• No results found

Knowledge of the Sesigo Project

CHAPTER 9: SUMMARY AND CONCLUSIONS

10.6. Knowledge of the Sesigo Project

Al hablar de la integración de la población refugiada nos referimos a un concepto complejo y muy utilizado en el campo de las políticas de inmigración. Esto conlleva que se utilice de muy diversas maneras y, en ocasiones, con un fin claramente polí- tico. Por eso utilizar este término siempre requiere una previa contextualización. Aquí, el concepto de integración se enmarca en el contexto de la intervención, desde un punto de vista integral, con personas solicitantes de asilo o refugiadas.

En este sentido, se habla de procesos de adaptación mutua, es decir, de cómo la persona que se ve obligada a abandonar su país y llega a una cultura nueva se incor- pora a dicha sociedad receptora en la que pretende conseguir la protección que no encontró en su país, en el sentido más amplio de derechos, libertades y oportunida- des; y de cómo, a su vez, la sociedad de acogida dota de las herramientas necesarias para facilitar dicha adaptación, y asimismo, acepta e incorpora los cambios que dicho proceso conlleva.

Por otra parte, se debe tener presente la dificultad que supone hablar de per- sonas refugiadas en general, con los riesgos que conllevan las generalizaciones. Sin embargo, sí podemos referirnos a similares procesos vividos entre personas del colectivo en función de culturas, estatus sociales, motivos por los que se han visto obligados a abandonar su país, y lo que en este momento nos interesa, en cuanto a cuestiones de género.

No se pretende realizar aquí un análisis intelectual academicista; lo expuesto en estas líneas es producto de la praxis, de la experiencia adquirida a lo largo de los años de trabajo en este campo, y, de forma más específica, a través del acompaña- miento realizado por CEAR en los procesos de integración de estas personas.

Sin olvidar la influencia directa que tienen las consecuencias de la migración tanto en el país emisor como en el receptor y sobre la experiencia individual de migrar, es necesario hacer hincapié en el importante esfuerzo de adaptación que estas perso- nas y familias deben llevar a cabo. Este proceso de resocializaciónimplica la adaptación de las personas refugiadas a nuevas formas de vida y complejidades en su identidad. Todo lo que rodea a la persona cambia, desde aspectos como la alimentación o las rela- ciones personales y familiares, hasta el clima, la lengua, el estatus, la cultura...7.

Las causas de la fragilidad de estas personas son diversas8:

Impacto de los sucesos estresantes y/o traumáticos para el cuerpo y la psique de cada uno de los miembros de la familia.En el caso de las personas adultas, la angustia y el desbordamiento puede afectar a sus funciones parentales.

Impacto de la ruptura de los lazos familiares, comunitarios y sociales,y la pérdi- da de apoyos que permiten calmar el dolor, elaborar el sufrimiento y dar un sentido a la experiencia.

El desafío y la necesidad de sobrevivir en un contexto desconocido y, muchas veces, hostil por la desconfianza, el rechazo, el racismo y la precariedad social y ju- rídica.

Ni que decir tiene que en aquellos casos de personas que salen del país de ori- gen de forma no voluntaria y con experiencias de extrema dureza, la vivencia del estrés es aún mayor e incluso traumática.

Las formas en las que una persona pone en funcionamiento sus capacidades personales para adaptarse a una nueva situación en un contexto diferente son muy diversas, tantas como personas existen, así como son diversas las formas de poner en marcha las herramientas y capacidades personales para afrontar o superar los traumas. Igualmente los modos en que el país de acogida facilita, o por el contrario hace difícil, dichos procesos, influirá y marcará la forma en que esa persona pueda integrarse de un modo u otro en el nuevo contexto sociocultural.

En particular, los procesos de asilo son complejos por las motivaciones, ex- pectativas y capacidades/habilidades intrínsecas a la persona, y por el contexto sociocultural de acogida con el que se encuentran. Asimismo, la experiencia en el trabajo con solicitantes de asilo muestra diferencias en los procesos de integración que viven las mujeres refugiadas y los hombres refugiados.

El porcentaje de mujeres solicitantes de asilo o refugiadas en nuestro país es claramente inferior al de los hombres. Hablamos de un 35-40% de mujeres fren- te a un 60% de varones, cifras que oscilan durante los últimos años. Teniendo en cuenta la dificultad e incluso imposibilidad de usar medidores objetivos de inte- gración de las personas refugiadas en nuestro país, sí se puede hablar de las difi- cultades detectadas y de cómo estas personas las afrontan y superan.

