3 8 6 HISTORIA DE LOS FILOSOFOS
TEXTO N.° 184.
LA «REDUCCION FENOM ENOLOGICA»
En lugar [...] de vivir ingenuamente en la experiencia y de someter a una in vestigacion teorica aquello que experi- m entam os, la naturaleza trascendente, realicem os la «reduccion fenom enolo- gica». D icho en otros terminos, en lugar
d e realizar de manera ingenua los actos
propios de la conciencia constituyente de la naturaleza, con sus tesis trascen- dentes, y dejarnos determinar por moti- vaciones implfcitas en ellos a tesis tras- cendentes siem pre nuevas, pongam os todas estas tesis «fuera de juego»; no tom em os nada mas; dirijamos nuestra mirada de manera tal que pueda captar y estudiar teoricam ente la con cien cia
p u ra en su a bsolu to se r propio. Es pues
esto lo que queda com o el «residuo fe -
nom enologico» buscado; lo que queda a
pesar de haber puesto «fuera de circui- to» al m undo entero, con todas sus c o sas, seres v ivos, hom bres, y nosotros m ism os. Propiamente, no hem os perdi- do nada, sino ganado la totalidad del ser absoluto, el cual, si se lo entiende correctamente, alberga dentro de si to das las trascendencias del m undo, las «constituye» en su seno.
Elucidemos este punto detalladamen- te. Guardando la actitud natural realiza-
m os pura y sim plem ente todos los actos
gracias a los cuales el mundo esta ahi
para nosotros. Vivimos ingenuamente en el percibir y el experimentar, en estos actos teticos 1 en cuyo seno nos apare- cen unidades de cosas, y no solo se nos aparecen sino que nos son dadas con la marca de lo «presente», de lo «real». Pasando a las ciencias de la naturaleza,
realizam os actos de pensamiento regula-
dos por la logica experimental, en cuyo seno estas realidades, tomadas tal como se dan, son determinadas en terminos de pensamiento, y en cuyo seno igualmente se concluyen nuevas trascendencias que tienen por fundamento aquellas trascen dencias determinadas por la experiencia directa. Coloquem onos ahora en la acti tud fenom enologica: interceptam os con caracter de principio universal la reali-
zacion de todas estas tesis cogitativas;
es decir «ponem os entre parentesis» las que ya han sido relizadas y «no nos aso- ciam os ya a estas tesis» para las nuevas in v estig a cio n es; en lugar de vivir en ellas, de realizarlas, llevamos a cabo ac tos de reflexion dirigidos a ellas; capta- m os entonces estos actos en si mismos com o el ser a bsoluto que son. Vivimos ahora exclusivamente en estos actos de segundo grado en donde se da el campo infinito de las viven cias absolutas: el
cam po fun dam ental de la fenomenolo- gla.
1 A ctos por los cuales nosotros ponem os el mundo (del griego thesis, «accion de poner»).
Hu s s e r l, Id e a s r e la tiv a s a una fe n o m e n o lo g la pu ra ,
Fondo de Cultura E conom ica, M exico, 1962.
TEXTO N.° 185.
LA INTENCIONALIDAD
DE LA CONCIENCIA
C u a n d o m e r e p r e s e n t o a l d io s
J u piter, este dios es un objeto represen-
tado, esta «presente de una manera in- m anente» en m i acto, hay en e l una «existencia mental»; cualesquiera que
sean por otra parte las expresiones qae se puedan emplear, una in te rp r e ta c io n
estricta las revelara erroneas. Yo me re_ presento al dios Jupiter; eso quiere deci*| que y o tengo una cierta vivencia de m i
FENOMENOLOGIA Y PENSAMIENTO DEL SER 3 8 7 resentacion, que en mi con cien cia se
efectu a la r e p r e s e n ta c io n -d e l-d io s - jupiter. Esta vivencia intencional puede ser descom puesta com o se quiera por un analisis descriptivo: no se podra en- contrar naturalmente cosa alguna com o el dios Jupiter; el objeto «inm anente», «mental», no pertenece pues al conteni do descriptivo (real) de la vivencia; a decir verdad, no es en m odo alguno in- manente ni mental. Pero tampoco existe
extra m e n te m '; no existe en absoluto.
Mas esto no impide que esta represen- tacion -d el-d ios-Ju p iter sea e fec tiv a - mente realizada, que sea una vivencia de tal o cual especie, una d isp osition mental determinada de tal manera que el que la experimenta puede decir, con razon, que el se representa a este m ltico rey de lo s d io s e s , d e l qu e la fab u la cuenta tales y tales cosas. Pero si, por otra parte, el objeto intencional existe, la situation no cam bia necesariamente desde el punto de vista fenom enologico. Para la conciencia, lo dado e s exacta-
mente igual, tanto si existe el objeto re- presentado, com o si es imaginado, o in clu so aunque sea absurdo. Yo no me re presento a J u p ite r de manera distinta a com o m e represento a B ism arck, a la
to rre d e B a b e l de manera diferente a
c o m o lo h a g o c o n la c a t e d r a l d e
C olonia, a un p o llg o n o regu lar d e mil lad o s de otro m odo que a un p oliedro r e g u la r2.
