El tonalli (el alma), es una entidad anímica luminosa alojada en el interior del cuerpo humano que le da calor y le rige todas las facultades relacionadas con el movimiento y el crecimiento, por lo que regularmente se dice que el tonalli reside en la cabeza, aunque realmente su ubicación varía, pues algunos autores dicen que está energéticamente en todo el cuerpo, otros lo sitúan en las palmas de las manos y otros más lo circunscriben al torrente sanguíneo, por otra parte, su estructura también ha sido motivo de controversia en la actualidad, debido a que algunos nahuas mencionan siete partes constitutivas, a diferencia de otros nahuas que afirman que es una sola unidad constitutiva, donde su desprendimiento temporal sea posible durante el sueño, la embriaguez, el acto sexual o una intensa emoción —particularmente susto— llega a provocar enfermedades si se prolonga.
El tonalli, tonali o tonal, era originalmente concebido a cada ser vivo antes de nacer a la tierra por los padres de los 4 Dioses Creadores, el señor y la señora Ometecuhtli y Omecíhuatl, quienes alojaban el tonalli en la región Chichihuacuauhco, “el recinto nodriza”, donde el árbol de la vida Tonacacuáhuitl, tenía en lugar de frutos, 400 mil tetas de las que emana leche suficiente para alimentar a las almas que aún no nacían, o bien, a las almas de los infantes que habían muerto durante del parto, y que no alcanzaron el razonamiento (fetos), puesto que el tonalli regía el raciocinio, la conciencia, la voluntad y el destino, donde posteriormente era introducido en el útero al momento de la concepción por la pareja suprema, la chispa de vida que descendía en el vientre para volverse niño. Por lo que, el tonalli estaba tan estrechamente fijado al cuerpo humano, que incluso sus residuos y deshechos conservaban una parte de él, cuya pérdida temporal del alma provocaba siempre alguna enfermedad, pero su
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ausencia prolongada sin duda traía la muerte al individuo. Al morir, la diosa del nacer y del fallecer, Cihuacóatl, la recolectora de almas, llegaba hasta el difunto para llevarse su alma (tonalli) y dejarla en alguna de las 4 postrimerías (Mictlán, Tlalocán, Tonatiuhichán Oriente y Tonatiuhichán Occidente), dependiendo de su forma de morir, donde el alma tomaba un descanso o una travesía por 4 años hasta su próxima reencarnación.
Paralelamente, el tonalli coexistía en el cuerpo del hombre con dos entidades físicas, el teyolia y el ihiyotl, indispensables para su desarrollo, el primero, se encontraba radicado en el corazón, el núcleo o semilla de la persona, asociada con las emociones y los sentimientos adquiridos para otorgar vitalidad a las acciones, al movimiento, a la memoria y a la energía individual adquirida, dando cuenta de ciertas individualidades y estados anímicos, así como algunas formas de poderes sobrenaturales, el comportamiento moral de la persona, el ataque de ciertos brujos o seres telúricos y algunos males de naturaleza acuática que podrían llegar a provocar enfermedades que afectaban particularmente al corazón, los augurios, donde todos estos procesos y estados imprimían sobre esta entidad una serie de marcas que debían ser limpiadas antes de la muerte para el tonalli en su travesía por el inframundo, quedando así una especie de semilla renovada y libre de toda historia personal, lista para ser otra vez instalada en el útero de una mujer y vivir de nuevo.
En cuanto al ihiyotl, el aliento, era la entidad anímica física que se encontraba íntimamente ligado a la sombra, era pensado como un elemento gaseoso, frío y posiblemente oscuro influenciado por los dioses celestes, estelares y, probablemente, lunares en el momento de la creación individual y reforzado por la respiración en el interior del cuerpo, el ihiyotl era pensado como una entidad etérea y antropomorfa que se encontraba difusa por todo el cuerpo y se concentraba en el hígado, donde el comportamiento moral del individuo podía desprenderse como emanaciones putrefactas a consecuencia de la trasgresión de normas morales, pero no obstante, el aliento vital también podía ser usado por ciertos especialistas rituales de manera voluntaria para curar o producir diversos males, y así, las cualidades adoptadas por dicho flujo vital en razón de las emociones e intenciones de las personas, podían causar el beneficio o la destrucción del sujeto, aunque tras la muerte, el ihiyotl se desprendía del cuerpo para convertirse en una entidad patógena, ligada al lugar de muerte o sitio de reposo del cadáver, que poco a poco se desgasta hasta diluirse en el ambiente y convertirse en simple aire para empujar al tonalli (el alma) al exterior del difunto.
Notas
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*Los médicos consideraban que el tonalli era una de las tres entidades anímicas alojadas dentro del soma, aun cuando su asiento específico era la cabeza, también se distribuía por todo el organismo, una fuerza luminosa donde le adjudicaban su daño a las acciones en que incurría su dueño, donde la intervención de los dioses patronos de los médicos era esencial para la salud del tonalli.
*Del náhuatl, la raíz del término, “tona”, cuyo significado es interpretado como día, luz, calor o Sol, forma un complejo semántico aparte, cuya simbología se extiende entre los nahuas y otras etnias.
*La relación del tonalli como calor vital (fuego) daba pie a diferentes rituales, pero principalmente al recién nacido donde lo sacaban al 4 día del aposento, y juntamente con el fuego, que lo había calentado desde su nacimiento, le daban con él cuatro vueltas a la cabeza, pues cuando le daban las cuatro vueltas a la cabeza, dándole dos de un lado y dos del otro, le ponían el nombre que había de tener, el nombre propio, que tras la evangelización, se empezó a hacer con agua, lavando la cabeza del niño al 4 día y poniéndole su nombre.