el carromato de Tespis inicia su andadura
A principios del siglo pasado surgió, a propósito de los orígenes del teatro, un acalorado debate. Los nuevos datos aportados por antropólogos y etnólogos de diversas cultu ras primitivas postularon la idea de que el teatro había sur gido en el ámbito de grupos de recolectores y cazadores tribales que poco a poco fueron mimetizando, es decir, «dramatizando» determinados rituales ancestrales. Según ellos, el teatro nació a partir de dichas manifestaciones ya «culturales». Esto es algo que chocaba con la mentalidad de quienes hasta entonces defendían la singularidad del fenómeno griego. Para estos últimos estudiosos, el ori gen del teatro griego había que buscarlo de forma exclu siva a partir de la propia cultura helénica, y más en con creto se empeñaron en encontrar un primer «autor» de talento capaz de dar el salto entre esos rituales arcaicos y la configuración de una obra dramática ya elaborada. En todo caso, amansadas ya ahora las tempestuosas aguas del debate, hoy tendemos a aprovechar serenamente la información que la antropología nos aporta, a pesar de que se crea que dicha información no nos enseña tanto
3. LOS PRECU RSO RES D EL TEA TR O : EL CARROMATO D E TESPIS 69 sobre la historia de la tragedia griega como sobre su pre historia.
Hay un pasaje de la Poética de Aristóteles, capítulo 4, que nos ilustra acerca de los orígenes del teatro. En él se nos dice que la tragedia tuvo su origen en los antiguos cantantes de ditirambos, y que a partir de este contexto satírico ftie ad quiriendo mayor nobleza tanto en su lenguaje como en la introducción de temas más serios. Básicamente, el antiguo ditirambo era un canto religioso de carácter dionisíaco que era interpretado por un coro disfrazado de sátiros. Heródoto (1.23) nos transmite la información de que un poeta lírico de nombre Arión (que vivió entre los siglos vil y vi a.C.), en la corte de Periandro, rey de Corinto, fue au tor de un ditirambo bien conocido en época de Heródoto. Un nuevo testimonio sobre Arión encontramos en el léxi co Suda, donde se sostiene que Arión «fue el inventor del estilo trágico, fue el primero que organizó un coro y man dó cantar un ditirambo, y dando nombre a lo que el coro cantaba introdujo sátiros que hablaban en verso».
En cualquier caso, ni el citado texto de Aristóteles es su ficientemente claro ni nos resulta posible hacernos una idea precisa de cuál era la naturaleza y la forma de estos di tirambos «trágicos». Y tampoco es mucho lo que obtene mos a partir del estudio del término tragodía, «tragedia», palabra que los primitivos alejandrinos interpretaron etimológicamente como «canto sacrificial de un macho cabrío», o «canto de los propios machos cabríos». Quedan muchos puntos oscuros en este debate, y probablemente será difícil alcanzar un mínimo consenso.
La primera fecha precisa en la que podemos movernos con cierta seguridad es la que corresponde a la Olimpía da 61 (536-532 a.C.), durante la cual el dramaturgo Tespis, ciudadano del demo ateniense de Icaria, hizo que un actor
70 IN TRO D U C CIÓ N AL TEATRO G RIEGO mantuviera un diálogo con el jefe del coro que participaba en la procesión de las Grandes Dionisias o Dionisias Urba nas. A partir de este momento podemos hablar ya de la presencia de un primer actor en estas actuaciones miméti- cas. Acababa de nacer, siquiera simbólicamente, la trage dia. Sólo a partir de ahora podremos hablar con propie dad de los precursores de los grandes autores trágicos. Para nosotros, por tanto, el trágico más antiguo es Tespis. La leyenda del famoso carro de Tespis procede de las noti cias que nos ofrece Horacio en su Arte Poética 2.24, y que aunque se trate probablemente de una hermosa leyenda no deja de tener su carga simbólica.
Es fama que Tespis fue quien inventó el ignorado género de la Musa trágica, y que en carros transportó a cantores y farsantes y tintó el rostro con la lía del vino. Después de éste, Esquilo fue quien inventó la máscara y la honesta ropa talar y con tablones mal pulidos dispuso el catafalco,
y calzó la Musa con el solemne coturno, y le enseñó a hablar con grandilocuencia...