Si lo s Uamados contenidos inmanen- tes son mds bien sim ples contenidos in-
ten cio n a les (in tencion ados), entonces
lo s co n ten id o s verd a d era m en te inma-
nentes, que pertenecen a la com p osi
tio n real de las vivencias intencionales,
no son in te n c io n a le s : co n stitu y en el
acto, hacen la intention posible en tanto que puntos de apoyo necesarios, pero ello s m ism os no son intencionales, no son los objetos representados en el acto. Yo no veo sensaciones de color, sino objetos coloreados; y o no escucho sen saciones auditivas, sino la cancion de la cantante, etc.
1 Fuera de la conciencia.
2 El pollgono de m il lados es la figura que eligio Descartes para ilustrar, en sus
Meditaciones m etaflsicos, la sujecion de la im agination al cuerpo. En cuanto al po
liedro regular, es un poliedro (solid o cuyas caras son todas p ollgon os) jeon mil caras!
Hu s s e r l, I n v e s tig a c io n e s lo g ic a s , II, § 11, A lia n za ,
Madrid, 1985.
TEXTO N.° 186.
LA CONSTITUCION DEL OTRO
Admitir q u e e s e n m l c om o se cons- 1 uyen los o tro s e s e l unico m odo de
o m p r e n d e r q u e e llo s p u ed an tener cj m i u' se n tid o y el valor de existen- > y de e x is te n c ia s determinadas. Si tir d *e[en 6Se sent*do y ese va*°r a par- eonst ,uentes 4 e una v erifica tio n iar;o ante’ entonces existen, y es nece- c°n e f ^ ' ° '° a®rm e> Pero solam ente dos- , Senlido en 9 ue estan constitui- ° n m o n a d a s q u e existen para si
m ism as de la m ism a m anera que yo ex isto para m l. M as entonces existen tambien en com unidad, en consecuen- cia (y repito, acentuandola, la expre sion em pleada anteriorm ente) en rela-
cion con m igo, ego concreto, monada.
Estan, por tanto, realm ente separadas de m i monada, pu esto que ningun lazo
re a l conduce de sus experiencias a las
m las, de lo que les p e rten ec e a ella s a
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ration corresponde en la «realidad», en e l «m undo», entre m i ser psico-fi'sico y el ser p sico-ffsico del otro, una separa tio n que se presenta com o espacial a causa del caracter espacial de los orga- nism os objetivos. Pero, por otra parte, e s ta c o m u n id a d o r ig in a l n o e s una nada. Si, «realm ente», toda m onada es una unidad absolutam ente circunscrita y cerrada, e l a c c e so irreal, e l a cceso
in te n tio n a l d e l o tro a m i e sfera p r i m ordial, no es irreal en el sentido de
la ensonacion o de la fantasia. E s el ser
que e sta en com union in ten tio n a l con otro ser. Se trata de un la zo que es, por
principio, sui g en eris \ de una com u nion efectiva; la com union que es pre cisam ente la condicion trascendental de la existencia de un m undo, de un mun do de hom bres y de cosas.
1 Sui g en eris: «propio de la especie» (humana).
Hu s s e r l, M e d ita c io n e s ca rtesian as, M ed itation q u in ta ,
§ 56, Fondo de Cultura Econom ica, M exico, 1985.
TEXTO N.° 187.
LA FILOSOFIA COMO CIENCIA
RIGUROSA
Cualquiera que sea nuestro d eseo de no privam os de la exaltation y el con- suelo que nos ofrecen las filosoffas de ayer y de hoy, es preciso insistir, por un lado, en el hecho de que seguim os siendo conscien tes de la responsabili- dad que tenem os para con la humani- dad. N o pod em os sacrificar la etem i- dad a lo s intereses de nuestra epoca; satisfacer nuestras necesidades no nos autoriza a legar m iseria tras m iseria a nuestra posteridad, com o un mal final m ente incurable. El apremio proviene en este caso de la ciencia; pero solo la cien cia puede superar definitivam ente la necesidad de la que ella m ism a es la fuente. La critica escep tica de los na- turalistas y de los historiadores reduce al absurdo la verdadera validez objetiva en todos los dom inios normativos; no- ciones oscuras, discordantes aunque ha- yan surgido de m odo natural, inhiben la reflexion, y en consecuencia los pro- blem as equlvocos o mal planteados im-
piden tanto la inteligibilidad de la reali dad com o la posibilidad de adoptar res pecto a ella una actitud racional; una actitud m etod ologica especial, aunque necesaria para un gran numero de disci- plinas cientlficas, puede ser adoptada de manera rutinaria imposibilitando con ello la busqueda de otros derroteros; y si a estos prejuicios se afiade el senti m ie n to d e q u e e sta c o n c e p c io n del m undo es portadora de absurdos que nos angustian, nos encontramos con un cum ulo de m ales contra el que no que da sin o un u n ico rem edio: la critica cientifica, o sea una ciencia radical que, partiendo desde abajo, se establezca so bre fundamentos seguros y progrese de acuerdo con el m etod o m as riguroso. E s la cien cia filosofica en cuyo favor m ilitamos aqul. Las visiones del mundo podran entrar en conflicto, mas solo la ciencia esta capacitada para decidir, y su veredicto lleva el cuno de la eter- nidad.
Hu s s e r l, La f ilo s o fla com o cien cia rig u ro sa , Editorial
M agisterio Espanol, 1980.
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