Cuidar el entorno. Intensidad y exceso de impresiones sensoriales
"El niño pequeño vive en el mundo como un ser casi exclusivamente perceptivo, 'todo él es órgano sensorio', totalmente permeable a las impresiones del mundo circundante y entregado
incondicionalmente a ellas. Precisamente porque todavía no las puede interceptar y elaborar por medio de la conciencia, las impresiones sensoriales penetran sin impedimento directamente en el organismo infantil. No es una simple expresión metafórica decir que el niño 'consume' sus
impresiones sensoriales, pues no tiene más remedio que incorporar los efectos del mundo circundante por medio de su organismo sensorial".15
Las impresiones sensoriales del mundo exterior afectan enteramente a todo el organismo del niño pequeño, ya que éste se expone al mundo sin tener la capacidad de distanciarse de los 'fenómenos' o estímulos externos. Para ello necesitaría poder 'pensar' sobre ellos (tomar conciencia) y recordemos que, tal y como exponíamos anteriormente, "el niño pequeño vive en el mundo como un ser casi exclusivamente perceptivo". Podemos hablar de 'captar' y percibir, pero no tanto de razonar o
pensar.
Por eso es de vital importancia que el adulto sea consciente de esto cuando el niño todavía no puede serlo.
Hemos de tener muy presentes las consecuencias que tiene para el organismo físico la intensidad o el exceso de impresiones sensoriales a las que estamos expuestos en esta sociedad.
El mismo impacto ejercen sobre el pequeño cuerpo físico en crecimiento las emociones que por su baja vibración desvitalizan y perjudican la salud de los órganos vitales.
Dado que está en proceso de crecimiento, 'construcción' o creación, el organismo físico de los más pequeños va moldeándose en función del tipo de vibración energética que recibe del exterior. Son completamente vulnerables, por tanto, a los pensamientos y emociones de las personas que están a su alrededor, a los colores que desde el sentido de la vista impresionan hasta el último rincón del alma, a los sonidos que desde el sentido del oído resuenan en el interior como música celestial o
distorsionan y desarmonizan hasta la última de las células, etc.
" En la infancia todas las percepciones dan origen a procesos vegetativos, secreciones glandulares,
etc. Por ejemplo, los colores que el niño contempla provocan en su organismo algún tipo de proceso metabólico y no es exagerado decir que el niño construye su cuerpo físico de acuerdo con las
impresiones sensoriales que recibe de su medio ambiente".16
Recordemos que todo es vibración y, por consiguiente, hay muchas maneras de desarmonizar
nuestros órganos vitales si no somos conscientes del impacto que algunos 'fenómenos' ejercen sobre nuestro organismo.
El "pensar vivo". Imaginación y pensamiento espiritualizado
"Entre los 9 y los 10 años, todo niño atraviesa una profunda crisis: su pensar hasta entonces imaginativo, recibe, legítimamente, su primer impacto intelectual y las energías volitivas de la imaginación viva retroceden o sufren una transformación".17
El pensamiento intelectual se aleja del 'pensar vivo' de los más pequeños, lleno de imaginación y alma, y nos lleva al mundo de la abstracción, de la representación a través de conceptos.
Es obvio que el nivel conceptual del conocimiento es necesario para poder "interceptar y elaborar" lo que percibimos y sentimos y poder así distanciarnos y tomar conciencia de los fenómenos, pero también hemos de tener en cuenta que en el momento en que intelectualizamos nuestro pensamiento corremos el riesgo de "enfriarnos" y "palidecer".
El 'sentir' es lo que nos llena de vida, es lo que hace latir nuestro 'corazón', y cuando el pensar está vacío de alegría y de amor nuestra energía vital baja.
El cuerpo físico nos indica el equilibrio que debemos mantener en la relación cuerpo-mente, ya sea en lo que respecta a la cantidad de tiempo que permanecemos en la mente desconectados de nuestro cuerpo y sus necesidades físicas o en lo que respecta a la calidad de los pensamientos, los cuales pueden hacer enfermar nuestro organismo o bien revitalizarlo.
