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El aprendizaje es un proceso activo y social en el que los alumnos construyen nuevas ideas o conceptos basados en su conocimiento previo (Bruner, 1986), y ese elemento social cobra importancia en el aprendizaje colaborativo, donde cada

miembro del grupo es responsable de su propio aprendizaje, así como del de los demás.

Johnson, Johnson y Holubec (1999) mencionan que la cooperación en un grupo, comparada con otros estilos de aprendizaje, como el competitivo e individualista, tiene como resultado un esfuerzo por lograr un mejor desempeño, tanto en rendimiento como en productividad, así como una mayor posibilidad de retención a largo plazo, motivación, un nivel superior de razonamiento y pensamiento crítico; además de relaciones más positivas entre los miembros del equipo.

A pesar de que el trabajo colaborativo es una idea que ha tomado fuerza con el incremento de programas de aprendizaje en línea, es un concepto antiguo, que se ha utilizado quizá durante miles de años, pero cuyas primeras huellas se pueden encontrar a finales del siglo XVIII en la Universidad de Galsgow, donde George Jardine consideraba que “el profesor debe permanecer al margen de la acción… y dar libertad a los alumnos de... aprender uno de los otros” (Gaillet, 1994, citado por Roberts, 2004). Desde entonces y a la fecha, numerosos estudios se han conducido sobre el aprendizaje colaborativo, siendo quizá los más reconocidos Piaget (2001) y su teoría del desarrollo cognitivo, que implica un proceso de asimilación de lo aprendido con las estructuras cognitivas previas, y quien señala que el aprendizaje colaborativo y el desarrollo cognitivo están íntimamente relacionados; y Vygotsky (1978), quien exploró las relaciones causales que existen entre la interacción social y el aprendizaje individual.

Driscoll y Vergara (1997) establecen cinco elementos que caracterizan al aprendizaje colaborativo:

• Responsabilidad individual. Todos los miembros son responsables de su

desempeño individual dentro del grupo.

• Interdependencia positiva. Los miembros del grupo deben depender los unos

de los otros para lograr la meta común.

• Habilidades de colaboración. Las habilidades necesarias para que el grupo

funcione en forma efectiva, como el trabajo en equipo, liderazgo y solución de conflictos.

• Interacción promotora. Los miembros del equipo interactúan para desarrollar

relaciones interpersonales y establecer estrategias efectivas de aprendizaje.

• Proceso de grupo. El grupo reflexiona en forma periódica y evalúa su

funcionamiento, efectuando los cambios necesarios para incrementar su efectividad.

Autores como Roberts (2004) señalan que existe una gran cantidad de evidencia que muestra las ventajas que tiene el colaborativo, tales como la construcción de la autoestima, reducción de ansiedad, entendimiento de la diversidad, reforzamiento de relaciones y estimular el pensamiento crítico, así como la mejora en el desempeño de los alumnos menos hábiles al participar con compañeros más capaces; pero este autor también señala que existen desventajas, y menciona a Salomón (1992 citada por Roberts, 2004), quien señala que a pesar de la gran cantidad de literatura existente sobre las ventajas del trabajo colaborativo,

frecuentemente los equipos no trabajan bien debido a problemas asociados con alumnos cuyo nivel de esfuerzo no está a la par que el de los demás, ya sea a un nivel bajo o superior, lo que afecta el equilibrio del equipo.

A pesar de las desventajas que se puedan encontrar, el aprendizaje colaborativo forma parte ya del panorama educativo y su aplicación en los escenarios virtuales de aprendizaje está ampliamente difundida, por lo que es conveniente enfocarse en fortalecer las ventajas de esta modalidad de aprendizaje, para disminuir el impacto de las posibles desventajas.

Una de las ventajas del trabajo colaborativo es que ayuda al alumno a asumir su papel como miembro de un equipo, papel que no siempre resulta fácil jugar. Como señala Haring-Smith (1993), “mucha gente piensa en los estudiantes como individuos aislados que compiten por una calificación y por lo tanto deben evitar compartir sus ideas. Mientras que muchos estudiantes creen que deben trabajar solos porque trabajar en equipos es como hacer trampa” (p.2), sin embargo ese viejo rol del estudiante solitario debe quedar atrás para dar cabida a un modelo más enfocado a la colaboración. Como dice Bennett (2004), “ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades interpersonales que apuntalan la colaboración es una parte esencial de la preparación para el mundo del trabajo” (p.2), y esta preparación debe incluir no sólo la capacidad para trabajar en equipo, sino también el pensamiento crítico, la adaptabilidad y auto-evaluación (Candy, Crebert & O’Leary, 1994, citados por Bennett, 2004).

Pero las ventajas del trabajo colaborativo no están sólo en el desarrollo de actitudes, sino también en la posibilidad que brindan al estudiante de abordar un

problema como lo haría en un caso real, participando en un equipo de trabajo con miras a resolver un problema, lo que implica una ventaja, pues como señala Grabinger (1996) “las habilidades y el conocimiento se adquieren mejor en contextos realistas” (p.667).

El aprendizaje colaborativo requiere cambios en la concepción del aprendizaje y en el rol que el alumno debe asumir durante el proceso. El aprendizaje se convierte en un proceso activo, en el que el estudiante debe producir conocimiento, más que simplemente reproducirlo, y para ello debe comprometerse en la resolución de problemas, elaborar ensayos y proyectos de investigación y dialogar con otros sobre temas importantes, entre otras cosas (UNESCO, 2002).

Por otro lado, el aprendizaje colaborativo mediado por TIC’s comparte muchos de los beneficios del aprendizaje colaborativo en aulas presenciales, pero al realizarse por medio de foros de discusión ayuda también a la mejora de las habilidades de comunicación escrita y favorece el desarrollo del pensamiento crítico, al permitir al estudiante analizar con detenimiento los comentarios que han hecho sus compañeros antes de exponer sus puntos de vista.

Sin embargo, existen también sospechas sobre la utilidad y validez del trabajo colaborativo en ambientes virtuales, como comentan Dirkx y Smith (2004), cuyo estudio sugiere que los participantes en equipos de trabajo colaborativo luchan por desarrollar un sentido de interdependencia entre sus miembros, sin embargo a menudo vuelven rápidamente una concepción subjetiva e individualista del aprendizaje.

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