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4 Introduction to Semcon and the Engineering Service Industry

Me he referido ya al niño evacuado, y he tratado de mostrar que en los casos en que la evacuación constituyó un éxito, ello nunca fue por casualidad, sino que significó en todos los casos un logro. Como seguramente ya lo suponen, no es probable que yo afirme que el retorno del niño evacuado es un asunto simple y directo. Sin duda, no puedo decirlo porque no lo creo. El retorno del niño que ha estado durante largo tiempo lejos de su hogar es algo sobre lo cual vale la pena reflexionar, porque un manejo poco cuidadoso en el momento crítico puede ser causa de mucha amargura.

Permítaseme decir, sin embargo, que respeto los sentimientos de quienes prefieren no reflexionar sobre las cosas. Se manejan mejor con la intuición, y cuando hablan sobre lo que quizá deberán enfrentar la semana siguiente, pierden su espontaneidad, si es que no se atemorizan, ante los posibles peligros que prevén. Además, si el hablar constituye un sustituto de la acción o el sentimiento, entonces incluso es peor que inútil. Sin duda, hay personas que desean ampliar sus experiencias hablando y escuchando, y a ellos están dirigidas estas palabras.

Como de costumbre, la dificultad radica en saber por dónde comenzar: ¡hay tantas clases distintas de niños, de hospedajes transitorios y de hogares! En un extremo encontramos niños que simplemente volverán a casa y se adaptarán fácilmente, mientras que, en el otro extremo, tendremos niños que se han adaptado tan bien a sus hogares circunstanciales que el retorno al propio significará un verdadero choque. Entre ambos extremos está toda la gama de los problemas. Como no puedo describirlos todos, debo tratar de llegar a la esencia del asunto.

Desde luego, la evacuación ya ha terminado para gran cantidad de criaturas. Lo que yo pueda decir quedaría más claro si lo expresaran quienes han vivido esa experiencia. Mi propósito es transmitir algunos resultados de esas experiencias a quienes todavía no han recuperado a sus hijos. Me parece estar en lo cierto al afirmar que renovar la vinculación con los propios hijos no es por cierto nada sencillo.

El problema se simplifica cuando los padres han podido establecer y mantener relaciones amistosas con la familia que cuidó del niño. Esto nunca es fácil. Que los propios hijos sean objeto de excelentes cuidados a veces es tan difícil de soportar como el hecho de que un extraño los descuide. Incluso resulta una verdadera tortura cuando se ha sido una buena madre, y llega el momento en que se comprueba que el hijo desea quedarse con una mujer que es una desconocida, y cuya manera de cocinar le encanta al niño. Pero, a pesar de todo esto, algunos progenitores lograron hacerse amigos de sus representantes en los afectos del niño fuera del hogar. Y si ello significó también que esas personas a menudo le hablaban al niño de sus padres, de sus hermanos y hermanas, todo ha sido incluso más fácil. Me encuentro con niños que no pueden recordar cómo son sus madres, y que sólo recuerdan con dificultad los nombres de sus hermanos y hermanas. Quizá durante largos años nadie se preocupó por hablarles de sus seres más próximos y queridos, y la vida pasada de esos niños, así como los recuerdos del hogar, quedaron encerrados en su interior.

En algunos casos, se ha llevado a cabo durante casi todo el tiempo una especie de preparación para el retorno, pero en otros casos nada de esto ha ocurrido. De cualquier manera, las dificultades principales son las mismas, y derivan de que cuando la gente se separa no sigue viviendo con vistas al reencuentro, y sin duda nadie desearía que así fuera. Si la gente no contara con la capacidad de recuperarse de las separaciones dolorosas, por lo menos en alguna medida, quedaría paralizada.

