• No results found

Lagrangian Procedure

In document SUPPLY CHAIN OPTIMIZATION (Page 35-39)

Caracterizado el papel de gran potencia de los Estados Unidos, queda por de- terminar las características que convierten a España en una potencia media. Como vimos, no existen unos indicadores fijos que nos permitan colocar esta etiqueta a un Estado y negársela a otro. El criterio histórico es el único que puede dar una respuesta más o menos satisfactoria, pues sólo haciendo un repaso genérico de la política exte- rior de un país podremos inducir la posición que ha venido ocupado respecto a las grandes y pequeñas potencias. Éste es el argumento utilizado por Holbraad para colo- car a la España contemporánea dentro del círculo de las potencias medias:

En Europa (...) debe clasificarse como potencias medias (...) a España y Polonia, cuya existencia como potencias de rango intermedio puede rastrearse hasta mucho antes de los primeros años de la Sociedad de Naciones, la de España en el siglo XIX y la de Po- lonia en el XVIII105.

Argumenta este autor danés que España siempre ocupó un rango intermedio, basado en su permanente deseo de acercarse a las grandes potencias, que permane- ció inalterable desde que en el Congreso de Viena fue incluida en el Comité de los Ocho, y se manifestó claramente en los denodados esfuerzos desplegados en los años veinte por la administración española para lograr un puesto de carácter perma- nente, en el Consejo de la Sociedad de Naciones106.

105

HOLBRAAD, C.: Las potencias...op.cit., p. 103.

106

Por nuestra parte, trataremos de hacer una caracterización basada en los crite- rios presentados en la primera parte de este capítulo. Ya dimos cuenta de la dificultad que emanaba de intentar aplicar criterios utilitaristas para la caracterización de las po- tencias medias. Cualquier análisis histórico, por somero que sea, permite descartar la existencia de un patrón de actuación concreto entre aquéllas. Si por el contrario nos detenemos en la consideración de los tradicionales elementos de poder, podemos encontrarnos con resultados algo ambiguos pero en todo caso aclaratorios. En efecti- vos y preparación militar, la España de principios del siglo XX se encontraba muy atra- sada, con respecto a las grandes potencias europeas. Para 1910, el ejército español contaba con 96.000 efectivos, entre oficiales y soldados, frente a los 569.000 de Fran- cia en 1913, y los 862.000 de Alemania poco antes de la Primera Guerra Mundial107. Sin embargo, estratégicamente contaba con un activo importante: la posición de la Península a la entrada del Mar Mediterráneo, que otorgó a España la posibilidad de resarcirse de las pérdidas territoriales en el Caribe y las Filipinas mediante la participa- ción limitada en el reparto de Marruecos. Demográficamente, España contaba en los albores del siglo XX con un población de 18,5 millones, lo que la colocaba en una po- sición inmediatamente inferior a la de las grandes potencias –Italia tenía 32,5 millones, el Reino Unido y Francia 38,5, y Alemania unos 56 millones-, y muy por encima del resto de Estados europeos –como Bélgica, que contaba con 6,6 millones de habitan- tes108. Por último, si echamos una ojeada a alguno de los indicadores económicos, también encontraremos que España se acercaba a las posiciones de cola del grupo de las potencias. Por ejemplo, su renta por habitante era incluso superior a la de Italia para 1900109.

Así pues, hitos de tipo estratégico, económico y demográfico colocaban a Es- paña en una posición intermedia entre los grandes y los Estados menores del conti- nente. Pero señalábamos anteriormente que, si se quería calificar a un Estado como potencia media, la posesión de un determinado nivel de recursos debía venir acompa- ñada de otros dos indicadores: la existencia en el país de una firme voluntad de jugar un papel activo, ya sea a nivel regional o general, en los asuntos internacionales; y la permisividad de las grandes potencias, que han de estar dispuestas a otorgar al me-

diano una pequeña dosis de libertad de acción, en algunos ámbitos. Respecto al pri-

mero de esos factores, podemos comenzar recordando las palabras siempre ilustrati- vas del profesor Jover, cuando apuntaba, para la España en tránsito del siglo XIX al

107

BOYD, Carolyn: La política pretoriana en el reinado de Alfonso XIII, Madrid, Alianza, 1990, p. 47.

