Que se da en el proceso a partir de ocho centímetros de dilatación. Esta fase genera en la parturienta otro brote de ansiedad, debido a que se activa en su cuerpo el reflejo evacuativo anal a causa de que fisiológicamente, el bebé coloca su cabeza sobre el piso perineal; dicho reflejo la asusta lo que despierta confusiones, sobre si está defecando o pariendo, que se adhieren muchas veces a sensaciones de extrañamiento y despersonalización, y que da cuenta de fantasías inconscientes narcisistas e infantiles relacionadas con el periodo retentivo anal descrito por Freud, en el que se representan las heces fecales con penes y bebés en la mente del niño; según Soifer (Ibídem), de acuerdo a cómo han sido elaboradas las vivencias de la infancia y las actuales, se activarán estas fantasías, en mayor o menor medida, y se evidenciarán cuando la madre exponga con actitud vanidosa su abdomen; en la mente de ella es, como si tuviera algo diferente que se puede conservar y guardar para sí.
De tal manera, cuando la parturienta logra elaborar estas ansiedades, en esta etapa, continúa hacia la fase de la expulsión, lo que le genera tranquilidad, cuando se les comunica que van para
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sala de partos. Pero, si no logra elaborarlas, se instauran contracturas musculares en la zona del perineo, acompañadas de dolores francos, que implicarán la detención del proceso.
De otra parte, según Soifer (Ibíd.), el parto representa para el inconsciente una castración que se activa en este periodo, de tal manera, es pertinente indagar estos aspectos en el embarazo con ayuda psicoterapéutica, muy explícitamente, cuando se les halle; las mujeres con fuertes tendencias anales y sádicas son más proclives a vivencias de ansiedades de castración y en el embarazo son candidatas a manifestar calambres, constipaciones, edemas, hipertensión e insomnio, acompañados, a su vez, de sueños de heces, el baño, estar defecando; sin embargo, cuando se dan tendencias orales y anales expulsivas, en vez de la ansiedad de castración, surge en la parturienta ansiedades de vaciamiento, la mujer se siente vaciada; cuando se incrementan estas crisis de ansiedad, tanto la de castración como de vaciamiento, despierta en la parturienta delirios persecutorios hacia las personas a su alrededor, inclusive al hijo mismo o, a veces, entra en su estado de retracción catatónica; lo que da lugar a la complicación de parto expresados en inercia uterina, eclampsia o el incremento de las contracciones de dilatación que pueden comprometer la vida del feto, de ahí que, en esos momentos, sea necesaria la intervención psicológica.
Angélica, 32 años, 32 semanas. Paciente de psicoterapia
Angélica: En mi primer parto, fue muy terrible, yo me demoré unos días enferma, con dolores, fue terrible, tanto, que me remitieron para Pereira, porque aquí se me subió la presión arterial. Cuando llegué a Pereira, me recibió una doctora, allá me reventaron la fuente y ahí comenzaron los fuertes de dolores, brutales, ¡hijueputa!, si eran duros. Cuando comencé a sentir el pujo, ¡uyy!, fue horrible, porque me daba unos deseos de ir al baño ni los verracos y una enfermera me decía: “No haga pujo que se le inflama su
vagina y después va a ser difícil sacar el bebé”; yo ahí me sentía rara. Es que esa sensación de ir al baño es muy fuerte y muy dolorosa, yo creía que me iba a reventar.
Hubo una cosa lo más rara cuando nació María José, me dije: ¿Será la bebé o un popó?, yo quería verla, y comprobar si había poposeado o si había tenido una bebé, cuando la enfermera la tenía en las manos y luego me la acercaron y confirmé que era una bebé, que era María José (se ríe). Para mí es impresionante que, dentro del cuerpo de uno, haya un ser, qué milagro tan bello, la vida; esto lo tenía desde la adolescencia.
En la paciente se observa que, en esta fase, en la que se activó el reflejo evacuativo anal, ella entra en un estado de confusión, de extrañamiento con respecto a lo que siente, que la sorprende. Es claro que, en el inicio de este fragmento, desde los comienzos de su proceso de parto, la paciente no había podido elaborar de manera adecuada sus angustias, por ejemplo, las fantasías de muerte que, según Soifer (Ib.) se instauran en alteraciones de la presión arterial, lo que influyó en su transitar por las siguientes etapas y, en una de ellas, consideramos que vivió la ruptura de membranas como un ataque de la médica (sentida como persecutorio); al entrar en esta fase, se despiertan nuevas ansiedades y fantasías de ataque desde el interior de su vientre, que se expresan en los dolores de las contracciones y en el reflejo de pujo, que, según la paciente, la iban a reventar (fantasías de muerte); se activan, también, sensaciones de extrañamiento, a partir de las fantasías narcisistas inconscientes de equiparamiento de la bebé con las heces, de ahí la confusión mental de si está defecando o teniendo un parto; este estado de confusión continúa, hasta cuando la bebé nace y, al verla, la paciente resuelve ese estado emocional. La enfermera es vivida como objeto persecutorio que la vigila y le dice que no puje, es decir, le prohíbe la satisfacción de su deseo de
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ir al baño (fantasías de expulsión), sin embargo, a pesar estas ansiedades y fantasías activadas, la paciente logra seguir adelante cooperando con el proceso.