Ya dije que la capacidad de un niño para mantener viva la idea de alguien a quien ama, cuando no tiene contacto con esa persona, es limitada. Lo mismo puede decirse de los progenitores y de todos los seres humanos, en cierta medida. En este sentido, las madres

tuvieron casi tantas dificultades como sus hijos. Pronto comenzaron a sentir dudas sobre aquéllos, a temer que estuvieran en peligro, o enfermos, o tristes, o incluso que fueran objeto de malos tratos, al margen de la justificación real que había para sustentar tales ideas. Es natural que la gente necesite ver a las personas que ama y estar cerca de ellas, o bien preocuparse por ellas. En la situación corriente, con los hijos en el hogar, cuando una madre está preocupada le basta con llamarlos, o bien esperar hasta la próxima comida, y el hijo por el que ella se preocupa aparece y le da un beso tranquilizador. El contacto estrecho entre las personas tiene su utilidad, y cuando se ve súbitamente interrumpido, la gente, niños o adultos, experimenta temores y dudas y sigue sufriendo hasta que se produce la recuperación. Recuperación significa que, con el correr del tiempo, la madre deja de sentirse responsable de su hijo, por lo menos en una medida considerable. Eso es lo más espantoso de todo: la evacuación obligó a los padres a dejar de preocuparse por sus propios hijos. Si se aferraban a un niño y trataban de mantener vigente su responsabilidad hacia él cuando se encontraba a muchos kilómetros de distancia, es probable que su vida fuera un infierno y que además debilitara con ello el sentido de responsabilidad que se desarrollaba en los padres circunstanciales, quienes tenían la ventaja de estar en contacto con el niño. ¡Imaginen el conflicto en la mente de un buen progenitor común en esos momentos! A la madre no le quedaba más recurso que llenar su vida con otros intereses; quizá comenzó a trabajar en una fábrica o se dedicó a actividades de defensa civil, o desarrolló una vida privada que le permitió olvidar su profundo dolor. Además de preocuparse por sus hijos, a menudo se angustiaba por su esposo en el frente de batalla, y debía encontrar la manera de manejar sus instintos frente a la prolongada ausencia de marido.

En comparación con todo esto, ¡qué poco importante parece el estallido de una bomba! Los niños partieron y crearon así un gran vacío, pero con el correr del tiempo esa brecha se fue cerrando y el vacío comenzó a olvidarse. El tiempo cura cualquier dolor y, aunque de mala gana, los padres comienzan a descubrir nuevos intereses. Como ya dije, muchas mujeres empezaron a trabajar, y otras tuvieron más hijos. Incluso sé de algunas que tenían dificultad para recordar cómo eran sus chicos. Si no se escriben cartas con frecuencia, es muy difícil seguir el rastro de media docena de chicos desparramados por todo el país y que posiblemente cambien de domicilio con cierta frecuencia.

Lo que quiero decir ahora es que cuando los niños regresan a casa no siempre llenan fácilmente el vacío que crearon al partir, por la sencilla razón de que ese vacío ya no existe. La madre y el niño pudieron arreglárselas a pesar de la separación, y cuando se encuentren tendrán que comenzar desde el principio a conocerse. Este proceso lleva tiempo, y es necesario darle tiempo. Es inútil que la madre se precipite hacia el niño y le arroje los brazos al cuello sin averiguar primero si el niño está en condiciones de responder con sinceridad. Las criaturas pueden ser brutalmente sinceras, y la frialdad es muy dolorosa. Por otro lado, si se les da tiempo, los sentimientos pueden desarrollarse en forma natural, y una madre puede verse repentinamente gratificada por un abrazo genuino, que valió la pena esperar. La casa sigue siendo el hogar del niño y creo que éste se alegrará después de un tiempo de haber vuelto, si la madre sabe esperar.

En los dos o tres años de separación, tanto la madre como el niño han cambiado, sobre todo el niño, para quien tres años de vida es una eternidad. Resulta trágico pensar que tantos progenitores hayan tenido que perderse esa experiencia tan fugaz, la infancia de sus propios hijos. Al cabo de tres años el niño es la misma persona, pero ha perdido todos los rasgos que caracterizan a una criatura de 6 años, porque ahora tiene 9. Y entonces, desde luego, aunque el hogar haya escapado a la destrucción de los bombardeos, aunque sea exactamente igual al que el niño dejó, le parece mucho más pequeño, porque él es mucho más grande. A esto se agrega que puede haber residido en una casa mucho más amplia que la propia en la ciudad, y que quizás haya tenido un jardín, o incluso una granja, por la que podía correr todo lo que quisiera y donde el único límite era no espantar a las vacas mientras se las ordeñaba. Debe ser difícil regresar de una granja a un departamento de una o dos habitaciones en un edificio. Con

todo, creo realmente que casi todos los niños prefieren estar en su propia casa, y se adaptarán a ella si se les da tiempo.