Las dificultades con que estas personas se encuentran en sus procesos de inte- gración son cada vez más intensas. En primer lugar por el propio proceso adminis- trativo, si se tiene en cuenta el alto número de denegaciones de asilo y lo que una denegación acarrea: la pérdida del derecho a la residencia legal y de los derechos sociales asociados con él. En segundo lugar, por las dificultades que añade la actual situación socioeconómica.

Si bien es cierto que se ha visto con más dificultades a aquellas personas que se encuentran en su primer periodo de integración, es decir, en los dos o tres pri- meros años de residencia en España, desde que hace más de un año se hizo visible la crisis económica se constata que personas refugiadas que llevan más de cuatro

o cinco años en nuestro país presentan, si no las mismas, sí similares dificultades a las que tuvieron que vivir durante esos primeros años. Una situación de desempleo de larga duración da al traste con el proceso de autonomía y estabilidad que la perso- na podía haber alcanzado, sobre todo si se tiene en cuenta la falta de redes familiares y en ocasiones sociales con las que cuenta, así como los escasos ahorros económicos derivados de empleos precarios y/o temporales. Si a esto se le suma el hecho de que esta persona sea mujer sola o con responsabilidades familiares no compartidas, la situación es inicialmente considerada como de mayor vulnerabilidad.

Esto es debido fundamentalmente a la idea tradicional de debilidad asociada al género femenino, así como a la clara invisibilidad social que sufren las mujeres en el desempeño de sus roles tradicionales relacionados con el cuidado y el hogar (todo ello desempeñado en contextos poco visibles: el hogar, domicilios ajenos, etc.).

De aquí se desprendería la tan usada afirmación de “mujer+extranjera=exclu- sión social”. Sin embargo la experiencia CEAR permite dejar constancia de la forta- leza que presentan precisamente las mujeres refugiadas para enfrentarse a los pro- cesos de integración, con una mayor flexibilidad para la adaptación y para asumir la realidad a la que se enfrentan en el nuevo contexto y con el carácter emprendedor que caracteriza a muchas de ellas.

Hay que reconocer que las instituciones y entidades sociales que acompañan a estas mujeres refuerzan en muchas ocasiones esa imagen de debilidad que está tan instaurada en el imaginario colectivo, colocándolas en esa posición de depen- dencia institucional y reforzando asimismo dicho rol, lo que provoca la anulación de su fortaleza.

CEAR ha atesorado múltiples experiencias de cómo, asociado a este rol identita- rio, las mujeres refugiadas desarrollan sus procesos de integración desde el concep- to de supervivencia entendido en sentido amplio, mientras que los hombres refugia- dos desarrollan procesos mucho más complejos con una base de victimización en el hecho de ser refugiados.

Cuando hablamos de mujeres refugiadas, hablamos de mujeres que han vivi- do su propia historia de persecución por diferentes motivos (políticos, género, etc.), y también de mujeres que vienen a España acompañando a su esposo solicitante de asilo. De mujeres que llegan de un largo viaje tras atravesar el continente africano huyendo de su país en guerra, que han perdido a su marido y/o hijos en el conflic- to o a lo largo del peligroso trayecto realizado. Hablamos también de mujeres solas que abandonan sus países buscando la libertad o la integridad física que no se les permite en su país de origen por causas culturales que les obligan a prácticas como el matrimonio forzoso o la mutilación genital. Mujeres que han luchado por los de- rechos de sus iguales en sus países de origen, que han sufrido amenazas, atentados

o han perdido allí a sus compañeras de lucha. Mujeres enfermas o con hijos enfer- mos que en sus países no pueden ofrecerles el tratamiento que les salvará la vida. Mujeres que deciden buscar para sus hijos un futuro que no pueden ofrecerles en sus países en conflicto. Mujeres que huyen de violencia por parte de sus parejas y que en su país no obtienen la protección necesaria para salvar sus vidas o para salir de dicha situación… Y así, hasta un sinfín de situaciones por las que dichas mujeres llegan a España solicitando protección, y que a lo largo de los años CEAR ha tenido la oportunidad de conocer y acompañar.

Sus procesos de integración son muy diversos. Y no sólo dependerán de los mo- tivos por los que se ven obligadas a abandonar su país, sino de múltiples factores. Uno de los más importantes está relacionado con las capacidades personales para adaptarse al nuevo contexto: es la resiliencia, proceso por el cual las personas son capaces de soportar crisis y adversidades, recobrarse de ellas y vivir experiencias de crecimiento personal. En este sentido, la resiliencia, aunque requiere una res- puesta individual, no es una característica sólo personal, ya que está condicionada tanto por factores individuales como ambientales emerge de una gran variedad de influencias ecológicas9.