108

TORTELLA, Gabriel: El desarrollo económico de la España Contemporánea. Historia Eco-

nómica de los Siglos XIX y XX, Madrid, Alianza, 1995, p. 208. 109

XX, la presencia de la “noción de una grandeza pretérita” que llevó a muchos españo- les a confiar en la restauración de la antigua posición hegemónica del país110, aplican- do los más variados métodos. Muchos años antes de las luchas por un puesto perma- nente en el Consejo de la Sociedad de Naciones, España venía aprovechando cual- quier oportunidad que se le brindase para aumentar su prestigio a nivel global: con ese ánimo participó en las conferencias de La Haya111, y trató luego de aprovechar la Gran guerra para patrocinar tanto actividades humanitarias como fallidos intentos de media- ción. Por su parte, las grandes potencias permitieron ocasionalmente a España ocupar simbólicamente un puesto destacado. Aparte del hecho de la participación española en la Entente de 1904, posibilitado por la privilegiada posición geográfica del sur pe- ninsular respecto al litoral marroquí, España logró un limitado reconocimiento simbóli- co cuando se la dejó albergar y presidir la Conferencia de Algeciras de 1906, u osten- tar la representación diplomática de las potencias en los países rivales durante la Pri- mera Guerra Mundial.

Aunando factores típicamente de poder con otros de tipo conductista –la volun- tad política, la permisividad de las potencias- todo indica que España ocupaba o tendía a ocupar una posición intermedia entre los grandes y pequeños países del Viejo Con- tinente. Su pasado de potencia hegemónica le instó a diseñar diversos arbitrios para conseguir posición de relevancia en el contexto internacional, y así a lo largo de todo el período que abarcará la presente tesis: inserción en el reparto marroquí, política de ayudas y mediaciones durante la Gran Guerra, lucha por un puesto permanente en el Consejo de la Liga de Naciones, realización de sus aspiraciones marroquíes a través de un acercamiento a Italia durante la Dictadura de Primo de Rivera, ... En el S. XX, la aparición de los Estados Unidos como país poderoso de la escena internacional abrió nuevas vías para que los españoles lograsen su propósito. Tras la Segunda Guerra Mundial las circunstancias obligaron a España a abandonar su vocación europeísta para buscar una conexión con los Estados Unidos que la rehabilitara internacional- mente. Habría que esperar hasta el último cuarto del siglo para que la normalización política española permitiese la definitiva inserción del país en Europa y el reequilibrio de la relación de dependencia respecto a Norteamérica que se tenía desde los años cincuenta112.

110

JOVER ZAMORA, José María: “La percepción española de los conflictos europeos”, Revista

de Occidente, n.º 57 (Febrero de 1986), pp. 5-42. La cita es de la p. 9. 111

Vid. LÓPEZ-CORDÓN, María Victoria: “España en las Conferencias de la Haya de 1899 y 1907”, Revista de Estudios Internacionales, Vol. III, n.º 3 (1982), pp. 703-756.

112

VIÑAS, Ángel: En las garras del águila. Los pactos con Estados Unidos, de Francisco Fran-

co a Felipe González (1945-1995), Barcelona, Crítica, 2003. Fue Ángel Viñas el primero en

efectuar un análisis de las verdaderas implicaciones de los Pactos de 1953 en VIÑAS, Ángel:

Todos los procesos de recolocación política suelen ir acompañados de otros de reinserción económica y comercial. Las potencias medias suelen haber sufrido trans- formaciones económicas para las que han precisado del auxilio de los grandes. Espa- ña entró en el siglo XX inmersa en una dinámica de crecimiento económico que se mantuvo con altibajos durante toda la centuria, teniendo uno de sus períodos álgidos en las tres primeras décadas de la misma113. Para este desarrollo los españoles con- taron con la ayuda de sus vecinos europeos y también con la de los Estados Unidos, que para la década de 1950 acabaron convertidos en los principales socios económi- cos –a la par que políticos-, de España114.