Durante los períodos de espera puede haber muchas protestas. A una madre siempre le parecerá que cuando su hijo se queja está haciendo una comparación entre ella y quienes lo cuidaron. El niño muestra, por el tono de su voz, que algo lo decepciona. Conviene recordar que por lo común no compara su hogar actual con el anterior, sino que compara el hogar que encuentra con el que había construido en su imaginación mientras estaba lejos. Durante los períodos de separación se recurre mucho a la idealización, y esto es tanto más cierto cuanto más completa es la desunión. He comprobado que los niños y las niñas que han tenido tan malos hogares que fue necesario proporcionarles cuidado y protección especiales, por lo común imaginan que en alguna parte los aguarda un hogar maravilloso, con tal de que sepan encontrarlo. Este es el principal motivo por el que tienden a escaparse: tratan de encontrar su hogar. ¿Comprenden ahora que si bien una de las funciones de un verdadero hogar consiste en proporcionar algo positivo en la vida del niño, otra de sus funciones es corregir la imagen del niño, mostrándole las limitaciones de la realidad? Cuando el niño regresa al hogar con sus expectativas fantásticas tiene que experimentar una decepción, pero al tiempo redescubre que realmente tiene un hogar propio. También esto lleva tiempo.

De modo que cuando los niños se quejan después de su retorno, a menudo muestran que mientras estuvieron lejos, construyeron un hogar mejor en su imaginación, un hogar que no les negaba nada, que no tenía problemas económicos ni de espacio; de hecho, un hogar al que sólo le faltaba una cosa: realidad. El hogar real tiene también sus ventajas, sin embargo, y los niños resultarán gananciosos si pueden llegar a aceptarlo tal como es.

El retorno del niño evacuado es una parte importante de la experiencia de la evacuación, y nada sería más desalentador para quienes se han preocupado por hacer de ella un éxito que una negligencia en la última etapa. Sin duda, habría que facilitar a cada niño el regreso al hogar, y para ello debería haber alguien responsable que conozca al niño, a los progenitores circunstanciales y al verdadero hogar. A veces el regreso a casa un día lunes resulta desastroso, mientras que el miércoles todo anda bien. Quizá la madre esté enferma, o haya un nuevo bebé en la casa, o los albañiles no hayan terminado de arreglar el techo y las ventanas, y un mes o dos más tarde la diferencia sería enorme. En más de un caso el niño regresa al hogar pero necesita una supervisión experta durante un período, y aun entonces puede ser necesario que viva algún tiempo en un albergue, donde puede contar con manejo experimentado; sobre todo teniendo en cuenta que los hombres no han regresado todavía al hogar, y un hogar sin padre no es lugar adecuado para un niño vivaz ni para una adolescente.

Por último, no debemos olvidar que para los niños con madres difíciles la evacuación ha sido algo así como un regalo del cielo. Para esos niños, el retorno al hogar significa un retorno a la tensión. En un mundo ideal, seguramente se les podría prestar alguna ayuda a esos niños después de su regreso.

Será maravilloso saber que los niños de las grandes ciudades están de vuelta en sus hogares, y yo personalmente me alegraré de ver las calles y los parques otra vez llenos de chicos, que regresan a su casa después del colegio y que duermen en la casa de sus propios padres. Entonces será necesario intensificar la educación, y cuando los hombres y las mujeres vuelvan del combate habrá boy scouts y girl guides, y picnics y campamentos de vacaciones. Pero en todos los casos hay un momento que es el del regreso, y me gustaría sentir que he expresado claramente mi idea de que la renovación del contacto lleva tiempo, y que el manejo de cada retorno debe ser supervisado en forma personal.

7. EL REGRESO AL HOGAR