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INVOLVEMENT AND ENGAGEMENT

In document Immersion in mixed reality spaces (Page 48-57)

APPROACH AND METHODS

2.5 ‘RESEARCH IN THE WILD’

33.3 INVOLVEMENT AND ENGAGEMENT

¿Acaso no habíamos pensado -h ay que decirlo- en nuestras horas oscuras que al existir, o al florecer, sólo se lo salvaba aún, in extremis, ante la Muerte, hora (también) de lo Penúltimo y del Perdón? ¿Acaso no habíamos pensado que al Otro sólo podríamos salvarle aún, todavía como víctima? ¿No sería decisivo, entonces, ese pensamiento sobre Rosa y Rostro en el fin del mundo: pensar a fondo el despojamiento y no sólo de los bienes de este mundo, sino aquel que funda lo de-otro-modo-que-ser y más-allá-de-la-esencial Ni siquiera bello, ni educado, ni inteligible, sin nombre ni procedencia ni destino... Rostro casi a punto de ser devorado por su Sin, salvo que me tiene a mí. Y Rosa casi a punto de ser devorada por su Sin, salvo que florece, casi ya no Rosa, sino - s i se me perm ite- M ala Hierba.

a) Lo que demuestra la Rosa apenas se parece a la ternura, sino más bien a la dura, recia confianza de Ser en el Ser: fuerza de transformar la Intemperie en Acogida a pesar del abandono, fuerza de transformar la Sinrazón en Firmeza, y la Soledad en Entereza. Todo eso enseña la Rosa en el Florecer porque sí, sin razón, que acerca la Rosa a la Roca, la Fragilidad al Fundamento.

b) Lo que demuestra el Rostro apenas se parece a la ternura. Es cierto que se trata de la exigencia, entre nosotros, no ante todo de razón, sino de abrazo. Pero también de la exigencia de que sea irrebasable, insuperable la inquietud- entre-nosotros como m odalidad ética de la Proximidad. Es esa proximidad entre Uno y Otro, y la inquietud de la responsabilidad de uno por otro, lo que el Rostro nos enseña y enseña a la Rosa -q u e , sin embargo, mira siempre a otro lado-. Aunque pudiera ser feliz, acogedor, encantador, cálido y entrañable, aquel Abrazo que exige el Rostro frente a las Razón no tiene por qué ser feliz ni acogedor, ni encantador ni cálido, ni entrañable. El Abrazo al Otro es sin interés ni devolu­ ción, Abrazo gratuito e incondicionado y absoluto (por tanto), tan duro como universal y sin condiciones, con una exigencia ya no dicha al oído de la Razón, sino incrustada, antes de toda anámnesis posible, más allá de toda asunción re­ flexiva, en lo más hondo de nuestropathos más extremadamente universal, que no se asienta sino en la desnudez humana.

Si antes decía, R oía terrible en elfin del mundo, pues no sólo carece de Ratio, sino también de Abrazo, ahora diría, por qué no, Rostro terrible en elfin del mundo, pues no permitirá excusa ni refugio. Aquella Rosa nos está pidiendo, a pesar de todo, piedad. Y este Rostro, descanso en el amor,23 la amistad y el eros.

Decía Bataille a favor del Rostro, contra la máscara (y vuelvo a citar este texto, aun habiéndolo citado en otras ocasiones):

Nada es humano en el universo ininteligible fuera de los rostros desnu­ dos que son las únicas ventanas abiertas en un caos de apariencias ex­ trañas y hostiles. El hombre no sale de la insoportable soledad sino en el momento en que el rostro de uno de sus semejantes emerge del vacío de todo el resto.24

A pesar de todo, Bataille sabía de eso -d e la humanidad del rostro, de su emerger del vacío, de su lucha con el c a o s- porque (lo sabemos por la escritura de sus pasiones y sus zozobras) había realizado en muchas ocasiones la expe­ riencia de lo que solemos denominar «tocar fondo» a través de experiencias

23. A pesar de toda su inquietud y de sus zozobras, mil y una veces experimentadas y can­ tadas, el amor sería una suerte de descanso de la intemperie del rostro. El amor se lo agradecen los que se aman y complace, y queda tallado y se acrecienta en el reconocimiento, en el gratificante placer del encuentro, y a veces en el erotismo, etc. No podríamos ocupamos aquí, con el deteni­ miento que se merece, de la separación que detecta Lévinas entre ética, amor y erotismo. Cuestión no de escasa importancia, pues, en efecto, orienta hermenéuticas diversas respecto a Lévinas y suscita admiraciones diferentes respecto al pensador lituano-francés.

24. G. Bataille: «Le masque», en Oeuvres completes II (Écrits posthumes, 1922-1940), París, Gallimard, 1970, p. 403.

ROSA Y ROSTRO. NOTAS SOBRE HEIDEGGER Y LÉVINAS

que justamente dan noción del Fondo y de la Noche: aburrimiento, ebriedad, éxtasis, obscenidad, asco, desesperación, angustia, náusea, transgresión..., y creyó encontrar una luz en los Rostros-que-nos-acompañan (mejor que «de nues­ tros semejantes»). Una lección sin duda no menor, sino mayor, que la de la an­ gustia sería, entonces, la de Rosa-y-Rostro, Rostro-y-Rosa. La experiencia lévinasiana fue, si cabe, más dura, respecto al Rostro. Experiencia no en el horizonte de un (batailleano) amanecer de angustia, ebriedad y desesperación, sino experiencia a partir del agujero en la historia25 en el horizonte de la negra leche del alba que bebemos de noche (Celan, Todesfuge).

En su florecer en soledad, sin proximidad, la Rosa nada habrá de temer, porque su horizonte de florecer está más allá del bien y del mal. No será piso­ teada ni sufrirá acoso, ni ultraje, ni oprobio, ni violación ni exterminio. Pero la historia del Rostro fue - y cómo lo sabem os- otra bien diferente. Por eso mientras que el Sin de Razón, Cuidado y Testigo de la Rosa nada interpondrían a la plenitud de su florecer, el Sin M undo del Otro como Rostro, su carencia de herencia y linaje, de protección, de recursos y de patria (lo que Lévinas designó con los calificativos proféticos de huérfano, viuda, pobre y extranjero) señalan una desposesión más profunda que la de la ausencia de Razón - o de R aíz-. Esta ha sido, sin duda, en la disparidad extrema entre Rosa y Rostro, una de las profundas razones del humanismo lévinasiano. Ahora sabemos que lo que nos pasaba desapercibido de la Rosa - y que Heidegger no había meditado, desde luego, en La proposición del junda m en to - nos lo ha dicho el Rostro lévinasiano, y que lo que aún no sabíamos demasiado bien del Rostro lévinasiano nos lo ha enseñado la Rosa heideggeriana.

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