Así pues, en la gestación de la evolución internacional de España a lo largo del pasado siglo, los Estados Unidos acabaron por tener un papel relevante, que se fue gestando a lo largo de las primeras cuatro décadas de la centuria en los terrenos polí- tico y económico. Es de suponer que las relaciones a estos niveles vendrían acompa- ñadas por contactos culturales, sociales y de otro tipo, propios de lo que hemos deno- minado “plano del prestigio”.

Por tanto, el estudio de las relaciones entre España y los Estados Unidos ofre- ce a priori diversas facetas interesantes. Se trata de contactos entre una gran poten- cia y una pequeña potencia, ambas en proceso de evolución: los Estados Unidos en busca del papel dirigente que adquirirían posteriormente, y España al acecho de una posición confortable a nivel internacional. Ambos se relacionaron a diversos niveles y con diferente intensidad hasta la conexión definitiva simbolizada en los Pactos de 1953. Insistimos una vez más en que esa naturaleza cambiante y ambivalente de los contactos hispano-norteamericanos construye un marco excepcional de observación

soberanía, Barcelona, Grijalbo, 1981. Asimismo, este autor ha ofrecido diversos análisis de las

relaciones hispano-norteamericanas durante el franquismo y la época democrática en varios artículos. Vid. VIÑAS, Ángel: “España, los Estados Unidos y la OTAN”, Revista de Política

Comparada, n.º 8 (1982), pp. 11-27; “Soberanía nacional y pactos militares”, Leviatán. Revista de hechos e ideas, n.º 21 (1985), pp. 19-31; “Soberanía nacional y pactos militares: el caso de

España”, Revista de Estudios Internacionales, Vol. VII, n.º 1 (1986), pp. 7-23; “La negociación y renegociación de los acuerdos hispano-norteameicanos, 1953-1988: Una visión estructural”,

Cuadernos de Historia Contemporánea, n.º 25 (2003), pp. 83-108; “Los Pactos con los Estados

Unidos en el despertar de la España democrática”, en DELGADO, Lorenzo y ELIZALDE, María Dolores (eds.): España y Estados Unidos en el S. XX, Madrid, CSIC, 2005, pp. 245-299. Las contactos bilaterales durante el franquismo han sido tratados igualmente por JARQUE ÍÑIGUEZ, Arturo: Queremos esas bases: El acercamiento de Estados Unidos a la España de

Franco, Alcalá de Henares, Universidad de Alcalá, 1998; TERMIS SOTO, Fernando: Renun- ciando a todo: el régimen franquista y los Estados Unidos desde 1945 hasta 1963, Madrid,

Biblioteca Nueva, 2005. De mayor alcance resulta el estudio de MARQUINA BARRIO, Antonio:

España en la política de seguridad occidental: 1939-1986, Madrid, Ediciones Ejército, 1986. 113

TORTELLA, G.: El desarrollo...op.cit., pp. 197-206.

114

Vid. PUIG, Nuria: “La ayuda económica norteamericana y los empresarios españoles”, Cua-

para comprobar las reacciones de los países menos favorecidos ante los diferentes tipos de interacción que pueden establecer con los grandes. Unas circunstancias que no ofrecen las conexiones hispano-francesas o hispano-británicas de la época, por tratarse Gran Bretaña y Francia de unas potencias plenamente asentadas, con las que España mantuvo constantemente relaciones de tipo político-estratégico que condicio- naron los roces en el resto de los planos. Pasemos ahora a considerar las diferentes fases por las que pasó la relación hispano-norteamericana entre 1898 y 1930, tratando de entresacar las posibilidades que arrojan, desde el punto de vista teórico, para el estudio de los contactos entre medianos y grandes.

2.4.3. Un breve repaso histórico de las relaciones entre una gran potencia y una

In document SUPPLY CHAIN OPTIMIZATION (Page 35-39)

Related documents