Entonces, ¿cómo dar vida a nuestro organismo a través del pensar? Pues, sencillamente, dotando a nuestros pensamientos de alma y espíritu.
Por una parte, 'alimentándolo' con pensamientos positivos. Podríamos hablar aquí de un pensar
espiritualizado, impregnado de valores elevados que nos conecten con nuestra verdadera esencia de
paz, fortaleza, alegría y amor. Hablamos de pensamientos fuertes y nobles.
Y por otra parte, no dejando al margen la imaginación cuando el pensar intelectualizado empieza a cobrar más protagonismo.
A través de la imaginación podemos seguir revitalizando nuestro organismo viendo en imágenes mentales lo que percibimos a través de nuestros sentidos físicos (visualizaciones). Llevamos la realidad física a nuestra mente a través de imágenes impregnadas de colores, formas, 'miradas', gestos y acciones que llenan de alegría nuestra alma (una puesta de sol, la sonrisa de nuestros hijos cuando rebosan de alegría vital, un cielo azul, el agua limpia y fresca de un riachuelo...).
Por otra parte, la fantasía también cobra un gran protagonismo cuando hablamos de revitalizar nuestro 'niño interior', y es que no sólo la realidad que vivimos puede llenarnos de alegría. La fantasía, la cual nace de los cuentos de hadas o relatos de ficción, puede llenar nuestra alma de energías revitalizantes que no podrían emerger con la misma intensidad desde la realidad del momento.
El caballero que con valor y coraje combate contra las fuerzas del 'mal', el príncipe amable y
protector, la princesa dulce, delicada y bondadosa, entregada al amor, la arquera (energía femenina dotada de coraje y valor), el mago o el hada (capaces de utilizar la magia para convertir el miedo en
fuerza de amor), el joven aventurero que recorre el mundo viviendo mil y una hazañas... La fantasía no tiene límites y en cada personaje y acción, tanto adultos como niños, podemos encontrar el
arquetipo ideal que nos permita compensar y llegar a despertar el anhelo de nuestra alma hacia alguna cualidad elevada del ser: la templanza, la alegría, el amor, la fortaleza, la lealtad, la justicia y, en definitiva, todas aquellas cualidades que fortalecen nuestra voluntad y engrandecen nuestro espíritu.
Me gustaría, pues, remarcar la importancia de no intelectualizar el pensamiento de los niños cuando todavía están viviendo desde el 'cuerpo' y desde el 'corazón', cuando todavía mantienen una relación
extremadamente viva con el mundo exterior a través de todo su organismo sensorial y a través de su imaginación y fantasía.
Este respetar los tiempos necesarios para que su organismo sensorial y su pensar imaginativo
permanezcan llenos de vida marcará un precedente para su futuro, ya que la alegría es la fuerza de la vida.
Sentido estético, belleza y armonía. Arte
"La verdadera actitud estética del ser humano vitaliza sus órganos sensoriales, satura de alma los procesos vitales. Es muy importante que el ser humano se dé cuenta de esto para que fortalezca los órganos sensoriales. La vitalización de éstos hay que buscarla en el arte y en la plenitud que él nos depara. Lo mismo vale para los procesos vitales que, con el goce artístico, se logran impregnar con el alma que les falta en la vida ordinaria" (R. Steiner. "El enigma del hombre, su origen terrenal y cósmico". Conf. del 15-8-1916).
El arte nos mantiene conectados con nuestra alma desde la impresionabilidad ante el elemento artístico, el cual puede despertar en nuestro interior una gran alegría, energía revitalizante para nuestro cuerpo físico.
En lo que respecta al arte con los niños más pequeños, el simple hecho de ser cuidadosos con la belleza o estética de los lugares en los que habitamos o convivimos será suficiente para despertar en ellos el sentido estético y la sensibilidad por la belleza y la armonía, cultivando así las bases para el sentido artístico.
Cuidemos, pues, los colores y las formas, los materiales y texturas en los elementos u objetos de juego o decorativos, permitiéndoles respirar la calidez, la alegría, la armonía y la belleza del mundo que les rodea.