“La mañana llegó y se fue y llegó, y no trajo consigo el día.”
Lord Byron, 1816 Éramos un grupo, sentados en un living leyendo El año del verano que nunca llegó en un edificio Art Decó de Barrio Norte. El verano aludido es aquel en el que Byron, Shelley y Polidori se juntaron a pasar unos días en la mítica Villa Diodati, cerca del lago Lemán, en Ginebra. Ese verano, por un fenómeno climático global, el cielo se cubrió de cenizas y quedó oscuro durante varios días. En estas circunstancias nacieron varios de los monstruos de la literatura de los siglos XIX y XX. El romanticismo, en su cosmovisión, siempre persiguió los fenómenos de la naturaleza como instantes de belleza e inspiración. Dotaba de significado cultural a ciertos acontecimientos naturales que evocaban la emoción y los convertía así en
paisaje. La distinción entre naturaleza y hombre era muy significativa, también lo era la aparición de lo que luego llamaremos la ecología. El arte, la política y el naturalismo encontraban gran interés en la exploración del nuevo continente Sudamericano. Un continente al cual venían a documentar e investigar con el fin de construir cierta ficción sobre él. América fue una gran influencia para Europa.
Uno de los relatos de la historia territorial ar- gentina se asienta entre la centralidad de Bue- nos Aires y el interior del continente. Esta ciu- dad se ha ido configurando desde su primera fundación en una permanente tensión entre el soporte natural, el hidrológico y el topográ- fico principalmente. Este fenómeno inicial de un Estado desplegado en la extensión resultó en un sistema infraestructural de cotas carte- sianas –vectores y nodos más o menos densi- ficados–, pastizales y montes devenidos en sis- tema agricultor y zonas de latencia ecológica.
En el otro extremo, la gran ciudad puerto que funciona a modo de ecotono territorial con el mundo exterior. El sitio de ingreso de poblacio- nes de animales y vegetales que se insertaron en la cultura y antropizaron las ciudades y los campos. La denominada Biota Cultural. Un am- plio atlas de cartografías se despliega durante el siglo XIX, desde Adrien Hubert, con el Pays del Tuyu, hasta Martin de Moussy, que incluía a les indiens pampas en sus mapas.
La consolidación de un Estado-nación en el es- pacio de un continente impulsaba también el corrimiento –y descubrimiento– de una fron- tera provisoria sobre los pueblos originarios. Buenos Aires ampliaba espesor a medida que la frontera territorial se expandía. Este capítu- lo es denominado “La conquista del desierto”, donde desierto vislumbra la externalidad del relato. Las infraestructuras ferroviarias auspi- ciaron de medium para movilizar mercancía y gente, y darle sentido a una idea de poblar y vivir en el interior del país. Durante la década
52
- Antesis Nº 4 septiembre 2020de 1990, la mayoría de estos ferrocarriles que- daron desactivados por decisión política, las ciudades empezaron a vaciarse y los campos a tecnificarse e intoxicarse. Una determinación política de explotación del monocultivo trans- génico extensivo produjo nuevas mutaciones territoriales y modos de relacionarnos con el agua.
El 30% de la superficie del territorio argentino es líquido. En su región pampeana existen más de dos mil cuerpos líquidos, en apariciones muy diversas: lagunas permanentes, estacio- nales, efímeras, ocasionales, nuevas, de des- borde, o zonas de evaporación. También hay lagunas que ya no existen. Es una gran región inestable, de aguas dulces y saladas.
Provincia de Buenos Aires. Imagen satelital intervenida.
Una corona de filamentos pegajosos es el Ticket-to-Ride para que el “Pez Rey” pueda volar y así propagarse por la región. A través del aire Odonthestes bonariensis viaja de agua en agua, en invierno o verano, desde la región pampeana hasta la Cuenca del Plata. Esta flecha plateada es una de las principales especies de agua dulce de Argentina, de gran valor alimenticio, económico y ambiental. La domesticación de su ecosistema, la fragmentación del paisaje han ido expandiendo la frontera agrícola a través de obras secantes, canalizaciones o infraestructuras que permitieron ampliar los márgenes de renta del suelo pero que redujeron los hábitats de esta especie.
El río Quinto ha sido una de las personas no humanas que han vehiculizado cambios de condiciones en muchas localidades pampea- nas, en algunas de las cuales ha producido la expulsión de poblaciones enteras a otras ciu- dades. En otras ha producido el surgimiento de una nueva cultura vinculada a la inundación.
Según el relato de Anita Rivara, el caso de Al- berti y Trenque Lauquen es un claro ejemplo de los nuevos fenómenos ecosistémicos-cultu- rales de la provincia. La inundación de fines de los 80 produjo la reconversión de productores agropecuarios a pescadores o piscicultores en las proximidades del sistema de lagunas enca- denadas del Oeste.
Un pico sumergido en las lagunas salinas es la estrategia alimenticia del flamenco austral para su supervivencia. De un rosado blancuzco con pinceladas negras, casi de manera onírica los Phoenicopterus chilensis posan, más o me- nos en grupos. En idioma kunza del altiplano, lo denominaban tokoko. Un ave de arquitec- tura muy singular, que es posible ver posando en alguna laguna en el desierto de Atacama, en laguna de Mar Chiquita o en Epecuén. Las lagu- nas salinas de la región forman parte del otro grupo de cuerpos hidromórficos que trazan di- námicas con otros territorios. Sobre Epecuén hablaremos más adelante.
Construcción de un fortín, Conquista Territorial. Archivo General de la Nación, intervenido.
Toda ciencia es política. Y la política ha ido ge- nerando los diferentes acuerdos históricos con la técnica, para producir el territorio por sobre el ecosistema. ¿Será momento de abandonar las trincheras de frontera y el binarismo para adentrarnos en lo múltiple y lo difuso?