I
En momentos para nosotros tan nebulosos y proclives a
la manipulación de los testimonios nunca sabremos si pi samos terreno seguro al hablar de la actividad de Tespis. Ya Diógenes Laercio (5.92) siembra nuestras dudas al afir mar que un autor como Heraclides Póntico hizo publicar algunas tragedias suyas bajo el nombre y autoría de Tespis. Un caso, uno más, de intento de falsificación fraudulenta en la historia de la literatura griega. «Aristóxeno el músico afirma que también él compuso tragedias y que las hizo publicar bajo el nombre de Tespis.»
En la Vida de Solón, de Plutarco (29.6), encontramos la siguiente anécdota relativa a las representaciones teatrales de Tespis:
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Comenzaba Tespis por entonces a desarrollar la tragedia, actividad
que comenzaba a atraer ya a muchos curiosos por sus innova ciones,
a pesar de que todavía no se celebraban certámenes dramáticos, y Solón,
que por naturaleza era inquieto y amigo de nuevas experiencias y que
con el paso de los años se había dado más al estudio, a la música y a las
actividades de ocio, se decidió un día a asistir a la representación de una obra
en la que participaba como actor el propio Tespis, según era cos tumbre entre
los antiguos. Acabada la representación, Solón le preguntó si no le daba
vergüenza haber contado tantas mentiras en público; a lo que Tespisle
contestó que no había nada de malo en representar en escena co sas de ficción.
Ante ello, Solón golpeó con su bastón en el suelo y dijo: «Si tanto le gustan a
la gente estas representaciones, pronto pasarán a formar parte de nuestra
vida como entretenimiento».
Ahora bien, ¿en qué consistió la original aportación de Tespis? Sobre la base del primitivo canto coral, hemos de atribuir a Tespis la adición de un prólogo así como la invención de un tipo de discurso, premonitorio del poste rior diálogo entre actores. Es probable que la función de este prólogo fuera la de explicar al auditorio el contenido del texto de los cantos corales, para lo cual debió de aban donar la métrica compleja del coro y formular sus explica ciones en un tipo de verso más fácil y cotidiano como es el trímetro yámbico. A continuación y como desarrollo de la
72 INTRO D U C CIO N AL TEATRO GRIEGO forma prologada, Tespis aumentó la intervención recitada de los personajes a cargo de un primer actor a quien co rrespondía el relato de la acción dramática. Todo ello de bió de implicar otra innovación: el papel primordial que aún mantenían los cantantes disfrazados de sátiros fue sustituyéndose por la aparición del coro ataviado con una máscara de aspecto y atuendo humanos.
Entre Tespis, autor de tragedias, y Esquilo, las fuentes nos permiten hablar de que hubo al menos ocho o diez au tores dramáticos. Mencionemos a Quérilo, a quien los le xicógrafos antiguos (no siempre fiables, es verdad, en su información) atribuían nada menos que 160 obras. Luego pudo venir Frínico, discípulo de Tespis, de quien tenemos la noticia más fidedigna de que obtuvo el premio en los certámenes de los años 511 y 508. Suyos son títulos como
Las Danaides, unas Fenicias y una Alcestis. Aunque quizá
sü obra más exitosa fue la Toma de Mileto, ciudad que cayó en manos de los persas el año 494. Por Heródoto (6.21) sa bemos que dicha obra no fue muy bien acogida por la cla se política ateniense, disgustada porque un autor presen tara en escena una derrota griega. Finalmente, también se le atribuye la autoría de algunas otras piezas, como unos
Persas (precedente temático de la obra homónima de Es
quilo) en la que escenifica la batalla de Salamina. No nos es dado valorar en términos dramáticos la contraposición entre Los Persas de Frínico y Los Persas de Esquilo, ni has ta qué punto lo que pudo ser el relato mimético de una ac ción histórica en Frínico pasó a convertirse en una repre sentación exclusivamente dramatizada en la obra de Es quilo. En todo caso, parece que mientras que Frínico presentaba el relato como una descripción, Esquilo lo ha cargado de dramatización y, como dice Lesky (273), «más allá del suceso histórico concreto, el poeta tuvo en cuenta
3. LOS PR EC U RSO RES DEL TEA TRO : EL CARROMATO D E TESPIS 73 su sentido en el conjunto de un mundo regido por la justi cia divina».
Algo más tarde, Pratinas fue autor, si no el inventor, del drama satírico, aunque también compuso, según la tradi ción, un total de 18 tragedias.
Lecturas complementarias
Ll o y d- Jo n e s, H. (1990), «Problems of Early Greek Tragedy», en su libro Greek Epic, Lyric and Tragedy; pp. 225-237.
Po r t e r, J. I. (2000), The Invention of Dionysus, An Essay on the Birth of Tragedy, Standford, California.