Si se relaciona el género con la resiliencia, es decir, con la mayor capacidad para seguir desarrollándose sanamente a pesar de todas las adversidades, se ha ob- servado cómo las mujeres son más resilientes. Para Walsh10las mujeres, en todas las edades, superan la adversidad en mayor medida que los varones. Esto podría expli- carse por una socialización basada en el género, por la que a las niñas se les enseña a ser más afables y sociables (por lo tanto más abiertas a apoyarse en el entorno), mientras que a los varones se les enseña a ser duros y confiar sólo en sí mismos (fac- tor de riesgo para superar la adversidad).

Esto no quiere decir que las mujeres refugiadas no sufran los efectos psicoló- gicos negativos de situaciones traumáticas. Así, el concepto de crecimiento postrau- máticohace referencia al:

“Cambio positivo que un individuo experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso trau- mático” (Calhoum y Tedeschi11). Aunque la respuesta normativa universal ante un hecho traumático es el dolor y las vivencias negativas, hay perso- nas que son capaces de ver elementos positivos en el proceso de lucha que iniciaron tras el hecho (no en el suceso mismo). Sin embargo, la vivencia de aprendizaje o crecimiento no anula necesariamente el sufrimiento sino que puede coexistir con él. De hecho, es posible que para experimentar dicho crecimiento sea necesario la coexistencia en el individuo de emo- ciones positivas y negativas12.

Aunque evidentemente también hay mujeres que sufren procesos de integra- ción complicados, se han podido detectar especificidades y fortalezas que diferen- cian cómo se enfrentan los hombres y las mujeres refugiadas a los procesos de integración. Algunos ejemplos muestran parte de esa experiencia:

Antonio de 47 años, de República Democrática del Congo, casado y con cuatro hijos de 6, 9, 14 y 16 años de edad respectivamente, llegó a España hace seis años, huyendo de su país tras sufrir cinco años de prisión como preso político. Su mujer e hijos se quedaron allí, a la espera de que Antonio normalizara su situación y pu- diera traerlos. Antonio solicitó asilo y fue beneficiario de los programas de ayudas sociales a refugiados del Estado español. Asimismo, contó con el apoyo de una ex- tensa red de familiares que residían en España. Durante los cuatro años en que Antonio residió solo en España, trabajó de forma inestable y temporal, y tuvo que re- currir en numerosas ocasiones a sus redes de apoyos y a instituciones como CEAR para poder sobrevivir. Antonio inició, en cuanto le fue posible, los trámites para traer a su familia a España.

Hace dos años, su mujer e hijos llegaron a través de la extensión de asilo fami- liar, y CEAR realizó el acompañamiento de dicha familia para su acogida. Tras varios meses de convivencia, el matrimonio comenzó a tener problemas en la relación, fundamentalmente en el momento en que Gabriela, la mujer, comenzó a adquirir cierta autonomía personal. Antonio continuó demandando apoyos institucionales y encontrando cada vez mayores dificultades para conseguirlos, mientras que Ga- briela empezó un proceso formativo y de inserción sociolaboral. Tras un largo pro- ceso de conflictos intrafamiliares, Gabriela tomó la decisión de separarse definiti- vamente de su marido. En ese momento ella tenía dos empleos y asumía todos los gastos domésticos; Antonio se encontraba en situación de desempleo. En ese mo- mento, Gabriela alquiló una vivienda donde se traslada con sus cuatro hijos, una decisión que ella califica como muy difícil de tomar pero de la que afirma estar segura por el bienestar de sus hijos. Antonio se encontraba acogido en casa de sus familiares, recibiendo apoyos económicos de su país. Gabriela se muestra optimis- ta, y a pesar de tener muchas dificultades para hacer frente a todos los gastos, en ningún momento ha caído en un rol de víctima como mujer en situación vulnera- ble, sino que por el contrario ha asumido sus responsabilidades y en los momen- tos más difíciles ha transmitido mayor fortaleza y serenidad, reproduciendo tal vez su rol de sostenedora doméstica en su país de origen.

Ante la pregunta de si cree que las mujeres se integran de forma distinta (con más facilidad o no) que los hombres, esta mujer afirma que en su cultura estos tie- nen una posición en general superior a las mujeres, y que en el caso de su marido, éste ha pretendido mantener dicha posición en una realidad totalmente distinta,

aferrándose a su estatuto de refugiado, sin tener en cuenta que, al fin y al cabo, ella ve que su condición de refugiada la ha beneficiado y ha facilitado su residencia legal en España, pero se ha encontrado en la misma posición que cualquier otra mujer inmigrante económica a la hora de desarrollar su proceso de integración.

