Las Reservas de la Biosfera son zonas de ecosistemas terrestres o costeros/marinos, o una combinación de éstos, reconocidas en el plano internacional como tales en el marco del Programa MaB (UNESCO, 1996). Desde su aparición, el programa de Reservas de la Biosfera suscitó un gran interés en los medios conservacionistas a nivel mundial (Fernandez-Galiano, 1984). Dichas áreas deben atender al marco legal de los Estados en los que se encuentran ubicadas, porque son éstos quienes conservan la jurisdicción total sobre sus territorios. A través de las Reservas de la Biosfera se busca contribuir con el desarrollo sostenible, dado que son una especie de “laboratorio viviente” en el que se ponen a prueba métodos de gestión de los recursos naturales y se fomenta, al mismo tiempo, el desarrollo económico" (UNESCO, 2009).
Las Reservas de la Biosfera se crearon con la finalidad de que se convirtieran en “lugares de excelencia para el ensayo y la demostración de métodos de conservación y desarrollo sostenible a escala regional”. Para lograrlo, las Reservas de la Biosfera deben cumplir sus funciones (conservación, desarrollo y apoyo logístico) y satisfacer los criterios de designación, contando con tres zonas interrelacionadas: la zona núcleo, la zona tampón y la zona de transición (UNESCO, 1996) (Figura 1).
Las primeras Reservas de la Biosfera se establecieron en 1976 en ocho países. En la actualidad hay 701 Reservas de la Biosfera en 124 países, incluidas 21 transfronterizas: 79 en 29 países en África, 33 en 12 países en los Estados Árabes, 157 en 24 países de Asia y el Pacífico, 302 en 38 países de Europa y América del Norte y 130 en 21 países de América Latina y el Caribe (UNESCO, 2018a).
El Programa MaB dispone de varios documentos oficiales sobre los objetivos que deben cumplir las Reservas de la Biosfera. Estos documentos son la guía para coordinar, dirigir y evaluar la gestión y el estado de las Reservas de la Biosfera a nivel internacional, entre
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los que cabe destacar: la Estrategia de Sevilla y el Marco Estatutario de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera (UNESCO, 1996), el Plan de Acción Madrid para las Reservas de la Biosfera (2008 - 2013) (UNESCO, 2008), el Formulario de propuesta de Reserva de la Biosfera (UNESCO, 2013a), el Formulario de revisión periódica de Reservas de la Biosfera (UNESCO, 2013b), la Estrategia del Programa sobre el Hombre y la Biosfera (MAB) de la UNESCO y su Red Mundial de Reservas de la Biosfera para 2015-2025 (UNESCO, 2017) y el Plan de Acción de Lima para el Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO y su Red Mundial de Reservas de la Biosfera (2016 – 2025) (UNESCO, 2017).
Figura 1. Ejemplo de zonificación de una Reserva de la Biosfera.
Fuente: Castaño-Quintero, et al., 2017.
Las Reservas de la Biosfera poseen una posición de privilegio como espacios naturales y socioeconómicos de excelencia para la experimentación y avance hacia el desarrollo sostenible. Son consideradas como elementos que pueden contribuir a lograr los objetivos que se han planteado a escala mundial frente a la biodiversidad, los servicios ecosistémicos, el cambio climático y otros aspectos del cambio global, y así mismo contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de la ONU. Por este motivo, el Programa MaB posee entre sus objetivos lograr que las Reservas de la Biosfera sean reconocidas como modelos que contribuyen
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a la implantación de los ODS y de otros Acuerdos Multilaterales Ambientales (AMUMA) (UNESCO, 2017).
Sin embargo, la sola designación de un lugar como Reserva de la Biosfera no garantiza la real y total implementación del concepto y el logro de sus objetivos (Fernández- Galiano, 1984; Walker y Solecki, 1999; Ishwaran, 2012; Bridgewater, 2016). En 1995, durante la Conferencia Internacional de Sevilla, se estableció que cada diez años la autoridad competente debía revisar la situación de cada Reserva de la Biosfera y elaborar un informe sobre el cumplimiento de los criterios por los cuales fue designada (UNESCO, 1996). Varios autores (Price, 2002; Reed y Egunyu, 2013) sugieren que el período de 10 años entre las revisiones periódicas resulta excesivamente largo, planteando desafíos para el seguimiento de las Reservas de la Biosfera. Dichos desafíos afectan la eficiencia del proceso de revisión periódica como mecanismo efectivo del control de su calidad y de su nivel de implementación (Price et al., 2010; Coetzer et al., 2014).
Entre las alternativas sugeridas para superar esos desafíos se ha planteado el establecimiento de un sistema de información con mecanismos e indicadores que permitan revisar el estado y la efectividad de la implementación de las Reservas de la Biosfera y que estén mucho más vinculados al proceso de revisión periódica (Price, 2002; Price et al., 2010; Reed y Egunyu, 2013).
Para lograr sus objetivos, las Reservas de la Biosfera se deben centrar en un enfoque de participación múltiple, haciendo hincapié en la participación de las comunidades locales en la gestión y desarrollando sistemas de gobernanza innovadores y participativos (UNESCO, 2017). Dado que éstas son designadas por los gobiernos nacionales y permanecen bajo su jurisdicción, las estructuras de gobernanza e implementación bajo las cuales se rigen o administran dependen únicamente de la normativa legal e institucional de cada país (UNESCO 1996; Schliep y Stoll-Kleemann 2010). En la Red Mundial de Reservas de la Biosfera hay una amplia gama de modalidades de gobernanza, que reflejan los marcos de políticas nacionales, regionales y locales, así como la disponibilidad de recursos humanos y financieros. La gobernabilidad exitosa de una Reserva de la Biosfera está estrechamente ligada al reflejo que el mecanismo de gobernanza realice de las necesidades y las demandas de múltiples sectores de la sociedad, incluida la sociedad civil (UNESCO, 2018b).
Su gobernanza requiere la participación de todos los interesados: es una necesidad ejercer la democracia y la legitimidad de las actividades de gestión, ya que facilita el
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intercambio y comprensión de conocimientos (Stoll-Kleemann & O'Riordan, 2002). Por este motivo, en ellas deben aplicarse disposiciones organizativas que faciliten la integración y la participación de una gama adecuada de sectores en la concepción y ejecución de sus funciones (UNESCO, 1996). Entre los cometidos clave de los responsables de la coordinación/gestión de la Reserva de la Biosfera está conocer el sistema de gobernanza en el que tienen que trabajar y explorar vías para mejorar las capacidades colectivas en la gestión de las Reservas de la Biosfera (UNESCO, 2013b). La participación de todos los organismos gubernamentales, como no-gubernamentales y la comunidad local en los procesos de toma de decisiones es un factor determinante y reconocible de todas las RRB exitosas (Schultz, Duit & Folke, 2011; Stoll-Kleemann, 2007), y está íntimamente relacionada con el desarrollo de un "sentido de pertenencia" por parte de todos los interesados. Además, la participación de todos estos sectores promueve aspectos esenciales de la implementación de la gestión correcta que incluyen: “intereses compartidos”, “visión común” y “creación de confianza” (Armitage et al., 2009).