en consistencia. Las inconsistencias o contradicciones son fáciles de detectar si existen grandes sistemas científicos. Donde no hay sistemas, como en el caso del conocimiento ordinario, las contradicciones son difíciles de chequeare La experiencia y práctica personal, familiar y colectiva no es suficiente para detectar contradicciones. Podemos pensar que todo ser humano es egoísta y al mismo tiempo
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alegrarnos de saber que ha habido muchos hombres generosos.
6) El conocimiento científico es metódico; es decir, se obtiene por medio de un método, donde la especificación de problemas, el planteamiento de hipótesis y la contrastación empírica de las mismas son pasos necesarios. La acumulación del conocimiento ordinario se produce lentamente sin que quepa plantear distinciones en etapas. La adquisición del método científico y su aplicación ‘eficiente requiere de un entrenamiento especial, que no cumple papel alguno en el caso del conocimiento ordinario. La participación en proyectos de investigación conduce al dominio del método científico; un ejército de aprendices de una ciencia se ejercita así en todos los países. Pueden señalarse otras diferencias entre el conocimiento científico y el conocimiento ordinario, tal como hace Ernest Nagel59.
Por ejemplo, el primero es más o menos abstracto; el segundo es concreto; el conocimiento científico tiende a ser completo señalando las condiciones iniciales en las que se aplican las teorías, leyes y generalizaciones (la temperatura y la presión atmosférica en el caso de la ebullición del agua); eso no es necesario tratándose del conocimiento ordinario (“El agua hierve cuando se calienta lo suficiente”); el conocimiento científico es fundamentalmente explicativo, mientras que el ordinario es fundamentalmente descriptivo.
También se pueden señalar semejanzas entre ambos tipos de conocimientos. Mario Bunge60 sostiene que tanto el conocimiento ordinario como el científico son objetivos, racionales, naturalistas y falibilistas. Concordamos en que ambos son objetivos, aunque haya en este aspecto una diferencia de grado. Bunge hace consistir la racionalidad en la coherencia, a la que nos hemos referido en estas copias como consistencia. Sin embargo, la semejanza en consistencia es débil, pues la consistencia es una exigencia primaria en los sistemas de conocimiento científicos, mientras que los conocimientos ordinarios no constituyen propiamente un sistema de conocimientos y apenas evitan las contradicciones groseras. La ciencia y la experiencia común u ordinaria, fuentes de los conocimientos científicos y ordinarios respectivamente, son naturalistas en el sentido de que excluyen la existencia de entidades no naturales y las fuentes de conocimientos que no sean la lógica o la experiencia. Ambos conocimientos son falibilistas, según Bunge, porque son provisionales, inciertos y perfectibles.
En tanto que el concepto de falible se opone al de infalible registra una característica importante de los conocimientos científicos u ordinarios, lo que puede expresarse también con las propiedades de ser provisionales, inciertos y perfectibles. Pero estas propiedades necesitan manejarse con cuidado.
Dentro del conocimiento ordinario hemos considerado el conocimiento técnico. Aunque gran parte del conocimiento técnico es de la clase de conocimiento cómo, también incluye conocimien-
to qué. El conocimiento técnico podría considerarse como un conocimiento intermedio, pero la
ausencia de teorías científicas y su apoyo exclusivo en la experiencia lo vincula preferentemente al conocimiento ordinario.