Ahmed, de 60 años de edad, procedente de Irak, casado y con dos hijos de 16 y 20 años de edad, llegó a España hace cinco años con sus dos hijos y solicitó asilo. Su mujer permaneció en Irán continuando su carrera profesional como arquitecta. A su llegada a España Ahmed y sus dos hijos fueron acogidos en un CAR, y luego recibieron el apoyo de CEAR para el alquiler de una vivienda y para cubrir sus necesidades básicas. Su hija de 16 años retomó los estudios abandonados en su país, y su hijo de 20 años comenzó una formación universitaria. Tenían también apoyo económico de su mujer, Samira, desde Irak. A los tres años de la llegada de Ahmed, Samira decidió abandonar su carrera profesional y reunirse con su familia en Es- paña. Tras llegar a España por extensión de asilo familiar, comenzaron a surgir graves problemas en la convivencia familiar. Inicialmente Samira se vio desborda- da por la situación, sobre todo cuando el matrimonio decide separarse y sus hijos deciden seguir viviendo con Ahmed. En ese momento Samira tiene pocos apoyos institucionales, ya que durante el tiempo de convivencia con su familia los han agotado prácticamente. A pesar de ello, Samira decide homologar su título acadé- mico y luchar por lo que en un momento determinado considera lo único que le queda, que es su carrera profesional, y para ello solicita apoyo a CEAR. A pesar de sus dificultades con el idioma y su edad, 58 años, Samira se matricula en la univer- sidad y comienza a preparar los exámenes para conseguir los créditos que le permi- tan homologar su título como licenciada. Mientras, trabaja por horas en servicio doméstico para poder pagarse la habitación que alquila y para subsistir, sin ningún tipo de “vergüenza” teniendo en cuenta su formación universitaria y experiencia profesional. Tras un año y medio de preparación, Samira informa a CEAR de que ha conseguido su título como arquitecta. Durante este tiempo, Ahmed continuará reci- biendo apoyos institucionales, sin alcanzar su autonomía personal. Tras varios meses de búsqueda incansable de trabajo, manteniendo sus trabajos temporales por horas en servicio doméstico, Samira consigue finalmente un puesto de trabajo como ar- quitecta. Actualmente continúa trabajando y apoyando económicamente a sus hijos para que finalicen sus estudios.

En entrevista mantenida con Samira sobre la integración de hombres y muje- res refugiados en España, ésta dirá tajantemente que el proceso depende de la per- sona, pero que en su caso particular, después de haber luchado tanto y de haberle costado tanto en su país conseguir su estatus profesional, económico y personal, de haber renunciado a ello por su familia y habiendo encontrado el rechazo de ésta

aquí, no estaba dispuesta a perder lo que con tanto sacrificio consiguió en su vida, su profesión. Nos cuenta que su marido también tenía un puesto profesional cuali- ficado, pero a él no le costó conseguirlo ni la mitad de esfuerzo que a ella, si se tiene en cuenta el contexto cultural de su país, y que la vida, en general, para él fue siem- pre más fácil que para ella, ya que la situación política en su país la afectaba, si cabe, más a ella que a él por el hecho de ser mujer. Este hecho le enseñará a realizar gran- des esfuerzos para alcanzar un mínimo de autonomía e independencia personal, mientras que su esposo continúa anclado en un rol de víctima por el hecho de ser refugiado, sin terminar de asumir su nueva situación personal y su responsabilidad en el nuevo rumbo de su vida.

Otro caso interesante es el de Marié, una mujer de 38 años de edad nacida en Burkina Faso, casada y con tres hijas de 18, 20 y 9 años de edad, asesora de un mi- nisterio en su país. Marié llegó solicitando asilo con su hija de nueve tras haber caído la niña gravemente enferma en su país por el VIH. En su país no pudieron ofrecerle un tratamiento adecuado, y cuando llegaron a España la menor, que se encontraba gravemente enferma, comenzó un tratamiento médico que en poco tiempo tuvo efectos muy positivos. A los pocos meses Marié es informada de que su marido ha abandonado a sus dos hijas mayores y se ha ido a vivir con otra mujer. Marié recurre a sus apoyos familiares en su país para que se hagan cargo de sus dos hijas. Cuando CEAR comenzó la intervención con esta mujer inmediatamente apreció su gran fortaleza, y cómo rápidamente desarrollaba unas actitudes de su- pervivencia hasta el momento desconocidas para ella. Marié sabía que en un año tendría que renovar su permiso de residencia y trabajo, y las dificultades que ello entrañaba. Desde el primer momento rechazó cualquier apoyo institucional, alu- diendo a su responsabilidad como madre y a sus capacidades personales. Al poco tiempo Marié se inserta en el mercado laboral con empleos diversos como teleope- radora, servicio doméstico o administrativa. Tras conseguir ingresos económicos propios, Marié alquila un apartamento para ella y la niña, y con muchas dificultades

Related documents